
ÉPOCA IV - VOL. 14 2001 EXTRAORDINARIO - Nº 3.240
I. LOS MÁRTIRES
1.1. Los mártires
1.2. Los procesos canónicos.
1.3. Nombres de los mártires Beatificados el 11 de marzo de 2001.
II. CRÓNICA
2.1. Crónica de la acogida de los peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
2.2. Crónica de la solemne ceremonia de la Beatificación
2.3. Crónica de la Misa de Acción de Gracias en San Pedro del Vaticano
2.4. Crónica de la solemne Misa de Acción de Gracias en la Catedral de Valencia
III. DOCUMENTOS
3.1. Decreto acerca del martirio de la Congregación para las Causas de los
Santos
3.2. Homilía del Santo Padre Juan Pablo II
3.3. Ángelus
3.4. Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en la audiencia con
motivo de la Beatificación de los mártires españoles
3.5. Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de Gracias de los mártires
españoles
3.6. Homilía en la Misa de Acción de Gracias por la Beatificación de José
Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires de la persecución religiosa de 1936 en
España
3.7. Carta pastoral del Sr. Arzobispo Agustín García-Gasco Vicente con motivo
de la Beatificación del 11 de marzo de los mártires de la persecución religiosa
de 1936
3.8. Otros textos del Sr. Arzobispo sobre los mártires
3.8.1. De la homilía pronunciada en la fiesta de San Vicente Mártir. Catedral
de Valencia, 22 de enero de 2001
3.8.2. Misa crismal. 11 de marzo de 2001
3.8.3. Misa In Coena Domini. 12 de abril de 2001
3.8.4. De la homilía en la ordenación de presbíteros. S.I. Catedral
Metropolitana. 30 de junio de 2001
IV. PARTE GRÁFICA
4.1. Tapiz preparado para la plaza de San Pedro del Vaticano
4.2. Medalla oficial
4.3. Descripción del relicario de los mártires ofrecido al Santo Padre
4.4. Descripción de la arqueta que contiene las venerables reliquias de los
mártires para la Catedral de Valencia
4.5. Cuadros
4.6. Bibliografía sobre los mártires beatificados
EXTRA
I. LOS MÁRTIRES
1.1. Los mártires
A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el
pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación
política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede
considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica,
que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe.
Los mártires beatificados el 11 de marzo de 2001 demuestran la unidad y
diversidad eclesial y aquella ceremonia resultó pastoralmente significativa,
porque vio unidos en un único rito a muchos mártires de una misma Archidiócesis.
La ceremonia tuvo estas características:
- la representatividad eclesial del grupo de mártires, pues hay sacerdotes,
religiosos y seglares, que son expresión de los numerosos carismas y familias de
vida consagrada;
- la representatividad de la Iglesia en España porque este grupo representa 34
diócesis. Todos ellos se encontraban en Valencia desarrollando sus respectivos
ministerios y actividades apostólicas y algunos de ellos fueron unidos en el
proceso por competencia, en base a la normativa canónica vigente;
- el elevado número de sacerdotes seculares y de seglares, pues es la primera
vez que fueron beatificados 40 miembros de los presbiterios diocesanos de
Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y 19 hombres y jóvenes,
miembros de la entonces floreciente Acción Católica Española y de otros
movimientos de espiritualidad y apostolado seglar, de todas las edades,
profesiones y estado social;
- el actual contexto pastoral favorable, que ha despertado interés en las
diócesis españolas hacia esta página gloriosa de la reciente historia. Ésta
había quedado un tanto olvidada, pero testimonia la fe y la fidelidad de la
Iglesia en España y, más en concreto, en Valencia, que tuvo sus orígenes a
principios del siglo iv en el martirio del diácono Vicente. El desarrollo de los
procesos, las correspondientes catequesis y la fama martyrii han llevado a las
comunidades cristianas a un mayor interés y devoción hacia los mártires.
Por ello, la beatificación conjunta ha sido sumamente oportuna y es de desear
que suscite una vida cristiana más intensa, un mayor fervor espiritual y un
renovado interés por mantener viva la memoria de estos gloriosos testigos de la
Fe.
El clima espiritual favorable creado por el Gran Jubileo del 2000 ha permitido
que, concluido el largo proceso canónico, pudiera celebrarse esta beatificación
el 11 de marzo de 2001, como primer fruto espiritual del Año Santo. Estos
mártires son los primeros beatos del Tercer Milenio.
1.2. Los procesos canónicos
Durante la persecución religiosa republicana la Archidiócesis de Valencia pagó
uno de los mayores tributos de sangre (361 sacerdotes, 373 hombres y jóvenes de
Acción Católica, 93 Mujeres de Acción Católica y varios centenares de religiosos
de diversos institutos masculinos y femeninos) y esto explica el hecho de que en
ella se abrieran la mayoría de los procesos de beatificación que han llegado a
su punto final.
Impulsados por los arzobispos Marcelino Olaechea (1946-1966) y el Siervo de Dios
José María García Lahiguera (1969-1978), así como por el Presbiterio Diocesano y
el Foro de Laicos, lo mismo que por las respectivas Órdenes y Congregaciones
religiosas, Valencia dedicó muchas energías humanas para que estos procesos
pudieran llegar a su conclusión y fueran un instrumento de evangelización,
especialmente en los campos de la catequesis, de la pastoral juvenil y de la
promoción vocacional.
Todos los procesos canónicos de los Beatos recién elevados a los altares fueron
instruidos en la Archidiócesis de Valencia, a excepción del de los Franciscanos
Conventuales (n.º 99 a 104), que se hizo en Barcelona, y el del Beato Francisco
Castelló Aleu (n.º 233), que se instruyó en Lleida.
Lo que con tanto empeño y esperanza se inició hace más de 50 años, se vio
culminado en la solemne ceremonia que tuvo lugar en la plaza de San Pedro el 11
de marzo de 2001.
Laus Deo!
1.3. Nombres de los mártires beatificados el 11 de marzo de 2001
Causa de los sacerdotes diocesanos, mujeres, hombres y jóvenes de Acción
Católica y de otros movimientos apostólicos de la Archidiócesis de Valencia
A
Sacerdotes diocesanos
1. Beato José APARICIO SANZ. Arcipreste de Enguera.
(* Enguera, 12-III-1893 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto
con su coadjutor (n.º 12).
2. Beato Fernando GONZÁLEZ AÑÓN. Párroco de Turís.
(* Turís, 17óII-1886 + Picassent 27-VIII-1936).
3. Beato Juan VENTURA SOLSONA. Arcipreste de Villahermosa del Río.
(* Villahermosa del Río, Castellón, 1875 + Castillo de Villamalefa, Castellón,
17-IX-1936).
4. Beato JOSÉ RUIZ BRUIXOLA. Párroco de San Nicolás, de Valencia.
(* Foios 1857, 30-III-1857 + Gilet, 29-X-1936).
5. Beato Ramón MARTÍ SORIANO. Cura Regente de Vallada.
(* Burjassot, 7-X-1902 + Carretera de Godella a Bétera, 27-VIII-1936).
6. Beato Joaquín VILANOVA CAMALLONGA. Coadjutor de Ibi.
(* Ontinyent, 6-X-1888 + Ibi, Alicante, 29óVII-1936).
7. Beato Enrique MORANT PELLICER. Cura de Barx.
(* Bellreguard, 13-X-1908 + Xeraco, 3óX-1936).
8. Beato Carmelo SASTRE SASTRE. Párroco de Piles.
(* Pego, Alicante, 21-XII-1890 + Palma de Gandía, 15óVIII-1936).
9. Beato Vicente BALLESTER FAR. Capellán de las Agustinas de Xàbia.
(* Benidoleig, Alicante, 4-II-1888 + Carretera de Teulada a Benissa, Alicante,
23-IX-1936).
10. Beato Ramón Esteban BOU PASCUAL. Cura Regente de Planes.
(* Benimantell, Alicante, 12-X-1906 + La Nucía, Alicante, 15-X-1936).
11. Beato Pascual FERRER BOTELLA. Capellán de San Vicente de Algemesí.
(* Algemesí, 9-XI-1894 + Sueca, 24-IX-1936).
12. Beato Enrique JUAN REQUENA. Coadjutor de Enguera.
(* Aielo de Malferit, 2-III-1903 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936).
Martirizado junto con su párroco (n.º 1).
13. Beato Elías CARBONELL MOLL". Coadjutor de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 20-XI-1869 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936).
Martirizado junto con su hermano Juan (n.º 14).
14. Beato Juan CARBONELL MOLL". Coadjutor de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 6-VI-1874 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936).
Martirizado junto con su hermano Elías (n.º 13).
15. Beato Pascual PENADÉS JORNET. Regente de Bélgida.
(* Montaverner, 3-I-1894 + Puerto de Cárcer, 15-IX-1936).
16. Beato Salvador FERRANDIS SEGUÍ. Párroco de Pedreguer.
(* L'Orxa, Alicante 25-V-1880 + Carretera del Vergel, Alicante, 3-VIII-1936).
17. Beato José TOLEDO PELLICER. Coadjutor de Banyeres.
(* Llaurí, 15-VII-1909 + El Saler de Valencia, 10-VIII-1936).
18. Beato Fernando GARCÍA SENDRA. Cura de Sagra.
(* Pego, Alicante, 31-III-1905 + La Pedrera de Gandía, 18-IX-1936).
19. Beato José GARCÍA MAS. Capellán del EcceóHomo de Pego.
(* Pego, Alicante, 11-VI-1896 + La Pedrera de Gandía, 18-X-1936).
20. Beato José María SEGURA PENADÉS. Coadjutor de Ontinyent.
(* Ontinyent, 13-X-1896 + Genovés, 11-IX-1936).
21. Beato Salvador ESTRUGO SOLVES. Capellán del Hospital de Alberic.
(* Bellreguard, 12-X-1862 + Alberic, 10-VIII-1936).
22. Beato Vicente SICLUNA HERNÁNDEZ. Párroco de Navarrés.
(* Valencia, 30-IX-1859 + Bolbaite, 22-IX-1936).
23. Beato Vicente María IZQUIERDO ALCÓN. Párroco de La Pobla de Farnals.
(* Mosqueruela, Teruel, 25-V-1891 + Rafelbunyol, 18-VIII-1936).
24. Beato José María FERRÁNDIZ HERNÁNDEZ. Arcipreste de Alcoi.
(* El Camp de Mirra, Alicante, 11-VIII-1879 + Rotglá-Corberá, 24-IX-1936).
25. Beato Francisco IBÁÑEZ IBAÑEZ. Abad de la Colegiata de Xàtiva.
(* Penáguila, Alicante, 22-IX-1876 + Llosa de Ranes, 19-VIII-1936).
26. Beato José GONZÁLEZ HUGUET. Párroco de Cheste.
(* Alaquàs, 23-I-1874 + Ribarroja, 12-X-1936).
27. Beato José FENOLLOSA ALCAYNA. Canónigo de la Colegiata de San Bartolomé, de
Valencia.
(* Rafelbunyol, 16-III-1903 + Sagunto, 27-IX-1936).
28. Beato Félix YUSTE CAVA. Párroco de San Juan y San Vicente, de Valencia.
(* Chulilla, 21-II-1887 + El Saler de Valencia, 14-VIII-1936).
29. Beato Vicente PELUFO CORTS. Capellán de las Hermanitas de los Ancianos
Desamparados, de Alzira.
(* Alzira, 26-II-1868 + 11-IX-1936).
30. Beato José CANET GINER. Vicario de Catamarruch.
(* Bellreguard, 24-VIII-1903 + La Pedrera de Gandía, 4-X-1936).
31. Beato Francisco SENDRA IVARS. Cura Regente de Calpe.
(* Benissa, Alicante, 23-IV-1899 + Teulada, Alicante, 4-IX-1936).
32. Beato Diego LLORCA LLOPIS. Coadjutor de Benissa.
(* Oliva, 2-VII-1896 + Gata de Gorgos, Alicante, 6-IX-1936).
33. Beato Alfonso SEBASTIÁ VIÑALS. Director de la Escuela de Formación Social
de Valencia.
(* Valencia, 27-V-1910 + Paterna, 1-IX-1936).
34. Beato Germán GOZALVO ANDREU. Misacantano de Torrent.
(* Torrent, 30-VIII-1913 + Monserrat, 22-IX-1936).
35. Beato Gonzalo VIÑES MASIP. Can-nigo de la Colegiata de Xàtiva.
(* Xàtiva, 19-I-1883 + Vallés, 10-XII-1936).
36. Beato Vicente RUBIOLS CASTELLÓ. Cura Párroco de La Pobla Llarga.
(* Gandía, 13-III-1874 + La Pobla Llarga, 4-VIII-1936).
37. Beato Antonio SILVESTRE MOYA. Cura Ecónomo de Santa Tecla, de Xàtiva.
(* L'Ollería, 26-X-1892 + El Saler de Valencia, 7-VIII-1936).
B
Mujeres de Acción Católica
38. Beata Amalia ABAD CASASEMPERE. Viuda y madre de dos hijas. Dedicada a sus
labores.
(* Alcoi, Alicante, 11-XII-1897 + Benillup, Alicante, 21-IX-1936).
39. Beata Ana María ARANDA RIERA. Soltera. Sus labores.
(* Denia, Alicante, 24-I-1888 + Paterna, 14-X-1936).
40. Beata Florencia CAEROLS MARTÍNEZ. Soltera. Obrera textil.
(* Caudete, Albacete, 20-II-1890 + Rotglá-Corberá, 2-X-1936).
41. Beata María CLIMENT MATEU. Martirizada junto con su madre. Sus labores.
(* Xàtiva, 13-V-1887 + 20-VIII-1936).
42. Beata Társila CÓRDOBA BELDA. Madre de tres hijos fallecidos, viuda. Sus
labores.
(* Sollana, 8-V-1861 + Algemesí, 17-X-1936).
43. Beata Francisca CUALLADÓ BAIXAULI. Soltera. Modista.
(* Valencia, 3-XII-1890 + Benifaió, 19-IX-1936).
44. Beata María Teresa FERRAGUD ROIG. Martirizada a sus 83 años junto con sus
cuatro hijas, religiosas de clausura (n.os 211, 212, 213 y 217). Sus labores.
(* Algemesí, 14-I-1853 + Alzira, 25-X-1936).
45. Beata Luisa María FRÍAS CAÑIZARES. Soltera. Profesora de la Universidad de
Valencia.
(* Valencia, 20-VI-1896 + Paterna, 6-XII-1936).
46. Beata Encarnación GIL VALLS. Soltera. Maestra nacional.
(* Ontinyent, 27-I-1888 + L'Ollería, 24-IX-1936).
47. Beata María JORDÁ BOTELLA. Soltera. Sus labores.
(* Alcoi, Alicante, 26-I-1905 + Benifallím, Alicante, 27-IX-1936).
48. Beata Herminia MARTÍNEZ AMIGÓ. Fusilada junto con su marido. Sus labores.
(* Puzol, 31-VII-1887 + Gilet, 26-IX-1936).
49. Beata María Luisa MONTESINOS ORDUÑA. Soltera, fusilada junto con su padre,
sus tres hermanos y su tío. Sus labores.
(* Valencia, 3-III-1901 + Picassent, 31-I-1937).
50. Beata Josefina MOSCARDÓ MONTALVÁ. Soltera. Sus labores.
(* Alzira, 10-IV-1880 + 22-IX-1936).
51. Beata María del Olvido NOGUERA ALBELDA. Soltera. Sus labores.
(* Carcaixent, 30-XII-1903 + Benifairó de Valldigna, 30-XI-1936).
52. Beata Crescencia VALLS ESPÍ. Martirizada junto con sus tres hermanas. Sus
labores.
(* Ontinyent, 9-VI-1863 + 20-IX-1936).
53. Beata María de la Purificación VIDAL PASTOR. Soltera. Sus labores.
(* Alzira, 14-IX-1892 + Corberá, 21-IX-1936).
54. Beata María del Carmen VIEL FERRANDO. Soltera. Sus labores.
(* Sueca, 27-XI-1893 + El Saler de Valencia, 4-XI-1936).
