Faustino Pérez-Manglano: Ejemplo de interioridad en tiempos de ruido Estreno del documental ‘Un santo entre nosotros’ , el 25 de marzo, en el Colegio del Pilar

Faustino Pérez-Manglano: Ejemplo de interioridad en tiempos de ruido Estreno del documental ‘Un santo entre nosotros’ , el 25 de marzo, en el Colegio del Pilar

El estreno del documental ‘Un santo entre nosotros’ sobre su vida devuelve a la actualidad la figura de Faustino Pérez-Manglano, el joven valenciano fallecido a los 16 años cuya vida ordinaria y profunda sigue interpelando a nuevas generaciones. Declarado Venerable por la Iglesia en 2011 tras el reconocimiento de sus virtudes heroicas, su historia no habla de heroicidades espectaculares, sino de coherencia cotidiana, interioridad y alegría incluso en el sufrimiento.

En la capilla del colegio Nuestra Señora del Pilar de Valencia el silencio no pesa. Se posa. Bajo una luz discreta, reposan los restos de un adolescente que soñaba con ser misionero en Sudamérica y que, al mismo tiempo, no quería perderse el partido del Valencia. Se llamaba Faustino Pérez-Manglano. Tenía dieciséis años cuando murió, el 3 de marzo de 1963. Le gustaban el fútbol, la montaña, el cine, los campings de verano y disfrutar de sus padres y hermanos como cualquier otro chico de su edad.

Más de sesenta años después, su historia vuelve a situarse en el foco con el estreno de un documental impulsado por la Comisión Faustino. Pero el documental es solo el detonante. Lo verdaderamente llamativo es que un adolescente de los años sesenta siga provocando preguntas hoy.

Era un chico normal”

En el colegio El Pilar, Faustino no es una figura distante. Es presencia cotidiana. “Faustino es un icono del colegio, lo tenemos presente siempre”, explica Alfredo Martínez, director del centro. “Si se abre una puerta y no hay nadie detrás, de broma decimos: es Faustino”, asegura en tono de broma.

Su figura inspira incluso un itinerario de fe, ‘Huellas’, donde se trabajan los “cuatro síes” que marcaron su vida. “Lo principal de Faustino es que no era un niño extraño. Era muy ordinario, muy normal, pero con una relación sincera y auténtica con Jesús y con María”, indica Alfredo.

Esa normalidad es la clave. Porque su santidad no se construyó en lo espectacular, sino en lo pequeño. “Su batalla era lo cotidiano. Actuaba en su metro y medio y en su minuto y medio. Si veía a un chico solo en el patio, aunque no le apeteciera, se acercaba y decía: lo hago por ti, Jesús”.

En casa nunca cambió nada

En casa, Faustino fue ante todo hermano mayor. “Era un chico normal, le gustaba el fútbol, iba con mi padre todos los domingos a Mestalla, le gustaban sus amigos…”, recuerda su hermana, María Eugenia Pérez-Manglano. “Discutíamos como todos los hermanos…aunque no recuerdo grandes peleas”.

Cuando llegó la enfermedad, su padre —médico— supo desde el principio que no tenía cura. Sin embargo, la familia tomó una decisión que marcó el ambiente del hogar. “En nuestra casa no cambió nada. Jamás se vivió un ambiente de enfermedad”, afirma. “Mis padres decidieron que había que vivir con normalidad, y lo consiguieron”.

La serenidad no era ingenuidad. “Quizás la tranquilidad la daba él”, añade. “Inspiraba mucha paz en casa”. Además, María Eugenia recuerda una frase de su padre tras la muerte de Faustino y que quedo grabada a fuego en su memoria. “Se ha muerto vuestro hermano, pero quedáis tres y los tres tenéis que ser felices”.

Y otra convicción familiar fue que su muerte “nunca fue un tabú. Siempre se habló de él. Se hablaba de Faustino como de un hermano más que estuviera en casa”.

Si tuviera que definirlo sin definirlo con la palabra santo, María Eugenia responde sin titubeos. “Era una persona muy normal, pero especial. Muy especial”.

La fe en primera persona

Tras su muerte, el hallazgo de su diario personal permitió comprender la profundidad de una vida interior que muchos intuían, pero pocos conocían del todo. Fue el padre José María Salaverri, su director espiritual, quien custodió aquellos cuadernos y comenzó a difundir su contenido.

En esas páginas no hay solemnidad impostada. Hay adolescencia, lucha y claridad. Como así lo atestiguan sus diferentes anotaciones. El 17 de octubre de 1960 escribió que había rezado el rosario y que había “comulgado durante el recreo. He hablado durante diez minutos con Cristo, sobre las misiones y sobre el empate entre el Zaragoza-Valencia”.

Cosas cotidianas que se alternaban con otras más profundas como cuando escribió “voy a tratar de vivir la ascesis de sí: decir que sí a todo lo que es bueno”. Para más adelante afirmar que “me doy cuenta de que debo llegar a ser santo. No se puede ser cristiano mediocre”.

