LA PALABRA DEL DÍA

Evangelio del día

Lunes, 9 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Martes, 10 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».

Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Y añadió:
«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Miércoles, 11 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.

Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos).

Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Jueves, 12 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Viernes, 13 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es: «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Sábado, 14 de febrero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

Comentario al evangelio de hoy

Jueves, 12 de febrero de 2026

Lecturas:

1 Re 11, 4-13. Por no guardar la alianza, voy a arrancar el reino de tus manos; pero daré a tu hijo una tribu, en atención a David.

Sal 105. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Mc 7, 24-30. Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.

El primer mandamiento de la Ley de Dios es: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (cf. Dt 6, 4). Y la primera consecuencia es no tener otros dioses, no caer en la idolatría.

Esta es la tentación en la que cae el rey Salomón en su ancianidad: su corazón se fue tras otros dioses y ya no fue por entero del Señor.

La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero… (cf. Catecismo, 2113).

¿Qué nos puede llevar a la idolatría? La Palabra nos ha dado algunas claves.

Su corazón ya no fue por entero del Señor. No puedes vivir sirviendo a dos señores. ¿Has dejado que Jesucristo sea Señor de todas las “habitaciones” de tu casa? Porque al que tiene se le dará y le sobrará…

No guardó lo que el Señor le había ordenado. Creer es obedecer al Señor, guardar su Palabra. Negarte a ti mismo para seguir al Señor: Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia.

Emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres; adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos. Ojo con la mundanidad. Estás en el mundo, pero no eres del mundo.

Acoged con docilidad la palabra. El primer mandamiento comienza diciendo: ¡Escucha, Israel. La Iglesia nos lo recuerda cada día: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor… Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

¡No adoréis a nadie más que a Él!

Dejándolo todo, lo siguieron (Cf. Lc 5, 11b).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Comentario al Evangelio

Mc 7, 24-30. “Comen las migajas”. Jesús es consciente de que ha venido para atender a las ovejas descarriadas de Israel. Su preocupación primera era predicar al pueblo judío. Pero eso no le impide entrar en contacto también con personas extranjeras. Hoy vemos como entra en diálogo con una mujer sirofenicia. Esta tiene una hija poseída y le pide a Jesús que expulse al demonio. Jesús le responde estableciendo una distinción entre los hijos, que son los miembros del pueblo de Israel, y los perritos, que son los paganos. Podía haberse ofendido por esta imagen, pero la mujer insiste diciendo que los perritos también se alimentan de las migajas que caen a los hijos. Expresa así una gran confianza en Jesús y en su palabra. Esto es lo que Jesús valora. Y asegura a la mujer que por sus palabras, su hija ha quedado sanada. Pidamos al Señor una fe fuerte como la de esa mujer.

15 de febrero. VI Domingo Tiempo Ordinario
Año Litúrgico 2025-2026 (Ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 15-20

Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.

Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.

Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.

A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.

Salmo

Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos. R/.

Haz bien a tu siervo:
viviré y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos,
y contemplaré las maravillas de tu ley. R/.

Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10

Hermanos:
Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Evangelio del Domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

comentario

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA (III): EL PERFECCIONAMIENTO DE LA LEY

(6º Domingo ordinario -A-, 15-Febrero-2026)

por Jaime Sancho Andreu 

No he venido a abolir la ley

Avanzando en el Sermón de la montaña, Jesús subraya que no ha venido a suprimir la ley dada por Dios en la Antigua Alianza, sino a darle plenitud: a cumplirla en su sentido original, tal y como Dios quiere. Y esto incluso en lo más pequeño, es decir, hasta el sentido más íntimo que Dios le ha dado.

En este sentido, se dijo en el Sinaí: “Santificáos y sed santos, porque yo soy santo” (Levítico 11,44). Jesús lo reitera en su sermón diciendo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5, 48). Tal es el sentido de los mandamientos: quien quiere estar en alianza con Dios, debe corresponder con la actitud, los sentimientos y las obras obedientes a Dios. Y Jesús – nuestra ley – nos mostrará que ese cumplimiento de la ley es posible: el vivirá ante nosotros, a lo largo de toda su vida, el sentido último de la ley, hasta que todo lo que ha sido profetizado se cumpla, hasta la cruz y la resurrección.

No se nos pide nada imposible, la primera lectura dice literalmente: “Si quieres, guardarás los mandatos del Señor” (Eclesiástico 15, 16). Cumplir la voluntad de Dios es ser fiel, es decir: corresponder a sus dones con gratitud. “El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable… El mandamiento está a tu alcance; en tu corazón y en tu boca” (Deuteronomio 30, 11. 14).

Habéis oído… Pero yo os digo

Parece que Jesús quiere reemplazar la ley de Moisés por otra nueva, pero no es así. El Señor purifica la ley de la herrumbre que se fue depositando sobre ella – y ahora puede volver a ocurrir lo mismo – a causa de la negligencia y de la comodidad minimalista o escrupulosa de los hombres.

