3 Feb 2026 Mons. Benavent, en la Jornada de Vida Consagrada: “La donación y entrega es lo que hace crecer a la Iglesia, lo que la hace fructificar” Preside la misa en la Catedral
- La vocación a la vida consagrada tiene sentido desde la compasión por el mundo, y es que los cristianos “no podemos ser insensibles al sufrimiento ajeno”
La Archidiócesis de Valencia celebró ayer lunes la Jornada de la Vida Consagrada, con una misa en la Catedral -coincidiendo con la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor- que fue presidida por el arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent.
En la celebración, que tuvo lugar en continuidad con el lema del congreso vocacional convocado por la Conferencia Episcopal Española hace exactamente un año: ¿Para quién soy?”, el Arzobispo aseguró que “si no vivimos la vida cristiana desde una espiritualidad vocacional no podemos vivir nuestra misión con sentido, ni podemos esperar que el testimonio de los cristianos dé fruto en nuestro mundo. Vivir con espiritualidad vocacional significa vivirla en clave relacional y de entrega”.
Así, la vocación a la vida consagrada -y toda vocación cristiana- no tendría sentido “si uno la vive como auto perfección de quien se encierra en sí mismo”. Al contrario, “toda vocación es un camino de santidad por la entrega y por la donación”, aseguró.
“Los consagrados y las consagradas estáis llamados a vivir vuestra vocación como acogida, agradecida de la gracia bautismal y como transformación de esa gracia en donación de vuestra persona y de vuestra vida a Dios”, aseguró.
Y «esa entrega de la vida es lo que hace crecer a la Iglesia, lo que la hace fructificar porque la Iglesia no crece ni es más grande por tener más dinero o poder sino por la transformación de la gracia bautismal en donación de nosotros mismos en favor de la humanidad”, añadió.
“La compasión nos tiene que llevar a entregar nuestra vida en favor de nuestros hermanos”
Asimismo, el Arzobispo recordó que la vocación a la vida consagrada tiene sentido desde la compasión por el mundo, y es que los cristianos “no podemos ser insensibles al sufrimiento ajeno y a la necesidad de salvación que tiene nuestro mundo”. Es “una compasión que nos tiene que llevar a entregar nuestra vida en favor de nuestros hermanos, porque María no sólo se asociará a Cristo en su sufrimiento sino que se asociará también en su misericordia en su compasión por el mundo”.
Precisamente, la vida consagrada es para dar testimonio de esa fidelidad y de esa misericordia para dar testimonio de que no somos ajenos al sufrimiento de los otros”. 
En la celebración ayer en la Catedral participaron representantes de numerosos institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica de la archidiócesis, acompañados por el delegado episcopal para la Vida Consagrada de la diócesis, Martín Gelabert, un encuentro en el que los consagrados y consagradas renovaron sus compromisos religiosos y apostólicos. Y como es tradición en ella se bendijeron las candelas que simbolizan la luz de Jesucristo.





