LA PALABRA DEL DÍA

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 22-27

Mientras recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron muy tristes. 

Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?». 

Contestó: «Sí». Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?». Contestó: «A los extraños». Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti».

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
– ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!.

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis».

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Comentario al evangelio del día

Martes, 9 de agosto de 2022

Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Lecturas

Os 2,16b.17b.21-22. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo.

Sal 44. R. Escucha, hija, mira: inclina el oído.

Mt 25,1-13. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Preciosa la primera lectura, que nos muestra que la fe es una historia de amor y de salvación entre Dios y el hombre. Tener fe es haber descubierto que Dios te ama, con un amor gratuito, un amor que no te lo tienes que ganar, y empezar a responder a este amor de Dios. Tener fe es vivir así cada día.

Pero la historia de Israel, como la nuestra, está llena de infidelidades, porque fácilmente olvida al Señor y se va detrás de los ídolos. Por eso, el Señor, que ama a su pueblo, le lleva al desierto, que es el lugar ideal para buscar a Dios, para volver al amor de juventud, cuando Israel no tenía más apoyo que su Dios.

Esta es también nuestra historia. El Señor, que nos ama, nos saca al desierto, para que dejemos los ídolos. Tantas veces el Señor ha de quitarnos nuestras falsas seguridades para que volvamos a Él y sólo en Él pongamos nuestra confianza.

Y entonces habrá nuevos desposorios para siempre, sellados por la justicia y el derecho, el amor, la ternura y la fidelidad. Esta es la relación que el Señor quiere regalarte. ¡Dios es fiel y no deja de amarte nunca! El Señor es el Esposo, prendado está el rey de tu belleza, hemos cantado en el salmo. Tú eres la princesa, bellísima, porque él es tu Señor.

El Evangelio nos presenta la parábola de las diez vírgenes, invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del Reino de los cielos. Cinco entran en la fiesta, porque, a la llegada del esposo, tienen aceite para encender sus lámparas; mientras que las otras cinco se quedan fuera, porque son necias y no han llevado aceite. ¿Qué es este ‘aceite’, necesario para ser admitidos a la fiesta? San Agustín dice que es un símbolo del amor, que no se puede comprar, pero se recibe como don, se conserva en la intimidad y se practica en las obras. Este amor es don de Cristo, infundido en nosotros por el Espíritu Santo.

¡Ánimo! ¡Pide el don del Espíritu Santo! Que te enamore de Jesucristo, que puedas vivir este amor de juventud, de enamorado. Si vives esta historia de amor con el Señor, tendrás dentro una esperanza invencible, llevarás en tu corazón la vida eterna, llevarás como una lámpara que iluminará tu vida y con la que atravesarás la noche más allá de la muerte hasta que llegues al gran banquete del cielo.

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Comentario al evangelio del día

Mt 25, 1-13. “Entraron con él al banquete de bodas”. La parábola de las diez vírgenes es una llamada a la prudencia y a la previsión. La misión que tienen que cumplir es ir al encuentro del esposo, pero no saben cuándo van a llegar. En ese momento deben tener sus lámparas encendidas para salir a su encuentro. El problema se produce cuando el esposo se retrasa y hay cinco de ellas que no se han provisto de una reserva de aceite suficiente. En el momento en que llega el esposo, tienen que ir a la tienda para comprar más aceite y eso provoca que no puedan entrar al banquete. La interpretación de la parábola está en función del valor que le demos al aceite. En la vida cristiana puede ser la fe, puede ser el amor… son realidades personales que no se pueden compartir, cada uno debe procurar fortalecer su fe, crecer en el amor al prójimo. De lo contrario, cuando llegue el Señor, podemos vernos sin ese aceite suficiente para recibir al esposo y pasar con él al banquete eterno. 

XX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 38,4-6.8-10

En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey:
«Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia».
Respondió el rey Sedecías:
«Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros».
Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua.
Ebedmélec abandonó el palacio, fue al rey y le dijo:
«Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías al arrojarlo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad».
Entonces el rey ordenó a Ebedmélec el cusita:
«Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera».

Salmo

Sal 39
R/. Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R/.

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R/.