55. Beata Pilar VILLALONGA VILLALBA. Soltera. Sus labores.
(* Valencia, 22-I-1891 + Burjassot, 11-XII-1936).
56. Beata Sofía XIMÉNEZ XIMÉNEZ. Viuda, madre de dos hijos. Sus labores.
Martirizada junto con su hermana Purificación, religiosa (n.º 203) y con otra
religiosa (n.º 204).
(* Valencia, 15-X-1876 + Paterna, 23-IX-1936).
C
Hombres y jóvenes de Acción Católica
57. Beato Rafael ALONSO GUTIÉRREZ. Casado, padre de seis hijos. Administrador
de correos.
(* Ontinyent, 14-VI-1890 + Agullent, 11-VIII-1936). Martirizado junto con Carlos
Díaz (n.º 60).
58. Beato Marino BLANES GINER. Casado, padre de nueve hijos.
(* Alcoi, Alicante, 17-IX-1888 + 8-IX-1936).
59. Beato José María CORBÍN FERRER. Soltero. Universitario.
(* Valencia, 26-XII-1914 + Santander, en el barco-prisión "Alfonso Pérez",
27-XII-1936).
60. Beato Carlos DÍAZ GANDÍA. Casado, padre de una niña de ocho meses.
(* Ontinyent, 25-XII-1907 + Agullent, 11-VIII-1936). Martirizado junto con
Rafael Alonso (n.º 57).
61. Beato Salvador Damián ENGUIX GARÉS. Viudo, padre de seis hijos.
Veterinario.
(* Alzira, 27-IX-1862 + 29-X-1936).
62. Beato Ismael ESCRIHUELA ESTEVE. Casado, padre de tres hijos. Agricultor.
(* Tavernes de Valldigna, 20-V-1902 + Picadero de Paterna, 9-IX-1936).
63. Beato Juan Bautista FAUBEL CANO. Casado, padre de tres hijos. Pirotécnico.
(* Llíria, 3-I-1889 + Paterna, 28-VIII-1936).
64. Beato José Ramón FERRAGUD GIRBÉS. Casado, padre de ocho hijos. Labrador.
(* Algemesí, 10-X-1887 + Alzira, 24-IX-1936).
65. Beato Vicente GALBIS GIRONÉS. Casado, padre de un hijo. Abogado.
(* Ontinyent, 9-IX-1910 + Benisoda, 21-IX-1936).
66. Beato Juan GONGA MARTÍNEZ. Soltero. Oficinista.
(* Carcaixent, 25-III-1911 + Simat de Valldigna, 13-XI-1936).
67. Beato Carlos LÓPEZ VIDAL. Casado, sin hijos. Segundo sacristán de la
Colegiata de Gandía.
(* Gandía, 15-XI-1894 + La Pedrera de Gandía, 6-VIII-1936).
68. Beato José MEDES FERRÍS. Casado, sin hijos. Martirizado junto con sus tres
hermanos religiosos.
(* Algemesí, 13-I-1885 + Alcudia de Carlet, 12-XI-1936).
69. Beato Pablo MELÉNDEZ GONZALO. Abogado y periodista. Casado, padre de diez
hijos. Martirizado junto con su hijo Alberto.
(* Valencia, 7-XI-1876 + Castellar, 23-XII-1936).
70. Beato José PERPIÑÁ NÁCHER. Casado. Radiotelegrafista y abogado.
(* Sueca, 22-II-1911 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936).
71. Beato Arturo ROS MONTALT. Casado y padre de seis hijos. Trabajador de la
yutera.
(* Vinalesa, 26-X-1901 + Moncada, 28-VIII-1936).
72. Beato Pascual TORRES LLORET. Casado y padre de cuatro hijos. Constructor.
(* Carcaixent, 23-I-1885 + 6-IX-1936).
73. Beato Manuel TORRÓ GARCÍA. Casado, sin hijos. Aparejador.
(* Ontinyent, 2-VII-1902 + Benisoda, 21-IX-1936).
74. Beato José Maria ZABAL BLASCO. Casado, padre de tres hijos. Empleado de la
Estación del Norte de Valencia.
(* Valencia, 20-III-1898 + Picadero de Paterna, 8-XII-1936).
D
Causa de la Orden de Predicadores (Dominicos)
O.P.
Este grupo comprende 18 frailes predicadores de la provincia religiosa de
Aragón, la cual fue erigida en 1301. A esta provincia pertenecieron San Vicente
Ferrer, San Luis Beltrán y los beatos Dalmacio Moner y Francisco Coll.
Son los primeros dominicos españoles víctimas de la persecución religiosa de la
II República española elevados al honor de los altares.
Nueve de los beatos eran miembros del convento de Calanda (Teruel), entonces
casa de Formación; cinco de Valencia y cuatro de Barcelona.
A ellos se unen dos sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza.
75. Beato Jacinto SERRANO LÓPEZ. Vicario provincial.
(* Urrea de Gaén, Teruel, dióc. Zaragoza, 30-VII-1901 + Puebla de Híjar, Teruel,
25-XI-1936).
76. Beato Luis URBANO LANASPA. Vicario provincial.
(* Zaragoza, 3-VI-1882 + Valencia, 25-VIII-1936).
77. Beato Constantino FERNÁNDEZ ÁLVAREZ
(* La Vecilla, Le-n, 7-II-1907 + Valencia, 29-VIII-1936).
78. Beato Rafael PARDO MOLINA. Cooperador.
(* Valencia, 28-X-1899 + 26-IX-1936).
79. Beato Lucio MARTÍNEZ MANCEBO. Maestro de novios.
(* Vegas del Condado, León, 28-VII-1902 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
80. Beato Antonio LÓPEZ COUCEIRO
(* El Ferrol, La Coruña, dióc. Mondoñedo-El Ferrol, 15-XI-1869 + Calanda,
Teruel, 29-VII-1936).
81. Beato Felicísimo DÍEZ GONZÁLEZ
(* Devesa de Curueño, León, 26-XI-1907 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
82. Beato Saturio REY ROBLES
(* Devesa de Curueño, León, 21-XII-1907 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
83. Beato Tirso MANRIQUE MELERO
(* Alfaro, La Rioja, dióc. Calahorra y La Calzada, 26-I-1877 + Calanda, Teruel,
29-VII-1936).
84. Beato Gumersindo SOTO BARRIOS. Cooperador.
(* Amil, La Coruña, 21-X-1869 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
85. Beato Lamberto DE NAVASCUÉS Y DE JUAN. Novicio.
(* Zaragoza, 18-V-1911 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
86. Beato José María MURO SANMIGUEL
(* Tarazona, Zaragoza, 26-X-1905 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).
87. Beato Joaquín PRATS BALTUEÑA. Novicio-clérigo.
(* Zaragoza, 5-III-1915 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).
88. Beato Francisco CALVO BURILLO
(* Híjar, Teruel, 21-XI-1881 + 2-VIII-1936).
89. Beato Francisco MONZÓN ROMEO
(* Híjar, Teruel, 29-III-1912 + 29-VIII-1936).
90. Beato Ramón PEIRÓ VICTORÍ
(* Aiguafreda, Barcelona, 7-III-1891 + El Morrot, Barcelona, 21-VIII-1936).
91. Beato José María VIDAL SEGÓ
(* Secuita, Tarragona, 3-II-1912 + Barcelona, 23-IX-1936)
92. Beato Santiago MESEGUER BURILLO
(* Híjar, Teruel, 1-V-1885 + Barcelona, 1-XI-1936).
Sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza, incluidos en el proceso de los
dominicos:
93. Beato Manuel ALBERT GINÉS. Coadjutor de Calanda.
(* Calanda, Teruel, 3-X-1867 ó 29-VII-1936).
94. Beato Zósimo IZQUIERDO GIL. Párroco de Castelserás.
(* Villahermosa del Campo, 17-XII-1895 + Castelserás, 30-VII-1936).
E
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores
(O.F.M.)
Hace 37 años que se comenzó la causa. Tras un período de investigación, el día
21 de junio de 1966 se introducía en el arzobispado de Valencia, la causa de
canonización, por el reconocimiento de martirio, de estos cuatro beatos.
"Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan
enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues
por ti, Altísimo, coronados serán" (San Francisco, Cánticos de las criaturas,
10-11).
95. Beato Pascual FORTUÑO ALMELA. Vicario del convento de Santo Espíritu del
Monte.
(* Villarreal de los Infantes, Castellón, dióc. Segorbe-Castellón, 5-III-1886 +
7-IX-1936). Martirizado con un golpe de machete en el pecho.
96. Beato Plácido GARCÍA GILABERT
(* Benitachell, Alicante, dióc. Valencia, 1-I-1895 + Denia, Alicante, dióc.
Valencia, 16-VIII-1936). Fue atrozmente mutilado y asesinado.
97. Beato acrist acristá MUÑOZ. Estudiante de Teología.
(* Bellrreguard 10-IV-1914 + 4-X-1936). Fusilado.
98. Beato Salvador MOLLAR VENTURA. Sacristán del colegio de Benissa.
(* Manises, 27-III-1896 + Paterna, 26-X-1936). Fusilado.
F
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Conventuales
(O.F.M.Conv.)
Estos seis mártires eran miembros de la comunidad religiosa de Granollers
(Barcelona), la única que la Orden de los Frailes Menores Conventuales había
erigido en España a principios del siglo xx, después de la supresión llevada a
cabo por rey Felipe II en 1567.
La violenta persecución que se levantó en el verano de 1936 sorprendió a los
religiosos en sus puestos de trabajo, dispuestos a confesar su fidelidad da
Cristo. En la tarde del 20 de julio, los milicianos de la F.A.I. quemaron la
iglesia y el convento, mientras que todos los religiosos se dispersaron y
buscaron refugio junto a amigos y bienhechores. Sin embargo, muy pronto fueron
descubiertos y, en fechas distintas, del 27 de julio a los primeros días de
septiembre, fueron arrestados, encarcelados, juzgados sumariamente y, en fin,
matados por el simple hecho de ser religiosos y sacerdotes franciscanos.
99. Beato Modesto VEGAS VEGAS. Sacerdote.
(* La Serna, Palencia, 24-II-1912 + Llisa, Barcelona, 27-VII-1936).
100. Beato Dionisio VICENTE RAMOS. Sacerdote.
(* Caudé, Teruel, 9-X-1871 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936). Martirizado
junto con el siguiente.
101. Beato Francisco REMÓN JÁTIVA. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 22-IX-1890 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936).
102. Beato Alfonso LÓPEZ LÓPEZ. Sacerdote.
(* Secorún, Huesca, dióc. Jaca, 16-XI-1878 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936).
Martirizado junto con el siguiente.
103. Beato Miguel REMÓN SALVADOR. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 17-IX-1907 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936).
104. Beato Pedro RIVERA RIVERA. Sacerdote.
(* Villacreces, Valladolid, 3-IX-1912 + Barcelona, 1-IX-1936).
G
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos
(O.F.M.Cap.)
En el grupo de los Mártires españoles de la Orden de los Frailes Capuchinos, hay
12 religiosos y 5 monjas clarisas Capuchinas. Los Capuchinos sacerdotes y
hermanos, pertenecían todos a la Provincia religiosa de la "Preciosísima Sangre
de Cristo", de Valencia, y fueron asesinados en distintos lugares, sin hacerles
ningún proceso formal previo.
Todos ellos de edades diferentes que van de los 23 a los 80 años de edad,
provenientes de las distintas fraternidades de la Provincia Religiosa, empeñados
en los trabajos y apostolados diversos, predicadores, confesores, profesores
formadores, otros empeñados en los trabajos de servicio a la fraternidad y a la
gente que se acercaba al Convento.
Se trata de los primeros Capuchinos españoles martirizados durante la
persecución del 1936-1939 que son Beatificados.
A este grupo se añade una monja agustina hermana de tres de las Capuchinas con
su madre que quiso estar junto a sus hijas hasta la muerte.
105. Beato Aurelio de Vinalesa (José AMPLE ALCAIDE). Sacerdote.
(* Vinalesa, 3-II-1896 + Barranco de Carraixet, 28-VIII-1936).
106. Beato Ambrosio de Benaguacil (Luis VALLS MATAMALES). Sacerdote.
(* Benaguasil, 3-V-1870 + Carretera de Valencia a Barcelona, 24-VIII-1936).
107. Beato Pedro de Benisa (Alejandro MAS GINESTAR). Sacerdote.
(* Benissa, Alicante, 11-XII-1876 + Denia, Alicante, 26-VIII-1936).
108. Beato Joaquín de Albocácer (José FERRER ADELL). Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón, 23-IV-1879 + Carretera de Puebla Tornesa a Villafamés,
Castellón, 30-VIII-1936).
109. Beato Modesto de Albocácer (Modesto GARCÍA MARTÍ). Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón, 18-I-1880 + 13-VIII-1936).
110. Beato Germán de Carcagente (José María GARRIGUES HERNÁNDEZ). Sacerdote.
(* Carcaixent, 12-II-1895 + Carcaixent, junto al puente del Júcar, 9-VIII-1936).
111. Beato Buenaventura de Puzol (Julio ESTEVE FLORS). Sacerdote.
(* Puol, 9-X-1897 + 26-IX-1936).
112. Beato Santiago de Rafelbuñol (Santiago MESTRE IBORRA). Sacerdote.
(* Rafelbuñol, Valencia, 10-IV-1909 + Gilet, Valencia, 29-IX-1936).
113. Beato Enrique de Almazora (Enrique GARCÍA BELTRÁN). Diácono.
(* Almassora, Castellón, 16-III-1913 + Pedrera de Castellón, 16-VIII-1936).
114. Beato Fidel de Puzol (Mariano CLIMENT SANCHIS). Hermano.
(* Puzol, Valencia, 8-I-1856 + Sagunto, Valencia, 27 septiembre 1936).
115. Beato Bernardo de Lugar Nuevo de Fenollet (José BLEDA GRAU). Hermano.
(* Lloch Nou de Fenollet, 23-VII-1867 + Genovés, 4-IX-1936).
116. Beato Pacífico de Valencia, lego (Pedro SALCEDO PUCHADES). Hermano.
(* Castellar, 24-II-1874 + Monteolivete, 12-X-1936).
Cinco religiosas capuchinas de la Orden de Santa Clara, del Monasterio de
Agullent, incluidas en este proceso:
117. Beata María Jesús (María Vicenta MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 12-I-1882 + Cruz Cubierta de Alzira, 25 octubre 1936).
118. Beata María Verónica (María Joaquina MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 15-VI-1884 + Idem).
119. Beata María Felicidad (María Felicidad MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 28-VIII-1890 + Idem).
Estas tres eran religiosas clarisas fueron martirizadas junto con su anciana
madre (n.º 44) y otra hermana religiosa, agustina descalza (n.º 122).
120. Beata Isabel CALDUCH ROVIRA
(* Alcalá de Chivert, Castell-n, dioc. Tortosa, 9-V-1882 + Cuevas de Vinromá,
Castellón, dióc. Tortosa, 14 abril 1937). Del monasterio de Castellón de la
Plana.
121. Beata Milagros ORTELLS GIMENO
(* Valencia, 29-XI-1882 + Picadero de Paterna, 20 noviembre 1936). Del
monasterio de capuchinas de la calle de Ruzafa, de Valencia.
122. Beata Josefa de la Purificación MASIÁ FERRAGUD. Agustina descalza (en el
siglo: María Josefa Ramona).
(* Algemesí, 1887). Martirizada el 25-X-1936 junto con su anciana madre (n.º 44)
y sus tres hermanas religiosas clarisas (n.os 117, 118, 119).
H
Causa de la Compañía de Jesús (Jesuitas)
S.J.
Los Beatos Mártires jesuitas pertenecían al territorio de la Provincia de Aragón
de entonces; eran siete padres y cuatro hermanos. A ellos se añade un laico, don
Luis Campos Górriz, antiguo alumno, congregante mariano y dirigente nacional de
Acción Católica.
