LA PALABRA DEL DÍA

Evangelio del día

Lunes, 26 de febrero de 2024
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Martes, 27 de febrero de 2024
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Miércoles, 28 de febrero de 2024
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».

Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron:
«Podemos».

Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Jueves, 29 de febrero de 2024
Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.

Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.

Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.

Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.

Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.

Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Viernes, 1 de marzo de 2024
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43, 45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola:
“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”».

Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Sábado, 2 de marzo de 2024
Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Comentario al evangelio

Sábado, 2 de marzo de 2024

Lecturas:

Mi 7, 14-15.18-20. El Señor se complace en la misericordia.

Sal 102, 1-4.9-12. El Señor es compasivo y misericordioso.

Lc 15, 1-3.11-32. El hijo pródigo volvió a la casa paterna.

En nuestro camino cuaresmal, hoy la Palabra nos sigue llamando a la conversión: a volver a la casa del Padre y a vivir como hijos amados del Padre.

Esta parábola del hijo pródigo o del padre misericordioso, quiere mostrarnos el hilo conductor de la fe cristiana, la entraña del cristianismo: Dios te ama con un amor gratuito, es decir, que no te lo tienes que ganar. Te ama como eres.

Te ha creado por amor y para que vivas con Él una historia de amor y una vida de intimidad personal: eres su hijo amado.

Y un amor tan grande, que es eterno: Dios te invita a vivir con Él para siempre, para toda la eternidad. No hay nada ni nadie que pueda separarnos del amor de Dios, ni siquiera la muerte (cf. Rom 8, 38).

, como el hijo pródigo, puedes rechazar el amor del Padre y marcharte de su casa para hacer tu vida, según tus proyectos, tus criterios, tus planes y tus deseos: en eso consiste el pecado.

Tú puedes dejar de amar a Dios, pero Dios no dejará de amarte nunca.

Y el pecado, cuando nos empeñamos en vivir lejos del Padre, termina llevándonos a la tristeza y a mendigar la vida a los ídolos. Y así, como no pueden darnos la vida, terminamos en la insatisfacción, en el vacío: pasando “hambre”.

Y el eco del amor fiel y gratuito de Dios que el Espíritu Santo hace resonar en tu corazón, te invita a volver al Padre.

Eso es la conversión: que dejes de vivir según tus criterios, para vivir en la voluntad del Padre, que dejes de pretender ser el dios de tu vida para vivir como hijo de Dios, que te dejes abrazar por el Padre.

Y cuando uno vuelve, el Padre siempre perdona, acoge, festeja. La consecuencia del perdón del Padre se simboliza en el anillo, que es signo de comunión, y en las sandalias, que es el calzado del hombre libre, en la alegría de la fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida.

¿No ardía nuestro corazón al escuchar su Palabra? (Cf. Lc 24, 32).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al Evangelio

Lc 15, 1-3. 11-32. “Me levantaré”. La parábola del hijo pródigo, que debería llamarse mejor del padre misericordioso, nos muestra el rostro de nuestro Padre Dios, rico en misericordia. Podemos fijarnos en el proceso del hijo. Primero quiere alejarse del padre, para tener una libertad aparente. Se gasta todo el dinero de su herencia. Luego descubre su pobreza y tiene que trabajar en peores condiciones que los jornaleros de su padre. Está postrado por su insensatez y su egoísmo. El punto de su conversión es el momento en que se pone en pie para volver a la casa de su padre. El resto de la historia ya la conocemos. La reacción gozosa del padre, que lo colma de detalles. El disgusto del hermano mayor, que se siente maltratado. Nosotros también hemos de levantarnos de aquellas situaciones en las que caemos al alejarnos de nuestro Padre Dios.

14 de febrero. Miércoles de Ceniza
Año litúrgico 2023-2024 (Ciclo B)

Primera lectura

Lectura de la profecía de Joel 2, 12-18

Ahora – oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.

¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!

Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».

¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?

Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.

Salmo

Sal 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 20 – 6, 2

Hermanos.
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé».

Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

comentario miércoles de ceniza

MIÉRCOLES DE CENIZA, por Jaime Sancho Andreu

14 de febrero de 2024

Historia de esta celebración

Desde tiempos de san Gregorio Magno (siglo VI), inaugura este día en Roma la santa cuarentena; antes comenzaba la Cuaresma el primer domingo, pero se extendió al miércoles anterior para que hubiese cuarenta días de ayuno hasta la Pascua, descontando los domingos. En el siglo XI, habiendo caído en desuso la penitencia pública, el Papa Urbano II recomendó la imposición de la ceniza a todos los fieles como signo distintivo de la inauguración de la Cuaresma.

Lo que nos dice ahora este día: Reconocer nuestra situación ante Dios

El mensaje que recibimos está perfectamente fundado en las tres lecturas propias de este día, como se explica en las moniciones que figuran a continuación; todo él se resume en las oraciones de bendición de la ceniza: “Derrama la gracia de tu bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a la celebración del misterio pascual de tu Hijo”, “Así podremos alcanzar, a imagen de tu Hijo resucitado, la vida nueva de tu reino”.

La imposición general de la ceniza muestra el carácter social del pecado, suma de todos los pecados personales, conocidos u ocultos. Las prácticas cuaresmales recomendadas son la mayor escucha de la Palabra de Dios, junto con la oración, el ayuno y la limosna; concluyendo en una celebración del sacramento de la Penitencia que nos lleve, al final del camino cuaresmal, a encontrarnos con la gracia del perdón y a participar en la Eucaristía pascual con el ánimo renovado.

En el evangelio, Jesús enseña a sus discípulos cómo tiene que ser su estilo de vida y describe tres dimensiones de la misma: la oración, relación con Dios; la limosna, relación con el prójimo, y el ayuno, relación con uno mismo. La oración es imprescindible para el discípulo de Cristo; la limosna es expresión de sincera caridad y el ayuno muestra la conversión a Dios.

MONICIONES A LAS LECTURAS

Primera lectura. Joel 2, 12-18: El profeta Joel describe la liturgia penitencial del “Día de la expiación” en el antiguo Israel, y pide al pueblo de Dios que rasgue su corazón y no los vestidos. La penitencia tiene su pleno sentido cuando se convierten las voluntades de las personas. Convertirse es volver a Dios con ánimo firme y sincero. Contestaremos a la palabra de Dios con el salmo penitencial por excelencia: “Misericordia, Señor, hemos pecado”.

Segunda lectura. 2 Corintios 5, 20-6. 2: San Pablo considera la conversión auténtica como una tarea permanente cuando dice: “Dejaos reconciliar con Dios” porque nuestro tiempo es breve, y la Cuaresma es tiempo de gracia y salvación. La reconciliación consiste en recomponer la relación rota o debilitada entre nosotros y Dios, entre nosotros y los hermanos.

Evangelio de Mateo 6, 1-6. 16-18: Jesús enseña a sus discípulos cómo tiene que ser su estilo de vida y describe tres dimensiones de la misma: la oración, relación con Dios; la limosna, relación con el prójimo, y el ayuno, relación con uno mismo. La oración es imprescindible para el discípulo de Cristo; la limosna es expresión de sincera caridad y el ayuno muestra la conversión a Dios.

Otro comentario al evangelio

14 de febrero de 2024
Miércoles de Ceniza
Ayuno y abstinencia
 
Lecturas:
 
Jl 2, 12-18.  Volved a mí de todo corazón.
 
Sal 50, 3-6.12-17.  Misericordia, Señor, hemos pecado.
 
2 Cor 5, 20-6, 2.  No recibáis en vano la gracia de Dios.
 
Mt 6, 1-6.16-18.  Cuando reces entra en tu habitación
 
Comenzamos hoy la Cuaresma, camino hacia la Pascua, al encuentro con el Señor Resucitado que pasa cada día por tu vida, para encontrarse contigo. 
 
La Cuaresma es un tiempo de gracia. Así nos lo ha recordado San Pablo: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. Por eso nos invita también a no echar en saco roto la gracia de Dios, a escuchar la voz del Señor y no dejar que se endurezca el corazón. 
 