En este pasaje comprobamos que, si la Alianza es la oferta de la reconciliación de Dios con los hombres, estos deben reconciliarse primero con su prójimo antes de presentarse ante Dios. Dios es eternamente fiel en su alianza, por eso el matrimonio entre hombre y mujer debe ser una imagen de esa fidelidad. Dios es veraz en su fidelidad, por lo que el hombre debe atenerse a un sí y a un no verdaderos.

Pero las palabras de Jesús sobre el matrimonio no terminan en este pasaje. En otro momento, cuando los discípulos se asustan y dicen que, para eso, major no casarse, el Señor sentencia: “No todos entienden esto, sólo los que han recibido este don (Mt 19, 11).

Jesús espiritualiza y humaniza la Antigua Ley; para él, el amor a Dios no es sincero si no nos lleva a amar a nuestros prójimos.

Los dos caminos

En todo eso se trata de seguir una decisión definitiva. Es la tradicional doctrina de los dos caminos, tan repetida en la Biblia, en los antiguos filósofos y en la catequesis primitiva, el camino de la luz y el de las tinieblas, el camino de la verdad y el de las apariencias, el camino de la vida y el de la muerte: o me busco a mí mismo y mi propio provecho, o busco a Dios y me pongo enteramente a su servicio; es decir, escojo la muerte o la vida: “Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja” (Eclesiástico 15, 18; Primera lectura).

Cielo e infierno, la verdadera sabiduría

El radicalismo con el que Jesús entiende la ley de Dios conduce a la ganancia del reino de los cielos (Mt 5, 20) o a su pérdida, el infierno, el fuego (Mt 5, 22. 29. 30). No somos capaces de interpretar lo que significan las metáforas con las que se describen las realidades últimes,perosi podemos saber que Dios nos habla de dos finales, de éxito o fracaso definitivos.

El que sigue a Dios, le encuentra y entra en su reino; quien sólo busca en la ley la propia perfección personal, le pierde y, si persiste en su actitud, le pierde definitivamente. El mundo (dice san Pablo en la segunda lectura) no conoce este radicalismo; sin el Espíritu revelador de Dios “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios da” cuando se corresponde a su exigencia (que es lo mejor para nosotros, para ser bienaventurados). pero a nosotros nos lo ha revelado el Espíritu Santo que penetra las profundidades de Dios, y con ello también hasta las profundidades de la gracia que nos ofrece en la ley de su alianza: “ser como Él” en su amor y en su abnegación.  

Esto no debe desanimarnos cuando conmocemos la debilidad de nuestras decisions, porque Dios y sobre todo, el corazón humano y glorioso de Jesús sabe y comprende lo más profundo de nuestro ser y hasta dónde podemos llegar. Jesús nos asombra siempre, por el vigor de su exigència y por la inmensidad de su perdón.

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Eclesiástico 15, 16-21 y Mateo 5, 17-37: La ley de Dios manifestada en el Antiguo Testamento era un camino sabio para que el hombre pudiera decidir entre el bien y el mal con libertad. Dios no quiere el mal, ni mandó pecar al hombre, pero tolera la existencia del pecado y del mal, porque respeta nuestro libre albedrío. Jesús interpretó la ley de Moisés en el sentido personal, espiritual, propio de los mejores sabios de Israel, y no en el material y legalista de sus contemporáneos, los letrados y fariseos. Con varios ejemplos el Evangelio nos muestra cómo Jesús llevó a plenitud los antiguos mandamientos, que siguen siendo los nuestros.

Segunda lectura. 1 Corintios 2, 6-10: San Pablo sigue presentando sus credenciales a los Coríntios para merecerles autoridad cuando llegue el momento de corregirlos: su sabiduría y enseñanza vienen de Dios, por la revelación que los apóstoles han recibido de Cristo y han completado con la inspiración del Espíritu Santo.

Otro comentario al evangelio

Lunes, 2 de febrero de 2026

La Presentación del Señor

Lecturas:

Mal 3, 1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien buscáis.

Sal 23, 7-10. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.

He 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Lc 2, 22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.

Celebramos hoy la fiesta de la Presentación del Señor en el templo.

Cuarenta días después de la Navidad, en esta fiesta se prolonga el tema de Cristo luz, que caracteriza la Navidad y de la Epifanía.

Esta presentación es el primer encuentro del Mesías con el pueblo creyente, el resto de Israel, representados en los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el Espíritu Santo, convirtieron el misterio en revelación, reconocieron al Señor y lo proclamaron con alegría.

Proclamaron que Dios es fiel y cumple sus promesas.