La Compañía de Jesús estaba legalmente disuelta en España desde 1932; los
novicios y los jóvenes en formación, con sus profesores y formadores, fueron
acogidos por diversas provincias europeas y pudieron proseguir en ellas su
formación. Un número apreciable de padres y hermanos continuaron viviendo
dispersos y en clandestinidad, realizando sus ministerios con grandes
dificultades y en medio de circunstancias adversas. A partir del comienzo de la
guerra civil (julio 1936) la persecución religiosa se hizo más intensa y sus
vidas estaban en peligro. De hecho, más de un centenar de jesuitas sufrieron el
martirio durante esos años.
Entre los que la Iglesia ha beatificado hay superiores de comunidad y operarios,
enfermeros y electricistas, rectores y profesores de Colegios, un eminente
profesor de Derecho Canónico, directores de Congregaciones Marianas, así como
los que se dedicaban con especial predilección a los más pobres y a trabajar con
la juventud obrera. Sabían que sus vidas estaban en peligro, se les ofreció
ocultarse o huir, pero prefirieron permanecer consolando a sus hermanos,
celebrando la eucaristía y el ministerio de la reconciliación. Testimoniaron su
fidelidad a Cristo y a su Iglesia no ocultaron su identidad de religiosos y
jesuitas, ofreciendo sus personas a seguir al Rey eternal en la pena hasta el
derramamiento de la sangre.
123. Beato Tomás SITJAR FORTIÁ
(* Girona, 1866 + Cruz Blanca, carretera de Albaida a Gandía, 19-VIII-1936).
Superior de la residencia de Gandía.
124. Beato Constantino CARBONELL SEMPERE
(* Alcoi, 1866 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23 agosto 1936).
125. Beato Pedro GELABERT AMER
(* Manacor, Mallorca, 1887 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23-VIII-1936).
126. Beato Ramón GRIMALTOS MONLLOR
(* La Pobla Llarga, Valencia, 1861 + Tavernes de Valldigna, 23 agosto 1936).
127. Beato Pablo BORI PUIG
(* Vilet de Maldá, Lérida, 1864 + Benimaclet, 29 septiembre 1936).
128. Beato Vicente SALES GENOVÉS
(* El Grao de Valencia, 1881 + Picadero de Paterna, 29 septiembre 1936).
129. Beato José TARRATS COMAPOSADA
(* Manresa, Barcelona, 1878 + Barcelona, 28 septiembre 1936).
130. Beato Darío HERNÁNDEZ MORATÓ
(* Buñol, 1880 + Paterna, 29 septiembre 1936).
131. Beato Narciso BASTÉ BASTÉ
(* San Andrés de Palomar, Barcelona, 1866 + Paterna, 15 octubre 1936).
132. Beato Alfredo SIMÓN COLOMINA
(* Valencia, 1877 + Paterna, 29 noviembre 1936).
133. Beato Juan Bautista FERRERES BOLUDA
(* L'Ollería, 1861 + Cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia, 29 diciembre
1936). Murió víctima de los sufrimientos padecidos antes de que llegaron los
asesinos.
134. Beato Luis CAMPOS GÓRRIZ. Congregante mariano y antiguo alumno de los
Jesuitas; Seglar. Miembro de Acción Católica.
(* Valencia, 1905 + Picadero de Paterna, 28óXI-1936).
I
Causa de la sociedad salesiana de San Juan Bosco (Salesianos) S.D.B.
Los Salesianos martirizados en la España republicana fueron 88, a los que se
añaden dos Salesianas y cinco seglares Cooperadores. La mayoría fueron
asesinados por separado o en grupos reducidos en lugares, situaciones y fechas
muy diferentes, a causa de la dispersión obligada en diversos domicilios muchas
veces en grandes ciudades. La mayor parte murieron sin ningún juicio previo,
pocos con uno de mero trámite, y sólo nos consta un juicio formal en el Tribunal
de Espionaje y Alta Traición de Barcelona: en él fue condenado a muerte el
sacerdote don Julio Junyer Padern el 23 de marzo de 1938, sentencia que se
cumplió al ser fusilado en los fosos de Montju•c el 26 de abril de 1938.
La Provincia Salesiana Tarraconense en aquellas fechas abarcaba: Cataluña,
Valencia, Baleares y Aragón. Un buen grupo de sus religiosos se hallaba en el
Colegio Salesiano de Valencia, de la calle Sagunto, practicando los Ejercicios
Espirituales que todos los hijos de Beato Bosco solían tener cada verano.
Recordaremos primero a los salesianos sacrificados junto con el Provincial,
después a los que sufrieron la muerte en Barcelona y, por último, a otros
dispersos en otras diócesis.
El primer grupo de Salesianos martirizados está formado por nueve religiosos de
la Comunidad de Valencia, detenidos todos ellos en julio de 1936 y ejecutados en
lugares distintos:
135. Beato José CALASANZ MARQUÉS. Sacerdote, Inspector de la Provincia
Tarraconense.
(* Azanuy, Huesca, 23-XI-1872 + Valencia, 29-VII-1936).
136. Beato Jaime BUCH CANALS. Coadjutor.
(* Bescan-, Girona, 9-IV-1889 + El Saler de Valencia, 31-7-1936).
137. Beato Juan MARTORELL SORIA. Sacerdote.
(* Picassent, Valencia, 1-IX-1889 + Valencia, 10-VIII-1936).
138. Beato Pedro MESONERO RODRÍGUEZ. Clérigo.
(* Aldearrodrigo, Salamanca, 29-V-1912 + El Vedat de Torrent, VIII-1936).
Los cinco que siguen, después de haber pasado algunos meses en San Miguel de los
Reyes y en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron fusilados en el Picadero de
Paterna el 9 de diciembre de 1936.
139. Beato Antonio MARTÍN HERNÁNDEZ. Sacerdote.
(* Calzada de Béjar, Salamanca, 18-VII-1885).
140. Beato Recaredo de los RÍOS FABREGAT. Sacerdote.
(* Bétera, Valencia, 11-I-1893).
141. Beato Julián RODRÍGUEZ SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Salamanca, 16-X-1896).
142. Beato José GIMÉNEZ LÓPEZ. Sacerdote.
(* Cartagena, Murcia, 31-X-1904).
143. Beato Agustín GARCÍA CALVO. Coadjutor.
(* Santander, 3-II-1905).
A la Comunidad Salesiana de Alcoy (Alicante) pertenecían:
144. Beato José OTÍN AQUILÉ. Sacerdote.
(* Huesca, 22-XII-1901 + Valencia, 1-XI-1936).
145. Beato Álvaro SANJUAN CANET. Sacerdote.
(* Alcocer de Planes, Alicante, 26-IV-1908 + Villena, 2-X-1936).
Pertenecían a la Comunidad Salesiana de Sarriá (Barcelona):
146. Beato Francisco BANDRÉS SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Hecho, Huesca, 24-IV-1896 + Barcelona, 3-VIII-1936).
147. Beato Sergio CID PAZO. Sacerdote.
(* Allariz, Orense, 24-IV-1884 + Barcelona, 30-VII-1936)
148. Beato José BATALLA PARRAMÓN. Sacerdote.
(* Abella, Lleida, 15-I-1873 + Barcelona, 4-VIII-1936).
149. Beato José RABASA BENTANACHS. Sacerdote.
(* Noves, Lleida, 26-VII-1862 + Barcelona, 8-VIII-1936).
150. Beato Gil RODICIO RODICIO. Coadjutor.
(* Requejo, Orense, 20-III-1888 + Barcelona, 4-VIII-1936).
151. Beato Ángel RAMOS VELÁZQUEZ. Coadjutor.
(* Sevilla, 9-III-1876 + Barcelona, 11-X-1936).
152. Beato Felipe HERNÁNDEZ MARTÍNEZ. Estudiante de Teología.
(* Villena, Alicante, 14-III-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
153. Beato Zacarías ABADÍA BUESA. Clérigo.
(* Almuniente, Huesca, 5-XI-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
154. Beato Jaime ORTIZ ALZUETA. Coadjutor.
(* Pamplona, 24-V-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
155. Beato Javier BORDÁS PIFERER. Clérigo.
(* San Pol de Mar, Barcelona, 24-IX-14 + Barcelona, 23-VII-1936).
156. Beato Félix VIVET TRABAL. Clérigo.
(* San Félix de Torelló, Barcelona, 23-I-1911 + Esplugues, Barcelona,
25-VIII-1936).
157. Beato Miguel DOMINGO CENDRA. Clérigo.
(* Caseres, Tarragona, 1-III-1909 + Prat de Compte, Tarragona, 12-VIII-1936).
De la Comunidad Salesiana del Tibidabo, de Barcelona:
158. Beato José CASELLES MONCHO. Sacerdote.
( * Benidoleig, Alicante, 8-VIII-1907 + Barcelona, 27-VII-1936).
159. Beato José CASTELL CAMPS. Sacerdote.
(* Ciudadela, Menorca, 12-X-1902 + Barcelona, 28-VII-1936).
De la Comunidad Salesiana de la calle de Rocafort, de Barcelona:
160. Beato José BONET NADAL. Sacerdote.
(* Santa Maria de Montmagastrell, Lleida, 26-XII-1875 + Barcelona,
13-VIII-1936).
161. Beato Jaime BONET NADAL. Sacerdote.
(* Santa María de Montmagastrell, Lleida, 4-VIII-1884 + Tárrega, 18-VIII-1936).
Primo hermano del anterior.
De la Comunidad Salesiana de Sant Vicent dels Horts, Barcelona:
162. Beato Alejandro PLANAS SAURÍ. Fiel laico, célibe.
(* Mataró, Barcelona, 31óX-1878 + Garraf, 19-XI-1936). Conocido como "El Sord",
por lo que no pudo profesar como salesiano, aunque lo fue por voluntad y
dedicación.
163. Beato Eliseo GARCÍA GARCÍA. Coadjutor.
(* El Manzano, Salamanca, 25-VIII-1907 + Garraf, 19-XI-1936).
De la comunidad Salesiana de Gerona:
164. Beato Julio JUNYER PADERN. Sacerdote.
(* Vilamaniscle, Girona, 30-X-1892 + Montju•c, 26-IV-1938). Condenado a muerte
el 23-X-1938, por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, que manifestó su
odio al sacerdote.
El 6 de septiembre de 1936 alcanzaron el martirio en Barcelona dos Hijas de
María Auxiliadora, del colegio de Santa Dorotea de Sarriá (Barcelona), unidas en
su renuncia a la libertad para atender a una hermana enferma, unidas también al
dar la vida por Cristo:
165. Beata María del Carmen MORENO BENÍTEZ, F.M.A.
(* Villamartín, Cádiz, 1885).
166. Beata María Amparo CARBONELL MUÑOZ, F.M.A.
(* Alboraia, Valencia, 9-XI-1893).
J
Causa de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores, T.C.
Guiado por el Espíritu, el padre Luis Amigó dijo a sus seguidores: Vosotros,
zagales del Buen Pastor, sois los que habéis de ir en pos de la oveja
descarriada hasta volverla al aprisco. Y no temáis perecer en los despeñaderos y
precipicios en que os habréis de poner para salvar la oveja perdida; ni os
arredren zarzales ni emboscadas. Les confió así la misión de ser, entre los
niños y jóvenes desadaptados, testigos del amor misericordioso de Cristo, que
vino a buscar al que estaba perdido.
Y consciente, además, de que el amor se testifica desviviéndose por la persona
amada, les invitó a que estuviesen dispuestos a sacrificar incluso la propia
vida en el servicio a sus muchachos. Y al trasluz de la estampa del Buen Pastor,
la vida de los diecinueve amigonianos beatificados cobra un significado
especial. Algo similar sucede también con la vida de la laica amigoniana Carmen
García Moyón. A mediados de aquel año 1936, obligados por las autoridades,
tuvieron que abandonar muchas de las instituciones que regían a favor del menor
desadaptado. La mayoría de sus comunidades fueron dispersadas y sus bienes
patrimoniales enajenados, cuando no destruidos.
Todos ellos -con su actitud de dar libremente la vida y de afrontar los últimos
momentos de pie, como María, y con las sandalias puestas, al estilo de quien no
huye ante las dificultades- constituyen un acabado ejemplo de lo que significa
ser zagal del Buen Pastor.
167. Beato Vicente CABANES BADENAS. Sacerdote.
(* Torrent, 25-II-1908 + Bilbao, 30-VIII-1936). Después de haberle disparado
cuatro tiros lo dejaron por muerto, pero pudo ser llevado al hospital de
Basurto, donde murió.
168. Beato José ARAHAL DE MIGUEL (Bienvenido María de Dos Hermanas). Sacerdote.
(* Dos Hermanas, Sevilla, 17-VI-1887 + Madrid, 1-VIII-1936). Fue martirizado
bárbaramente, abierto en canal y expuesto su cuerpo al público.
169. Beato Salvador CHULIÁ FERRANDIS (Ambrosio María de Torrent). Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 16-IV-1866 + Torrente, 18-IX-1936).
170. Beato Manuel FERRER JORDÁ (Benito María de Burriana). Hermano.
(* Burriana, Castellón, 26-XI-1872 + Masía de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
171. Beato Crescencio GARCÍA POBO. Sacerdote.
(* Celadas, Teruel, 15-III-1903 + Madrid, 3-X-1936).
172. Beato Vicente GAY ZARZO (Modesto María de Torrent). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 19-I-1885 + Torrente, 18-IX-1936).
173. Beato Urbano GIL SÁEZ
(* Albarracín, Teruel, 9-III-1901 + La Pobla de Vallbona, Valencia,
23-VIII-1936).
174. Beato Agustín HURTADO SOLER (Domingo María de Alboraya). Sacerdote.
(* Alboraya, 28-VIII-1872 + Madrid, 15-VIII-1936). Murió acribillado a balazos.
175. Beato Vicente JAUNZARÁS GÓMEZ (Valentín María de Torrente). Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 6-III-1896 + Torrente, 18-IX-1936).
176. Beato Salvador FERRER CARDET (Laureano María de Burriana). Sacerdote.
(* Burriana, Castellón, 13-VIII-1884 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
177. Beato Manuel LEGUA MARTÍ (León María de Alacuás). Sacerdote.
(* Alacuás, Valencia, 23óIV-1875 + Madrid, 26-IX-1936).
178. Beato Justo LERMA MARTÍNEZ (Francisco María de Torrente). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 12-XI-1886 + Torrente, 18-IX-1936).
179. Beato José María LLÓPEZ MORA (Recaredo María de Torrente). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 22-VIII-1874 + Torrente, 18-IX-1936).
180. Beato José LLOSÁ BALAGUER. Hermano.
(* Benaguacil, Valencia, 23-VIII-1901 + Benisanó, Valencia, 7-X-1936).
181. Beato Pablo MARTÍNEZ ROBLES (Bernardino María de Andújar). Hermano.
(* Andújar, Jaén, 28-I-1879 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
182. Beato Florentin PÉREZ ROMERO. Sacerdote.
(*Valdecuenca, Teruel, 14-III-1904 + La Pobla de Vallbona, Valencia,
23-VIII-1936).
183. José María SANCHÍS MOMPÓ (Gabriel María de Benifayó). Hermano.
(* Benifayó, Valencia, 8-X-1858 + Benifayó, 16-VIII-1936).
184. Beato Francisco TOMÁS SERER. Sacerdote.
(* Alcalalí, Alicante, 11-X-1911 + Madrid, 2-VIII-1936).
185. Beato Timoteo VALERO PÉREZ. Sacerdote.
(* Terriente, Teruel, 24-I-1901 + Vicálvaro, Madrid, 17-IX-1936).
Unida a este grupo, en el proceso canónico, está también:
186. Beata Carmen GARCÍA MOYÓN. Cooperadora laica.
(* Nantes, Francia, 13-IX-1888 + Torrent, 30-I-1937). Después de haber intentado
abusar de ella, los milicianos la rociaron de gasolina y la quemaron viva.
K
Causa del sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús
(Dehoniano o Reparadores) S.C.I.
Él mismo escribía al P. General con motivo de su onomástica felicitándole y
comunicándole su detención:
"Aquí me tiene Reverendísimo Padre, detenido desde hace casi tres semanas, con
ocasión de proferir algunas frases de protesta por el horrendo espectáculo de
las iglesias quemadas y profanadas. ¡Dios sea bendito! ¡Hágase en todo su divina
voluntad! Me alegro mucho de poder sufrir algo por Él, que tanto sufrió por mí,
pobre pecador." Parroquia de Santos Juanes de Valencia.