¡Este es el momento ideal para que te conviertas! Esto es lo que nos propone la Iglesia con la celebración anual de la Cuaresma.
 
El Salmo 50 nos indica el itinerario espiritual que estamos llamados a vivir en la Cuaresma.
 
Misericordia, Dios mío, por tu bondad…, borra mi culpa…, limpia mi pecado. Es una llamada a la conversión.
 
Una llamada a no instalarse en el pecado. ¿Cuál es la raíz de todo pecado? La raíz de todo pecado es creer que tú eres dios, el señor y dueño de tu vida, de tu historia, del bien y del mal… 
 
Por eso, comenzamos con el signo de la ceniza: Recuerda que eres polvo. Que es lo mismo que decir: recuerda que tú no eres dios. Recuerda que necesitas ser salvado.
 
Y esta es una llamada radical a la conversión, a volver al Señor y entregarle tus pecados. Sin justificarlos, sin disimularlos y din esconderlos… sino entregándoselos al Señor, que te ama y te ofrece su perdón.
 
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme…, no me quites tu santo espíritu. 
 
Pero al mismo tiempo que le entregas tus pecados, has de acoger el don del Espíritu que irá renovando tu corazón, tu matrimonio, tu sacerdocio, tu consagración religiosa… ¡Hará nueva tu vida!
 
Pero, ¡déjale hacer a Él! Como Él quiera y al ritmo que Él quiera.
 
 Tres armas preciosas nos muestra el Evangelio: Orar, escuchar cada día al Señor: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. No endurezcáis el corazón.
 
Dar limosna, para poner nuestra seguridad y nuestra confianza en el Señor.
 
Ayunar, vaciando nuestro corazón de nuestro egoísmo para llenarlo del Señor y experimentar que solo Dios basta.
 
Y este itinerario culminará cuando en la noche de Pascua cantemos el Aleluya: Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
 
La fe se vive en la gratuidad y se expresa en la alabanza, que es el eco de la presencia y acción del Espíritu Santo en tu corazón.

¿No ardía nuestro corazón al escuchar su Palabra? (Cf. Lc 24, 32).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio

Mt 6, 1-6. 16-18. “Que ve en lo escondido”. Iniciamos hoy el camino de la Cuaresma, que nos debe llevar de la esclavitud a la libertad. Es un tiempo para reconocer nuestros límites y ponerlos bajo la mirada amorosa de nuestro Padre Dios. Él ve en lo escondido, nos conoce mejor que nosotros mismos. Él sabe lo que hay en nuestro corazón. La palabra nos pide que no vivamos nuestras actitudes religiosas de un modo exhibicionista, para ser alabados por los demás. El camino de nuestra conversión se vive en lo escondido, solo a los ojos de Dios. La palabra nos propone tres medios para nuestra conversión: la limosna, la oración y el ayuno, que como nos dice el Papa son “un movimiento de apertura y vaciamiento (…) para quitar los ídolos y los apegos”.

3 de marzo. III Domingo de Cuaresma
Año litúrgico 2023-2024 (Ciclo B)

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció estas palabras:

«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.

No tendrás otros dioses frente a mí.

No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.

No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian.

Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos.

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.

Recuerda el día del sábado para santificarlo.

Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que reside en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos; y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.

No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».

Salmo

Salmo 18, 8. 9. 10. 11
R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 22-25

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«Qué signos nos muestras para obrar así?».

Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

comentario del domingo

LA ALIANZA SELLADA POR MEDIO DE MOISÉS Y LA NOVEDAD DE CRISTO

EL TRÍPTICO PRE-PASCUAL (I): EL SIGNO DEL TEMPLO

(3º Domingo de cuaresma – B – 3 – Marzo- 2024)

