ÉPOCA IV - VOL. 14    2001   EXTRAORDINARIO - Nº 3.240


I. LOS MÁRTIRES
1.1. Los mártires
1.2. Los procesos canónicos.
1.3. Nombres de los mártires Beatificados el 11 de marzo de 2001.
II.  CRÓNICA
2.1.  Crónica de la acogida de los peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
2.2.  Crónica de la solemne ceremonia de la Beatificación
2.3.  Crónica de la Misa de Acción de Gracias en San Pedro del Vaticano
2.4.  Crónica de la solemne Misa de Acción de Gracias en la Catedral de Valencia
III.  DOCUMENTOS
3.1.  Decreto acerca del martirio de la Congregación para las Causas de los Santos
3.2.  Homilía del Santo Padre Juan Pablo II
3.3.  Ángelus
3.4.  Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en la audiencia con motivo de la Beatificación de los mártires españoles
3.5.  Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de Gracias de los mártires españoles
3.6.  Homilía en la Misa de Acción de Gracias por la Beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires de la persecución religiosa de 1936 en España
3.7.  Carta pastoral del Sr. Arzobispo Agustín García-Gasco Vicente con motivo de la Beatificación del 11 de marzo de los mártires de la persecución religiosa de 1936
3.8.  Otros textos del Sr. Arzobispo sobre los mártires
3.8.1.  De la homilía pronunciada en la fiesta de San Vicente Mártir. Catedral de Valencia, 22 de enero de 2001
3.8.2.  Misa crismal. 11 de marzo de 2001
3.8.3.  Misa In Coena Domini. 12 de abril de 2001
3.8.4.  De la homilía en la ordenación de presbíteros. S.I. Catedral Metropolitana. 30 de junio de 2001
IV.  PARTE GRÁFICA
4.1.  Tapiz preparado para la plaza de San Pedro del Vaticano
4.2.  Medalla oficial
4.3.  Descripción del relicario de los mártires ofrecido al Santo Padre
4.4.  Descripción de la arqueta que contiene las venerables reliquias de los mártires para la Catedral de Valencia
4.5.  Cuadros
4.6.  Bibliografía sobre los mártires beatificados

Arriba


EXTRA
Beatificación de los mártires
11 de marzo de 2001

I.  LOS MÁRTIRES
1.1.  Los mártires
A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe.
Los mártires beatificados el 11 de marzo de 2001 demuestran la unidad y diversidad eclesial y aquella ceremonia resultó pastoralmente significativa, porque vio unidos en un único rito a muchos mártires de una misma Archidiócesis. La ceremonia tuvo estas características:
- la representatividad eclesial del grupo de mártires, pues hay sacerdotes, religiosos y seglares, que son expresión de los numerosos carismas y familias de vida consagrada;
- la representatividad de la Iglesia en España porque este grupo representa 34 diócesis. Todos ellos se encontraban en Valencia desarrollando sus respectivos ministerios y actividades apostólicas y algunos de ellos fueron unidos en el proceso por competencia, en base a la normativa canónica vigente;
- el elevado número de sacerdotes seculares y de seglares, pues es la primera vez que fueron beatificados 40 miembros de los presbiterios diocesanos de Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y 19 hombres y jóvenes, miembros de la entonces floreciente Acción Católica Española y de otros movimientos de espiritualidad y apostolado seglar, de todas las edades, profesiones y estado social;
- el actual contexto pastoral favorable, que ha despertado interés en las diócesis españolas hacia esta página gloriosa de la reciente historia. Ésta había quedado un tanto olvidada, pero testimonia la fe y la fidelidad de la Iglesia en España y, más en concreto, en Valencia, que tuvo sus orígenes a principios del siglo iv en el martirio del diácono Vicente. El desarrollo de los procesos, las correspondientes catequesis y la fama martyrii han llevado a las comunidades cristianas a un mayor interés y devoción hacia los mártires.
Por ello, la beatificación conjunta ha sido sumamente oportuna y es de desear que suscite una vida cristiana más intensa, un mayor fervor espiritual y un renovado interés por mantener viva la memoria de estos gloriosos testigos de la Fe.