Hoy, en la Eucaristía, llevamos en las manos las candelas encendidas, tal como María llevaba a Cristo, luz de las naciones, y vamos al encuentro del Señor y lo reconocemos realmente presente en allí, donde nos alimenta con el pan de la Palabra y con su Cuerpo y Sangre.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita vivir en la alegría y en la esperanza, a abrirle el corazón a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que es Hijo de Dios, pero también es uno de nuestra familia, hermano nuestro, por eso puede ser un Sumo Sacerdote compasivo y fiel, que ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar ahora a los que pasan por ella, y aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Nos invita a entregarle al Señor nuestros miedos, por los que tantas veces el diablo quiere paralizarnos: miedo al sufrimiento, a la debilidad, al fracaso, a la crítica, a… y nos invita a ver la victoria de Jesucristo sobre tus miedos.

Pero la Palabra también nos dice que la puerta del corazón tiene la llave por dentro.

El Señor llama a tu puerta. Pero tú, en tu libertad puedes abrirle o no: Jesucristo será siempre como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones.

Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti (san Agustín).

Estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo ( Ap 3, 20).

Dejándolo todo, lo siguieron (Cf. Lc 5, 11b).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio

Lc 2, 22-40. “Para presentarlo al Señor”. La presentación en el templo es una fiesta tradicional de Israel, que está fuertemente arraigada en su historia. Nos recuerda que en la Pascua de Egipto, Dios pasó hiriendo a los primogénitos de hombres y animales, pero a los primogénitos de Israel los rescató. Por eso podemos pensar que de alguna manera le pertenecen y en este acto se ofrecen a Dios como reconocimiento de este hecho. De alguna manera nos recuerda que todos somos de Dios y que hemos de hacer de nuestras vidas una ofrenda generosa a Dios y la mejor manera de realizarla es cumplir su voluntad. Estamos llamados a consumir nuestra vida dando luz, como se consume la cera de las candelas que hoy llevamos. Destacamos también hoy el encuentro con Simeón y con Ana, con la tradición de Israel, que espera y reconoce en Jesús al Mesías. Vivamos también nosotros cada día ese encuentro con el Señor.

1 de febrero. IV Domingo de Tiempo Ordinario
Año litúrgico 2025-2026 (Ciclo A)

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.

Salmo

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10
R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

comentario

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA: LAS BIENAVENTURANZAS

(4º Domingo ordinario -A- 1  – Febrero – 2026)

por Jaime Sancho Andreu 

En el comienzo de la vida pública de Jesús

Nos dice san Mateo que Jesús, después de llamar a los primeros discípulos, recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando en todas partes y anunciando la buena noticia del Reino de Dios con palabras y con obras, curando a toda clase de enfermos. Todo ello suscitó una enorme expectación que atrajo a mucha gente de la zona, incluso de la lejana Jerusalén (Mt 4, 23-25). Había llegado el momento en que Jesús hiciese como una declaración programàtica, a la manera de los antiguos profetas, y eso lo hizo en el lugar que se llamaría para siempre el “monte de las bienaventuranzas” con la campiña y el lago de Galilea a la vista.

El sermón de la montaña

Como este año la Cuaresma comienza 18 de febrero, tan solo podremos leer el capítulo 5 del evangelio de san Mateo, que contiene la primera parte del gran discurso de Jesús que inaugura su ministerio como el definitivo Profeta de Dios.

El Señor, como un nuevo Moisés, expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino. Probablemente se trata de un conjunto de sentencias de Jesús pronunciadas en circunstancias diferentes, pero recogidas por el evangelista a modo de un largo discurso. Lo cierto es que, en este “sermón”, se ha visto siempre el mejor resumen de la enseñanza de Cristo, y que en él se contienen los pasajes más conocidos de su doctrina.

El radicalismo de las palabras de Jesús en este discurso ha hecho pensar a los teólogos y escrituristas. Para unos, Jesús querría mostrarnos un imposible, unos mandamientos que no podríamos cumplir nunca, debido a nuestra naturaleza pecadora; y así reconoceríamos que todo viene de Dios, sin colaboración alguna de nuestra parte. Para otros, estaríamos ante una moral de los últimos tiempos, tan solo justificable por la creencia en un fin inmediato del mundo; ésta sería una manera de dejar aparte las palabras de Cristo como utópicas.

Sin embargo, la interpretación católica de este pasaje nos dice que, efectivamente, se trata de una transformación del mundo – con Cristo acaba un mundo y comienza otro nuevo – de un comenzar otra vez para acercarnos a la perfección y la bondad que sólo están en Dios; pero esto es posible porque la naturaleza humana del cristiano ha sido regenerada en el Bautismo y, con la gracia de Dios, podemos avanzar sin límite en el camino de la perfección a imitación de Jesucristo. Ahí está el ejemplo de los santos y ahí está, por encima de todo, el ejemplo de Cristo..

Jesucristo, resumen de las bienaventuranzas

Todas las bienaventuranzas pueden resumirse en la primera y en la última: los pobres que se dejan guiar por el Espíritu de Dios y que, por ello, son incompatibles con el mundo. Son los que se dejan hacer pobres del todo, material y socialmente, pero no al modo platónico, «espiritual», que es una hipocresía bastante corriente, sino expropiados por Dios al dejarse llevar por su Espíritu.