La historia de la salvación

Durante esta Cuaresma, los cristianos vamos asumiendo las sucesivas etapas de la historia de la salvación, de modo que hemos de mantener por nuestra parte el pacto de paz establecido con Noé y sus hijos y la alianza sellada con Abrahán sobre la base de la fe en el único Dios que puede dar vida a los muertos. Ahora se nos pide ordenar nuestra vida de acuerdo con unos mandamientos que fueron mantenidos por Jesucristo, si bien los perfeccionó al mostrarlos como consecuencia de la entrega propia del amor a Dios y al prójimo. Un  término “amor” que no se queda en un mero afecto, sino que significa la fidelidad y el compromiso cumplido con libertad y alegría, de buen grado. En el Evangelio, Jesús se nos muestra como el templo verdadero de Dios, que seguirá presente en la tierra mediante la Iglesia, que es su Esposa y su Cuerpo. Vayamos ahora al encuentro del Señor que nos ha convocado en este día de descanso y libertad, pidiendo el perdón que necesitan nuestras culpas.

La alianza por Moisés

La historia de la salvación nos lleva a la tercera etapa que es la del Éxodo de Egipto. Siguiendo con el tema propio de este año, la gran autorrevelación del Dios de la alianza,  la primera lectura, tiene dos partes: en la primera, Dios, que ha demostrado su vitalidad y su poder haciendo salir a Israel de Egipto, se presenta como el único Dios (Ex 20, 1-6; cf. Deut 6, 4); por eso ha de reservarse para sí toda adoración y castigar el culto tributado a los ídolos; toda esta parte será resumida en el primer mandamiento: “Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deut 6, 4).

En la segunda parte exige al pueblo con el que pacta la alianza que se comporte, siguiendo el resto de las diez palabras, los diez mandamientos, como corresponde a una alianza pactada con la única y suprema Majestad (Ex 20, 7-17). Todos estos mandamientos no son prescripciones deducidas del derecho natural o preceptos puramente morales (aunque puedan ser también eso), sino exigencias de cómo ha de comportarse el hombre en la alianza con Dios. En otros lugares del Pentateuco se leen otras parecidas series de mandamientos, pero esta es la que ha prevalecido. 

Ha sido incluida en la lista la “ley del sábado” (Ex 8, 11), que en este contexto indica ante todo que, entre los días de los hombres, uno está reservado para el descanso, día que está caracterizado como propiedad privada de Dios y obliga a los hombres, con la liberación del trabajo cotidiano, a ser conscientes permanentemente de ello. Las familias deberían aprovechar bien este don de Dios para crecer en la unidad y en el amor, haciendo fiesta sin dejar de reunirse en este día de libertad, y participando juntos en la Eucaristía del Día del Señor.

El tríptico pre-pascual

La Cuaresma de este año B dedica los evangelios de los tres últimos domingos a proponernos tres grandes signos del Misterio Pascual de Jesucristo, muerto, sepultado y resucitado. Estas señales son el templo caído y levantado, la exaltación en la cruz y la semilla enterrada en el campo.

Así pues, el primer cuadro del tríptico pre-pascual nos presenta el signo del templo destruido y reedificado. En medio de la Cuaresma se narra la purificación del templo, para que reflexionemos sobre lo que es el verdadero culto a Dios y la verdadera casa de Dios.  El evangelio tiene dos acentos principales: el látigo inexorable con el que Jesús expulsa a todos los traficantes de la casa de oración de su Padre, y la prueba que da de su autoridad cuando los judíos le preguntan por qué obra con tanto celo: el verdadero templo, el de su cuerpo, destruido por los hombres, será reconstruido en tres días (cf. Jn 2, 19). 

Con esta imagen Jesucristo nos prepara a comprender el sentido de su próxima pasión y resurrección como la institución del misterio pascual, del primer acto de culto cristiano – el principal y fuente de todos los demás – que se desarrolla en el nuevo templo que es el cuerpo glorioso de Jesucristo.

El gran signo de Cristo Salvador

“Nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Co 1, 23). La segunda lectura anuncia nuevamente el misterio pascual de Jesucristo y se une al Evangelio a través del segundo motivo principal del evangelio, en el que los judíos exigen una prueba del poder de Jesús: “¿Qué signos nos muestras para obrar así?” (Jn 2, 18). 