187. Beato Mariano JUAN MARÍA DE LA CRUZ GARCÍA MÉNDEZ
(* San Esteban de los Patos, Ávila, 1891 + Silla, 23-VIII-1936). Párroco en la
diócesis de Ávila desde 1916. En 1926 ingresó en la Congregación de los
Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.
L
Causa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas F.S.C.
y religiosas Carmelitas de la Caridad
188. Beato Leonardo OLIVERA BUERA. Capellán del Colegio de la Bonanova
(Barcelona).
(* Campo, Huesca, dióc. Barbastro, 6-III-1889 + El Saler de Valencia,
23-X-1936).
Los tres religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad del Colegio de la
Bonanova y fueron asesinados juntos el 23 de octubre de 1936 en Benimaclet
(Valencia).
189. Beato Ambrosio León (Pedro LORENTE VICENTE)
(* Ojos Negros, Teruel, dióc. Zaragoza, 7-I-1914).
190. Beato Florencio Martín (Álvaro IBÁÑEZ L"ZARO)
(* Godos, Teruel, dióc. Zaragoza, 12-VI-1913).
191. Beato Honorato Andrés (Andrés ZORRAQUINO HERRERO)
(* Bañón, Teruel, dióc. Zaragoza, 18-IV-1908).
Los dos religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad de Cambrils
(Barcelona) y fueron asesinados juntos en Paterna (Valencia) el 22 de noviembre
de 1936.
192. Beato Elías Julián (Julián TORRIJO SÁNCHEZ)
(* Torrijo del Campo, 17-XI-1900).
193. Beato Bertrán Francisco (Francisco LAHOZ MOLINER)
(* Campos, Teruel, 14-XII-1912).
LL
Religiosas Carmelitas de la Caridad
(Vedrunas)
No todas murieron el mismo día y en el mismo lugar. Las 9 Hermanas de la
comunidad de Cullera, el 9 de agosto en el Saler. Las 12 de la Casa de la
Misericordia de Valencia, en el Picadero de Paterna el 24 de noviembre. Pura
Ximénez y Maria Josefa del Río en el cruce Benicalap-Campanar, el 24 septiembre.
Ascensión Lloret, con su hermano escolapio, en Tabernes de Valldigna el 7 de
septiembre. La calidad evangélica de sus vidas, se puede sintetizar de este
modo:
1. Fuerte sentido comunitario. Desde la respuesta de H. Pedret: "Yo iré donde
vaya la madre" -por anciana la querían dejar- hasta aquella, "donde están la
hijas debe estar la madre", expresión de la superiora de la Misericordia, en el
pretendido intento de liberación por su condición de catalana.
2. Liderazgo que ejercen las dos superioras de Cullera y Misericordia: Elvira
Torrentallé y Niceta Plaja, de Cullera y Misericordia respectivamente: "Hermanas
nos llevan al Saler, cinco minutos y en el cielo." Así alentaba a sus hermanas
camino del holocausto. Las dos pidieron ser las últimas en la ejecución. Se sabe
que Niceta Plaja, arrodillada exclamó: "Me las entregaste Señor y te las
entrego, cuando quieras."
3. Fidelidad y amor a la misión: "sólo nos iremos cuando nos echen". Muy lejos
de lamentarse en medio de los sufrimientos, sentían mucha pena por los asilados
que habían quedado huérfanos. Ellas, mujeres consagradas, llamadas a ser signo
de la ternura de Dios (VC 57), no podían olvidarlos. Supieron ser cada una "el
testigo fiel y ver" (Ap. 3, 14), con una confianza ilimitada en el Señor hasta
más allá de la muerte.
4. Fuerte dimensión eucarística: aparece en el decurso de su vida -horas de
sagrario en tiempos libres y en fiestas- que culminará con el "Cantemos al Amor
de los amores", que los árboles del Saler pudieron escuchar como último
testimonio de a amor y devoción entonado por la superiora y seguido por todas en
el momento del martirio.
5. Clara conciencia del martirio y la extraordinaria valentía, ánimo, serenidad
y fortaleza con que lo afrontaron.
194. Beata Elvira TORRENTALLÉ PARAIRE, de la Natividad de Nuestra Señora.
(* Balsareny, Barcelona, 29óVI-1883). Superiora de la comunidad.
195. Beata Rosa PEDRET RULL, de Nuestra Señora del Buen Consejo.
(* Falset, Tarragona, 5óXII-1864) (murió en el camino cuando la llevaban el 18
de agosto, para asesinarla).
196. Beata María CALAF MIRACLE, de Nuestra Señora de la Providencia.
(* Bonastre, Tarragona, 18óXII-1871).
197. Beata Francisca de AMEZUA IBAIBARRIAGA, de Santa Teresa.
(* Abadiano, Vizcaya, 9óIII-1881).
198. Beata María Desamparados GINER SIXTA, del Santísimo Sacramento.
(* El Grao de Valencia, 13óXII-1877).
199. Beata Teresa CHAMBÓ Y PALET, de la Divina Pastora.
(* Valencia, 5óII-1889).
200. Beata Águeda HERNÁNDEZ AMORÓS, de Nuestra Señora de las Virtudes.
(* Villena, Alicante, 5óI-1893).
201. Beata María Dolores VIDAL CERVERA, de San Francisco Javier.
(* Valencia, 31óI-1895).
202. Beata María de las Nieves CRESPO LÓPEZ, de la Santísima Trinidad.
(* Ciudad Rodrigo, Salamanca, 17óIX-1897).
Las tres religiosas siguientes fueron martirizadas en otros lugares y fechas:
203. Beata Ascensión LLORET MARCO, de San José de Calasanz.
(* Gandía, 21óV-1879 + 7óIX-1936). Martirizada junto con su hermano Salvador,
escolapio.
204. Beata María de la Purificación XIMÉNEZ XIMÉNEZ, de San José.
(* Valencia, 3óII-1871 + Benicalap, Valencia, 23óIX-1936). Asesinada junto con
su hermana Sofía Ximénez (n.º 56) y el hijo de ésta, Luis y con la siguiente.
205. Beata María Josefa del RÍO MESSA, de Santa Sofía.
(* Tarragona, 29óIV-1895 + Benicalap, Valencia, 23óIX-1936).
206. Beata Niceta PLAJA XIFRA, de San Prudencia.
(* Torrent, Girona, 31óX-1863). Superiora de la Casa de la Misericordia.
207. Beata Paula ISLA ALONSO, de Santa Anastasia.
(* Villalaín, Burgos, 28óVI-1863).
208. Beata Antonia GOSENS SÁEZ DE IBARRA, de San Timoteo.
(* Vitoria, 17óI-1870).
209. Beata Daría CAMPILLO PANIAGUA, de Santa Sofía.
(* Vitoria, 11óIX-1873).
210. Beata Erundina COLINO VEGA, de Nuestra Señora del Carmen.
(* Lagarejos, Zamora, dióc. Astorga, 23óVII-1883).
211. Beata Consuelo CUÑADO GONZÁLEZ, del Santísimo Sacramento.
(* Bilbao, 1óI-1884).
212. Beata Concepción ODRIOZOLA ZABALIA, de San Ignacio.
(* Azpeitia, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 8óII-1882).
213. Beata Feliciana de URIBE ORBE, de Nuestra Señora del Carmen.
(* Múgica, Vizcaya, dióc. Vitoria, 8óIII-1893).
214. Beata Concepción RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, de Santa Magdalena.
(* Santa Eulalia de las Manzanas, León, dióc. Oviedo, 13óXII-1895).
215. Beata Justa MAIZA GOICOECHEA, de la Inmaculada.
(* Ataún, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 13óVII-1897).
216. Beata Clara EZCURRA URRUTIA, de Nuestra Señora de la Esperanza.
(* Mondragón, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 17óVIII-1896).
217. Beata Cándida CAYUSO GONZÁLEZ, de Nuestra Señora de los Ángeles.
(* Ubiarco, Santander, 5óI-1901).
M
Causa de una religiosa servita
La vida de la Beata María Guadalupe, por su opción radical por la oración, por
su identificación plena con Cristo crucificado, por su devoción a la Virgen y la
firmeza en su consagración religiosa, nos descubre a los hombres y mujeres de
hoy, que una monja de clausura, aparentemente inútil e improductiva a los ojos
de nuestra sociedad, es testimonio vivo de la fe de la Iglesia rebasando el odio
del mundo con su mirada contemplativa y aplomo cristiano.
218. Beata María Guadalupe RICART OLMOS, del Monasterio Servita del Pie de la
Cruz, de Valencia.
(* Albal, Valencia, 23óII-1881 + Silla, Valencia, 2óX-1936). Su cuerpo fue
hallado monstruosamente destrozado y desfigurado.
N
Causa de las religiosas de las Escuelas Pías
(Escolapias)
Este grupo está formado por seis religiosas de la Congregación de Hijas de
María, Religiosas de las Escuelas Pías y dos ex alumnas uruguayas laicas. Así
pues, ocho mujeres dedicadas exclusivamente a la educación humanoócristiana de
las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer, según su carisma, fueron
asesinadas.
219. Beata María del Niño Jesús (María BALDILLOU BULLIT)
(* Balaguer, Lleida, dioc. La Seu de Urgel, 6óII-1905).
220. Beata Presentación de la Sda. Familia (Pascuala Presentación GALLÉN MARTÍ)
(* Morella, Castellón de la Plana, dióc. Tortosa, 20óXI-1872).
221. Beata María Luisa de Jesús (María Luisa GIRÓN ROMERA)
(* Bujalance, Córdoba, 25óVIII-1887).
222. Beata Carmen de San Felipe Neri (Nazaria GÓMEZ LEZAUN)
(* Eulz, Navarra, dióc. Pamplona, 27óVII-1869)
223. Beata Clemencia de San Juan Bautista (Antonia RIBA MESTRES)
(* Igualada, Barcelona, 8óX-1893).
Estas cinco escolapias del colegio de Valencia, dada la situación persecutoria y
antirreligiosa reinante en la ciudad, buscaron refugio en un piso de la calle de
San Vicente, que el 8 de agosto de 1936 fue asaltado por unos milicianos. En un
coche fueron llevadas a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día
sellaron con su sangre su vida de fidelidad al Señor.
224. Beata María de Jesús (María de la Encarnación DE LA IGLESIA Y DE VARO)
(* Cabra, Córdoba, 25óIII-1891).
225. Beata Dolores AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo, Uruguay, 29óIII-1897). De madre uruguaya y padre español.
226. Beata Consuelo AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo, Uruguay, 29óIII-1898).
Madre María de la Iglesia y la laica uruguaya Dolores Aguiar-Mella desde finales
de julio de 1936 vivían refugiadas en un piso en Madrid. Su hermana Consuelo
Aguiar Mella con su familia. Después de haber pasado estos dos meses entre
atropellos, registros domiciliarios, todo tipo de amenazas y persecución, el 19
de septiembre de 1936, Dolores fue detenida en la calle. Dos horas más tarde
unos milicianos fueron a buscar a M. María de la Iglesia al piso donde estaba
refugiada. Consuelo Aguiar-Mella, que en ese momento se encontraba allí para
conocer lo que había pasado con su hermana, la acompañó. Por su fe y
convicciones cristianas, claramente manifestadas, las tres fueron detenidas y
martirizadas a las afueras de Madrid. Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz son
las primeras beatas de Uruguay.
Ñ
Causa de una religiosa de la Congregación de María Inmaculada
Misioneras Claretianas
Por muchos años formadora de las jóvenes generaciones de claretianas y educadora
en Carcagente. Fundadora de la comunidad y colegio en Puerto de Sagunto. Sufrió
la primera persecución el año 1931. Entregó la vida por Cristo y su Evangelio
ofreciéndola por la paz y reconciliación.
227. Beata María Patrocinio GINER GOMIS, de San Juan.
(Tortosa, 4óI-1874 ó Portichol de Tavernes de Valldigna, 13óXI-1936).
O
Causa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
Las dos religiosas pertenecían a la Comunidad de Requena (Valencia) y fueron
fusiladas juntas en el término municipal de Buñol (Valencia) el 8 de septiembre
de 1936.
228. Beata Josefa de San Juan RUANO GARCÍA
(* Berja, Almería, 11óVII-1854).
229. Beata Dolores de Santa Eulalia PUIG BONANY
(* Berga, Barcelona, 12óVII-1857).
P
Causa de las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia
La forma de vida que las identificó como Terciarias Capuchinas de la Sagrada
Familia fue el seguimiento de Jesucristo como menores y penitentes, según los
ideales de San Francisco de Asís y el espíritu legado por el Venerable Padre
Luis Amigó, reflejado en las actitudes del Buen Pastor en la misión específica
de las obras de misericordia, corporales y espirituales, con los más pobres y
necesitados.
La Sagrada Familia de Nazaret, desde su vida oculta y sencilla, fue para ellas
modelo de oración, humildad, vida de familia y disponibilidad a la Voluntad de
Dios hasta el martirio.
En el ejercicio humilde de su apostolado fueron sorprendidas por la persecución
religiosa, encontrando la muerte en Puzol y Gilet, localidades de la Provincia
de Valencia (España), donde demostraron la solidez de su fe y la fidelidad a sus
compromisos.
230. Beata M. Victoria QUINTANA ARGOS (Rosario de Soano). Religiosa TC.
(* Soano, Santander, 13-V-1866 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).
231. Beata María FENOLLOSA ALCAYNA (Francisca Javier de Rafelbuñol)
(* Rafelbuñol, Valencia, 24-V-1901 + Gilet, Valencia, 27-IX-1936).
232. Beata Manuela FERNÁNDEZ IBERO (Serafina de Ochovi)
(Ochovi, Navarra, dióc. Pamplona, 6-VIII-1872 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).
Q
Causa de la Diócesis de Lleida
Francisco realizó sus estudios en las Escuelas de los Hermanos Maristas y
concluyó los estudios superiores técnicos en el Colegio "Instituto Químico" de
los Padres Jesuitas y especialmente en la Federación de Jóvenes Cristianos de
Cataluña (Franja de la Acción Católica Española). Concluido sus estudios de
Licenciado en Ciencias Químicas trabajó en el Complejo Químico "Cros de Lleida"
e inició su noviazgo con la señorita María Pelegrí.
Llamado a cumplir el Servicio Militar como soldado de cuota se encontró en medio
de los acontecimientos del 19 de julio de 1936. Encarcelado en la noche del 21
al 22 de julio por los milicianos republicanos, el 29 de septiembre fue sometido
a juicio ante el Tribunal popular, donde afirmó con voz clara y precisa su
condición de católico: "Lo referente al delito de ser católico -dijo-, soy muy a
gusto delincuente, y si mil vidas tuviera que dárselas a Dios, mil vidas le
daría; así que no hace falta que me defienda."
233. Beato Francisco Castelló Aleu
(Nacido el 19-IV-1914 en Alicante + el 29-IX-1936 en Lérida, 22 años). Miembro
de la Juventud de Acción Católica de Cataluña.
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II. CRÓNICA
2.1. Crónica de la acogida de los peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
El sábado, 10 de marzo de 2001, en una tarde primaveral romana, a partir de las
15'30 horas la plaza de San Pedro y la hermosa columnata de Bernini se vieron
inundadas por los miles de peregrinos, casi todos españoles, que acudían al Aula
de Pablo VI, para asistir al espectáculo preparado en honor de los 233 Mártires,
que al día siguiente iban a ser Beatificados. Entre los peregrinos se
encontraban una nutrida representación del episcopado español.
La velada empezó a las 17'00 horas con la presentación del acto, con breves y
emotivas palabras, por Rafael Álvarez Taberner, locutor de radio vaticano. Al
finalizar invitó a ponerse en pie a todos los familiares de los mártires. Se
aproximaban a las 1.500 personas. Imponía su presenciaé Siguió la actuación de
un grupo folklórico d'Albades Cultural de Torrent (Valencia), que obsequiaron y
deleitaron con sus bellos cantos y danzas típicas valencianas. Seguidamente
intervino Paloma Gómez Borrero, famosa y conocida periodista española,
corresponsal de la COPE en Roma. Le encargaron que sus palabras fueran un "canto
a la mujer", en homenaje a las 67 mujeres mártires del grupo. Lo hizo con
espontaneidad y sencillez. Recordó anécdotas del Papa, en sus viajes, partiendo
de ellas, hizo alusión a frases y hechos de los mártires.