No son frases de un adulto maduro, sino de un chico de catorce años que empieza a tomarse en serio su fe y que ademas comienza a sentir la enfermedad y, pese a todo, afirma “soy muy feliz”. El sufrimiento y el dolor también cuan parte de sus reflexiones y pese a todo el capaz de responder con un “depende del punto de vista”.

En su mesilla de noche, tres días antes de morir, había un papel con la alineación del partido que no podría ver. Un chico normal hasta el final.

(Fotos: Víctor Gutiérrez / Medios Comunicación Arzobispado Valencia)

El Padre Salaverri, su acompañante decisivo

Si hay una figura inseparable de la vida de Faustino es la del padre José María Salaverri. Fue él quien escuchó la confidencia de aquel adolescente que, tras unos ejercicios espirituales, regresó convencido de que quería ser marianista. Fue él quien custodió el diario y quien escribió su primera biografía.

“Los dos se influían mutuamente y se alimentaban en la fe”, explica el director de El Pilar. “El padre Salaverri decía que tuvo la suerte de estar al lado de Faustino”.

Desde la Comisión Faustino recuerdan que, hasta su fallecimiento en 2018, el padre marianista llevó prácticamente solo todo lo relacionado con la causa. “Él dejó escrito que debía conformarse un grupo para continuar difundiendo su ejemplo”, explica Pablo S. Llorca. “Y esa es nuestra misión: proponer su modelo de santidad sencilla y ordinaria”.

El entonces arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, al conocer su vida, afirmó que estábamos ante “un nuevo Santo Domingo Savio”. Salesiano él mismo, reconoció en aquel muchacho una santidad juvenil sin artificios.

Una santidad accesible

“Faustino fue un chico perfectamente normal, pero con una profunda vida interior y una gran fuerza espiritual”, afirma Llorca. Quien ademas se refiere a Faustino como un ejemplo alcanzable. “Su santidad no es algo excepcional. Es algo imitable. Un camino accesible a todo el mundo desde la normalidad y la discreción”.

Pese a haber vivido en otra época, sus preguntas siguen siendo actuales. “Faustino se preguntaba sobre su propia vocación que él recibió el regalo de la vocación misionera y religiosa pero también se preguntaba sobre la profesión que quería escoger, sus estudios y al final este discernimiento vocacional es también el que tenemos los jóvenes de hoy en día no tanto igual para un estado de vida, no más pensando en los religiosos y los sacerdotes sino para la vida misma, todos tenemos una vocación en esta vida.”.

“Faustino es un santo hacia el interior”, resume el director del Pilar. “Y el interior de la naturaleza humana sigue siendo el mismo”.

En una sociedad acelerada y saturada de estímulos, su propuesta no es nostalgia, sino profundidad. A los catorce años decidió no ser un “cristiano mediocre”. No habló de heroicidades espectaculares, sino de coherencia pequeña. Tal vez por eso su historia vuelve hoy a contarse. Porque demuestra que la santidad no está reñida con la adolescencia, ni con el fútbol, ni con la risa. Y porque, como recuerda su hermana, nunca dejó de ser simplemente eso: hermano.

Profeta fuera de su tierra

Paradójicamente, mientras en el colegio El Pilar su figura forma parte de lo “cotidiano”, fuera de Valencia su nombre ha viajado con más intensidad. “Muchas veces se cumple eso de que nadie es profeta en su tierra”, reconoce Pablo S. Llorca. “Es verdad que Faustino no siempre ha estado tan presente aquí como en otros colegios marianistas incluso fuera de Europa”.

Su biografía se ha difundido en distintos idiomas, han surgido grupos juveniles inspirados en su vida y su figura es conocida en comunidades marianistas de varios países.

“Con el documental queremos precisamente eso: que su ejemplo de vida sencilla llegue también a casa, que no se quede solo como ‘el chico de la foto’ del pasillo”, añade Llorca, en referencia al cuadro que durante años muchos alumnos identificaban simplemente así.

La paradoja es evidente: un joven valenciano cuya historia ha cruzado fronteras y que, sin embargo, sigue necesitando ser redescubierto en su propia ciudad.

Un santo entre nosotros

El documental ‘Un santo entre nosotros’, realizado por la productora valenciana ONGAKU, reconstruye la figura de Faustino Pérez-Manglano a través de las voces de quienes lo conocieron en primera persona —familiares, compañeros de clase y testigos directos de su vida— y de aquellos para quienes su ejemplo se ha convertido en referencia espiritual. 

La cinta recorre su infancia, su adolescencia y el tiempo de enfermedad, pero también explora la huella que su testimonio continúa dejando hoy. Reconocido por la Iglesia como Venerable, su figura ha traspasado fronteras y es especialmente querida en distintos países de América del Sur, África y Estados Unidos donde su vida inspira grupos juveniles y comunidades marianistas.

El estreno tendrá lugar el 25 de marzo, a las 19 horas, en el Salón de Actos José María Salaverri del Colegio Nuestra Señora del Pilar (Av. Blasco Ibáñez, 35), e incluirá un coloquio posterior con los impulsores del proyecto. 



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