El clima espiritual favorable creado por el Gran Jubileo del 2000 ha permitido que, concluido el largo proceso canónico, pudiera celebrarse esta beatificación el 11 de marzo de 2001, como primer fruto espiritual del Año Santo. Estos mártires son los primeros beatos del Tercer Milenio.
1.2.  Los procesos canónicos
Durante la persecución religiosa republicana la Archidiócesis de Valencia pagó uno de los mayores tributos de sangre (361 sacerdotes, 373 hombres y jóvenes de Acción Católica, 93 Mujeres de Acción Católica y varios centenares de religiosos de diversos institutos masculinos y femeninos) y esto explica el hecho de que en ella se abrieran la mayoría de los procesos de beatificación que han llegado a su punto final.
Impulsados por los arzobispos Marcelino Olaechea (1946-1966) y el Siervo de Dios José María García Lahiguera (1969-1978), así como por el Presbiterio Diocesano y el Foro de Laicos, lo mismo que por las respectivas Órdenes y Congregaciones religiosas, Valencia dedicó muchas energías humanas para que estos procesos pudieran llegar a su conclusión y fueran un instrumento de evangelización, especialmente en los campos de la catequesis, de la pastoral juvenil y de la promoción vocacional.
Todos los procesos canónicos de los Beatos recién elevados a los altares fueron instruidos en la Archidiócesis de Valencia, a excepción del de los Franciscanos Conventuales (n.º 99 a 104), que se hizo en Barcelona, y el del Beato Francisco Castelló Aleu (n.º 233), que se instruyó en Lleida.
Lo que con tanto empeño y esperanza se inició hace más de 50 años, se vio culminado en la solemne ceremonia que tuvo lugar en la plaza de San Pedro el 11 de marzo de 2001.
Laus Deo!
1.3.  Nombres de los mártires beatificados el 11 de marzo de 2001
Causa de los sacerdotes diocesanos, mujeres, hombres y jóvenes de Acción Católica y de otros movimientos apostólicos de la Archidiócesis de Valencia

A
Sacerdotes diocesanos
1.  Beato José APARICIO SANZ. Arcipreste de Enguera.
(* Enguera, 12-III-1893 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto con su coadjutor (n.º 12).
2.  Beato Fernando GONZÁLEZ AÑÓN. Párroco de Turís.
(* Turís, 17óII-1886 + Picassent 27-VIII-1936).
3.  Beato Juan VENTURA SOLSONA. Arcipreste de Villahermosa del Río.
(* Villahermosa del Río, Castellón, 1875 + Castillo de Villamalefa, Castellón, 17-IX-1936).
4.  Beato JOSÉ RUIZ BRUIXOLA. Párroco de San Nicolás, de Valencia.
(* Foios 1857, 30-III-1857 + Gilet, 29-X-1936).
5.  Beato Ramón MARTÍ SORIANO. Cura Regente de Vallada.
(* Burjassot, 7-X-1902 + Carretera de Godella a Bétera, 27-VIII-1936).
6.  Beato Joaquín VILANOVA CAMALLONGA. Coadjutor de Ibi.
(* Ontinyent, 6-X-1888 + Ibi, Alicante, 29óVII-1936).
7.  Beato Enrique MORANT PELLICER. Cura de Barx.
(* Bellreguard, 13-X-1908 + Xeraco, 3óX-1936).
8.  Beato Carmelo SASTRE SASTRE. Párroco de Piles.
(* Pego, Alicante, 21-XII-1890 + Palma de Gandía, 15óVIII-1936).
 9.  Beato Vicente BALLESTER FAR. Capellán de las Agustinas de Xàbia.
(* Benidoleig, Alicante, 4-II-1888 + Carretera de Teulada a Benissa, Alicante, 23-IX-1936).
10.  Beato Ramón Esteban BOU PASCUAL. Cura Regente de Planes.
(* Benimantell, Alicante, 12-X-1906 + La Nucía, Alicante, 15-X-1936).
