LA PALABRA DEL DÍA

Evangelio del día

Lunes 30 de enero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo?
Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:
«Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Y le preguntó:
«Cómo te llamas?».
Él respondió:
«Me llamo Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Martes, 31 de enero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando:
«Con solo tocarle el manto curaré».
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:
«Quién me ha tocado el manto?».
Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “Quién me ha tocado?”».
Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:
«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Miércoles, 1 de febrero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Jueves, 2 de febrero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Viernes, 3 de febrero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían:
«Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Otros decían:
«Es Elías».
Otros:
«Es un profeta como los antiguos».
Herodes, al oírlo, decía:
«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
«¿Qué le pido?».
La madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Sábado, 4 de febrero de 2023
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Comentario al evangelio del día

Lecturas:

Heb 13, 15-17. 20-21. Que el Dios de la paz, que hizo retornar de entre los muertos al gran pastor, os confirme en todo bien.

Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Mc 6, 30-34. Andaban como ovejas sin pastor.

Decíamos ayer que la conversión es conversión a Jesucristo. A poner toda la vida bajo el Señorío de Jesucristo.

Hoy, la Palabra nos lo recuerda. En el Aleluya hemos cantado: Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, y yo las conozco, y ellas me siguen.

Jesús sintió lástima de la gente porque vio que estaba extenuada y abandonada, desorientada, como ovejas que no tienen pastor. Jesús tiene una mirada de compasión sobre su pueblo, sobre tu vida, sobre tus sufrimientos. Su corazón está lleno de misericordia. Él es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, por ti, para que tú tengas vida y vida en abundancia.

Hoy también podemos vivir desorientados, confundidos, mareados, sin rumbo, viviendo una vida sin sentido, sin una meta en la vida. Podemos vivir, como dice el papa Francisco, como vagabundos existenciales, caminando hacia ninguna parte.

Y nos sigue diciendo la Palabra: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo. ¿Para qué? No para dormir, sino para lo que hemos cantado en el Aleluya: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.

La Palabra nos invita a estar con el Señor. No para dormir, sino para escuchar, para abrirle el corazón, para llorar, para descansar. ¡No tengas miedo a llorar con el Señor!: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

A estar con Él, para recibir el don de su Espíritu que te enamora de Jesucristo, te hace vivir en su voluntad y te acerca al Padre, transfigura tus sufrimientos y te regala poder ver el amor de Dios en medio de tu vida.

El Espíritu consolador, que cambia tu luto en danza, que te hace cantar: El Señor es mi pastor, nada me falta (porque te tengo a Ti, Señor), aunque camine por cañadas oscuras, nada temo (porque Tú vienes conmigo, Señor). Me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Comentario al evangelio del día

Mc 6, 30-34. “Le contaron todo lo que habían hecho”. Jesús es un hombre de diálogo, le gusta compartir experiencias con sus discípulos. Busca momentos de intimidad, en lugares apartados, donde poder conversar. También nosotros hemos de cuidar ese diálogo con el Señor, abrirle nuestro corazón, contarle lo que vivimos, lo que nos preocupa, compartir nuestras ilusiones y proyectos. Pero estos tiempos no podían ser excesivamente largos. La gente les apremiaba, buscaban a Jesús. Y el Señor se compadecía de ellos, porque estaban desorientados y necesitados de una palabra que les ayudara a avanzar por camino seguro. Jesús también es un hombre paciente. Se sienta con la gente y se pone a enseñarles muchas cosas. Les dedica un tiempo extenso y de calidad. También nosotros hemos de cuidar nuestra relación con las personas. Ser sensibles a sus necesidades. Vivir a la escucha y tener una palabra de ánimo para todos.

2 febrero. Presentación del Señor
Año litúrgico 2022 - 2023 - (Ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Malaquías 3, 1-4

Esto dice el Señor Dios:
«Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo. ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.
Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño».

