LA PALABRA DEL DÍA

Evangelio del día

Lunes, 19 de septiembre de 2022
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Martes, 20 de septiembre de 2022
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces lo avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».
Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Miércoles, 21 de septiembre de 2022
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «Misericordia quiero y no sacrificio»: que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».

Jueves 22 de septiembre de 2022.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».
Y tenía ganas de verlo.

Viernes, 23 de septiembre de 2022
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Sábado, 24 de septiembre de 2022
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Comentario al evangelio del día

La Virgen de la Merced

Lecturas:

Eclo 11, 9 – 12, 8. Acuérdate del Creador en los años mozos, antes de que el polvo vuelva a la tierra y el espíritu a Dios.

Sal 89. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Lc 9, 43b-45. El Hijo del Hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

La Palabra que nos regala hoy el Señor nos muestra a los discípulos que viven una contradicción espiritual y existencial, como tantas veces también la vivimos nosotros, tú y yo.

Por una parte, sentían admiración general por lo que hacía Jesús. Pero, cuando Jesús les habla de la Cruz, ellos no entendían este lenguajey les daba miedo preguntarle.

Por eso, no te escandalices si ves que asoma el miedo en tu vida. Es un signo de tu debilidad. Un signo de que te has dado cuenta de que con tus fuerzas eres incapaz de llevar tu vida…

Estás a punto de caramelo para acoger la salvación. Para reconocer que tú no te das la vida a ti mismo, que necesitas ser salvado. Y que el Salvador no eres tú, sino Jesucristo. Para reconocer que Jesucristo no es un simple modelo a imitar desde fuera, sino que es el Salvador.

Por eso, hoy es un día para que ores al Señor desde tus miedos. Un día para que le abras el corazón tal y como está y le presentes al Señor todo lo que te inquieta, te preocupa, te atemoriza… Un día para que descanses todo en el Señor.

Con la certeza de que nadie te ama como Él. Con la certeza de que Él cuida de ti.

Un día para que pidas el don del Espíritu Santo, que te hace vencer el miedo, no porque desaparezcan los peligros, sino porque te certifica la experiencia de la presencia del Señor en tu vida. Y así, aunque tantas veces tú tampoco entiendas este lenguaje, te resulte tan oscuro y no llegues a captar el sentido, puedas decir: Señor me fío de ti, ¡contigo voy al fin del mundo! ¡Todo lo puedo en Aquel me conforta!

Y podrás vivirlo todo -hasta la cruz- con el Señor y con el don de su Espíritu Santo, que lo hace todo nuevo, y así puedas cantar: Cambiaste mi luto en danzas… me has vestido de fiesta; te cantará mi alma sin callarse, Señor, te alabaré por siempre (cf. Sal 30), porque no hay nada ni nadie que pueda separarte del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Comentario al evangelio del día

Lc 9, 43b-45. “Entre la admiración general”. Vivimos un mundo que valora la fama, el reconocimiento popular. También Jesús gozó de esa popularidad. La gente de su tiempo se admiraba de sus palabras y de sus obras. No era frecuente un persona que mostrase tal coherencia. Pero el Señor no se deja llevar por esa admiración y recuerda a los discípulos que ese sentimiento es efímero. Todo lo que parece consideración se puede volver en contra fácilmente, porque la masa es manipulable. Jesús recuerda que su destino pasa por la traición y el sufrimiento. Para los discípulos no debió resultar fácil entender y aceptar este lenguaje. Incluso manifiestan temor ante sus palabras. Nosotros no hemos de temer no entender, para eso entramos en diálogo con Jesús y que nos explique sus palabras. Tampoco hay lugar para el miedo por sus anuncios. Hemos de confiar en Él y en su camino.

XXVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

Primera lectura

Lectura del Profeta Amós 6, 1a. 4-7

Esto dice el Señor omnipotente:
«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion,
confiados en la montaña de Samaría!
Se acuestan en lechos de marfil,
se arrellanan en sus divanes,
comen corderos del rebaño y terneros del establo;
tartamudean como insensatos
e inventan como David instrumentos musicales;
beben el vino en elegantes copas,
se ungen con el mejor de los aceites
pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.
Por eso irán al destierro,
a la cabeza de los deportados,
y se acabará la orgía de los disolutos».