11.  Beato Pascual FERRER BOTELLA. Capellán de San Vicente de Algemesí.
(* Algemesí, 9-XI-1894 + Sueca, 24-IX-1936).
12.  Beato Enrique JUAN REQUENA. Coadjutor de Enguera.
(* Aielo de Malferit, 2-III-1903 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto con su párroco (n.º 1).
13.  Beato Elías CARBONELL MOLL". Coadjutor de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 20-XI-1869 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano Juan (n.º 14).
14.  Beato Juan CARBONELL MOLL". Coadjutor de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 6-VI-1874 + Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano Elías (n.º 13).
15.  Beato Pascual PENADÉS JORNET. Regente de Bélgida.
(* Montaverner, 3-I-1894 + Puerto de Cárcer, 15-IX-1936).
16.  Beato Salvador FERRANDIS SEGUÍ. Párroco de Pedreguer.
(* L'Orxa, Alicante 25-V-1880 + Carretera del Vergel, Alicante, 3-VIII-1936).
17.  Beato José TOLEDO PELLICER. Coadjutor de Banyeres.
(* Llaurí, 15-VII-1909 + El Saler de Valencia, 10-VIII-1936).
18.  Beato Fernando GARCÍA SENDRA. Cura de Sagra.
(* Pego, Alicante, 31-III-1905 + La Pedrera de Gandía, 18-IX-1936).
19.  Beato José GARCÍA MAS. Capellán del EcceóHomo de Pego.
(* Pego, Alicante, 11-VI-1896 + La Pedrera de Gandía, 18-X-1936).
20.  Beato José María SEGURA PENADÉS. Coadjutor de Ontinyent.
(* Ontinyent, 13-X-1896 + Genovés, 11-IX-1936).
21.  Beato Salvador ESTRUGO SOLVES. Capellán del Hospital de Alberic.
(* Bellreguard, 12-X-1862 + Alberic, 10-VIII-1936).
22.  Beato Vicente SICLUNA HERNÁNDEZ. Párroco de Navarrés.
(* Valencia, 30-IX-1859 + Bolbaite, 22-IX-1936).
23.  Beato Vicente María IZQUIERDO ALCÓN. Párroco de La Pobla de Farnals.
(* Mosqueruela, Teruel, 25-V-1891 + Rafelbunyol, 18-VIII-1936).
24.  Beato José María FERRÁNDIZ HERNÁNDEZ. Arcipreste de Alcoi.
(* El Camp de Mirra, Alicante, 11-VIII-1879 + Rotglá-Corberá, 24-IX-1936).
25.  Beato Francisco IBÁÑEZ IBAÑEZ. Abad de la Colegiata de Xàtiva.
(* Penáguila, Alicante, 22-IX-1876 + Llosa de Ranes, 19-VIII-1936).
26.  Beato José GONZÁLEZ HUGUET. Párroco de Cheste.
(* Alaquàs, 23-I-1874 + Ribarroja, 12-X-1936).
27.  Beato José FENOLLOSA ALCAYNA. Canónigo de la Colegiata de San Bartolomé, de Valencia.
(* Rafelbunyol, 16-III-1903 + Sagunto, 27-IX-1936).
28. Beato Félix YUSTE CAVA. Párroco de San Juan y San Vicente, de Valencia.
(* Chulilla, 21-II-1887 + El Saler de Valencia, 14-VIII-1936).
29.  Beato Vicente PELUFO CORTS. Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Alzira.
(* Alzira, 26-II-1868 + 11-IX-1936).
30.  Beato José CANET GINER. Vicario de Catamarruch.
(* Bellreguard, 24-VIII-1903 + La Pedrera de Gandía, 4-X-1936).
31.  Beato Francisco SENDRA IVARS. Cura Regente de Calpe.
(* Benissa, Alicante, 23-IV-1899 + Teulada, Alicante, 4-IX-1936).
32.  Beato Diego LLORCA LLOPIS. Coadjutor de Benissa.
(* Oliva, 2-VII-1896 + Gata de Gorgos, Alicante, 6-IX-1936).