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R/.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Hermanos:
Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

comentario al evangelio del domingo

La fuerza de la fe en la persecución (por Jaime Sancho Andreu)

(20º Domingo ordinario –C- 14 de agosto de 2022)

La persecución de los justos

Tirado en el fondo de un pozo, hundido en el fango… así fue tratado el gran profeta Jeremías, porque sus avisos a los príncipes de Jerusalén, de parte de Dios, iban en contra de sus proyectos. Era un momento en que se lo jugaban todo, con el enemigo a las puertas de Jerusalén. Como un verdadero “siervo de Yahvé”, Jeremías es presentado frecuentemente por la liturgia como imagen de Jesucristo, signo de contradicción y sufridor paciente de la falta de confianza en Dios y de la confianza en los poderosos del momento, que es el gran pecado del mundo; nuestro Señor, el dulce y buen Jesús, anulado, hundido, sepultado entre los muertos y sacado de la muerte por el amor del Padre y con la energía transfigurante del Espíritu. Los verdaderos profetas, como Jeremías, crearon a su alrededor fuertes divisiones y contradicciones; no es de extrañar por eso que Jesús anunciara crisis semejantes para cuando su mensaje se difundiera y los hombres tuviesen que definirse a favor o en contra. La disolución de la unidad familiar era tenida como uno de los signos del final de los tiempos que debía inaugurar el Mesías. Así lo había declarado el profeta Miqueas: ¡Hay de mí!… Faltó la misericordia de la tierra… No creáis en el amigo ni confiéis en el príncipe. De la que duerme  a tu lado, guárdate, no abras tu boca. Porque el hijo deshonra a su padre, la hija se levanta contra su madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre serán los de su casa (Mi 7, 1-6). Pero la última palabra siempre la tiene Dios: El volverá, él tendrá misericordia de nosotros; le sujetará nuestras iniquidades, y echará en las profundidades del mar todos nuestros pecados (Mi 7, 19).

El rechazo de Jesús

Nunca insistiremos bastante en que creer en Jesús consiste, ciertamente, en aceptar lo que enseñó y creer o aceptar su doctrina; pero es mucho más: es una opción de toda la vida para seguirlo, es vivir en su reino, tan diferente al mundo que no acaba de convertirse. Vivir en el reino de Cristo, con sus valores y prioridades, es vivir ya salvados. Pero esto, diríamos vulgarmente ¿Cómo se come? ¿Tiene que ver el reino de Cristo con la vida ordinaria?

Todos deseamos estos beneficios naturales de carácter general como son “la paz” y “el bien común”; son unos lemas detrás de los que nos pondríamos todas las personas. Pero el problema surge a la hora de concretar y señalar los caminos o medios para conseguirlo. Jeremías fue acusado de no buscar “el bien del pueblo” porque no se ajustaba a los criterios de los líderes de Israel de aquel entonces. Él experimentaba en su interior una fuerza superior que le exigía ser fiel a la misión recibida de Dios. la historia de ayer es realidad en el presente.

Trabajar por la paz y por el bien del pueblo es una bienaventuranza evangélica, pero, al mismo tiempo, es un drama que engendra división. Sucedió ya a Jesús, signo de contradicción y portador de división. Dios exige fidelidad en la prueba y en la persecución. Todos queremos el bienestar y la paz, pero ¿de qué parte estamos? la Palabra de Dios nos hace comprender dónde está la verdadera paz y el verdadero bien del pueblo.

La opción por la fe en Jesús

Cuando se responde a la gracia y se toma la decisión de creer en Jesús, esta opción de fe debe llevar a revisar toda nuestra vida, para que todos sus momentos se acerque lo más posible, no sólo a lo que dijo Jesús, sino a lo que él hizo. Creer en Jesús es imitarle hasta el final.

El escándalo para la fe llega cuando los cristianos nos situamos en opciones completamente distintas y lo justificamos desde el Evangelio; por ejemplo, en el tema de la paz y la violencia o en otras cuestiones morales. En ese momento debemos tener en cuenta que la fe en Jesús es también un hecho comunitario, eclesial, y que no podemos dejar de lado la enseñanza de la Iglesia que, por medio de sus pastores y santos, ha recibido la Palabra de Dios y la ha ido aplicando a cada momento. Por ejemplo: si todos nuestros pastores legítimos, comenzando por el Papa, condenan la violencia como medio de llegar a la paz o a otro bien social, no cabe extraer de la fe una consecuencia distinta.

Dentro de la fe en Cristo hay muchas sensibilidades diferentes, que hay que respetar, pero en las cuestiones fundamentales no caben las diferencias contradictorias, sino la comunión.

Fijad vuestros ojos en Jesús

En el Nuevo testamento, en el importante documento anónimo que es la “Carta a los Hebreos”, el ejemplo de la fe de los antiguos patriarcas es propuesto a los cristianos, que sí saben con certeza hacia donde se encaminan, gracias a la nueva fe que comenzó en Cristo y se orienta hacia él.