Salmo

Sal 23
R/. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor, valeroso en la batalla. R/.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18

Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

comentario al evangelio

La Presentación del Señor (por Jaime Sancho Andreu)

(2 de febrero de 2023)

Historia de esta festividad

En el siglo IV la peregrina Egeria conoció en Jerusalén esta fiesta, que luego se extendió por toda la Iglesia. En Roma se aprovechó para sustituir a una fiesta pagana tumultuosa y licenciosa que tenía como acto final una procesión alrededor de la ciudad (Amburbale); por eso la fiesta cristiana romana conservó la solemne entrada con los cirios heredada de su origen oriental, como celebración de Cristo luz, que llega al encuentro con su pueblo en el Templo; pero incorporó un nuevo sentido penitencial, significado con los ornamentos oscuros o morados que conservó hasta las normas litúrgicas de Juan XXIII (1960), en que pasó a ser fiesta del Señor con ornamentos blancos.

Es una celebración que siempre ha disfrutado de unos textos de gran riqueza poética y musical, de lo que es buena muestra el canto de las Vísperas bizantinas: Hoy la santa Madre, más elevada en dignidad que el santuario mismo, penetra en él para que el mundo contemple al que, siendo autor de la Ley, viene hoy a someterse a ella, o el canto procesional griego que ha pasado a la liturgia romana: Adorna, Sión, tu cámara nupcial. Acoge a Cristo, tu Rey. Ve presuroso hacia María. Ella es la puerta del cielo, pues he aquí que tiene en sus manos al Rey de la gloria, a la luz nueva, engendrada antes de la aurora, que ha inspirado el bello himno de Laudes de nuestra Liturgia de las Horas: Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador.

La liturgia actual

La liturgia romana sigue dando gran importancia al rito de entrada, ya sea haciendo la procesión de la luz desde una iglesia menor u otro lugar fuera de la iglesia (Primera forma: Procesión) o bendiciendo el sacerdote las candelas desde la entrada del templo y haciendo la procesión al altar precedido de un grupo de fieles (Segunda forma: Entrada solemne).

Situada a los cuarenta días de la Navidad, en recuerdo de la norma de Moisés que mandaba ofrecer a Dios a los hijos primogénitos en este plazo, como signo de la alianza con Dios y en gratitud por la liberación de Egipto, esta fiesta conserva los elementos que destacan sus diferentes nombres, tanto el de Encuentro en la liturgia oriental (Hypapante), como el de Purificación de nuestra Señora (hasta 1960) y Presentación del Señor en la liturgia romana.

El Jubileo de la Vida Consagrada

En nuestra Iglesia en Valencia, se tiene este día una solemne celebración estacional a la que se unen todos los miembros de los institutos de vida consagrada y que este año tiene particular importancia por celebrarse el Centenario de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados y en el contexto de las peregrinaciones que se están haciendo con este motivo.

Jesús viene al encuentro de su pueblo

La monición de la bendición de las candelas nos recuerda que hoy se cumplen los cuarenta días de la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley de Moisés, como lo proclama el Evangelio, una vez cumplido el plazo de retiro impuesto por la norma bíblica a las madres después del alumbramiento. Pero el sentido oculto de  aquel acto religioso que cumplieron José y María como fieles israelitas, su misterio, estaba en ser el primer encuentro del Mesías con el pueblo creyente, el resto de Israel. Impulsados por el Espíritu Santo, vinieron al Templo los santos ancianos Simeón y Ana que iluminados por el mismo Espíritu, convirtieron el misterio en revelación, reconocieron al Señor y lo proclamaron con alegría.

Ahora nosotros renovamos aquel acontecimiento en la entrada procesional, cuando los sacerdotes y los fieles llevamos en las manos las benditas candelas encendidas, tal como María llevaba a Cristo, luz de las naciones; y luego, en la santa Misa, vamos al encuentro del señor y lo reconocemos realmente presente en todos los signos de la celebración que lo esconden como misterio sacramental y lo descubren y proclaman por medio de la fe: la persona del sacerdote, la palabra de Dios, la asamblea que es su Cuerpo místico y Esposa y, sobre todo, en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria al final de los tiempos.

Como siempre debe ocurrir, las fiestas del Señor nos deben llevar a buscarlo y encontrarlo en nuestros semejantes más cercanos y también en los alejados, conforme a la palabra de Jesús, que se identifica con los pobres y necesitados de toda clase.