33.  Beato Alfonso SEBASTIÁ VIÑALS. Director de la Escuela de Formación Social de Valencia.
(* Valencia, 27-V-1910 + Paterna, 1-IX-1936).
34.  Beato Germán GOZALVO ANDREU. Misacantano de Torrent.
(* Torrent, 30-VIII-1913 + Monserrat, 22-IX-1936).
35.  Beato Gonzalo VIÑES MASIP. Can-nigo de la Colegiata de Xàtiva.
(* Xàtiva, 19-I-1883 + Vallés, 10-XII-1936).
36.  Beato Vicente RUBIOLS CASTELLÓ. Cura Párroco de La Pobla Llarga.
(* Gandía, 13-III-1874 + La Pobla Llarga, 4-VIII-1936).
37.  Beato Antonio SILVESTRE MOYA. Cura Ecónomo de Santa Tecla, de Xàtiva.
(* L'Ollería, 26-X-1892 + El Saler de Valencia, 7-VIII-1936).

B
Mujeres de Acción Católica
38.  Beata Amalia ABAD CASASEMPERE. Viuda y madre de dos hijas. Dedicada a sus labores.
(* Alcoi, Alicante, 11-XII-1897 + Benillup, Alicante, 21-IX-1936).
39.  Beata Ana María ARANDA RIERA. Soltera. Sus labores.
(* Denia, Alicante, 24-I-1888 + Paterna, 14-X-1936).
40.  Beata Florencia CAEROLS MARTÍNEZ. Soltera. Obrera textil.
(* Caudete, Albacete, 20-II-1890 + Rotglá-Corberá, 2-X-1936).
41.  Beata María CLIMENT MATEU. Martirizada junto con su madre. Sus labores.
(* Xàtiva, 13-V-1887 + 20-VIII-1936).
42.  Beata Társila CÓRDOBA BELDA. Madre de tres hijos fallecidos, viuda. Sus labores.
(* Sollana, 8-V-1861 + Algemesí, 17-X-1936).
43.  Beata Francisca CUALLADÓ BAIXAULI. Soltera. Modista.
(* Valencia, 3-XII-1890 + Benifaió, 19-IX-1936).
44.  Beata María Teresa FERRAGUD ROIG. Martirizada a sus 83 años junto con sus cuatro hijas, religiosas de clausura (n.os 211, 212, 213 y 217). Sus labores.
(* Algemesí, 14-I-1853 + Alzira, 25-X-1936).
45.  Beata Luisa María FRÍAS CAÑIZARES. Soltera. Profesora de la Universidad de Valencia.
(* Valencia, 20-VI-1896 + Paterna, 6-XII-1936).
46.  Beata Encarnación GIL VALLS. Soltera. Maestra nacional.
(* Ontinyent, 27-I-1888 + L'Ollería, 24-IX-1936).
47.  Beata María JORDÁ BOTELLA. Soltera. Sus labores.
(* Alcoi, Alicante, 26-I-1905 + Benifallím, Alicante, 27-IX-1936).
48.  Beata Herminia MARTÍNEZ AMIGÓ. Fusilada junto con su marido. Sus labores.
(* Puzol, 31-VII-1887 + Gilet, 26-IX-1936).
49.  Beata María Luisa MONTESINOS ORDUÑA. Soltera, fusilada junto con su padre, sus tres hermanos y su tío. Sus labores.
(* Valencia, 3-III-1901 + Picassent, 31-I-1937).
50.  Beata Josefina MOSCARDÓ MONTALVÁ. Soltera. Sus labores.
(* Alzira, 10-IV-1880 + 22-IX-1936).
51.  Beata María del Olvido NOGUERA ALBELDA. Soltera. Sus labores.
(* Carcaixent, 30-XII-1903 + Benifairó de Valldigna, 30-XI-1936).
52.  Beata Crescencia VALLS ESPÍ. Martirizada junto con sus tres hermanas. Sus labores.
(* Ontinyent, 9-VI-1863 + 20-IX-1936).
53.  Beata María de la Purificación VIDAL PASTOR. Soltera. Sus labores.
(* Alzira, 14-IX-1892 + Corberá, 21-IX-1936).