En el centro de la velada se presentó el Oratorio titulado: Sicut lilium Inter.
spinas, del profesor Aurelio Porfirio, y fue interpretado por el coro Juilate
Deo, Scuola T. Ludovisco de Vitoria, dirigido por Hna. M.» Dolores Aguirre, CCV.
Era una mezcla de música de órgano, solistas, coro y danzas sobre un doble hilo
conductor: unas serie de siete cartas leídas de una madre a su hijo religioso,
que estaba en peligro de muerte por su fe, en la última ya conoce la noticia del
martirio, y el texto cantado de Stabat Mater. El sufrimiento de la madre del
misionero se hacía eco con el sufrimiento de María. Terminó el Oratorio con una
apoteosis final: tres jóvenes bailaron una danza-ballet, y jóvenes y niños con
túnicas blancas subieron al escenario y formaron un gran círculo en tormo a la
figura central. El coro, mientras tanto, acompañaba la escena con el canto de
AMÉN, ALELUYA.
El emotivo y profundo encuentro de espectáculo y oración, se cerró con unas
sentidas palabras de don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, matizando
el sentido de esta conmemoración. Agradeció el trabajo de los postuladores para
llegar a aquel final feliz de las Causas, y los invitó a subir junto a él. El
público los acogió con un fuerte aplauso. Fue una velada dignísima. Las horas
vividas en el Aula de Pablo VI, abarrotada de público, pasaron rápidas y dejaron
huella.
Arriba
2.2. Crónica de la solemne ceremonia de la Beatificación
El domingo 11 marzo, el Santo Padre beatificó en la plaza de San Pedro al
sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros martirizados
en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas,
personas casadas y solteras de todas las profesiones; miembros de la Acción
Católica y de otros movimientos eclesiales. Son los primeros beatos del tercer
milenio. Con ellos, Juan Pablo II ha beatificado desde el comienzo de su
pontificado a 1.227 siervos de Dios.
La ceremonia comenzó a las 10'00 de la mañana. El Papa hizo su ingreso en la
plaza por la puerta central del templo. Después del rito de introducción, se
acercaron al altar para pedir la beatificación Mons. Agustín García-Gasco
Vicente, Arzobispo de Valencia; el Cardenal Ricardo María Carles Gordó,
Arzobispo de Barcelona, y Mons. Francisco Ciuraneta Aymi, Obispo de Lérida, con
los catorce postuladores de las dieciséis causas. En nombre de todos Mons.
Agustín García-Gasco pidió al Romano Pontífice que beatificara a los doscientos
treinta y tres siervos de Dios; a continuación leyó unas breves notas
biográficas de casi todos. Menos las de los seis franciscanos conventuales, que
leyó el Cardenal Carles Gordó, y la de Francisco de Paula Castelló i Aleu, que
leyó el Obispo de Lérida. Su Santidad pronunció la fórmula de beatificación y
estableció que de ahora en adelante se pueda celebrar su fiesta, en los lugares
y del modo que marca el derecho, el día 22 de septiembre. La asamblea asintió
con el canto del "Amén". Y un gran aplauso, mientras se iba descubriendo el
tapiz, que colgaba del balcón central de la fachada de la basílica; al mismo
tiempo, el coro de la capilla Sixtina cantaba el "Tibi Laus, Domine",
alternándose con la asamblea, que cantaba el "Christus vincit". Mons. Agustín
García-Gasco Vicente, en nombre de los Ordinarios de las diócesis en que
murieron los nuevos beatos, dio las gracias al Santo Padre.
La primera lectura, el salmo responsorial y la proclamación del evangelio se
hizo en castellano; la segunda lectura en italiano; y el versículo antes del
evangelio se cantó en latín. Su Santidad pronunció la homilía que publicamos en
estas páginas. La plegaria universal de los fieles se hizo en italiano, español,
francés e inglés. Entre los más de cincuenta concelebrantes se hallaban, además
de los prelados que postularon la beatificación, el Cardenal Arzobispo de
Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia episcopal
española, los arzobispos: Elias Yanes, de Zaragoza; Lluís Martínez, de
Tarragona; Agostino Superbo, Potenza-Muro Lucano-Marsico Nuovo (Italia),
asistente eclesiástico de la Acción Católica italiana; Nicolás Cotungo Fanizzi,
s.d.b., de Montevideo; José Sebastián Laboa, nuncio apostólico; Edward Nowak,
secretario de la Congregación para las Causas de los Santos; los obispos: José
Maria Guie, de Vich; Victorio Oliver, de OrihuelaóAlicante; Antonio Vilaplana,
de León; José Vilaplana, de Santander; Francisco Javier Martínez, de Córdoba;
Antonio "ngel Algara, de Teruel; Braulio Rodríguez, de Salamanca; Joaquín
Carmelo Borobia, de Tarazona; Miguel José Asurmendi, s.d.b., de Vitoria; Julián
López, de Ciudad Rodrigo; Juan Antonio Reig, de Segorbe-Castellón de la Plana;
Jesús Esteban Catalá, de Alcalá de Henares, y Adolfo González, de "vila. Entre
los concelebrantes se hallaba también el maestro general de los dominicos, el
maestro general de los franciscanos conventuales y el de los franciscanos
capuchinos, el prior general de los Siervos de María, el propósito general de
los escolapios, el superior general de los claretianos, el de los dehonianos y
el de los terciarios capuchinos de la Virgen de los Dolores, así como un
consejero general de los jesuitas y de los salesianos, y el provincial de los
franciscanos en España. Asistieron a la ceremonia quince cardenales, entre ellos
José Saraiva Martins, c.m.f., prefecto de la Congregación para las causas de los
santos; y los españoles: Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la santa Iglesia
romana y prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y
las sociedades de vida apostólica; Antonio María Javierre Ortas, s.d.b., y
Francisco "lvarez Martínez, arzobispo de Toledo. Participaron, asimismo, varios
arzobispos y obispos, entre ellos el arzobispo Justo Mullor García, presidente
de la Academia eclesiástica pontificia, y los obispos Cipriano Calderón,
vicepresidente de la Comisión pontificia para América Latina; José Luis Redrado,
o.h., secretario del Consejo pontificio para la pastoral de la salud, y Javier
Echevarría, prelado del Opus Dei. Con el Cuerpo diplomático estaban el Arzobispo
Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y Mons. Pedro López
Quintana, asesor para los asuntos generales de la Secretaría de Estado. En
puestos reservados se hallaban la delegación oficial de España, presidida por el
ministro Jaume Matas Palou, y la del Uruguay, presidida por el ministro
secretario de la Presidencia de la República, Raúl Lago. Asistió al sagrado rito
una gran asamblea de fieles de todas las diócesis de origen de los mártires y
numerosos miembros de las órdenes y congregaciones religiosas a las que
pertenecieron.
Varios familiares de los mártires intervinieron en diferentes momentos del
sagrado rito, como en la presentación de las reliquias y de las ofrendas o en la
proclamación de las intenciones de la oración de los fieles.
Al final de la misa, el Santo Padre saludó a los peregrinos y rezó con los
fieles el Ángelus. Luego, saludó a las delegaciones oficiales y subió al coche
descubierto, en el que recorrió la plaza bendiciendo y saludando a todos los
asistentes.
Arriba
2.3. Crónica de la Misa de Acción de Gracias en San Pedro del Vaticano
Para las 9'30 horas del día 12 de marzo estaba programada, en la Basílica de San
Pedro, la Eucaristía de acción de gracias por la glorificación de los nuevos 233
Beatos Mártires. La Basílica Vaticana estaba repleta de peregrinos.
Como preparación para la ceremonia se rezaron las letanías de los Beatos
Mártires. Emocionaba oír sus nombres, uno a uno, en la gran basílica, desde el
altar de la Confesión, donde Pedro, sucesor y Vicario de Jesús, fue el primer
Papa mártir. Los mártires eran personas cercanas. A nuestro lado se encontraban
muchos de sus familiares: hijos, esposas, hermanos, sobrinos, hermanos de
Congregación, y eso creaba un ambiente especial en la Asamblea.
El Arzobispo de Valencia presidió la magna concelebración en el altar papal,
bajo el imponente baldaquino de Bernini. Eran más de 500 sacerdotes
concelebrantes, entre los cuales habían unos 20 Arzobispos y Obispos. El
Cardenal Arzobispo de Barcelona, Ricardo María Carles, revestido de capisayos,
ocupó un sitio distinguido. El Seminario Metropolitano de Moncada tuvo a su
cargo los distintos ministerios litúrgicos y los cantos. Los fieles tuvieron a
su disposición un folleto para seguir la ceremonia.
La homilía estuvo a cargo del Arzobispo de Valencia. Había vivido el proceso de
los mártires de su diócesis con entusiasmo y se notaba. Los presentó como
ejemplos de vida y testimonio para todos; impulso para vivir a fondo nuestro
cristianismo.
Al terminar la Eucaristía se reanudó el rezo de las letanías de los Beatos
Mártires que faltaban por haberse interrumpido la lectura al comenzar la Misa. Y
fuera de programa, como un grito de gratitud a María, se entonó el himno a la
Virgen de los Desamparados en valenciano. Quizá fue la primera vez que resonó en
la basílica vaticana este himno, cantado con todo el entusiasmo y fervor. Siguió
el himno de la Virgen de Montserrat, mientras se esperaba de un momento a otro
la llegada del Papa Juan Pablo II para la Audiencia de los peregrinos.
Hacia las 12'00 horas, cuando se terminaba la ceremonia de acción de gracias, la
llegada de los guardias suizos a la basílica anunció la del Papa Juan Pablo II
para la Audiencia con los peregrinos.
Su presencia fue acogida con vibrantes aplausos y disparos de flash sin
interrupción, mientras el Papa atravesaba hasta llegar al altar de la confesión,
donde ocupó su sede. Desde allí repetidas veces saludó a los asistentes, que no
cesaban de aplaudir y vitorear al Papa. Tenía a su lado a los cardenales de
Madrid y Barcelona.
En su alocución en español, después de saludar a los prelados españoles, a las
autoridades civiles y religiosas, a los familiares de los mártires y a los
fieles, presentó a los mártires como un gran cuadro del evangelio de las
Bienaventuranzas. Los 233 Mártires constituían un gran abanico en el que se
podían contemplar todas las vocaciones cristianas. Había jóvenes laicos, padres
y madres de familia, religiosos, sacerdotes. La santidad es para todos. Por
último afirmó que la herencia de los mártires nos reclama a guardar su memoria y
ser testigos vivos y visibles de la Buena Nueva, para los tiempos nuevos:
testigos de amor, de unidad y de paz. Un reto para todos los asistentes; buen
programa de vida cristiana.
El cerrado y prolongado aplauso de la Asamblea acogió con entusiasmo sus
sentidas y profundas palabras, llenas de amor a la nación española, a quien
invitó a seguir las rutas de santidad, marcadas desde los comienzos del
cristianismo por tantas hijas e hijos, lumbreras de santidad en la Iglesia
universal.
A continuación las autoridades, familiares de los mártires, Superiores Generales
y Postuladores pasaron a saludar al Papa. Una vez terminado el besamanos
impartió la bendición a la Asamblea y fue despedido entre aplausos, cánticos y
manifestaciones de amor y alegría.
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2.4. Crónica de la solemne Misa de Acción de Gracias en la Catedral de Valencia
La Seo Valentina resultó insuficiente para albergar a todos los fieles que
quisieron participar en la Misa de Acción de Gracias por la Beatificación de los
233 mártires, la mayoría de ellos de nuestra Diócesis. El Sr. Arzobispo dispuso
que ésta tuviese lugar el día 3 de mayo. No fue coincidencia sino expresa
voluntad del Prelado porque el 3 de mayo se celebra la Cruz Gloriosa de Pascua
Florida. Mons. Agustín García-Gasco Vicente, acompañado de sus Obispos
Auxiliares y de un gran número de sacerdotes, presidió la magna Concelebración
Eucarística. La Catedral se revistió con los elementos de las grandes
solemnidades.
Muchos de los asistentes conocieron a los nuevos Beatos, era lógico que en la
Catedral se advirtiese un clima de alegría y agradecimiento a Dios Nuestro
Señor. Familiares, conciudadanos, compañeros de congregación, postuladores
llegados de Roma, superiores generales y provinciales llenaron las amplias naves
del Primer Templo de la diócesis.
Como retablo se instaló el lienzo de José Grassa "La glorificación de los
mártires valencianos". En el cimborio, en la vertical del altar mayor, estaba
colocado el tapiz que el día de la beatificación estuvo colgado en la Basílica
de San Pedro del Vaticano, el cual representaba la cruz martirial de San
Vicente. La arqueta de plata que contenía las Venerables Reliquias de los Beatos
presidió la ceremonia. La Schola Cantorum d'Algemesí acompañada de órgano y
orquesta creó un ambiente solemne y de recogimiento. Interpretó cantos en
gregoriano y obras de Híndel, Victoria, Mozart, Romeu, etc.
El Sr. Arzobispo en su homilía, que se publica en este mismo boletín, dijo que
la Iglesia de Valencia se sentía orgullosa ante un grupo tan numeroso de
Mártires y sentía la necesidad de rendirles un agradecido homenaje.
Al concluir la Misa, el relicario fue trasladado por cuatro diáconos revestidos
con dalmáticas al lugar donde permanecerá para la veneración de los fieles, bajo
la mesa del altar del mártir sacerdote y religioso valenciano San Jacinto
Castañeda, en la capilla de la girola dedicada, en adelante, a los Mártires del
siglo xx.
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III. DOCUMENTOS
3.1. Decreto acerca del martirio de la Congregación para las Causas de los
Santos
Congregación para las Causas de los Santos
Diócesis de Valencia
Beatificación-Declaración del Martirio
de los siervos de Dios
José Aparicio Sanz
y LXXIII compañeros
sacerdotes diocesanos, laicos y laicas
( + 1936-1937)
DECRETO ACERCA DEL MARTIRIO
"Toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre" (Fil 2,
11).
La fe en Jesucristo, humillado en su muerte de Cruz y glorificado por Dios Padre
en su resurrección de entre los muertos y ascensión al cielo, es la luz que
resplandece en el rostro de sus discípulos, que le anunciaron como Señor del
Universo.
Muchos católicos españoles dieron un admirable testimonio de fe con generosidad
durante la persecución que en los años 1936-1939 atacó con furia a la Iglesia.
En aquel momento un gran número de obispos, presbíteros, religiosos, religiosas
y laicos, por la fuerza del Espíritu Santo permanecieron fieles al Divino
Maestro en medio de peligros y tribulaciones y dieron el máximo testimonio de
caridad en su muerte. Muchas regiones de España fueron regadas con la sangre de
los mártires, y donde las tinieblas de odio y violencia fueron más espesas, allí
se mostró con mayor claridad el esplendor del testimonio cristiano. Esto sucedió
también en la Archidiócesis de Valencia, en la cual muchos hombres y mujeres
siguieron a Cristo en su camino de la cruz y fueron inmolados por él. De esta
apretada muchedumbre forman parte treinta y siete presbíteros diocesanos,
dieciocho laicos varones y diecinueve laicas, a los que recordamos aquí con
admiración y piedad. Aquellos presbíteros se dedicaban al ministerio pastoral;
los laicos y laicas eran cristianos fervorosos, entregados a labores
apostólicas, y entre ellos muchos pertenecían a la Acción Católica y a otras
asociaciones similares. Unos pasaron por las molestias e indignidad de la
cárcel, donde se prepararon a su muerte mediante la oración y las obras de
caridad para con los compañeros de cautiverio; otros debieron soportar en los
últimos instantes de su vida graves daños y violencias, así como proposiciones
lisonjeras y exhortaciones a abandonar la fe, prometiéndoles en tal caso la
libertad. Todos se dirigieron al lugar del martirio con ánimo valeroso y con el
corazón lleno de esperanza en el premio eterno, y también perdonando a sus
perseguidores. Por las actas judiciales sabemos que muchos de los setenta y
cuatro testigos de Cristo, antes de entregar su alma a Dios, profesaron
abiertamente su fe gritando "Viva Cristo Rey", u otras exclamaciones similares.