Es muy difícil ser rico para el mundo y mantenerse pacífico, humilde, manso, limpio de corazón, misericordioso, doliente con el mal propio y ajeno…  Tanto, como que un camello pase por el ojo de una aguja. Sólo quien dispusiera de sus bienes con total transparencia, en completa disponibilidad ante Dios y la comunidad… En última instancia, lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Cf. Mt 19, 23-26).

Repasando las bienaventuranzas, podemos encontrar cristianos que se encuentran preferentemente en alguna de las situaciones felicitadas por Jesús; pero ¿quién se encuentra en todas aquellas situaciones, conjunta y totalmente? Sólo Cristo.

El es pobre en el espíritu, y posee el Reino. Él ha sufrido mucho, y recibió la divina consolación. Él es manso, y posee la Patria. El tuvo hambre y sed de toda Justicia y fue divinamente saciado. Él es el Misericordioso, que recibe del Padre la misericordia para transmitirla a los hombres. Él es limpio de corazón, y contempla al Padre eternamente. El es pacificador, y es el Hijo de Dios. Él soportó la persecución, la maldición y la calumnia a causa de sí mismo, de su divina misión, y se alegra en el gozo eterno. De este modo, felicitando en plural, en el plural de la modestia, Él se pone como único modelo de las bienaventuranzas, y muestra que es posible; más aún, es magnífico e ilusionante, ser dichoso conforme al corazón de nuestro Padre.

La Iglesia, «resto» del mundo y nuevo Israel

La asamblea cristiana recuerda muchas veces al «resto de Israel», porque en ella abundan los pobres y la gente que no importa al mundo: personas sencillas, tercera edad, niños, mujeres… La Iglesia custodia en su comunidad a los representantes de la «mayoría silenciosa» que solamente son el objetivo más buscado y alagado en las campañas electorales; luego, el protagonismo y los cuidados van a los que cuentan. Pero en la Iglesia, como proclamaba el profeta (Primera lectura) están los humildes, que intentan cumplir los mandamientos de Dios. Toda la Biblia nos advierte de lo difícil – casi imposible – que es enriquecerse mucho y mantenerse puro ante Dios. Por eso, sigue el profeta: Buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor (Sof 2, 3). Fijáos en vuestra asamblea, repite san Pablo: Dios ha escogido la gente baja del mundo, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta (1 Cor 1, 28. Segunda lectura). Así debe mostrarse la fuerza salvadora de Cristo, que proclamó bienaventurados a los que viven guiados por unos valores que son la contradicción misma de los valores del mundo.

LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura y Evangelio. Sofonías 2, 3; 3, 12-13 y Mateo 5, 1-12a: Como un nuevo Moisés, Jesús expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino; es el «Sermón de la montaña» que comienza por las «Bienaventuranzas»; todas ellas se resumen en la primera: la de los pobres en el espíritu. Ya en el Antiguo Testamento la pobreza, como signo de humildad, sinceridad y mansedumbre, era la característica fundamental del «resto de Israel» que debía recibir en su seno al Mesías.

Segunda lectura. 1 Corintios 1, 26-31: La asamblea cristiana recuerda muchas veces al «resto de Israel», porque en ella abundan los pobres y la gente que no importa al mundo. así debe mostrarse la fuerza salvadora de Cristo.

Otro comentario

Domingo, 1 de febrero de 2026

4º del Tiempo Ordinario

Lecturas:

So 2, 3; 3, 12-13. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde.

Sal 145. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

1 Cor 1, 26-31. Dios ha escogido lo débil del mundo.

Mt 5, 1-12. Dichosos los pobres en el espíritu.

En el ser cristiano todo es don del Señor, que te ama; todo es gracia que precede al hombre, todo es una obra que el Señor, por el don del Espíritu Santo, ha de ir haciendo en ti. Y que tú has de acoger. Que parece poco; pero no es poco.

Es reconocer que todo lo que tienes y lo que eres lo has recibido gratuitamente, y que el verdadero protagonista no eres tú, sino el Señor. Es reconocer que el método de Dios es la humildad: al cielo se sube bajando.

El Reino de Dios es de los pobres, de los humildes, de los que son como niños. Así nos lo ha mostrado el profeta Sofonías: Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor. Y también San Pablo: lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar a lo poderoso… de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

Y en el Evangelio de hoy escuchamos las Bienaventuranzas, que dice el Papa Francisco que son como el carnet de identidad del cristiano. En ellas Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos… En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

Y, según Benedicto XVI, son como una “ecografía” del corazón de Jesús. Así es el corazón de Jesús. Son como una velada biografía interior de Jesús, como un retrato de su figura.

Y así será tu corazón si dejas que el Espíritu Santo lo vaya modelando.

Si la fe es auténtica va transformando la vida, va dando frutos. Las obras no son la causa de la salvación, sino la consecuencia de haber acogido el don gratuito de la salvación.