54.  Beata María del Carmen VIEL FERRANDO. Soltera. Sus labores.
(* Sueca, 27-XI-1893 + El Saler de Valencia, 4-XI-1936).
55.  Beata Pilar VILLALONGA VILLALBA. Soltera. Sus labores.
(* Valencia, 22-I-1891 + Burjassot, 11-XII-1936).
56.  Beata Sofía XIMÉNEZ XIMÉNEZ. Viuda, madre de dos hijos. Sus labores. Martirizada junto con su hermana Purificación, religiosa (n.º 203) y con otra religiosa (n.º 204).
(* Valencia, 15-X-1876 + Paterna, 23-IX-1936).

C
Hombres y jóvenes de Acción Católica
57.  Beato Rafael ALONSO GUTIÉRREZ. Casado, padre de seis hijos. Administrador de correos.
(* Ontinyent, 14-VI-1890 + Agullent, 11-VIII-1936). Martirizado junto con Carlos Díaz (n.º 60).
58.  Beato Marino BLANES GINER. Casado, padre de nueve hijos.
(* Alcoi, Alicante, 17-IX-1888 + 8-IX-1936).
59.  Beato José María CORBÍN FERRER. Soltero. Universitario.
(* Valencia, 26-XII-1914 + Santander, en el barco-prisión "Alfonso Pérez", 27-XII-1936).
60.  Beato Carlos DÍAZ GANDÍA. Casado, padre de una niña de ocho meses.
(* Ontinyent, 25-XII-1907 + Agullent, 11-VIII-1936). Martirizado junto con Rafael Alonso (n.º 57).
61.  Beato Salvador Damián ENGUIX GARÉS. Viudo, padre de seis hijos. Veterinario.
(* Alzira, 27-IX-1862 + 29-X-1936).
62.  Beato Ismael ESCRIHUELA ESTEVE. Casado, padre de tres hijos. Agricultor.
(* Tavernes de Valldigna, 20-V-1902 + Picadero de Paterna, 9-IX-1936).
63.  Beato Juan Bautista FAUBEL CANO. Casado, padre de tres hijos. Pirotécnico.
(* Llíria, 3-I-1889 + Paterna, 28-VIII-1936).
64.  Beato José Ramón FERRAGUD GIRBÉS. Casado, padre de ocho hijos. Labrador.
(* Algemesí, 10-X-1887 + Alzira, 24-IX-1936).
65.  Beato Vicente GALBIS GIRONÉS. Casado, padre de un hijo. Abogado.
(* Ontinyent, 9-IX-1910 + Benisoda, 21-IX-1936).
66.  Beato Juan GONGA MARTÍNEZ. Soltero. Oficinista.
(* Carcaixent, 25-III-1911 + Simat de Valldigna, 13-XI-1936).
67.  Beato Carlos LÓPEZ VIDAL. Casado, sin hijos. Segundo sacristán de la Colegiata de Gandía.
(* Gandía, 15-XI-1894 + La Pedrera de Gandía, 6-VIII-1936).
68.  Beato José MEDES FERRÍS. Casado, sin hijos. Martirizado junto con sus tres hermanos religiosos.
(* Algemesí, 13-I-1885 + Alcudia de Carlet, 12-XI-1936).
69.  Beato Pablo MELÉNDEZ GONZALO. Abogado y periodista. Casado, padre de diez hijos. Martirizado junto con su hijo Alberto.
(* Valencia, 7-XI-1876 + Castellar, 23-XII-1936).
70.  Beato José PERPIÑÁ NÁCHER. Casado. Radiotelegrafista y abogado.
(* Sueca, 22-II-1911 + Picadero de Paterna, 29-XII-1936).
71.  Beato Arturo ROS MONTALT. Casado y padre de seis hijos. Trabajador de la yutera.
(* Vinalesa, 26-X-1901 + Moncada, 28-VIII-1936).
72.  Beato Pascual TORRES LLORET. Casado y padre de cuatro hijos. Constructor.
(* Carcaixent, 23-I-1885 + 6-IX-1936).