Los nombres de estos dignísimos hijos de la Iglesia son los siguientes:
I. Presbíteros diocesanos
1. José Aparicio Sanz. Nació en Enguera el 12 de marzo del año 1893. Fue
ordenado sacerdote en el año 1916 y se dedicó al ministerio pastoral en varias
parroquias; cuando fue detenido era arcipreste de su pueblo natal, donde era muy
estimado por su piedad y ejemplaridad de vida. Fue matado a los 43 años de edad,
el 29 de diciembre del año 1936, junto con su coadjutor Enrique Juan Requena.
2. Fernando González Añón, párroco de Turís; fue matado a los 50 años de edad,
el 27 de agosto del año 1936.
3. Juan Ventura Solsona, arcipreste de Villahermosa del Río; fue matado a los
61 años, el 17 de septiembre del año 1936.
4. José Ruiz Bruixola, párroco de San Nicolás de Valencia; fue matado a los 79
años de edad, el 28 de octubre del año 1936.
5. Ramón Martí Soriano, administrador parroquial de Vallada; fue matado a los
34 años de edad, el 27 de agosto del año 1936.
6. Joaquín Vilanova Camallonga, coadjutor de Ibi; fue matado a los 48 años de
edad, el 27 de julio del año 1936.
7. Enrique Morant Pellicer, párroco de Bárig; fue matado a los 28 años de
edad, el 15 de agosto del año 1936.
8. Carmelo Sastre Sastre, párroco de Piles; fue matado a los 46 años de edad,
el día 15 de agosto del año 1936.
9. Vicente Ballester Far, capellán de las Agustinas Descalzas de Jávea; muerto
a los 42 años de edad, el día 24 de septiembre de 1936.
10. Ramón Esteban Bou Pascual, administrador parroquial de Planes; fue matado a
los 33 años de edad, el 17 de octubre del año 1936.
11. Pascual Ferrer Botella, capellán de San Vicente de Algemesí; muerto a los
42 años de edad, el 24 de septiembre de 1936.
12. Enrique Juan Requena, coadjutor de Enguera; fue matado a los 33 años de
edad, el 29 de diciembre del año 1936.
13. Elías Carbonell Mollá, coadjutor de Concentaina; fue matado a los 67 años
de edad, el 2 de octubre del año 1936.
14. Juan Carbonell Mollá, coadjutor de Concentaina; fue matado a los 62 años de
edad, el 2 de octubre del año 1936, junto con su hermano, el anterior Siervo de
Dios Elías.
15. Pascual Penadés Jornet, administrador parroquial de Bélgida; fue matado a
los 42 años de edad, el 15 de septiembre del año 1936.
16. Salvador Ferrandis Seguí, párroco de Pedreguer; fue matado a los 56 años de
edad, el 3 de agosto del año 1936.
17. José Toledo Pellicer, coadjutor de Bañeres; fue matado a los 27 años de
edad, el 10 de agosto del año 1936.
18. Fernando García Sendra, administrador parroquial de Sagra; fue matado a los
31 años de edad, el 18 de septiembre del año 1936.
19. José García Mas, capellán de Pego; muerto a los 40 años de edad, el 18 de
septiembre del año 1936.
20. José María Segura Penadés, coadjutor de Onteniente; fue matado a los 40
años de edad, el 11 de septiembre del año 1936.
21. Salvador Estrugo Solves, capellán del hospital de Alberique; fue matado a
los 74 años de edad, el 21 de agosto del año 1936.
22. Vicente Sicluna Hernández, párroco de Navarrés; de 77 años de edad, caído
el 22 de septiembre del año 1936.
23. Vicente María Izquierdo Alcón, administrador parroquial de la Puebla de
Farnals; fue matado a los 45 años de edad, el 18 de agosto de 1936.
24. José María Ferrándiz Hernández, arcipreste de Alcoy; fue matado a los 57
años de edad, el 24 de septiembre del año 1936.
25. Francisco Ibáñez Ibáñez, abad de la colegiata de Játiva; fue matado a los
60 años de edad, el 19 de agosto del año 1936.
26. José González Huguet, párroco de Cheste; fue matado a los 62 años de edad,
el 12 de octubre del año 1936.
27. José Fenollosa Alcayna, canónigo valenciano; fue matado a los 33 años de
edad, el 27 de septiembre del año 1936.
28. Félix Yuste Cava, párroco de los Santos Juan y Vicente de Valencia; muerto
a los 49 años de edad, el 14 de agosto del año 1936.
29. Vicente Pelufo Corts, capellán del Asilo de Alcira; fue matado a los 68
años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
30. José Canet Giner, coadjutor en Catamarruch; fue matado a los 33 años de
edad, el 4 de octubre del año 1936.
31. Francisco Sendra Ivars, administrador parroquial de Calpe; fue matado a los
37 años de edad, el 4 de septiembre del año 1936.
32. Diego Llorca Llopis, coadjutor de Benissa; fue matado a los 40 años de
edad, el 6 de septiembre del año 1936.
33. Alfonso Sebastiá Viñals, director de la Escuela de Formación social de
Valencia; fue matado a los 26 años de edad, el 1 de septiembre del año 1936.
34. Germán Gozalvo Andreu, fue muerto pocas semanas después de su ordenación
sacerdotal, a los 23 años, el 22 de septiembre del año 1936.
35. Gonzalo Viñes Masip, canónigo de la Colegiata de Játiva; fue matado a los
53 años de edad, el 10 de diciembre del año 1936.
36. Vicente Rubiols Castelló, párroco de Puebla Larga; fue matado a los 64 años
de edad, el 14 de agosto del año 1936.
37. Antonio Silvestre Moya, administrador parroquial de Santa Tecla en Játiva;
fue matado a los 44 años de edad, el 8 de agosto del año 1936.
Estos sacerdotes fueron considerados mártires de la fe después de su muerte; por
lo cual el Arzobispo de Valencia inició la Causa de beatificación-declaración de
martirio mediante el Proceso Ordinario Informativo en los años 1957-1971, cuya
autoridad y valor fue reconocida por la Congregación para las Causas de los
Santos mediante decreto promulgado el 15 de mayo del año 1998.
II. Laicos
1. Rafael Alonso Gutiérrez, padre de familia; fue matado a los 46 años de edad,
el 11 de agosto del año 1936.
2. Marino Blanes Giner, padre de familia; fue matado a los 48 años de edad, el
21 de julio del año 1936.
3. José María Corbín Ferrer, soltero; fue matado a los 22 años de edad, el 27
de diciembre del año 1936.
4. Carlos Díaz Gandía, padre de familia; fue matado a los 29 años de edad, el
11 de agosto del año 1936.
5. Salvador Damián Enguix Garés, padre de familia, viudo; fue matado a los 74
años de edad, el 28 de octubre del año 1936.
6. Ismael Escrihuela Esteve, padre de familia; fue matado a los 34 años de
edad, el 8 de septiembre del año 1936.
7. Juan Bautista Faubel Cano, padre de familia; a los 47 años de edad fue
matado, el 28 de agosto del año 1936.
8. José Ramón Ferragud Girbés, padre de familia; fue matado a los 49 años de
edad, el 24 de septiembre del año 1936.
9. Vicente Galbis Gironés, padre de familia; fue matado a los 26 años de edad,
el 21 de septiembre del año 1936.
10. Juan Gonga Martínez, soltero; fue muerto a los 25 años de edad, el 13 de
noviembre del año 1936.
11. Carlos López Vidal, padre de familia; fue matado a los 42 años de edad, el
6 de agosto del año 1936.
12. José Medes Ferrís, casado; fue matado a los 51 años de edad, el 12 de
noviembre del año 1936.
13. Pablo Meléndez Gonzalo, padre de familia; fue matado a los 60 años de edad,
el 23 de diciembre del año 1936.
14. José Perpiñá Nácher, casado; fue matado a los 25 años de edad, el 29 de
diciembre del año 1936.
15. Arturo Ros Montalt, padre de familia; fue matado a los 35 años de edad, el
28 de agosto del año 1936.
16. Pascual Torres Lloret, padre de familia; fue matado a los 51 años de edad,
el 6 de septiembre del año 1936.
17. Manuel Torró García, casado; fue matado a los 34 años de edad, el 21 de
septiembre del año 1936.
18. José María Zabal Blasco, padre de familia; fue muerto a los 38 años de
edad, el 8 de diciembre del año 1936.
Desde el día de su muerte estos siervos de Dios resplandecieron por la fama del
martirio; por lo cual el Arzobispo de Valencia instruyó el Proceso Ordinario
Informativo en los años 1959-1975 sobre el martirio [atribuido], al que siguió
el Rogatorial en Santander. El decreto sobre la autoridad y valor de estos
procesos fue promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos el 22
de mayo del año 1998.
III. Laicas
1. Amalia Abad Casasempere, madre de familia, viuda; fue muerta a los 38 años
de edad, el 28 de septiembre del año 1936.
2. Ana Aranda Riera, soltera; fue matada a los 48 años de edad, el 14 de
octubre del año 1936.
3. Florencia Caerols Martínez, soltera; fue matada a los 46 años de edad, el 1
de octubre del año 1936.
4. María Climent Mateu, soltera; fue matada a los 49 años de edad, el 20 de
agosto del año 1936.
5. Társila Córdoba Belda, madre de familia, viuda; fue matada a los 75 años de
edad, el 17 de octubre del año 1936.
6. Francisca Cualladó Baixauli, soltera; fue matada a los 46 años de edad, el
19 de septiembre del año 1936.
7. María Teresa Ferragud Roig, madre de familia, viuda; fue matada a los 83
años junto con sus cuatro hijas Religiosas, el 25 de octubre del año 1936.
8. Luisa María Frías Cañizares, soltera; fue matada a los 40 años de edad, el 6
de diciembre del año 1936.
9. Encarnación Gil Valls, soltera; fue matada a los 48 años, junto con su
hermano sacerdote don Gaspar, el 24 de septiembre del año 1936.
10. María del Pilar Jordá Botella, soltera; fue matada a los 31 años de edad,
el 26 de septiembre del año 1936.
11. Herminia Martínez Amigó, madre de familia; fue matada los 49 años de edad
junto con su marido, el 27 de septiembre del año 1936.
12. María Luisa Montesinos Orduña, soltera; fue matada a los 36 años de edad,
el 28 de enero del año 1937.
13. Josefa Moscardó Montalvá, soltera; fue matada a los 56 años de edad, el 22
de septiembre del año 1936.
14. María del Olvido Noguera Albelda, soltera; fue matada a los 33 años de edad
junto con su hermano, el 26 de septiembre del año 1936
15. Crescencia Valls Espí, soltera; fue matada junto con tres hermanas a los 73
años de edad, el 26 de septiembre del año 1936.
16. María de la Purificación Vidal Pastor, soltera; fue matada a los 44 años de
edad, el 22 de septiembre del año 1936.
17. María del Carmen Viel Ferrando, soltera; fue matada a los 43 años de edad,
el 5 de noviembre del año 1936.
18. Pilar Villalonga Villalba, soltera; muerta a los 45 años de edad, el 11 de
diciembre del año 1936.
19. María Sofía Teresa Ximénez Ximénez, madre de familia, viuda; fue matada a
los 60 años de edad, junto con su hijo y otros familiares, el 23 de septiembre
del año 1936.
El Pueblo de Dios consideró a estas discípulas de Cristo como verdaderas
mártires de la fe; por lo cual el Arzobispo de Valencia instruyó el Proceso
Ordinario Informativo en los años 1955-1956, para reunir la documentación del
martirio [atribuido]. La autoridad y valor de este proceso fue reconocida por la
Congregación para las Causas de los Santos el 4 de julio del año 1997.
Posteriormente la Congregación para las Causas de los Santos, escuchando las
peticiones de las Postulaciones, concedió que las Causas de los Siervos y
Siervas de Dios que hemos recordado más arriba, fueran reunidas en una sola
Causa. Una vez preparada la Positio, se trató si la muerte de José Aparicio Sanz
y sus LXXIII Compañeros se podía considerar como verdadero martirio. El 26 de
noviembre del año 1999 se tuvo, con resultado positivo, la reunión particular de
Consultores teólogos. Después los Cardenales y los Obispos, en Sesión ordinaria
del día 5 de diciembre del año 2000, escuchada la relación del Ponente de la
Causa, el Excelentísimo Señor Ottorini Pedro Alberto, Arzobispo de Cagliari,
declararon que estos Siervos de Dios fueron matados por odio a la fe y que
habían entregado su vida por Cristo y por la Iglesia.
Acerca de todo lo cual, informado por el Prefecto que suscribe, el Sumo
Pontífice Juan Pablo II, recibiendo las peticiones de la Congregación para las
Causa de los Santos y teniéndolas por legítimas, ordenó que se preparara el
decreto sobre el martirio de los Siervos de Dios conforme a derecho.
Una vez hecho esto, llamados ante Él hoy el infrascrito Prefecto, el Ponente de
la Causa y yo, Obispo Secretario de la Congregación, y estando presentes los
restantes que, según la costumbre, son convocados, el Santo Padre declaró que:
Consta acerca del martirio y de la causa de los Siervos de Dios José Aparicio
Sanz y sus LXXIII Compañeros Sacerdotes diocesanos, Laicos y Laicas, matados en
los años 1936-1937, en el caso y para el efecto que se trata.
Su Santidad quiso que se publicara este decreto y se guardara en las actas de la
Congregación para las Causas de los Santos.
Dado en Roma, el 18 de diciembre de 2000.
José Saraiva Martins
Arzobispo Titular de Thuburnica
Prefecto
Eduardo Nowak
Arzobispo Titular de Lumi
Secretario
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3.2. Homilía del Santo Padre Juan Pablo II
Domingo 11 de marzo de 2001
Amados hermanos y hermanas:
1. "El Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo
de su condición gloriosa" (Flp 3, 21). Estas palabras de San Pablo que hemos
escuchado en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra
verdadera patria está en el cielo y que Jesús transfigurará nuestro cuerpo
mortal en un cuerpo glorioso como el suyo. El Apóstol comenta así el misterio de
la Transfiguración del Señor que la Iglesia proclama en ese segundo domingo de
Cuaresma. En efecto, Jesús quiso dar un signo y una profecía de su Resurrección
gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados también a participar. Lo que se
ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en
nosotros, que somos su Cuerpo.
Éste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que
la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La
vida de los santos y el testimonio de los mártires nos enseñan que, si la
transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección
de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora, en esta tierra, con la ayuda
de la gracia.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La
respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte,
se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquellos
cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el
Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás
hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin
exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren
perdonando.
2. Así vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos
compañeros, asesinados durante la terrible persecución religiosa que azotó
España en los años treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las
edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y
madres de familia, jóvenes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su
fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, según consta
en los procesos canónicos para su declaración como mártires, antes de morir
perdonaron de corazón a sus verdugos.
La lista de los que hoy suben a la gloria de los altares por haber confesado su
fe y dado su vida por ella es numerosa. Hay treinta y ocho sacerdotes de la
Archidiócesis de Valencia, junto con un numeroso grupo de hombres y mujeres de
la Acción Católica también, de Valencia; dieciocho dominicos y dos sacerdotes de
la Archidiócesis de Zaragoza; cuatro Frailes Menores Franciscanos y seis Frailes
Menores Franciscanos Conventuales; trece Frailes Menores Capuchinos, con cuatro
Religiosas Capuchinas y una Agustina Descalza; once Jesuitas con un joven laico;
treinta y dos Salesianos y dos Hijas de María Auxiliadora; diecinueve Terciarios
Capuchinos con una cooperadora laica; un sacerdote dehoniano; el Capellán de
Colegio La Salle de la Bonanova, de Barcelona, con cinco Hermanos de las
Escuelas Cristianas; veinticuatro Carmelitas de la Caridad; una Religiosa
Servita; seis Religiosas Escolapias con dos cooperadoras laicas provenientes
éstas últimas del Uruguay y primeras beatas de ese País latinoamericano; dos
Hermanitas de los Ancianos Desamparados; tres Terciarias Capuchinas de Nuestra
Señora de los Dolores; una Misionera Claretiana, y, en fin, el joven Francisco
Castelló i Aleu, de la Acción Católica de Lleida.