El que ha acogido la salvación, y tiene en su corazón el Espíritu Santo, ve cómo van desapareciendo las obras del hombre viejo y van apareciendo -como un don- los frutos del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (cf. Gál 5, Catecismo, 1832).

Y, abierto a la acción del Espíritu Santo, irás creciendo en fidelidad al Señor. En la medida en que te abras a la acción del Espíritu no podrás vivir para ti mismo, encontrarás la felicidad viviendo para el Señor y para los hermanos. Experimentarás que se es más feliz al dar que al recibir (cf. Hch 20, 35).

Y también crecerás en la confianza en Dios. Porque tendrás sellada en tu corazón la certeza de que Dios te ama y cuida de ti; la certeza de que el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos… sustenta al huérfano y a la viuda… liberta a los cautivos…

¡Ánimo! ¡Abre tu corazón al Señor y déjale hacer! Sólo Él tiene palabras de vida eterna.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Dejándolo todo, lo siguieron (Cf. Lc 5, 11b).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario

Mt 5, 1-12a. “Bienaventurados vosotros”. El discurso de las bienaventuranzas va dirigido a nosotros. Es una propuesta que nos hace Jesús para que entendamos que Dios quiere nuestra felicidad. Si no nos consideramos felices es que todavía no hemos descubierto el verdadero sentido del evangelio. Es verdad que cada una de sus formulaciones nos presenta situaciones que no parecen cercanas a la felicidad. Hay unas bienaventuranzas que parece que tienen más que ver con nuestro físico. Tener hambre (de justicia), ser pobre, llorar, ser manso… Después hay otras que nos hablan de actitudes interiores. Ser misericordioso, limpio de corazón, trabajar por la paz, ser perseguido… En definitiva, vivir las bienaventuranzas nos lleva a poseer el Reino de los cielos, que es lo que expresa cada una de distintas maneras. Se trata de confiar en que el deseo de felicidad de Dios, se va a hacer realidad en cada uno de nosotros.

8 de febrero. V Domingo de Tiempo Ordinario
Año litúrgico 2025-2026 (Ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».

Salmo

Salmo 111 1, 4-5. 6-7. 8a, y 9
R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R/.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

comentario

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA (II): LOS DISCÍPULOS, SAL  Y LUZ DEL MUNDO

(5º Domingo ordinario -A-, 8-Febrero-2026)

por Jaime Sancho Andreu

En el comienzo de la vida pública de Jesús

Nos dice san Mateo que Jesús, después de llamar a los primeros discípulos, recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando en todas partes y anunciando la buena noticia del Reino de Dios con palabras y con obras, curando a toda clase de enfermos. Todo ello suscitó una enorme expectación que atrajo a mucha gente de la zona, incluso de la lejana Jerusalén (Mt 4, 23-25). Había llegado el momento en que Jesús hiciese como una declaración programàtica, a la manera de los antiguos profetas, y eso lo hizo en el lugar que se llamaría para siempre el “Monte de las bienaventuranzas” con la campiña y el lago de Galilea a la vista.

Los bienaventurados tienen una misión

El domingo pasado leímos las primeres palabras del “sermón”, las bienaventuranzas, y nos encontramos ahora con que Jesús se dirige a los que poco antes ha llamado bienaventurados, felices, y les declara la misión que deberán desempeñar en su nombre, como sal de la tierra y luz del mundo.

Los mejores del reino de los cielos no son precisamente los primeros en el mundo; pero son aquellos que tan solo se dejan enriquecer por el Espíritu, los mártires y los limpios de corazón, los que sufren persecución por causa de la justicia, los que Jesús pone como ejemplo en el mundo.

El sermón de la montaña

Como este año la Cuaresma comienza pronto, el próximo 18 de Febrero, solo podremos leer la mitad del gran discurso de Jesús que inaugura su ministerio como el definitivo Profeta de Dios.

El Señor, como un nuevo Moisés, expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino. Probablemente se trata de un conjunto de sentencias de Jesús pronunciadas en circunstancias diferentes, pero recogidas por el evangelista a modo de un largo discurso. Lo cierto es que, en este “sermón”, se ha visto siempre el mejor resumen de la enseñanza de Cristo, y que en él se contienen los pasajes más conocidos de su doctrina.

El radicalismo de las palabras de Jesús en este discurso ha hecho pensar a los teólogos y escrituristas. Para unos, Jesús querría mostrarnos un imposible, unos mandamientos que no podríamos cumplir nunca, debido a nuestra naturaleza pecadora; y así reconoceríamos que todo viene de Dios, sin colaboración alguna de nuestra parte. Para otros, estaríamos ante una moral de los últimos tiempos, tan solo justificable por la creencia en un fin inmediato del mundo; ésta sería una manera de dejar aparte las palabras de Cristo como utópicas.

