23 Feb 2026 Llutxent celebra el “Misterio de los Corporales” Con misa solemne y procesión
La localidad valenciana de Llutxent celebrará mañana, martes, una jornada eucarística por el aniversario del “Misterio de los Corporales” cuya fiesta recuerda la aparición en esta población, el 24 de febrero de 1239, de varias formas consagradas ensangrentadas, tras un ataque musulmán a las tropas del rey Jaime I mientras participaban en una misa.
Con motivo de la festividad, tendrá lugar una misa solemne a las 12 del mediodía, en la Basílica del Corpus Christi, presidida por monseñor José María Yanguas, obispo de Cuenca. Tras la eucaristía tendrá lugar la exposición del Santísimo y turnos de Adoración.
Por la tarde, se desarrollará una solemne procesión eucarística, desde la Basílica del Corpus Christi hasta el templo parroquial Asunción de Nuestra Señora
Precisamente, en 2021, Llutxent celebró la fiesta del “Misterio de los Corporales” con un Día Jubilar en el marco del Año Santo Jubilar del Cáliz de la Pasión en la diócesis de Valencia.
Este milagro eucarístico fue uno de los que impulsó al Papa Urbano IV a instituir en 1264 la fiesta de Corpus Christi en la Iglesia Universal, mediante la Bula “Transiturus de hoc mundo”.
Las formas fueron ocultadas por el capellán tras una ataque que interrumpió la eucaristía
La fiesta del “Misterio de los Corporales”, recuerda la aparición en Llutxent, el 24 de febrero de 1239, de varias formas consagradas ensangrentadas, tras un ataque musulmán a las tropas del rey Jaime I cuando el capellán de las tropas, Mateo Martínez, natural de Daroca, celebraba la misa y había consagrado ya varias formas destinadas a la comunión.
El ataque obligó a suspender la misa y el capellán ocultó las formas, que ya estaban consagradas, en un pedregal del monte, envueltas en los corporales. Rechazado el ataque del que salieron los cristianos victoriosos, pidieron al sacerdote que les diera la comunión en acción de gracias.
El capellán fue al lugar donde las había escondido y se encontró las seis hostias empapadas en sangre y pegadas a los corporales. Los comandantes tomaron este hecho como una señal divina e hicieron que el sacerdote levantara el corporal, manchado de sangre, como un estandarte. Hoy se veneran en la localidad zaragozana de Daroca, de donde era natural el capellán.