Jesús, verdadero Dios y hombre

A los cuarenta días del nacimiento de Jesucristo, esta fiesta debe despertar el deseo por conocerlo mejor. Si lo utilizamos como primera lectura, el texto de la carta a los Hebreos nos introduce hoy en el misterio de este niño que es presentado como uno más en el Templo: es Hijo de Dios, pero también es uno de nuestra familia, hermano nuestro, por eso puede ser un Sumo Sacerdote compasivo y fiel (Heb 2, 17); misericordioso como hermano y fiel como Hijo. Desde su nacimiento y circuncisión, humillándose bajo el yugo de la Ley, Jesús Dice al Padre: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Salmo 40, 8-9; Heb 10, 7) y así es nuestro Salvador porque, como ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar ahora a los que pasan por ella (Heb 2, 18).

En el día en que nuestra Iglesia local se reunirá en torno a su Pastor, representada por los hombres y mujeres de vida consagrada, el ejemplo de estos hermanos y hermanas nos lleva a recordar la presentación de nuestra vida a Dios y la consagración que recibimos en la Iniciación Cristiana.

LA PALABRA DE DIOS EN ESTA FESTIVIDAD

Primera lectura y Evangelio. Malaquías 3, 1-4 y Lucas 2, 22-40: El profeta describe la entrada del Mesías en el templo de Jerusalén tal como se la imaginaban en su tiempo, como una llegada terrible, para purificar y corregir las costumbres de Israel; sin embargo, el Evangelio nos muestra la entrada de Jesús en el Templo siendo un humilde niño, que se encuentra con los representantes del resto de Israel: el anciano Simeón y la profetisa Ana. Desde el principio de su vida humana, Cristo es luz de las naciones y gloria de su pueblo.

O bien:

Primera lectura. Hebreos 2, 14-18: Desde que entró en el mundo, el Hijo de Dios hecho hombre comenzó a ofrecer el único sacrificio agradable a Dios como pontífice compasivo y fiel. Hecho en todo semejante a nosotros, se sometió a la ley de Moisés para perfeccionarla y darnos la verdadera libertad.

Otro comentario al evangelio

Lecturas:

Mal 3, 1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien buscáis.

Sal 23, 7-10. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.

Heb 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Lc 2, 22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.

Celebramos hoy la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, entra en el templo para restaurar el verdadero culto. Cuarenta días después de la Navidad, en esta fiesta se prolonga el tema de Cristo luz, que caracteriza la Navidad y de la Epifanía.

Esta presentación es el primer encuentro del Mesías con el pueblo creyente, el resto de Israel, representados en los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el Espíritu Santo, convirtieron el misterio en revelación, reconocieron al Señor y lo proclamaron con alegría. Jesús es la presencia nueva y definitiva de Dios en medio de su pueblo. Es el Salvador.

Proclamaron que Dios es fiel y cumple sus promesas.

Hoy, en la Eucaristía, llevamos en las manos las candelas encendidas, tal como María llevaba a Cristo, luz de las naciones, y vamos al encuentro del Señor y lo reconocemos realmente presente en allí, donde nos alimenta con el pan de la Palabra y con su Cuerpo y Sangre.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita vivir en la alegría y en la esperanza, a abrirle el corazón a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que es Hijo de Dios, pero también es uno de nuestra familia, hermano nuestro, por eso puede ser un Sumo Sacerdote compasivo y fiel, que ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar ahora a los que pasan por ella, y aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Nos invita a entregarle al Señor nuestros miedos, por los que tantas veces el diablo quiere paralizarnos: miedo al sufrimiento, a la debilidad, al fracaso, a la crítica, a… y te invita a ver la victoria de Jesucristo sobre tus miedos.

Pero la Palabra también nos dice que la puerta del corazón tiene la llave por dentro.

El Señor llama a tu puerta. Pero tú, en tu libertad puedes abrirle o no: Jesucristo será siempre como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones.

La salvación que trae no se impone. Tampoco se hereda. Se acoge, libre y personalmente, o se rechaza. Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti (san Agustín).

Estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20).

¡No tengas miedo! Si crees, verás la gloria de Dios.