Sin embargo, la interpretación católica de este pasaje nos dice que, efectivamente, se trata de una transformación del mundo – con Cristo acaba un mundo y comienza otro nuevo – de un comenzar otra vez para acercarnos a la perfección y la bondad que sólo están en Dios; pero esto es posible porque la naturaleza humana del cristiano ha sido regenerada en el Bautismo y, con la gracia de Dios, podemos avanzar sin límite en el camino de la perfección a imitación de Jesucristo. Ahí está el ejemplo de los santos y ahí está, por encima de todo, el ejemplo de Cristo.

La sal de la tierra

En la primera comparación, Jesús parte de la experiencia de que un poco de sal da buen sabor a todo el alimento. La sal es diferente de los alimentos que condimenta, pero se funde con ellos; también se echaba un poco de sal sobre los sacrificios cuando se quemaban en el templo de Jerusalén. En todo ellos podría estar pensando Jesús cuando dijo a los discípulos que ellos tenían que ser la sal de la tierra.

Los pobres del Señor son una minoría diferente del mundo, el cual no tiene sentido, tal como es ahora, ni es agradable a Dios como ofrenda que responda a los favores del cielo hacia los hombres. Pero el Señor se inclina favorablemente hacia la tierra, porque en ella hay un resto de fieles que la preservan de la total corrupción. Por ello los cristianos fieles deben saber que no valdrían para nada si llegaran a perder sus características propias – una sal sin sabor, un cristiano sin identidad ni convicciones – si se hicieran iguales al mundo.

La luz del mundo

Al comienzo del tiempo ordinario (Domingos 2º y 3º), Jesús fue proclamado «Luz de las naciones», y entonces comentábamos que él debía ser la nueva Ley que alumbraría los pasos de los hombres. En la Nueva Alianza, la ley de Dios no es tanto un código escrito, sino un ejemplo de vida mostrado en Cristo Jesús; de este modo se cumplen las profecías que hablaban de un ley escrita en los corazones, porque el Espíritu Santo graba en los fieles la imagen de Cristo.

Los pobres del Señor son como las imágenes de los santos puestas en las vidrieras de los templos: a través de ellos, con matices y colores diferentes, llega a nosotros la única luz verdadera que ilumina a los hombres (Cf. Juan 1, 9). Jesús ya no está en el mundo corporalmente, pero hay muchos que son los faros para orientar hacia la vida verdadera. Se trata de personas que viven de acuerdo con las Bienaventuranzas. Muy detrás quedan los guías de este mundo: políticos, capitalistas, artistas o intelectuales… éstos podrán ser más inteligentes o astutos que los hijos de la luz, pero de ellos no cabe esperar luz.

Del mismo modo, san Pablo se presentó a los Corintios débil y temeroso: “no con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado(1 Corintios 2, 2. Segunda lectura). Porque no era de sí mismo de quien iba a hablar sino de Cristo; y no debía ser luz propia el Apóstol, sino iluminar con el don de la fe que viene de Dios.

Las obras de la luz

Como en otras ocasiones, la lectura de los profetas nos lleva a poner los pies en el suelo y a bajar desde una interpretación demasiado espiritualista del Evangelio: “En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo” (Salmo responsorial 111).  Porque las Bienaventuranzas y todo el Sermón de la montaña no pueden quedarse en un «espíritu» o en una simple y cómoda «actitud».

Tampoco se refiere a estrategias globales y técnicas, que dependen de la ciencia d elos sabios y del poder de los fuertes, acciones que quedan fuera del alcance de las personas corrientes y las condenan a la inacción. Es cierto que Jesús llama a todos, incluso a los sabios, ricos y poderosos, pero éstos lo tienen difícil para poner sus posibilidades al servicio de alguien que no sean ellos mismos; pero, como recordábamos el domingo pasado, en última instancia, lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Cf. Mt 19, 23-26).

Se trata de acciones concretas, al alcance de cualquiera: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne. entonces romperá tu luz como la aurora” (Isaías 58, 7-8. Primera lectura).

Cuando se hacen estas obras que imitan la bondad creadora de Dios y su amor por la vida, se actúa bajo la luz de la Ley de Dios mostrada en Cristo: “Cuando partas tu pan con el hambriento… brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is 58, 10). A pesar de que estas obras sean hechas por los pobres del Señor, son vistas por los hombres y los evangelizan, porque muestran un camino mejor, que algo nuevo ha comenzado en el mundo: “No se puede ocultar una ciudad en lo alto de un monte… Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo” (Mateo 5, 14 y 16).

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Isaías 58, 7-10 y Mateo 5, 13-16: En el Evangelio hemos comenzado la lectura del “Sermón de la montaña. Si Cristo es «Luz de las naciones», los cristianos han de ser la «Luz del mundo». En la primera lectura, Isaías concreta en qué consisten las obras luminosas que Dios quiere: compartir con el pobre, liberar de la opresión, hablar y actuar con caridad.

Segunda lectura. 1 Coríntios 2, 1-5: San Pablo se presenta al comienzo de su carta como instrumento del Espíritu Santo, débil y temeroso; portador, sin embargo, del conocimiento de Cristo crucificado y confiando en el poder de la gracia de la fe que acompaña la predicación del Evangelio.

