Un religioso valenciano regresa como misionero a Timor Leste donde impulsó un proyecto de protección de menores y de acogida a víctimas de violencia Francisco José Baeza, presente 15 años en Indonesia, ayudará ahora en la formación integral de jóvenes

Un religioso valenciano regresa como misionero a Timor Leste donde impulsó un proyecto de protección de menores y de acogida a víctimas de violencia Francisco José Baeza, presente 15 años en Indonesia, ayudará ahora en la formación integral de jóvenes

-“Poco a poco, empezamos a tomar cartas en el asunto para atender a víctimas de abusos y acompañarlas en su proceso de sanación y formación”, afirma 

– “Gracias por la ayuda de Valencia”, que colabora en la reconstrucción de una casa de formación en Yakarta

 

Misionero Baeza, en su reciente visita a Valencia (Firma fotos «V. Gutiérrez/AVAN»)

El religioso claretiano valenciano Francisco José Baeza, presente 15 años en Indonesia, en una de las 18.000 islas que conforman este país del sudeste asiático, ha recibido un nuevo destino misionero en Timor Leste,  en donde fue párroco e impulsó un proyecto de protección al menor y de víctimas de abusos y también una residencia para niñas y chicas en situación de riesgo.

En los últimos años, el misionero ha estado en la diócesis de Kupang, en Timor Occidental, y ahora de nuevo se desplazará al otro lado de la isla, a Timor Oriental, para prestar su ayuda en la parroquia misionera de Salele, donde entre otras cosas existe una escuela de artes y oficios y un colegio de secundaria de formación profesional.

“No es un nuevo destino, realmente, es más bien revivir mis primeros años en Asia, en un país nuevo que empezó en el año 2000”,  asegura. Precisamente, siendo párroco de Salele impulsó el proyecto de protección de menores que incluyó la construcción de una casa de acogida para víctimas de violencia o abusos, “una labor importante y reconocida a nivel de Naciones Unidas”, afirma.

Esta casa de amparo o llamada “uma mahón” fue posible gracias a la participación de una monja india, de la congregación de las Siervas del Espíritu Santo, que era trabajadora social, “que tenía mucha formación y valentía”. “Ella misma se disfrazaba para mezclarse con todas las víctimas de la prostitución con el fin de conocer de cerca el ambiente, y sacarlas de esta dura realidad”, expresa el misionero.

Precisamente, hasta esta casa de amparo o refugio de víctimas de violencia  llevaron desde Valencia una pequeña imagen de la Virgen de los Desamparados, para que la Mare de Déu proteja a las acogidas, y permanece allí instalada, tras una donación de la parroquia San Vicente Mártir de Valencia.

Ante esta problemática, “la Iglesia, poco a poco, empezó a tomar cartas en el asunto y ese trabajo fue uno de los más significativos”. Actualmente,  “la casa de acogida sigue su labor de protección y asesoría legal y además hay una residencia donde se previene y acompaña, sobre todo, a las niñas y jóvenes que viven en las montañas, en situación de riesgo, para que puedan tener formación y ayuda”. El objetivo es “atender y acoger a las víctimas de la violencia y acompañarlas en un proceso de sanación y liberación para que puedan seguir adelante y superar esos traumas”, además de la prevención.

Además, «hicimos también un trabajo de coordinación y creación de cooperativas, con mujeres viudas que enviudaron tras el proceso de liberación de Timor Leste, en las que hacían velas, tejidos,  y disponían de otros recursos para poder salir adelante”.

“Pero ahora ya no volveré a la parroquia de Salele como párroco sino como Superior para coordinar a los jóvenes, para ayudar a que haya un buen ambiente en la comunidad y como transmisor del carisma a las nuevas generaciones”, afirma.  “Cuando yo llegué por primera vez a Timor Leste había diez sacerdotes indonesios en la Delegación, ahora son cien, gracias al trabajo de promoción de vocaciones, y a la formación de los sacerdotes y misioneros”.

“En 15 años las cosas han cambiado mucho: la familia y la sociedad es mucho más fragmentaria”

Conforme explica Francisco José Baeza, que el próximo 3 de marzo cumplirá 40 años de ordenación sacerdotal, en estos 15 años han cambiado mucho las cosas: “Cuando yo llegué todavía la familia era muy importante, un núcleo fuerte, ahora la familia no es tan estable, los matrimonios se rompen con más facilidad, y la disciplina o respeto a los padres y a las tradiciones, por esta globalización, es más difícil”.

En ese sentido, “el tiempo pasa y no para bien, porque lo que era una cultura más tradicional o más estable, ahora es mucho más fragmentaria y con mucha más crisis”.
Otro de los fenómenos que preocupan a los claretianos en Timor Leste son los grupos violentos de jóvenes, que se dedican a hacer artes marciales para pelear entre ellos, y mostrar su rivalidad y fuerza.  “El Gobierno quiere tomar medidas en este aspecto, pero no es fácil”.

Por ello, “estamos volcados en la juventud, en su formación y futuro. Y pese a que en esta parte de la isla el porcentaje de católicos es del 96 por ciento, por la tradición portuguesa, muchos se están despegando del ámbito de la Iglesia. También, el nivel educativo es bastante pobre. Muchos terminan la universidad pero no son capaces de encontrar un puesto de trabajo”, asegura.

“Gracias por la ayuda de Valencia”

Igualmente, en su reciente visita a Valencia, el misionero ha agradecido la ayuda recogida en Valencia para un proyecto de reconstrucción de una casa de formación en Yakarta, la capital de Indonesia, que acoge a estudiantes, seminaristas y religiosos que se forman para ser futuros misioneros en otros países.

“No sólo se han conseguido los 6.000 euros que hemos recogido con la ayuda y generosidad de muchas personas, sino que además,  se van a conseguir otros 6.000 más, a través de la Fundación Ad Gentes del Arzobispado, para que este proyecto finalice el próximo mes de mayo.

Concretamente, el proyecto consiste en unir dos edificios contiguos – que se encuentran uno al lado del otro-, para ampliar espacios. Uno de ellos, se encontraba muy deteriorado con goteras pero ya ha sido reparado y se han construido tres plantas, que dará para ocho o diez habitaciones con baño y ahora se está trabajando por dentro, la terminación de los interiores.

“Cuando yo regrese a comienzos de marzo se empezará la unión con el otro edificio que será rehabilitado y conectado con el nuevo espacio. El proyecto avanza a muy buen ritmo”.
Según afirma Francisco José Baeza, “en España todavía se mantiene esa sensibilidad hacia las misiones, nos ha ayudado por ejemplo la Adoración Nocturna Femenina, las delegaciones de misiones de las parroquias, poco o mucho la gente quiere contribuir y tiene ese sentido solidario hacia lugares recónditos en tierras lejanas”.

La Fundación Ad Gentes ya colaboró con el misionero valenciano cuando se encontraba en Timor Leste. En aquella ocasión, ayudó en la reconstrucción del tejado de madera de su parroquia que amenaza con desprenderse y gracias a la fundación se pudo cambiar por otro de hierro y uralita.

“Y la participación de Valencia no se queda solo en esto”, afirma. Cuando se inició la casa de amparo, Cáritas Valencia se involucró en el proyecto hasta el punto de que en la inauguración de la misma estuvo presente la hermana del misionero, Nuria Baeza, colaboradora de la entidad. También es de reseñar la aportación de la parroquia San Vicente Mártir de Valencia que aportó la pequeña imagen de la Virgen de los Desamparados que fue colocada como patrona de esta casa-amparo o refugio de víctimas de violencia”, añade.