Inundaciones en Mozambique. Cuando toca empezar de cero Proyecto de emergencia de Manos Unidas para socorrer a los afectados por las lluvias torrenciales

Inundaciones en Mozambique. Cuando toca empezar de cero Proyecto de emergencia de Manos Unidas para socorrer a los afectados por las lluvias torrenciales

Comunidades enteras han sido arrasadas por las lluvias torrenciales. Fotografía: Manos Unidas

La hermana María Gómez Lechón, valenciana, religiosa Hija de la Caridad de San Vicente Paul, el pasado 16 de enero dio cuenta a Manos Unidas del desastre que han producido las intensas lluvias en Chókwè y en amplias zonas de la provincia de Gaza, al sur de Mozambique.

“Estamos en situación de inundaciones. Yo esto aquí en Macia refugiada y las Hermanas del Carmelo están allí en Chokwe. Está bajando el nivel, pero el desastre es descomunal. No tengo nada más que lo que llevo puesto“: María Gómez Lechón.

Cuenta la misionera valenciana que “las lluvias, llegaron de golpe, arrasando todo a su paso. Los avisos emitidos por el Instituto Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos de Desastres (INGD), no fueron suficientes. La incertidumbre se hizo dueña de la una población. El fenómeno alcanzó tal magnitud que superó ampliamente la capacidad de reacción local. El desbordamiento simultáneo de grandes ríos, unido a lluvias intensas y persistentes, provocó inundaciones extensas que afectaron zonas urbanas y rurales, dejando comunidades enteras aisladas”.

Kits de comida e higiene

Manos Unidas ha acudido en apoyo de esas familias que viven en la pobreza absoluta y que han visto desaparecer bajo las aguas lo poco que tenían. «Las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, responsables de la gestión del Hospital de Chókwè y con quienes Manos Unidas ha colaborado en muchas ocasiones, solicitaron ayuda de emergencia para poder proporcionar kits de subsistencia durante cuatro meses a unas 6.000 familias, hasta que puedan obtener nuevas cosechas», explica María Nieto, responsable de Proyectos de la ONG en el país africano. Unos kits que se repartirán mensualmente y que se compondrán de un lote de alimentos básicos y de higiene para cada familia: harina, azúcar, judías, aceite, arroz, sal, té y jabón.

Con ello, Manos Unidas intenta socorrer a una población afectada por unas lluvias de una intensidad pocas veces vista antes.

“Yo vi como el agua iba subiendo y subiendo a las casas, iba llegado a las ventanas, hasta los tejados. Y durante la noche llovió sin parar y pensé que el agua nos iba a llevar con ella. No solo era el agua de las precipitaciones, sino la que llegaba de los pantanos, que los abren. El río llegó a tener una anchura de 35 kilómetros. Todo era agua”, recuerda María Gómez Lechón.

En Chiaquelane, donde se desplazaron muchas personas, las autoridades instalaron tiendas y centros de acogida provisionales. A los tres o cuatro días, el problema más grave era la falta de comida. «Las personas salían de sus casas con alimentos para pocos días. No podían llevar más, porque ellos no tienen remanentes de nada. Pronto llegó el hambre, porque han estado allí como mínimo 15 o 20 días», explica la religiosa valenciana.

Vecinos y religiosos

A través de las parroquias, comunidades religiosas y los propios fieles, se organizó para acoger a las personas desplazadas. Fotografía: Manos Unidas.

Algunas personas han vuelto a sus casas para encontrar que lo han perdido todo. Salieron huyendo casi con lo puesto y, lo poco que tenían forma ahora parte de los restos inservibles de unas viviendas construidas de barro y caña. Toca reinventarse y empezar de cero.

Reinventarse con muchas dificultades. Sin electricidad, sin agua… «Durante cerca de 15 días, las familias se han visto obligadas a limpiar y a cocinar con agua contaminada, aumentando significativamente el riesgo de enfermedades gastrointestinales, cólera, dermatitis y malnutrición. Las comunicaciones también se han interrumpido, lo que ha dificultado el acceso a la ayuda y a la información».

La respuesta de la población ha sido increíble. Vecinos, familiares, amigos ayudándose como buenamente podían. La Iglesia también ha estado allí, desde el primer momento. «A través de las parroquias, comunidades religiosas y los propios fieles, se organizó para acoger a las personas desplazadas, ofreciendo espacios cubiertos, agua para beber, asearse, lavar ropa y, dentro de sus posibilidades, alimentación básica».

“Manos Unidas fue la primera en preguntarnos. En interesarse por cómo estábamos y en enviarnos la ayuda de emergencia. Manos Unidas se puso manos a la obra, como siempre”, agradece la misionera de Valencia.

María Gómez Lechón, misionera valenciana y Sara, en Mozambique. Foto: Manos Unidas.



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