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio

Lc 2, 22-40. “Para presentarlo al Señor”. José y María tienen noticia por el anuncio del ángel de la identidad extraordinaria de su hijo Jesús. Pero ellos quieren vivir las cosas con normalidad, cumplir todo lo que propone la ley. Eso supone presentar a su hijo primogénito y rescatarlo con la oblación que marca la ley. La vida de Jesús va a ser una novedad y una revelación también para sus padres. Lo descubrimos en el Templo en las palabras de Simeón y Ana, dos ancianos que esperaban ese encuentro definitivo con el Salvador. Simeón anuncia el carácter definitivo de Jesús. Su persona va a suponer un juicio sobre la humanidad. Unos lo aceptarán, otros lo perseguirán… También predice a María que va a participar del dolor de su hijo. Ana da gracias y bendice, se convierte en testigo de este encuentro. También nosotros estamos llamados a procurar este encuentro con el Señor y que sea ocasión de adhesión a su persona, de agradecimiento y alabanza.

5 febrero. V Domingo de tiempo ordinario
Año litúrgico 2022 - 2023 - (Ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».

Salmo

Sal 111 1, 4-5. 6-7. 8a, y 9
R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R/.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

comentario al evangelio del domingo

El sermón de la montaña (I): los discípulos, sal y luz del mundo (por Jaime Sancho Andreu)

(5º Domingo ordinario, 5 – Febrero – 2023)

En el comienzo de la vida pública de Jesús

Nos dice san Mateo que Jesús, después de llamar a los primeros discípulos, recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando en todas partes y anunciando la buena noticia del Reino de Dios con palabras y con obras, curando a toda clase de enfermos. Todo ello suscitó una enorme expectación que atrajo a mucha gente de la zona, incluso de la lejana Jerusalén (Mt 4, 23-25). Había llegado el momento en que Jesús hiciese como una declaración programática, a la manera de los antiguos profetas, y eso lo hizo en el lugar que se llamaría para siempre el “Monte de las bienaventuranzas” con la campiña y el lago de Galilea a la vista.

Los bienaventurados tienen una misión

El domingo pasado leímos las primeres palabras del “sermón”, las bienaventuranzas, y nos encontramos ahora con que Jesús se dirige a los que poco antes ha llamado bienaventurados, felices, y les declara la misión que deberán desempeñar en su nombre, como sal de la tierra y luz del mundo.

Los mejores del reino de los cielos no son precisamente los primeros en el mundo; pero son aquellos que tan solo se dejan enriquecer por el Espíritu, los mártires y los limpios de corazón, los que sufren persecución por causa de la justicia, los que Jesús pone como ejemplo en el mundo.

El sermón de la montaña

Como este año la Cuaresma comienza pronto, el próximo 22 de febrero solo podremos leer la mitad del gran discurso de Jesús que inaugura su ministerio como el definitivo Profeta de Dios.

El Señor, como un nuevo Moisés, expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino. Probablemente se trata de un conjunto de sentencias de Jesús pronunciadas en circunstancias diferentes, pero recogidas por el evangelista a modo de un largo discurso. Lo cierto es que, en este “sermón”, se ha visto siempre el mejor resumen de la enseñanza de Cristo, y que en él se contienen los pasajes más conocidos de su doctrina.

El radicalismo de las palabras de Jesús en este discurso ha hecho pensar a los teólogos y escrituristas. Para unos, Jesús querría mostrarnos un imposible, unos mandamientos que no podríamos cumplir nunca, debido a nuestra naturaleza pecadora; y así reconoceríamos que todo viene de Dios, sin colaboración alguna de nuestra parte. Para otros, estaríamos ante una moral de los últimos tiempos, tan solo justificable por la creencia en un fin inmediato del mundo; ésta sería una manera de dejar aparte las palabras de Cristo como utópicas.

Sin embargo, la interpretación católica de este pasaje nos dice que, efectivamente, se trata de una transformación del mundo – con Cristo acaba un mundo y comienza otro nuevo – de un comenzar otra vez para acercarnos a la perfección y la bondad que sólo están en Dios; pero esto es posible porque la naturaleza humana del cristiano ha sido regenerada en el Bautismo y, con la gracia de Dios, podemos avanzar sin límite en el camino de la perfección a imitación de Jesucristo. Ahí está el ejemplo de los santos y ahí está, por encima de todo, el ejemplo de Cristo.