El único signo que Dios da a los hombres es lo que les parece «lo necio», «lo débil» (1 Co 1, 25), todo ello resumido en la cruz; se requiere la fe para poderlo captar, mientras que los judíos primero quieren ver para poder después creer.  Por eso el signo que se les da aparece como un «escándalo» (1 Co 1, 23), mientras que para los llamados a la fe es “Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”, que se manifiesta en el signo supremo de la muerte y resurrección de Jesús, que es el misterio que vamos a celebrar en la Pascua y para el que nos estamos preparando en esta santa Cuaresma.

El signo de la fe en el mundo

Los cristianos, personalmente o como familias o grupos de fe y apostolado, son también un signo en medio del mundo, porque proclaman la fe en Jesucristo como principio en el que se fundamentan para permanecer fieles a Dios y fieles entre sus propios miembros. A veces son un “escándalo” para muchos, porque van contra corriente, y otras veces parecen derrumbarse bajo los golpes de la vida, pero confían en volverse a levantar y reagruparse en su unidad, con la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado.

2.- Moniciones a las lecturas

Primera lectura. Éxodo 20, 1-17: La tercera etapa de la historia de la salvación nos lleva al acontecimiento del Éxodo de Egipto y, en este año, al episodio de la entrega de la Ley de Dios en el Sinaí por medio de Moisés; éste es el “Código de la Alianza” donde Dios pone las condiciones para vivir dentro de este espacio de salvación: los diez mandamientos.

Segunda lectura. I Corintios 1, 22-25: Los judíos pedían a Jesús que hiciera signos o prodigios, para creer en él. Esta exigencia fue rechazada por Jesús, pues el único signo que Dios da es para los hombres “lo necio”, “le débil”, la cruz, detrás de lo cual está el misterio de la resurrección de Jesús.

Evangelio de Juan 2, 13-25: El primero de los signos del misterio pascual de este tríptico de la cuaresma es la destrucción del templo de Jerusalén como símbolo de la muerte violenta de Jesús; y la  reconstrucción posterior de su cuerpo, verdadero templo de Dios, en la resurrección.

(Este 3 de marzo se podría decir el prefacio V de Cuaresma “El camino del Éxodo en el desierto cuaresmal”, con la plegaria eucarística I, II o III, o la plegaria eucarística IV completa. En las misas con niños, sería adecuado decir la plegaria eucarística III para estas misas con las variantes propias de la Cuaresma)

Otro comentario al evangelio

Viernes, 8 de diciembre de 2023

La Inmaculada Concepción

Lecturas:

Gn 3, 9-15.20. Establezco hostilidades entre ti y la mujer,

Sal 97, 1-4. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Rom 15, 4-9. Cristo salvó a todos los hombres.

Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Celebramos hoy la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Los orígenes de esta fiesta se remontan a los siglos VII y VIII en Oriente. Poco a poco fue penetrando en Occidente y extendiéndose por toda la Iglesia, hasta que el papa Pío IX, el día 8 de diciembre del año 1854, declaró como dogma de fe que santa María, por un singular privilegio, en previsión de los méritos de Jesucristo, fue preservada de toda mancha de pecado original.

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María llena de gracia por Dios (cf. Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción (cf. Catecismo 491).

María no sólo no cometió pecado alguno, sino que fue preservada del pecado original por la misión a la que Dios la había destinado: ser la Madre del Redentor.

En el tiempo de Adviento, esta fiesta nos lleva a pensar en la Madre del Redentor, cuyo nacimiento vamos a celebrar pronto.

La Palabra nos presenta a María en la historia de la salvación: la desconfianza y desobediencia de nuestros primeros padres nos dejó la herencia del pecado original.

María es la perfecta sierva del Señor, que aceptó su Palabra hasta el final. Por eso, María es la mujer nueva, concebida sin pecado, y madre de la humanidad redimida.

También para María todo viene de Jesucristo, como centro de la historia de la salvación. María fue preservada del pecado original en previsión de los méritos de Jesucristo. Elegida y predestinada para su gran misión, del mismo modo que nosotros estamos destinados por Dios a participar de su gloria.