Los testimonios que nos han llegado hablan de personas honestas y ejemplares,
cuyo martirio selló unas vidas entretejidas por el trabajo, la oración y el
compromiso religioso en sus familias, parroquias y congregaciones religiosas.
Muchos de ellos gozaban ya en vida de fama de santidad entre sus paisanos. Se
puede decir que su conducta ejemplar fue como una preparación para esa confesión
suprema de la fe que es el martirio.
¿Cómo no conmovernos profundamente al escuchar los relatos de su martirio?
La anciana María Teresa Ferragud fue arrestada a los 83 años de edad junto con
sus cuatro hijas religiosas contemplativas. El 25 de octubre de 1936, fiesta de
Cristo Rey, pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último
lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a
sus verdugos que exclamaron: "Esta es una verdadera santa." No menos edificante
fue el testimonio de los demás mártires, como el joven Francisco Alacreu, de 22
años, químico de profesión y miembro de la Acción Católica, que consciente de la
gravedad del momento no quiso esconderse, sino ofrecer su juventud en sacrificio
de amor a Dios y a los hermanos, dejándonos tres cartas, ejemplo de fortaleza,
generosidad, serenidad y alegría, escritas instantes antes de morir, a sus
hermanas, a su director espiritual y a quien fuera su novia. O también el
neosacerdote Germán Gozalvo, de 23 años, que fue fusilado sólo dos meses después
de haber celebrado su Primera Misa, después de sufrir un sinfín de humillaciones
y malos tratos.
3. ¡Cuántos ejemplos de serenidad y esperanza cristiana! Todos estos nuevos
Beatos y muchos otros mártires anónimos pagaron con su sangre el odio a la fe y
a la Iglesia desatado con la persecución religiosa y el estallido de la guerra
civil, esa gran tragedia vivida en España durante el siglo xx. En aquellos años
terribles muchos sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados sencillamente
por ser miembros activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy suben a los
altares no estuvieron implicados en luchas políticas o ideológicas, ni quisieron
entrar en ellas. Bien lo sabéis muchos de vosotros que sois familiares suyos y
hoy participáis con gran alegría en esta beatificación. Ellos murieron
únicamente por motivos religioso. Ahora, con esta solemne proclamación de
martirio, la Iglesia quiere reconocer en aquellos hombres y mujeres un ejemplo
de valentía y constancia en la fe, auxiliados por la gracia de Dios. Son para
nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada, a la vez que honran al
noble pueblo español y a la Iglesia.
¡Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo español cualquier forma de
violencia, odio y resentimiento! Que todos, y especialmente los jóvenes, puedan
experimentar la bendición de la paz en libertad: ¡Paz siempre, paz con todos y
para todos!
4. Queridos hermanos, en diversas ocasiones he recordado la necesidad de
custodiar la memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos
son la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano
incluso a la muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces
padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible
por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.
Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a
vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con
la sangre de tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ÁLa sangre
de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, Ap 1, 50, 13: CCL
1, 171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros
siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y
esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización.
Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su
valor, "fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo
ayer y hoy y siempre" (Hb 13, 7ó8).
5. Deseo confiar a la intercesión de los nuevos beatos una intención que
lleváis profundamente arraigada en vuestros corazones: el fin del terrorismo en
España. Desde hace varias décadas estáis siendo probados por una serie horrenda
de violencias y asesinatos que han causado numerosas víctimas y grandes
sufrimientos. En la raíz de tan lamentables sucesos hay una lógica perversa que
es preciso denunciar. El terrorismo nace del odio y a su vez lo alimenta, es
radicalmente injusto y acrecienta las situaciones de injusticia, pues ofende
gravemente a Dios y la dignidad y los derechos de las personas. ÁCon el terror,
el hombre siempre sale perdiendo! Ningún motivo, ninguna causa o ideología
pueden justificarlo. Sólo la paz construye los pueblos. El terror es enemigo de
la humanidad.
6. Amados en el Señor, también a nosotros la voz del Padre nos ha dicho hoy en
el Evangelio: "Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle" (Lc 9,35). Escuchar a
Jesús es seguirlo e imitarlo. La cruz ocupa un lugar muy especial en este
camino. Entre la cruz y nuestra transfiguración hay una relación directa.
Hacernos semejantes a Cristo en la muerte es la vía que conduce a la
resurrección de los muertos, es decir, a nuestra transformación en Él (cf. Flp
3, 10ó11). Ahora, al celebrar la Eucaristía, Jesús nos da su cuerpo y su sangre,
para que en cierto modo podamos preguntar aquí en la tierra la situación final,
cuando nuestros cuerpos mortales sean transfigurados a imagen del cuerpo
glorioso de Cristo.
Que María, Reina de los mártires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A
Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su existencia terrena permaneció
fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos enseñe a ser fieles a Cristo en
todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con
que los mártires confesaron su fe. Al invocarla como Madre, imploro sobre todos
los aquí presentes, así como sobre vuestras familias, los dones la paz, la
alegría y la esperanza firme.
Arriba
3.3. Ángelus
Concluida la celebración eucarística en la que beatificó a 233 mártires de la
persecución religiosa en España, antes de rezar la plegaria mariana del Ángelus,
el Santo Padre pronunció la alocución que ofrecemos a continuación.
1. Antes de concluir esta solemne celebración, deseo dirigiros un cordial
saludo y daros las gracias a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas,
que, con vuestra presencia, manifestáis vuestra viva devoción a estos nuevos
beatos.
Junto con ellos dirigimos ahora nuestra mirada a María santísima, que la fe nos
hace contemplar como Reina de los santos y las santas de todas las épocas y
naciones. Ella es, en particular, Madre y Reina de los mártires, y está presente
junto a ellos en la hora de la prueba, como permaneció al pie de la cruz cerca
de su Hijo Jesús.
Estos nuevos beatos confiaron en ella, la Virgen fiel, en los momentos
dramáticos de la persecución. Cuando se les impidió profesar libremente la fe o,
después, durante su permanencia en la cárcel, para afrontar el momento supremo,
encontraron un apoyo constante en el santo rosario, rezado a solas o en pequeños
grupos. ¡Cuán eficaz resulta esta tradicional oración mariana en su sencillez y
profundidad! El rosario constituye en todas las épocas una valiosa ayuda para
innumerables creyentes.
2. Ojalá que así sea también para nosotros. Pidámoselo a la Virgen con la
plegaria del Ángelus. "Oremos en particular, por las comunidades cristianas que
sufren persecución a causa de la fe, para que, con la fuerza del Espíritu Santo,
den testimonio del amor de Cristo, quien, al padecer no amenazaba, sino que se
ponía en manos de aquel que juzga con justicia" (1 P 2, 23).
María, Madre de la esperanza, nos obtenga la gracia de estar íntimamente unidos
a Cristo en la hora de la prueba a fin de experimentar la luminosa gloria de su
resurrección.
Después de rezar la plegaria mariana del Ángelus, Su Santidad dirigió un saludo
particular a los numerosos peregrinos de lengua española que participaron en la
beatificación, presentándoles a los nuevos beatos como modelos de coherencia de
vida, constancia en la fe y espíritu reconciliador. He aquí sus palabras:
Deseo dirigir un caluroso saludo a todos los peregrinos que han venido a Roma
para participar en esta gozosa celebración. En especial, a los señores
cardenales, arzobispos y obispos que les acompañan, así como a las autoridades,
que han venido en representación de un pueblo que, en todos los estamentos
sociales y rincones de su geografía, ha dado tantos ejemplos de santidad.
Que los nuevos beatos, modelos de coherencia de vida, constancia en la fe y
espíritu reconciliador, intercedan en el cielo por sus paisanos de hoy, les
impulsen a mantener vigorosa la savia cristiana que fecunda su historia patria y
alienten sus esfuerzos por alcanzar cotas cada vez más altas de concordia,
solidaridad y espíritu de fraternidad cristiana.
Arriba
3.4. Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en la audiencia
con motivo de la Beatificación de los mártires españoles
Lunes 12 de marzo de 2001
Queridos hermanos y hermanas:
1. Me es grato tener este encuentro con vosotros, amados peregrinos españoles
que, acompañados por un numeroso grupo de obispos y sacerdotes, así como de
autoridades civiles de vuestros pueblos y regiones, habéis participado ayer en
la solemne beatificación de doscientos treinta y tres hombres y mujeres mártires
de la persecución religiosa que, en los años 1936-1939, afligió a la Iglesia en
vuestra Patria. La de ayer fue la primera beatificación del nuevo siglo y el
nuevo milenio y es significativo que fuera de mártires. En efecto, el siglo que
hemos concluido ha sido uno en los que no han faltado tribulaciones en las que
muchos cristianos "han dado su vida por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo"
(cf. Hch 15, 26).
Saludo con afecto a los Señores Cardenales Antonio María Rouco, Arzobispo de
Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y Ricardo María
Carles, Arzobispo de Barcelona, así como a Mons. Agustín García-Gasco, Arzobispo
de Valencia, diócesis de la que proceden la mayoría de los nuevos beatos, a
Mons. Francisco Ciuraneta, Obispo de Lleida, y a los demás Arzobispos y Obispos
aquí presentes. Asimismo quiero dar la bienvenida a las autoridades autonómicas,
provinciales y locales, que representan a los pueblos que cuentan ahora con
nuevos beatos entre sus hijos ilustres. Estos nuevos mártires siembran toda la
geografía española con su mensaje. En efecto, si tenemos en cuenta su origen,
provienen de treinta y siete diócesis y representan a trece Comunidades
Autónomas, pero su testimonio llega a abarcar todo el territorio español, y, por
eso, es toda la Iglesia en España la que ayer se alegró con este reconocimiento.
2. Muchos de vosotros sois descendientes, familiares o convecinos de los nuevos
Beatos. Sé que está presente la viuda de uno de ellos, militante de la Acción
Católica, así como muchos hermanos, hijos y nietos de los mártires. Algunos sois
hermanos de religión de los religiosos que han subido a la gloria de los
altares. Otros sois vecinos de sus lugares de origen, de donde ejercieron su
ministerio, de donde fueron martirizados o de donde están sepultados. Imagino la
emoción que experimentáis en estos momentos que, por tantos años, habéis
esperado. En vuestra vida de fe, sin duda alguna, su ejemplo os ha sido
alentador, pues habéis conservado su memoria y, en algunos casos, hasta
recuerdos personales.
La Beatificación de ayer ha sido la más numerosa de mi Pontificado. En efecto,
han sido elevados a los altares doscientos treinta y tres mártires. Pero un
número tan notable no hace olvidar las características individuales. En efecto,
en todos hay una historia personal, un nombre y un apellido propio, unas
circunstancias que hacen de cada uno de ellos un modelo de vida, que es más
elocuente aun con la muerte libremente asumida como prueba suprema de su
adhesión a Cristo y a su Iglesia.
Estos mártires, a los que hoy nos referimos con gratitud y veneración, son como
un gran cuadro del Evangelio de las Bienaventuranzas, un hermoso abanico de la
variedad de la única y universal vocación cristiana a la santidad (cf.
Constitución dogmática Lumen gentium, cap. V). Proclamando ayer la santidad de
este numeroso grupo de mártires, la Iglesia da gloria a Dios.
La santidad no es solamente privilegio reservado para unos pocos. Los caminos de
la santidad son múltiples y se recorren a través de los pequeños acontecimientos
concretos de cada día, procurando en cada situación un acto de amor. Así lo han
hecho los nuevos beatos mártires. Aquí reside el secreto del cristianismo vivido
en plenitud. El cristianismo realmente vital que todos los cristianos, de
cualquier clase o condición, están llamados vivir. Todos estamos amados a la
santidad.
Pues lo que Dios quiere, en definitiva, de nosotros es que seamos santos (cf. 1
Test 4, 3). Queridos hermanos y hermanas de España, creo que también a vosotros,
como lo acabo de hacer a todos los fieles en la reciente carta apostólica Novo
Millennio Ineunte, debo proponeros de nuevo con convicción "este alto grado de
la vida cristiana ordinaria" (NMI, 31). Que vuestro camino personal, el de
vuestras familias y comunidades parroquiales sea, hoy más que nunca, un camino
de santidad.
3. Así nos encontramos sacerdotes que, misacantanos o ancianos, ejercían los
más diversos misterios: párrocos, vicarios, canónigos, profesores; religiosos
provenientes de los vastos campos del ejercicio de la caridad, por medio de la
enseñanza, la atención a ancianos y enfermos; hombres y mujeres, solteros o
casados, padres de familia, trabajadores de varios sectores. En el origen de su
martirio y de su santidad está el mismo Cristo. El denominador común de todos
ellos es su opción radical por Cristo por encima de todas las cosas, incluso de
la propia vida . Bien podían expresar con san Pablo: "para mí vivir es Cristo y
una ganancia el morir" (Filp 1, 21). Con su vida, y sobre todo con su muerte,
nos enseñan que nada hay que anteponer al amor que Dios nos tiene y que nos
manifiesta en Cristo Jesús. En ellos, como en todos los mártires, la Iglesia ha
encontrado siempre una semilla de vida. Tanto es así, que podemos afirmar que
las comunidades de los primeros tiempos se fraguaron en la sangre de los
mártires. Pero el martirio no es una realidad perteneciente al pasado, sino
también una realidad del tiempo actual. Por ello, he escrito en la reciente
Carta apostólica ¿no lo será también para el siglo y milenio que estamos
iniciando? (cf. Novo Millennio Ineunte, 41).
En efecto, es una realidad constata que en nuestro tiempo han vuelto los
mártires. Y si bien es cierto que los tiempos han cambiado, también lo es que
cada día surge la posibilidad de seguir padeciendo sufrimientos por amor de
Cristo. El horizonte que se presenta delante de nosotros es, pues, amplio y
apasionante. Los cristianos siempre y en todo lugar han de estar dispuestos a
difundir la luz de la vida, que es Cristo, incluso hasta el derramamiento de
sangre (cf. Dignitatis humanae, 14). Debemos estar dispuestos a seguir las
huellas de los mártires y a vivir, como ellos, la santidad plenamente con Él,
por Él y en Él.
La herencia de estos valientes testigos de la fe, "archivos de la Verdad
escritos con letras de sangre" (Catecismo de la Iglesia católica, 2474), nos ha
legado un patrimonio que habla con una voz más fuerte que la de la indiferencia
vergonzante. Es la voz que reclama la urgente presencia en la vida pública. Una
presencia viva y serena que con la meridiana transparencia del Evangelio nos
llevará a presentar con naturalidad, pero también con firmeza, su siempre actual
radicalidad a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Se trata, pues, de un legado cuyo lenguaje es el del testimonio. Que este
patrimonio siga produciendo frutos abundantes a través de vuestras vidas y
compromiso y ponga de manifiesto la extraordinaria presencia del Misterio de
Dios que, actuando siempre y en todo lugar, nos llama a la reconciliación y a la
vida nueva en Cristo.
4. Queridos hermanos: Su testimonio no se puede ni se debe olvidar. Ellos
manifiestan la realidad de vuestras Iglesias locales. Que su ejemplo haga de
cada uno testigos vivos y creíbles de la Buena Nueva para los nuevos tiempos.
Que su imitación conduzca a producir en la sociedad actual abundantes frutos de
amor y esperanza. Este es mi deseo. Promoved la cultura de la vida. Hacedlo con
la palabra, pero también con gestos concretos. La oración por la radical y
sincera conversión de todos a la ley del Amor y el compromiso específico y
generoso por ella constituyen el fundamento de la convivencia entre los hombres,
las familias y los pueblos. Volved a vuestros pueblos y a vuestras comunidades
dispuestos a trabajar apostólicamente en la Iglesia y para la Iglesia. Haced
realidad las Bienaventuranzas en vuestros lugares de procedencia. Impregnad con
el único programa del Evangelio, que es el programa del amor, la realidad
cotidiana. Llevad a Cristo a vuestras vidas, vuestras comunidades, a vuestros
pueblos y a vuestra historia. Sed siempre y en todo lugar testigos vivos y
creíbles del amor, de la unidad y de la paz. En esta tarea os acompaña siempre
mi oración, mi afecto y bendición que de corazón os imparto.