La sal de la tierra

En la primera comparación, Jesús parte de la experiencia de que un poco de sal da buen sabor a todo el alimento. La sal es diferente de los alimentos que condimenta, pero se funde con ellos; también se echaba un poco de sal sobre los sacrificios cuando se quemaban en el templo de Jerusalén. En todo ellos podría estar pensando Jesús cuando dijo a los discípulos que ellos tenían que ser la sal de la tierra.

Los pobres del Señor son una minoría diferente del mundo, el cual no tiene sentido, tal como es ahora, ni es agradable a Dios como ofrenda que responda a los favores del cielo hacia los hombres. Pero el Señor se inclina favorablemente hacia la tierra, porque en ella hay un resto de fieles que la preservan de la total corrupción. Por ello los cristianos fieles deben saber que no valdrían para nada si llegaran a perder sus características propias – una sal sin sabor, un cristiano sin identidad ni convicciones – si se hicieran iguales al mundo.

La luz del mundo

Al comienzo del tiempo ordinario (Domingos 2º y 3º), Jesús fue proclamado «Luz de las naciones», y entonces comentábamos que él debía ser la nueva Ley que alumbraría los pasos de los hombres. En la Nueva Alianza, la ley de Dios no es tanto un código escrito, sino un ejemplo de vida mostrado en Cristo Jesús; de este modo se cumplen las profecías que hablaban de un ley escrita en los corazones, porque el Espíritu Santo graba en los fieles la imagen de Cristo.

Los pobres del Señor son como las imágenes de los santos puestas en las vidrieras de los templos: a través de ellos, con matices y colores diferentes, llega a nosotros la única luz verdadera que ilumina a los hombres (Cf. Juan 1, 9). Jesús ya no está en el mundo corporalmente, pero hay muchos que son los faros para orientar hacia la vida verdadera. Se trata de personas que viven de acuerdo con las Bienaventuranzas. Muy detrás quedan los guías de este mundo: políticos, capitalistas, artistas o intelectuales… éstos podrán ser más inteligentes o astutos que los hijos de la luz, pero de ellos no cabe esperar luz.

Del mismo modo, san Pablo se presentó a los Corintios débil y temeroso: “no con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado(1 Corintios 2, 2. Segunda lectura). Porque no era de sí mismo de quien iba a hablar sino de Cristo; y no debía ser luz propia el Apóstol, sino iluminar con el don de la fe que viene de Dios.

Las obras de la luz

Como en otras ocasiones, la lectura de los profetas nos lleva a poner los pies en el suelo y a bajar desde una interpretación demasiado espiritualista del evangelio: “En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo” (Salmo responsorial 111).  Porque las Bienaventuranzas y todo el Sermón de la Montaña no pueden quedarse en un «espíritu» o en una simple y cómoda «actitud».

Tampoco se refiere a estrategias globales y técnicas, que dependen de la ciencia de los sabios y del poder de los fuertes, acciones que quedan fuera del alcance de las personas corrientes y las condenan a la inacción. Es cierto que Jesús llama a todos, incluso a los sabios, ricos y poderosos, pero éstos lo tienen difícil para poner sus posibilidades al servicio de alguien que no sean ellos mismos; pero, como recordábamos el domingo pasado, en última instancia, lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Cf. Mt 19, 23-26).

Se trata de acciones concretas, al alcance de cualquiera: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne. entonces romperá tu luz como la aurora” (Isaías 58, 7-8. Primera lectura).

Cuando se hacen estas obras que imitan la bondad creadora de Dios y su amor por la vida, se actúa bajo la luz de la Ley de Dios mostrada en Cristo: “Cuando partas tu pan con el hambriento… brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is 58, 10). A pesar de que estas obras sean hechas por los pobres del Señor, son vistas por los hombres y los evangelizan, porque muestran un camino mejor, que algo nuevo ha comenzado en el mundo: “No se puede ocultar una ciudad en lo alto de un monte… Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo” (Mateo 5, 14 y 16).