Y este es el dilema de cada día: vivir en la desconfianza y la desobediencia -como Adán y Eva-, vivir queriendo ser tú el dios de tú vida… Y se notará en que va apareciendo en ti la autosuficiencia, la arrogancia, la queja, la protesta, el resentimiento, la sospecha…

O vivir como María: escuchando, confiando, obedeciendo, dejándote llevar por el Espíritu… Y se notará en que vives proclamando el Magnificat, tu Magnificat, vives en la gratitud y la alabanza, que es el eco de la acción del Espíritu Santo en tu vida.

Y tú… ¿Qué modelo eliges para tu vida? ¿Quieres vivir como María, dejando que tu vida la lleve el Espíritu? ¿O quieres vivir como Eva, convirtiéndote tú en el dios de tu vida?

Pide el don del Espíritu Santo para que tú también puedas decir ¡hágase en mi vida como tú quieras, Señor! Entonces tu vida será una gran aventura, pero también un gran canto de alabanza porque en medio de tu vida contemplas la gloria de Dios.

 ¿No ardía nuestro corazón al escuchar su Palabra? (Cf. Lc 24, 32).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio

Jn 2, 13-25. “Los echó a todos del templo”. Una de las actitudes que tenemos que vigilar más y evitar es la perversión de lo religioso. Se produce cuando aprovechamos nuestra relación con Dios para nuestro propio beneficio, para lucrarnos. Es lo que pasaba con los vendedores y cambistas del templo. Jesús vive con dolor esa situación y purifica el templo. Es una invitación a que también nosotros purifiquemos nuestras intenciones en este tiempo de Cuaresma, para que la relación con Dios sea totalmente gratuita y agradecida. Los judíos aprovechan este momento para interrogar a Jesús. Le preguntan con qué autoridad ha realizado esa expulsión. El Señor aprovecha para hablar del templo, pero el de su cuerpo. Anuncia que será reconstruido en tres días, para hacer referencia a la resurrección. Jesús nos conoce por dentro y nos anima purificar nuestros pecados.

fiesta del 9 D'OCTUBRE

En la Diócesis de Valencia

Aniversario de la dedicación de la S.I. Catedral de Valencia.

En la Diócesis de Valencia

 Aniversario de la dedicación de la S.I. Catedral de Valencia.

(9 de octubre de 2023)

Al llegar esta fecha histórica en que recordamos el segundo nacimiento del pueblo cristiano valenciano, después de un periodo de oscuridad en el que nunca dejó de estar presente, conviene que tengamos presente esta festividad que nos hace presente el misterio de la Iglesia a través del templo mayor de nuestra archidiócesis, donde está la cátedra y el altar del que está con nosotros en el lugar de los apóstoles, como sucesor suyo. La sede de tantas peregrinaciones  y de innumerables vistas individuales, brilla en este día con la luz de la Esposa de Cristo, engalanada para las nupcias salvadoras.

El 9 de octubre evoca la fundación del reino cristiano de Valencia y la libertad del culto católico en nuestras tierras. Ese mismo día, la comunidad fiel valenciana tuvo de nuevo su iglesia mayor, dedicada a Santa María, y estos dos acontecimientos forman parte de una misma historia. Es una fiesta que nos afianza en la comunión eclesial en torno a la iglesia madre, donde tiene su sede el Pastor de la Iglesia local de Valencia, el templo que fue llamado a custodiar el sagrado Cáliz de la Cena del Señor, símbolo del sacrificio de amor de Jesucristo y de la comunión eucarística en la unidad de la santa Iglesia.

El aniversario de la dedicación

El 9 de octubre será para la comunidad cristiana de Valencia una fiesta perpetua, pero en cada aniversario resuena con más fuerza que nunca el eco de aquella preciosa y feliz celebración en que nuestro templo principal, la iglesia madre, apareció con la belleza que habían pretendido que tuviera aquellos generosos antepasados nuestros que lo comenzaron.