Otro comentario al evangelio

Domingo, 8 de febrero de 2026

5º del Tiempo Ordinario

Lecturas:

Is 57, 7-10. Surgirá tu luz como una aurora.

Sal 111 El justo brilla en las tinieblas como una luz.

1 Cor 2, 1-5. Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.

Mt 5, 13-16. Vosotros sois la luz del mundo.

El Evangelio nos invita a ser la sal de la tierra y la luz del mundo. ¿Qué nos quiere decir el Señor con esto? Nos lo ha dicho al final del Evangelio: Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

No se trata de explicar qué es la luz, sino de ser luz, y no con arrogancia, sino con humildad; no cayendo en la vanidad autosuficiente, sino buscando siempre la gloria de Dios.

¿Cómo puedes ser hoy luz del mundo, de tu mundo? Siguiendo a Jesucristo. Lo hemos cantado en el Aleluya: Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Y también en el Salmo: El justo brilla en las tinieblas como una luz. Y la primera lectura: Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas.

En la medida en que acojas a Jesucristo en tu vida; en la medida en que le dejes ser el Señor de tu vida, de toda tu vida, tu vida quedará iluminada por el Señor y así se convertirá en una luz para los demás.

Y entonces esa lámpara -tu vida- se pondrá en el candelero y alumbrará a todos los de casa. ¿Cuál es ese candelero?

Dice San Agustín que ese candelero es la cruz, tu cruz. Esa cruz que hoy sigue siendo escándalo y locura para muchos (cf. 1 Cor 1), pero que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres.

Y así tu vida, por el poder del Espíritu se convierte en sal.

Sal que da sentido a tu vida, porque puedes ver el amor de Dios en medio de la vida de cada día; y puedes descansar en que Dios te ama, es fiel y cumple sus promesas; en que está haciendo una historia de amor y de salvación contigo y, por eso sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien (cf. Rom 8, 28).

Sal que pone sabor a la “rutina” de tu vida cotidiana, porque vives la presencia de Jesucristo resucitado que, por el don de su Espíritu, hace nueva tu vida. Y así puedes vivir no en la queja sino en la bendición, no en la murmuración sino en la alabanza, no en el resentimiento sino en la gratitud.

Sal que sana, cuida, porque hace presente el Señorío de Jesucristo, el Salvador; anuncia la buena noticia del Evangelio e invoca al Espíritu Santo que lo renueva todo.

Estamos llamados a vivir una vida diferente a la de los demás porque encarnamos los valores del Reino de Dios, porque estamos en el mundo, pero no somos del mundo, porque fundamentamos nuestra vida no en la sabiduría humana, sino en la fuerza del misterio de la cruz.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Dejándolo todo, lo siguieron (Cf. Lc 5, 11b).

¡Ven Espíritu Santo!  (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio

Mt 5, 13-16. “Den gloria a vuestro Padre”. Después de ofrecernos las bienaventuranzas como camino de vida, Jesús nos propone hoy dos imágenes para que entendamos cómo hemos de relacionarnos con el mundo. Estamos llamados a ser sal y a ser luz. Son dos realidades que no se perciben por sí mismas sino por lo que realizan con lo que está en contacto con ellas. Están llamadas a desaparecer. La sal no se puede distinguir dentro de un guiso, pero se percibe sobre todo su ausencia. Su función es sacar el sabor de cada uno de los ingredientes para que, todos juntos, ofrezcan un gusto nuevo y mejor. La luz se refleja sobre los objetos y nos ayuda a reconocer su forma, su color, su belleza. Necesitamos la luz en todo momento para avanzar con seguridad. Cuando no hay luz vivimos con temor e inseguridad. Nuestra luz ha de brillar, pero también es importante que nuestras obras sean buenas, para que sea eso lo que se vea y todos puedan así dar gloria a Dios.

fiesta del 9 D'OCTUBRE

En la Diócesis de Valencia

Aniversario de la dedicación de la S.I. Catedral de Valencia.

En la Diócesis de Valencia

 Aniversario de la dedicación de la S.I. Catedral de Valencia.

(9 de octubre de 2023)

Al llegar esta fecha histórica en que recordamos el segundo nacimiento del pueblo cristiano valenciano, después de un periodo de oscuridad en el que nunca dejó de estar presente, conviene que tengamos presente esta festividad que nos hace presente el misterio de la Iglesia a través del templo mayor de nuestra archidiócesis, donde está la cátedra y el altar del que está con nosotros en el lugar de los apóstoles, como sucesor suyo. La sede de tantas peregrinaciones  y de innumerables vistas individuales, brilla en este día con la luz de la Esposa de Cristo, engalanada para las nupcias salvadoras.