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Isaías 58, 7-10 y Mateo 5, 13-16: En el Evangelio hemos comenzado la lectura del Sermón de la Montaña. Si Cristo es «Luz de las naciones», los cristianos han de ser la «Luz del mundo». En la primera lectura, Isaías concreta en qué consisten las obras luminosas que Dios quiere: compartir con el pobre, liberar de la opresión, hablar y actuar con caridad.

Segunda lectura. 1 Corintios 2, 1-5: San Pablo se presenta al comienzo de su carta como instrumento del Espíritu Santo, débil y temeroso; portador, sin embargo, del conocimiento de Cristo crucificado y confiando en el poder de la gracia de la fe que acompaña la predicación del Evangelio.

Otro comentario al evangelio del domingo

Lecturas:

So 2, 3; 3, 12-13. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde.

Sal 145. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

1 Cor 1, 26-31. Dios ha escogido lo débil del mundo.

Mt 5, 1-12. Dichosos los pobres en el espíritu.

En el ser cristiano todo es don del Señor, que te ama; todo es gracia que precede al hombre, todo es una obra que el Señor, por el don del Espíritu Santo, ha de ir haciendo en ti. Y que tú has de acoger. Que parece poco; pero no es poco.

Es reconocer que todo lo que tienes y lo que eres lo has recibido gratuitamente, y que el verdadero protagonista no eres tú, sino el Señor. Es reconocer que el método de Dios es la humildad: al cielo se sube bajando.

El Reino de Dios es de los pobres, de los humildes, de los que son como niños. Así nos lo ha mostrado el profeta Sofonías: Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor. Y también San Pablo: lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar a lo poderoso… de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

Y en el Evangelio de hoy escuchamos las Bienaventuranzas, que dice el Papa Francisco que son como el carnet de identidad del cristiano. En ellas Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos… En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

Y, según Benedicto XVI, son como una “ecografía” del corazón de Jesús. Así es el corazón de Jesús. Son como una velada biografía interior de Jesús, como un retrato de su figura.

Y así será tu corazón si dejas que el Espíritu Santo lo vaya modelando.

Si la fe es auténtica va transformando la vida, va dando frutos. Las obras no son la causa de la salvación, sino la consecuencia de haber acogido el don gratuito de la salvación.

El que ha acogido la salvación, y tiene en su corazón el Espíritu Santo, ve cómo van desapareciendo las obras del hombre viejo y van apareciendo -como un don- los frutos del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (cf. Gál 5, Catecismo, 1832).

Y, abierto a la acción del Espíritu Santo, irás creciendo en fidelidad al Señor. En la medida en que te abras a la acción del Espíritu no podrás vivir para ti mismo, encontrarás la felicidad viviendo para el Señor y para los hermanos. Experimentarás que se es más feliz al dar que al recibir (cf. Hch 20, 35).

Y también crecerás en la confianza en Dios. Porque tendrás sellada en tu corazón la certeza de que Dios te ama y cuida de ti; la certeza de que el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos… sustenta al huérfano y a la viuda… liberta a los cautivos…

¡Ánimo! ¡Abre tu corazón al Señor y déjale hacer! Sólo Él tiene palabras de vida eterna.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio del domingo

Mt 5, 1-12a. “Alegraos y regocijaos”. Escuchamos hoy el inicio del primero de los discursos de Jesús. Una parte importante de su vida va a ser enseñar, por eso sus discípulos le llaman el Maestro. Su primera enseñanza es el evangelio de las bienaventuranzas. Es un mensaje revolucionario, totalmente distinto a las propuestas del mundo. El Señor nos quiere felices, quiere que nuestra vida esté colmada de gozo. Pero la fuente de esa alegría no está en el tener, en el poder o en el placer. Jesús nos invita a la pobreza de espíritu, a la mansedumbre, a la búsqueda de la justicia, a acoger las lágrimas y ser misericordiosos, a trabajar por la paz y tener un corazón limpio. Ese es el camino que nos lleva al reino. Esa es la fuente inagotable de alegría. Crezcamos en esta propuesta de Jesús y llevemos esta bienaventuranza a nuestro mundo.

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