La belleza de la casa de Dios, sin lujos, pero con dignidad, tanto en las iglesias modestas como en las más importantes o cargadas de arte e historia, lo mismo que la enseñanza de sus signos, nos hablan del misterio de Dios que ha querido poner su tabernáculo entre nosotros y hacernos templo suyo.

Al contemplar las catedrales sembradas por Europa, en ciudades grandes o pequeñas, nos asombra el esfuerzo que realizaron quienes sabían que no verían culminada su obra. En nuestro tiempo, cuando domina lo funcional, nos resulta difícil comprender esas alturas “inútiles”, esos detalles en las cubiertas y las torres, esas moles que, cuando se levantaron, destacarían mucho más que ahora, entre casas de uno o dos pisos. Pero lo cierto es que también ahora se construyen edificios cuyo tamaño excede con mucho al espacio utilizable; nos dicen que es para prestigiar las instituciones que albergan, y eso es lo que pretendían nuestros antepasados para la casa de Dios y de la Iglesia; eso, seguramente, y otras cosas que se nos escapan.

Una construcción que no ha terminado

El aniversario de la dedicación nos recuerda un día de gracia, pero también nos impulsa hacia el futuro. En efecto, de la misma manera que los sacramentos de la Iniciación, a saber, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, ponen los fundamentos de toda la vida cristiana, así también la dedicación del edificio eclesial significa la consagración de una Iglesia particular representada en la parroquia.

En este sentido el Aniversario de la dedicación, es como la fiesta conmemorativa del Bautismo, no de un individuo sino de la comunidad cristiana y, en definitiva, de un pueblo santificado por la Palabra de Dios y por los sacramentos, llamado a crecer y desarrollarse, en analogía con el cuerpo humano, hasta alcanzar la medida de Cristo en la plenitud (cf. Col 4,13-16). El aniversario que estamos celebrando constituye una invitación, por tanto, a hacer memoria de los orígenes y, sobre todo, a recuperar el ímpetu que debe seguir impulsando el crecimiento y el desarrollo de la parroquia en todos los órdenes.

Una veces sirviéndose de la imagen del cuerpo que debe crecer y, otras, echando mano de la imagen del templo, San Pablo se refiere en sus cartas al crecimiento y a la edificación de la Iglesia (cf. 1 Cor 14,3.5.6.7.12.26; Ef 4,12.16; etc.). En todo caso el germen y el fundamento es Cristo. A partir de Él y sobre Él, los Apóstoles y sus sucesores en el ministerio apostólico han levantado y hecho crecer la Iglesia (cf. LG 20; 23).

Ahora bien, la acción apostólica, evangelizadora y pastoral no causa, por sí sola, el crecimiento de la Iglesia. Ésta es, en realidad, un misterio de gracia y una participación en la vida del Dios Trinitario. Por eso San Pablo afirmaba: «Ni el que planta ni el que riega cuentan, sino Dios que da el crecimiento» (1 Cor 3,7; cf. 1 Cor 3,5-15). En definitiva se trata de que en nuestra actividad eclesial respetemos la necesaria primacía de la gracia divina, porque sin Cristo «no podemos hacer nada» (Jn 15,5).

Las palabras de San Agustín en la dedicación de una nueva iglesia; quince siglos después parecen dichas para nosotros:

«Ésta es la casa de nuestras oraciones, pero la casa de Dios somos nosotros mismos. Por eso nosotros… nos vamos edificando durante esta vida, para ser consagrados al final de los tiempos. El edificio, o mejor, la construcción del edificio exige ciertamente trabajo; la consagración, en cambio, trae consigo el gozo. Lo que aquí se hacía, cuando se iba construyendo esta casa, sucede también cuando los creyentes se congregan en Cristo. Pues, al acceder a la fe, es como si se extrajeran de los montes y de los bosques las piedras y los troncos; y cuando reciben la catequesis y el bautismo, es como si fueran tallándose, alineándose y nivelándose por las manos de artífices y carpinteros. Pero no llegan a ser casa de Dios sino cuando se aglutinan en la caridad» (Sermón 336, 1, Oficio de lectura del Común de la Dedicación de una iglesia).

Jaime Sancho Andreu

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