Escuchando la segunda lectura pensamos inmediatamente en los innumerables mártires de nuestra Iglesia de Valencia y de toda España: Una nube ingente de testigos nos rodea… Ellos nos dicen ahora: Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis la calma. Todavía no habéis llegado – como nosotros – a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.  En los momentos de prueba, hermanos y hermanas, fijad vuestros ojos en Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre (Heb 12, 1-4; segunda lectura).

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Jeremías 38, 4-6.8-10 y Lucas 12, 49-53: Los verdaderos profetas, como Jeremías, crearon a su alrededor fuertes divisiones y contradicciones; no es de extrañar por eso que Jesús anunciara crisis semejantes para cuando su mensaje se difundiera y los hombres tuviesen que definirse a favor o en contra. La disolución de la unidad familiar era tenida como uno de los signos del final de los tiempos que debía inaugurar el Mesías.

Segunda lectura. Hebreos 12, 1-4: El ejemplo de la fe de los antiguos patriarcas y de los primeros mártires cristianos se nos propone ahora a nosotros para que seamos fuertes para resistir las persecuciones y contradicciones.

Otro comentario al evangelio del domingo

Domingo, 7 de agosto de 2022

19º del Tiempo Ordinario

Lecturas:

Sb 18, 6-9. Con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

Sal 32. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Hb 11, 1-2. 8-19. Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Lc 12, 38-48. Lo mismo vosotros, estad preparados.

La Palabra nos invita a vivir la fe, a tener una mirada de fe sobre nuestra vida y sobre la historia. La fe no es una teoría que se aprende, sino una vida que se acoge y se disfruta.

En la fe, don de Dios, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría (cf. Lumen Fidei 7).

La segunda lectura nos habla de ello y nos muestra a Abrahán, padre de todos los creyentes: La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve… Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Lo que se pide a Abrahán es que se fíe de esta Palabra. La fe entiende que la palabra, cuando es pronunciada por el Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable que pueda haber. La fe acoge esta Palabra como roca firme, para construir sobre ella con sólido fundamento (cf. Lumen Fidei 9-10).

Tener fe es entrar en una historia de amor entre Dios y nosotros. Es haber descubierto que Dios te ama gratuitamente y empezar a responder a este Amor, que te precede y en el que te puedes apoyar para construir la vida: No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Es dejar que Dios pase cada día por tu vida y te encuentres con Él, que te ama, te desea, te busca.

Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado. El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una criatura nueva, recibe un nuevo ser, un ser filial que se hace hijo en el Hijo. «Abbá, Padre», (cf. Lumen Fidei 1 y 19).

Por eso, el Evangelio nos llama a estar despiertos, en vela, atentos porque el Señor viene a tu vida: Estoy a la puerta y llamo, si me abres entraré y cenare contigo (cf. Ap 3, 20).

A estar despiertos porque hoy el Señor pasa por tu vida: no estás solo; hoy el Señor te habla al corazón: pone luz en tu vida; hoy el Señor te regala el don del Espíritu Santo: lo hace todo nuevo; hoy el Señor te regala hermanos para caminar juntos hacia la meta del cielo.

Y hay que estar en vela porque vuestro enemigo el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar (cf. 1 Pe 5,8). Hay que estar atentos, porque el diablo quiere robarte, la fe, la comunidad, la vocación, la alegría, la esperanza… En definitiva quiere llevarte a la soledad, a la tristeza y a la desesperanza.

También esta Palabra nos invita a despegarnos de las cosas materiales, porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón… y a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre, y de nada le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde su alma.

¿Tú cómo estás? ¿Estás preparado para el encuentro con el Señor, que hoy está llamando a la puerta de tu vida?

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

¡Feliz Domingo, feliz Eucaristía!

Otro comentario al evangelio del domingo

Lc 12, 32-48. “Allí estará también vuestro corazón”. Jesús nos propone hoy revisar nuestra relación con los bienes materiales. Todos tenemos una cierta preocupación por acumular bienes que nos garanticen seguridad para el futuro. Pero Jesús nos invita a que no pongamos nuestra vida en ellos, que los verdaderos bienes son los que tenemos en el cielo, ese es nuestro tesoro. También nos llama a que vivamos con responsabilidad nuestras tareas, sabiendo que hemos de dar cuenta al Señor cuando vuelva y nos la pida. Hemos de cuidar y servir a las personas que Dios ha puesto en nuestro camino y también tener cuidado, no confiarnos pensando que el Señor no vuelve y dejar de cuidar y maltratar a aquellos que hemos de servir. Hemos recibido mucho, por eso el Señor espera que demos mucho, especialmente a los que están más cerca. 

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