Salmo

Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10
R. Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.
Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor y poder eterno. Amén.

Evangelio del domingo

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

comentario al evangelio del domingo

Jesús y el dinero (II). El rico y el pobre (por Jaime Sancho Andreu)

(26º Domingo ordinario -C-, 25 – Septiembre – 2022)

El poder maléfico de la riqueza.

Por segunda vez insiste Jesús en el poder maléfico y esclavizante del dinero, y anima a sus discípulos a utilizarlo con prudencia y sabiduría. Hoy concluye esta explicación fijándose en otro peligro de las riquezas: su capacidad para insensibilizar a quienes las disfrutan, de modo que no creen ni obedecen a la Palabra de Dios que nos manda atender a las necesidades de los pobres.

Todo el Antiguo Testamento nos habla de Dios “que mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos” (Salmo responsorial 145). Por eso quiere que le imitemos. A veces, los profetas como Amós, ante lo inaguantable de la situación, pierden la paciencia y denuncian con fuerza a los ricos que no se compadecen de los desastres del pueblo. Los profetas del Nuevo Testamento, como el apóstol Santiago no son menos contundentes: “Los ricos os habéis cebado para el día de la matanza” (5,5).

Con los insolidarios, Jesús no fue más tolerante: el rico que no comparte sus bienes se coloca en el polo opuesto a Dios, y permanecerá así eternamente. La parábola no tiene desperdicio: por un lado el rico sin nombre, porque  Dios no lo recuerda, está perdido para siempre, que derrocha sin querer ayudar al pobre Lázaro, al que Dios tiene muy en cuenta y retiene su nombre, que se traduce, significativamente, “Consolado”.

La salvación y la condenación, posibilidad de la persona.

Lo grandioso de la libertad humana es que Dios la respeta hasta el final. Aquellos que se colocan al margen de la Palabra de Dios, porque no les conviene escucharla y cambiar de vida, aquellos que crean una separación, muchas veces física y no sólo psicológica, entre ellos y los necesitados, permanecerán así, apartados de la vida de Dios para siempre, desprotegidos ante el fuego devorador de la muerte. El condenado suplica que el bienaventurado le comunique una gota del divino refrigerio, pero eso no es posible, porque él, en vida, no le comunicó ni las migajas de sus banquetes.

Todos podemos ser “ricos” egoístas.

Tampoco debemos pensar solamente en los ricos más ostentosos, pues podemos ser también «ricos» en las pocas cosas que tengamos, o en los bienes espirituales, como la cultura, el trabajo e incluso la fe, si no compartimos estos bienes con aquellos que no los tienen.

La parábola, dicha a los fariseos en tierras de Judea, puede también referirse a los judíos, que retenían para ellos las riquezas de la revelación e, incluso en los primeros tiempos de la Iglesia, no querían compartirlas con los gentiles, los cuales, deseosos de salvación, eran como los perritos bajo la mesa de los señores (Cf. Mc 7, 28). El pobre Lázaro sería el extranjero, excluido del banquete del reino de Dios, pero, ahora, “consolado” por el Evangelio.

Los cristianos, al contrario, como el joven obispo Timoteo (Segunda lectura), habrán de ser generosos con todos y guardar con fidelidad el tesoro que es el “depósito de la fe” en Cristo resucitado para que pueda llegar a todos los hombres sin distinción.     

Por último, el condenado piensa en sus familiares, tan egoístas como él, igual de incrédulos ante la predicación de la Palabra de Dios, y suplica a Abrahán que les mande una aparición, un «muerto», para que les asuste y convierta. Abrahán responde, y aquí habla Jesús y toda la Escritura: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto” (Lucas 16,31). 

La palabra de Dios como norma de vida.

La conclusión de la parábola es muy clara: Conviene escuchar y poner en práctica la Sagrada Escritura, garantía de la salvación. Ningún milagro puede sustituirla. ¿Acaso creyeron a los testigos de Cristo resucitado? Por ello Jesús remite siempre a la Escritura, ella como centro de su doctrina dirige la caridad de los discípulos hacia todos los hermanos, hijos por la fe del único padre Abrahán y a todo los hombres, hijos del Padre Creador.

LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura y homilía. Amós 6,1a.4-7 y Lucas 16,19-31: El profeta Amós destaca en el Antiguo Testamento por la dureza de los términos con que condena el egoísmo y la ambición desmesurada de los ricos, así como su olvido de los sufrimientos de los pobres. En el Evangelio, Jesús repite el mismo mensaje por medio de la parábola del rico despreocupado y del pobre Lázaro.

Segunda lectura. 1 Timoteo 6,11-16: El joven Timoteo era Obispo de la Iglesia de Éfeso por encargo de san Pablo, el cual, en su carta, le resume sus instrucciones pastorales en la fidelidad a Cristo y a su Mandamiento, que es el entero depósito de la fe, confiado al sucesor del Apóstol: aquí está toda la verdad del cristianismo.

Otro comentario al evangelio del domingo

Lecturas:

Am 6, 1. 4-7. Los disolutos encabezarán la cuerda de los cautivos.

Sal 145. Alaba, alma mía, al Señor.

1 Tim 6, 11-16. Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor.

Lc 16, 19-31. Recibiste bienes y Lázaro males; por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

El domingo pasado la Palabra de Dios nos decía con claridad que ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, que no podemos servir a Dios y al dinero, y de lo peligroso que es, para nuestra salud espiritual, vivir pegados al dinero y a las realidades materiales.

Hoy, el Evangelio nos muestra a dos personas: un rico, que ha vivido sirviendo al dinero: se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un pobre, Lázaro.

Y nos muestra también, las consecuencias de elegir servir a Dios o servir al dinero.

La idolatría ha llevado al rico a la muerte. Se encuentra en el infierno. Ha ganado mucho dinero, pero ha perdido el combate de la fe. Y es que de nada le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde su alma.

Dios quiere que todos los hombres se salven, escuchábamos el domingo pasado. Pero Dios, que te ama, te ha creado libre, y por eso, como dice san Agustín: Dios que te creó sin ti, ni te salvará sin ti.

La idolatría va endureciendo el corazón. Esta Palabra nos llama seriamente a la *conversión: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto *No es cuestión de milagros, sino de confianza.

La idolatría va llevando al orgullo, a la autosuficiencia, a la arrogancia, a poner la confianza en uno mismo, en las propias fuerzas, y va cerrando el corazón a la acción del Espíritu Santo.

En cambio, Lázaro se ha fiado del Señor, ha combatido el buen combate de la fe, ha conquistado la vida eterna a la que fue llamado.

Y es que al cielo se sube, bajando.

El rico quiere recorrer el camino de Adán, quiere trepar al cielo para robarle a Dios su soberanía. Ese camino lleva a la muerte.

El pobre ha recorrido el camino de Jesucristo que, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a todos. Ese camino lleva al cielo, a la vida eterna.

Esta Palabra es una invitación seria a la conversión. A tu conversión. A que te tomes la vida en serio: de nada te sirve ganar el mundo entero si, al final, se pierde tu alma.

¡Feliz Domingo, feliz Eucaristía!

Yo abro brecha delante de vosotros (Cf. Miq 2, 12-13).

¡Ven Espíritu Santo! (cf. Lc 11, 13).

Otro comentario al evangelio del domingo

Lc 16, 19-31. “Echado en su portal”. La parábola que hoy escuchamos quiere abrirnos los ojos ante nuestra falta de sensibilidad. Vivimos en un mundo que ama el placer y el lujo, como le sucedía a aquel hombre rico. Nuestra sociedad en el primer mundo se llama del bienestar y también del espectáculo. Cada día hay infinidad de acontecimientos que nos distraen y nos apartan de lo fundamental: el amor al hermano. Jesús quiere que estemos atentos a las necesidades de todos, especialmente de los que están más cerca. También nosotros tenemos gente “echada en nuestro portal” que espera nuestra atención y cuidado. El drama del hombre rico es que cuando es consciente de esto ha desperdiciado su vida. El infierno es la imposibilidad de amar. Tenemos los medios para salir de nuestro egoísmo y aislamiento. El más importante es la palabra de Dios que cada día nos debe despertar e impulsar a amar y servir a todos.

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