El 9 de octubre evoca la fundación del reino cristiano de Valencia y la libertad del culto católico en nuestras tierras. Ese mismo día, la comunidad fiel valenciana tuvo de nuevo su iglesia mayor, dedicada a Santa María, y estos dos acontecimientos forman parte de una misma historia. Es una fiesta que nos afianza en la comunión eclesial en torno a la iglesia madre, donde tiene su sede el Pastor de la Iglesia local de Valencia, el templo que fue llamado a custodiar el sagrado Cáliz de la Cena del Señor, símbolo del sacrificio de amor de Jesucristo y de la comunión eucarística en la unidad de la santa Iglesia.

El aniversario de la dedicación

El 9 de octubre será para la comunidad cristiana de Valencia una fiesta perpetua, pero en cada aniversario resuena con más fuerza que nunca el eco de aquella preciosa y feliz celebración en que nuestro templo principal, la iglesia madre, apareció con la belleza que habían pretendido que tuviera aquellos generosos antepasados nuestros que lo comenzaron.

La belleza de la casa de Dios, sin lujos, pero con dignidad, tanto en las iglesias modestas como en las más importantes o cargadas de arte e historia, lo mismo que la enseñanza de sus signos, nos hablan del misterio de Dios que ha querido poner su tabernáculo entre nosotros y hacernos templo suyo.

Al contemplar las catedrales sembradas por Europa, en ciudades grandes o pequeñas, nos asombra el esfuerzo que realizaron quienes sabían que no verían culminada su obra. En nuestro tiempo, cuando domina lo funcional, nos resulta difícil comprender esas alturas “inútiles”, esos detalles en las cubiertas y las torres, esas moles que, cuando se levantaron, destacarían mucho más que ahora, entre casas de uno o dos pisos. Pero lo cierto es que también ahora se construyen edificios cuyo tamaño excede con mucho al espacio utilizable; nos dicen que es para prestigiar las instituciones que albergan, y eso es lo que pretendían nuestros antepasados para la casa de Dios y de la Iglesia; eso, seguramente, y otras cosas que se nos escapan.

Una construcción que no ha terminado

El aniversario de la dedicación nos recuerda un día de gracia, pero también nos impulsa hacia el futuro. En efecto, de la misma manera que los sacramentos de la Iniciación, a saber, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, ponen los fundamentos de toda la vida cristiana, así también la dedicación del edificio eclesial significa la consagración de una Iglesia particular representada en la parroquia.

En este sentido el Aniversario de la dedicación, es como la fiesta conmemorativa del Bautismo, no de un individuo sino de la comunidad cristiana y, en definitiva, de un pueblo santificado por la Palabra de Dios y por los sacramentos, llamado a crecer y desarrollarse, en analogía con el cuerpo humano, hasta alcanzar la medida de Cristo en la plenitud (cf. Col 4,13-16). El aniversario que estamos celebrando constituye una invitación, por tanto, a hacer memoria de los orígenes y, sobre todo, a recuperar el ímpetu que debe seguir impulsando el crecimiento y el desarrollo de la parroquia en todos los órdenes.

Una veces sirviéndose de la imagen del cuerpo que debe crecer y, otras, echando mano de la imagen del templo, San Pablo se refiere en sus cartas al crecimiento y a la edificación de la Iglesia (cf. 1 Cor 14,3.5.6.7.12.26; Ef 4,12.16; etc.). En todo caso el germen y el fundamento es Cristo. A partir de Él y sobre Él, los Apóstoles y sus sucesores en el ministerio apostólico han levantado y hecho crecer la Iglesia (cf. LG 20; 23).

Ahora bien, la acción apostólica, evangelizadora y pastoral no causa, por sí sola, el crecimiento de la Iglesia. Ésta es, en realidad, un misterio de gracia y una participación en la vida del Dios Trinitario. Por eso San Pablo afirmaba: «Ni el que planta ni el que riega cuentan, sino Dios que da el crecimiento» (1 Cor 3,7; cf. 1 Cor 3,5-15). En definitiva se trata de que en nuestra actividad eclesial respetemos la necesaria primacía de la gracia divina, porque sin Cristo «no podemos hacer nada» (Jn 15,5).

Las palabras de San Agustín en la dedicación de una nueva iglesia; quince siglos después parecen dichas para nosotros:

«Ésta es la casa de nuestras oraciones, pero la casa de Dios somos nosotros mismos. Por eso nosotros… nos vamos edificando durante esta vida, para ser consagrados al final de los tiempos. El edificio, o mejor, la construcción del edificio exige ciertamente trabajo; la consagración, en cambio, trae consigo el gozo. Lo que aquí se hacía, cuando se iba construyendo esta casa, sucede también cuando los creyentes se congregan en Cristo. Pues, al acceder a la fe, es como si se extrajeran de los montes y de los bosques las piedras y los troncos; y cuando reciben la catequesis y el bautismo, es como si fueran tallándose, alineándose y nivelándose por las manos de artífices y carpinteros. Pero no llegan a ser casa de Dios sino cuando se aglutinan en la caridad» (Sermón 336, 1, Oficio de lectura del Común de la Dedicación de una iglesia).

Jaime Sancho Andreu

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