Arriba
3.5. Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de Gracias
de los mártires españoles
Roma. Lunes 12 de marzo de 2001
1. Te Deum laudamus, Te Dominum cofitemur te martyrum candidatus laudat
exercitus (A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos a Ti te
ensalza el blanco ejército de los mártires).
Estas palabras tomadas del himno litúrgico con el que la Iglesia festeja los
grandes momento, expresan muy bien este intenso y emocionante momento de
oración: la Eucaristía con la que agradecemos a Dios, dueño de los designios de
la historia, la beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires.
El inmenso gozo espiritual que sentimos, en parte animado por la cercanía a
estos beatos mártires, nos hace exclamar llenos de júbilo: Te Deum laudamus.
En nuestra alabanza no estamos solos. Con nosotros oran hoy muchas personas que
comparten nuestro gozo, pero sobre todo sabemos que con nosotros está mística
pero realmente unido, "el blanco ejército de los mártires". Esta celebración es
reflejo de la liturgia que incesantemente se celebra en el cielo, delante del
Trono y del Cordero, donde los vencedores de la gran tribulación proclaman:
Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos. Así pues, con ellos y
animados por su ejemplo, también nosotros decimos: Te Deum laudamus (A Ti, oh
Dios, te alabamos).
2. Saludo con afecto y gratitud al Eminentísimo Señor Cardenal Ricardo María
Carles, que ha querido acompañamos en esta solemne liturgia de acción de
gracias.
Saludo, también, con afecto a mis hermanos en el Episcopado, pastores y guías de
diversas Iglesias particulares de España que dieron las aguas bautismales a los
nuevos Beatos. Con vosotros, comparto la alegría de ver cómo nuestras diócesis
han dado muestras de fidelidad a la Buena Nueva de Jesucristo, engendrando a la
fe y alimentando el crecimiento espiritual de estos hermanos nuestros que
sellaron con su sangre la adhesión a Cristo y a su Iglesia. No hay prueba de
amor a Dios más grande que dar la vida por su Hijo, Jesucristo.
También os saludo queridos sacerdotes, colaboradores nuestros en el ejercicio
del ministerio apostólico a favor de las comunidades cristianas, herederas de
tantos ejemplos que son honor de la Iglesia y aliciente para el futuro.
Una palabra afectuosa también para los religiosos y religiosas de las
Congregaciones a las que pertenecen muchos de los nuevos Beatos. Su testimonio
enriquece vuestro carisma y os alienta a imitarlos en vuestra consagración
cotidiana al Señor.
Saludo, también, a todos vosotros, fieles laicos de las diversas diócesis
relacionadas con los mártires, familiares, amigos, convecinos. A todos os digo
con san Pablo: fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe (Heb 3, 8).
Me complace dirigir también un saludo deferente a las autoridades civiles, que
con su presencia en Roma en estos días expresan el sentimiento popular de
reconocimiento y admiración hacia estas personas que la Iglesia propone a la
consideración de los hombres y mujeres de hoy.
3. Para todos nosotros es motivo de inmensa emoción celebrar esta Santa Misa
reunidos junto la tumba de san Pedro, en la confesión que recuerda su martirio.
Aquí, sobre la memoria del Apóstol Pedro, en esta basílica que el paso de los
siglos ha embellecido hasta ofrecer su maravilloso estado actual, vienen a la
memoria las palabras del Señor Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia (Mt 16,8).
Este y otros monumentos y ruinas de la antigua Roma nos hablan de los
sufrimientos y de las persecuciones soportadas con fortaleza heroica por
nuestros padres en la fe, los cristianos de las primeras generaciones, que nos
recuerdan las palabras de Tertuliano: Sangre de mártires, semilla de cristianos
(Apol. 50, 13: CCL, 1.171).
Pero la experiencia de los mártires no es característica sólo de la Iglesia de
los primeros tiempos. Por lo que se refiere a España, son muchos los que a lo
largo del siglo xx han pagado su amor a Cristo, derramando también la sangre.
Unos versos del poeta inglés Thomas Eliot dicen: Donde ha vivido un santo, donde
un mártir ha derramado su sangre por Cristo, el suelo es santo y esa cualidad no
la pierde nunca.
Estas palabras nos recuerdan la santidad de ciertos lugares y pienso que se
aplican muy bien a algunos rincones de nuestra geografía valenciana. Al lado de
ellos, las tumbas de los mártires, renovadas con ocasión de la exhumación de sus
venerados restos con vistas a esta beatificación, se convierten en lugares de
gracia que nos recordarán para siempre su glorioso testimonio.
4. El evangelio proclamado en esta celebración nos ha presentado a Jesús
subiendo a Jerusalén para la Fiestas de las Tiendas (cf. Jn 7,11b-19). Él sabe
que allí será, cuando llegue la hora, el lugar de su glorificación a través de
la muerte; los judíos le buscan y él no se echa atrás ni se esconde.
Cuántos hermanos y hermanas nuestros, los mártires beatificados ayer, eran
conscientes de que su testimonio pasaba por la muerte martirial, y, por eso, al
ser buscados por sus perseguidores, ni se echaron atrás ni se escondieron, sino
que confesaron abierta y públicamente, sin reservas y con gallardía, su
condición de sacerdotes, de religiosos, de fieles cristianos laicos.
Siguieron así las huellas del rey crucificado, al que lanzaban sus últimos y más
fervorosos "vivas" en el supremo momento de la inmolación, no sin antes haber
perdonado, como Cristo, a sus verdugos.
Se unían así al blanco ejército de los mártires, a los testigos valientes del
Evangelio y servidores silenciosos del Reino, que les han precedido en los
siglos pasados, entrando así a entonar para siempre el canto nuevo al Cordero
inmaculado (cf. Ap2 1, 27).
5. El recuerdo de estos mártires es una herencia que no se debe perder y que se
ha de transmitir como un perenne deber de gratitud que suscita un renovado
propósito de imitación (Juan Pablo II, NMI, 7).
Que permanezca viva su memoria, que se transmita, que se custodie como un tesoro
de gran valor y sea levadura para la nueva evangelización.
Sufrieron formas de persecución antiguas y nuevas, experimentaron el odio y la
exclusión, la violencia y el asesinato. Su fidelidad al Evangelio se pagó con un
precio muy alto.
Los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que añadieron al
martirio la ignominia. Otros fueron ocultados por sus verdugos (cf. Juan Pablo
II, Homilía en la conmemoración de los mártires del siglo xx, 7óVó2000). Sin
embargo, en mis visitas a las parroquias de nuestra Archidiócesis, he podido
comprobar que los cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos.
El grupo de mártires beatificado ayer es un gran cuadro de la vida de la
Iglesia. En efecto, forman parte del mismo sacerdotes, religiosos y religiosas,
fieles cristianos laicos. Aunados por el sufrimiento en odio a la fe, proclaman
al mundo de forma elocuente cómo "el amor es más fuerte que la muerte". No
apostataron de la fe, a pesar de las provocaciones, ni se doblegaron ante los
ídolos que les ofrecían si renunciaban a sus convicciones religiosas.
Los sacerdotes murieron, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, porque quisieron
permanecer junto a sus fieles a pesar de las amenazas, prefiriendo dejarse matar
antes que renunciar a la propia misión; los religiosos y religiosas vivieron su
consagración hasta el derramamiento de la sangre; los laicos, hombres y mujeres,
supieron ofrecer su vida como testimonio de su fe en Jesucristo.
Queridos sacerdotes: haced de la vida y de la muerte de nuestros hermanos
sacerdotes mártires fuente de inspiración para el ejercicio cotidiano de vuestro
ministerio; recordad su entrega a la catequesis, su atención generosa a los
pobres, enfermos y necesitados, su celo por la salvación de las almas, pero,
sobre todo, su profunda espiritualidad. Conmueve su fidelidad a la celebración
de la Eucaristía y su firme y admirable devoción a la Virgen, recurriendo al
rezo del santo rosario en los momentos más difíciles.
Amados religiosos: Sabéis bien que vuestra consagración a Cristo ha de inspirar
coherentemente todos los momentos de vuestra existencia. Por eso, el ejemplo de
vuestros hermanos es, sin duda, de aliento para vivir con plenitud y renovado
entusiasmo vuestra vida religiosa al servicio de la Iglesia.
Queridos fieles cristianos laicos: Alegraos con la beatificación de hombres y
mujeres como vosotros, de vuestras familias, de vuestros pueblos, de vuestros
ambientes. Si su muerte humanamente causa horror y tristeza, nos llena de júbilo
conocer su ejemplar vida de fe. En ellos encontraréis abundantes inspiraciones
para llevar adelante vuestra vida como creyentes comprometidos con Dios y con la
sociedad, de la que formamos parte y a la que, desde los criterios del
Evangelio, habéis de servir.
6. "No hay amor más grande que dar la vida" (Jn 15,13). Los Beatos José
Aparicio Sanz y compañeros mártires nos enseñan a no anteponer el propio
interés, el propio bienestar y la propia supervivencia a la fidelidad al
Evangelio. Ellos supieron oponerse al mal, "haciendo de la fragilidad el propio
testimonio".
Nos legan, pues, queridos hermanos y hermanas, una preciosa herencia, que es la
adhesión a la Cruz como camino hacia la Pascua. Esta herencia nos enriquece y
sostiene al iniciar este nuevo siglo y este nuevo milenio. Reconocer su martirio
era un deber de justicia para con ellos.
Como Arzobispo de Valencia, en nombre propio y de toda la Archidiócesis, doy
gracias al Señor por el testimonio de los mártires que ayer fueron beatificados.
Ahora nos corresponde seguir su ejemplo en la misión de anunciar valientemente a
Cristo, en nuestra querida tierra valenciana.
Asimismo, agradezco vivamente al Santo Padre que haya propuesto a estos hermanos
nuestros al reconocimiento de toda la Iglesia. Nos sentimos honrados y, a la
vez, comprometidos eclesialmente por su ministerio de comunión en la caridad,
significado en la celebración Eucarística en tomo a este altar de la Confesión.
Desde aquí, en nombre de todos los cristianos que peregrinamos en Valencia,
renuevo el deseo de fidelidad de nuestra Iglesia particular y expreso al Santo
Padre nuestra lealtad y reconocimiento a su magisterio universal.
Toda la Iglesia de Valencia está hoy presente en este lugar, no sólo por los
peregrinos que os habéis desplazado hasta aquí, sino porque todas las
comunidades cristianas de la Archidiócesis participan con nosotros en la única
comunión y testimonio de Cristo que nuestros mártires confirman.
7. La Santísima Virgen María es invocada también Regina Martyrum (Reina de los
Mártires). Una espada atravesó su corazón, como le profetizó el anciano Simeón
en el Templo de Jerusalén, cuando al pie de la Cruz fue testigo privilegiado de
los sufrimientos de Jesús, su divino hijo. Ella fue consuelo de los mártires en
la tribulación. Que con su ayuda materna, que no nos ha de faltar, nosotros,
animados por el ejemplo de esos testigos, vivamos con su mismo valor nuestro
amor por Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Heb 12, 1ó2).
Grandes maravillas ha hecho el Señor por nosotros.
Beato José Aparicio Sanz y compañeros mártires, rogad por nosotros.
Arriba
3.6. Homilía en la Misa de Acción de Gracias
por la Beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros,
mártires de la persecución religiosa de 1936 en España
S.I. Catedral Metropolitana, 3 de mayo de 2001
1. El Santo Padre, Pastor de la Iglesia universal, reconoció solemnemente el
pasado 11 de marzo el martirio de 233 hermanos en la fe, que dieron su vida por
Cristo. Sus nombres están inscritos en la lista de los justos cuya vida está en
manos de Dios (Sab 3, 1).
Los que estuvimos en Roma para ese acontecimiento dimos gracias a Dios, junto al
Santo Padre, por el testimonio admirable de estos hermanos y hermanas víctimas
de la persecución religiosa de 1936. Hoy nuestra Iglesia de Valencia, reunida en
comunión de fe y amor, presenta a Dios un renovado canto de alabanza y gratitud
por los nuevos beatos.
Hay un grupo grande de sacerdotes diocesanos; religiosos franciscanos,
capuchinos, dominicos, franciscanos conventuales, salesianos, jesuitas,
terciarios capuchinos, escolapios, un dehoniano; religiosas hermanitas de los
ancianos desamparados, carmelitas de la caridad, hijas de maría auxiliadora,
capuchinas, misioneras claretianas, servitas, agustinas descalzas, terciarias
capuchinas; y un numeroso grupo de laicos de Acción Católica.
Todos ellos acogieron la Palabra de Dios y en ella fueron santificados (cf Jn
17,11). Consagrados en la verdad, con su martirio, nos dieron a conocer a
Cristo. En su rostro brilla la faz del Señor (Salmo 30, 16).
Su fe alimenta nuestra fe. Con su entrega confirman nuestra esperanza y aumentan
en nosotros la caridad. Su testimonio es el nuestro, porque sabemos que la Buena
Noticia debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio (Pablo VI,
Evangelii Nuntiandi, 21).
Vemos colmada su alegría por el triunfo de la fe sobre las persecuciones del
mundo. Ellos nos invitan a soñar con una nueva primavera eclesial donde todos
seamos uno en el Amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
2. El martirio está íntimamente ligado a la condición de discípulo de Jesús. La
vida cristiana consiste en dar testimonio sobre Jesucristo, el Verbo Encarnado.
Por el bautismo nacimos a una vida nueva de consagrados a Dios, fruto de la
entrega de Cristo en favor nuestro (cf. Jn 17,19).
Discípulo de Jesús es aquel que le reconoce como Señor y le ama y se identifica
existencialmente con El. Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ese es nacido
de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de
Él (1 Jn 5,1).
Todo discípulo de Jesús hace suyas estas palabras de San Juan Crisóstomo: los
que de una vez para siempre nos hemos revestido de Cristo y hemos merecido
recibirle, podremos manifestar a todos, incluso sin decir nada, simplemente con
la actitud de nuestra vida, el poder de aquel que habita en nosotros (San Juan
Crisóstomo, Catequesis Bautismales VIII, 18).
3. El Señor dice en el Evangelio: Como tú me enviaste al mundo, así los envío
yo también al mundo (Jn 17,18). Los discípulos de Jesús recibimos la misión de
evangelizar. La misión nos coloca siempre en una situación arriesgada.
La causa principal del martirio está, precisamente, en la irradiación del
Evangelio en la vida y en la sociedad. Cualquier ámbito en el que nos
encontremos es el lugar y el momento oportuno para anunciar y hacer vida el
Evangelio de Cristo. Como decía San Agustín: Todos los tiempos son de martirio
(San Agustín, Sermón 6).
El siglo xx que acabamos de dejar no fue una excepción.
El seguidor de Jesús se ha de identificar con Él, haciendo de su existencia un
testimonio fiel y valiente del mismo Cristo.
Las persecuciones no surgen de forma espontánea. Intervienen factores
culturales, políticos y sociológicos que van fraguando posturas hostiles hacia
los creyentes en Jesús. En sus manifestaciones más extremas, derivan a
situaciones violentas.
El testimonio sobre Jesús provoca e inquieta a las idolatrías de un mundo que se
esmera en eliminar todo vestigio sobre Dios. Frente a eso, permanece una
certeza: ¿Quien es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo
de Dios? (1 Jn 5,5).
Los mártires, como fieles testigos de Cristo, experimentan que su vida está en
las manos de Dios. Fueron hallados dignos del Señor porque confiaron en Él y
permanecieron fieles a su amor (cf. Sab 3, 9).
Ellos nos emplazan hoy a vivir nuestra pertenencia a Cristo y a testimoniarlo
sin miedos. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada (Juan
Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 2).
El testimonio de los mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha
de transmitir como un perenne deber de gratitud que suscita un renovado
propósito de imitación (Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 7).
Se reconoce en ellos la fidelidad a Cristo que confirma el valor eterno de la
Buena Noticia.
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