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miércoles 11 de septiembre de 2019
Jóvenes valencianos viven un verano misionero “que nos ha dejado huella” evangelizando “con palabras y actos”
Han ayudado a misioneros en Perú, Ecuador, Mozambique, Cuba, República Dominicana y Honduras

DIÓCESIS DE VALENCIA, 11 SEP.- Más de 40 jóvenes de distintas parroquias y movimientos de la diócesis viajaron en julio y agosto a Perú, Ecuador, Honduras, Mozambique, Cuba y República Dominicana para colaborar con varios misioneros en estos países, en una iniciativa de la delegación de Misiones del Arzobispado de Valencia.

Durante su estancia han colaborado en la atención a jóvenes y niños sin recursos a través de guarderías, colegios y comedores y han anunciado el Evangelio en casas particulares donde no lo conocían todavía.

Con el inicio de curso, han reflexionado sobre esta vivencia y todos coinciden al destacar el agradecimiento “por todo lo vivido” y por esta “experiencia de vida y fe” en este verano en misión en el que “hemos salido a mostrar al mundo la luz de Cristo”.

Mozambique: “Gratitud, plenitud y satisfacción” tras la experiencia

Para las jóvenes valencianas Laia, Miriam, Inés y María “vivir un mes en África no deja indiferente, te impregnas de su luz y de su gente, que te hacen sentir que volver allí merecerá siempre la pena”.

Son cuatro de los jóvenes que han viajado a Mozambique para “dejar un granito de arena en un gran proyecto del misionero mercedario Juan Carlos” en el distrito de Xai Xai, que cuenta con un comedor que atiende a más de 250 niños y adolescentes, una guardería con cien niños y tres “casas da criança” para menores que viven en la calle. Otros cuatro jóvenes, Dobra, Cristina, Lola y Jordi, se sumaron en agosto a esta labor.

Según su opinión, “tres palabras definen la experiencia: gratitud, plenitud y satisfacción” y se muestran agradecidas a la delegación de Misiones “por hacerla posible, al mercedario Juan Carlos “por todo el tiempo que nos dedicó, su labor y compromiso” y a las personas que “no se quedan indiferentes y colaboran”. También acudieron a Mozambique tres jóvenes para colaborar con las Hijas de la Caridad.

Perú: “El mayor regalo, la capacidad de confianza en Jesús”

Después de “muchos años deseando vivir una experiencia misionera”, Guillem Vicent Tortajada, de 22 años, cumplió su sueño y con otros seis jóvenes voló a Lima (Perú) para ayudar en el colegio Santo Tomás de Valencia, fundado por el valenciano Vicent Font, centro que atiende a 700 niños de barrios pobres.

En Lima compartieron una “experiencia de vida y de fe” y aunque se sintieron “como en casa” por la acogida recibida, la vivencia supuso también “un encuentro con una realidad dura, porque la pobreza que más nos ha impactado es la del aspecto humano, la inestabilidad familiar o la carencia de afecto que sufren muchos niños”.

Al mismo tiempo, han conocido la implicación de las familias en la vida parroquial “comprometidos con esa realidad y con el Señor” y su “capacidad de confianza en Jesús, que resulta impresionante”, según este joven de Alboraia, que asegura que “el mayor regalo que me he llevado ha sido esa demostración de fe, porque entre la arena del desierto y la montaña, hay una sociedad comprometida con Jesús”.

Rep. Dominicana: “Salir de misión es evangelizar de palabra y con actos”

Después de un mes de voluntariado en la diócesis de San Juan de la Maguana, en la República Dominicana, José Miralles Ferrer lo tiene claro: “Salir de misión es salir a mostrar al mundo la luz de Cristo, evangelizar de palabra y con actos, y dejarse empapar por esa misma luz, y además es soñar con un mundo mejor para aquellos hermanos que tienen tantas carencias y trabajar para lograrlo”.

Junto con otros cuatro jóvenes valencianos, Miralles vivió un verano distinto tras el cual ha descubierto que “salir de misión es vivir un tiempo en el que uno abandona su zona de confort para darse a los demás sin negar tu ayuda en ningún aspecto”.

Allí colaboraron con la parroquia del Buen Pastor de Azua, fueron monitores en un campamento de jóvenes y en dos escuelas en las que “educan a escolares de comunidades con una situación, en muchos casos, de gran pobreza, les alimentan y les abren un abanico de posibilidades para un futuro mejor”.

Tanto él como sus compañeros han comprobado que “como dice el Papa, todos estamos llamados a la misión, y es reconfortante ver cómo la necesaria y a la vez difícil llamada de Dios a la misión llega a muchos y responden”.

Ecuador: “La entrega y la voluntad de servir se tornan algo recíproco”

El delegado de Misiones de Valencia, Arturo J. García, viajó a Ecuador junto con seis jóvenes, al Vicariato Apostólico del Puyo y a Manta, donde durante prestaron su apoyo a la labor del misionero valenciano Ramón Peris.

Según el joven Víctor Verdeguer Mesado, el único de los seis jóvenes que no es seminarista, en la misión “conoces a la gente y compartes momentos con ellos, notas cómo la entrega y la voluntad de servir se tornan algo recíproco”. En definitiva, “lo más importante que nos llevamos al volver es el vínculo afectivo que se genera durante la misión que te deja una huella que te recuerda que tienes que volver”, concluye el joven.

Cuba: La misión es “un empujón para nuestra vocación sacerdotal”

Tres seminaristas valencianos, Carlos Molina, Sergio Pelarda y Julio Baños, viajaron a la diócesis cubana de Santa Clara, en Banau, donde emprendieron una misión “puerta a puerta” que consistía en “ir por las casas para dar a conocer el Evangelio” recibiendo, a cambio, respuestas diversas, “algún insulto que otro, y la pregunta más frecuente: ¿qué es la Iglesia Católica?”. La vivencia de ese desconocimiento para estos seminaristas ha sido “impresionante, porque nos hemos sentido como Pablo en el libro de los hechos de los Apóstoles, hemos ido a sitios a hablar por primera vez de Jesucristo”.

Para ellos “era el propio Jesús el que estaba esperando dentro de esas casas” y poder vivir “en las mismas condiciones que los habitantes del pueblo, hacía el anuncio más bello, porque sabíamos y experimentábamos en nuestra propia piel su forma de vida”.

La misión “ha sido un empujón para nuestra vocación sacerdotal”, según estos jóvenes, que animan a otros muchos a “dejar el miedo y la inseguridad a un lado porque hay mucha gente esperando al Señor, y el Señor os espera a vosotros”.

En Honduras, apoyo a los colectivos más desfavorecidos

En Honduras, las Hermanas del Sagrado Corazón acogieron a seis voluntarios que ayudaron en una colonia formada tras el paso del huracán Mitch en 1998, donde apoyan a colectivos desfavorecidos, principalmente niños, jóvenes y mujeres.

También viajaron a Honduras seminaristas y jóvenes en una experiencia organizada por la Biblioteca Sacerdotal Almudí para ayudar al Padre Patricio, misionero que ha creado varios colegios a los que asisten miles de niños sin recursos, así como un grupo de jóvenes de la parroquia de la Asunción de Torrent que colabora con proyectos que la ONG ACOES desarrolla vinculados a la educación de niños con pocos recursos.

Fotografías: Arriba, los seminaristas valencianos, Carlos, Sergio y Julio, en Cuba; en el centro, las jóvenes valencianas Laia, Miriam, Inés y María, en Mozambique; y abajo, Guillem, Guillermo, María, Amparo y Loreto, en Lima.
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