73.  Beato Manuel TORRÓ GARCÍA. Casado, sin hijos. Aparejador.
(* Ontinyent, 2-VII-1902 + Benisoda, 21-IX-1936).
74.  Beato José Maria ZABAL BLASCO. Casado, padre de tres hijos. Empleado de la Estación del Norte de Valencia.
(* Valencia, 20-III-1898 + Picadero de Paterna, 8-XII-1936).

D
Causa de la Orden de Predicadores (Dominicos)
O.P.
Este grupo comprende 18 frailes predicadores de la provincia religiosa de Aragón, la cual fue erigida en 1301. A esta provincia pertenecieron San Vicente Ferrer, San Luis Beltrán y los beatos Dalmacio Moner y Francisco Coll.
Son los primeros dominicos españoles víctimas de la persecución religiosa de la II República española elevados al honor de los altares.
Nueve de los beatos eran miembros del convento de Calanda (Teruel), entonces casa de Formación; cinco de Valencia y cuatro de Barcelona.
A ellos se unen dos sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza.
75.  Beato Jacinto SERRANO LÓPEZ. Vicario provincial.
(* Urrea de Gaén, Teruel, dióc. Zaragoza, 30-VII-1901 + Puebla de Híjar, Teruel, 25-XI-1936).
76.  Beato Luis URBANO LANASPA. Vicario provincial.
(* Zaragoza, 3-VI-1882 + Valencia, 25-VIII-1936).
77.  Beato Constantino FERNÁNDEZ ÁLVAREZ
(* La Vecilla, Le-n, 7-II-1907 + Valencia, 29-VIII-1936).
78.  Beato Rafael PARDO MOLINA. Cooperador.
(* Valencia, 28-X-1899 + 26-IX-1936).
79.  Beato Lucio MARTÍNEZ MANCEBO. Maestro de novios.
(* Vegas del Condado, León, 28-VII-1902 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
80.  Beato Antonio LÓPEZ COUCEIRO
(* El Ferrol, La Coruña, dióc. Mondoñedo-El Ferrol, 15-XI-1869 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
81.  Beato Felicísimo DÍEZ GONZÁLEZ
(* Devesa de Curueño, León, 26-XI-1907 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
82.  Beato Saturio REY ROBLES
(* Devesa de Curueño, León, 21-XII-1907 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
83.  Beato Tirso MANRIQUE MELERO
(* Alfaro, La Rioja, dióc. Calahorra y La Calzada, 26-I-1877 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
84.  Beato Gumersindo SOTO BARRIOS. Cooperador.
(* Amil, La Coruña, 21-X-1869 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
85.  Beato Lamberto DE NAVASCUÉS Y DE JUAN. Novicio.
(* Zaragoza, 18-V-1911 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
86.  Beato José María MURO SANMIGUEL
(* Tarazona, Zaragoza, 26-X-1905 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).
87.  Beato Joaquín PRATS BALTUEÑA. Novicio-clérigo.
(* Zaragoza, 5-III-1915 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).
88.  Beato Francisco CALVO BURILLO
(* Híjar, Teruel, 21-XI-1881 + 2-VIII-1936).
89.  Beato Francisco MONZÓN ROMEO
(* Híjar, Teruel, 29-III-1912 + 29-VIII-1936).
90.  Beato Ramón PEIRÓ VICTORÍ
(* Aiguafreda, Barcelona, 7-III-1891 + El Morrot, Barcelona, 21-VIII-1936).
91.  Beato José María VIDAL SEGÓ
(* Secuita, Tarragona, 3-II-1912 + Barcelona, 23-IX-1936)
92.  Beato Santiago MESEGUER BURILLO
(* Híjar, Teruel, 1-V-1885 + Barcelona, 1-XI-1936).
Sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza, incluidos en el proceso de los dominicos:
93.  Beato Manuel ALBERT GINÉS. Coadjutor de Calanda.
(* Calanda, Teruel, 3-X-1867 ó 29-VII-1936).
94.  Beato Zósimo IZQUIERDO GIL. Párroco de Castelserás.
(* Villahermosa del Campo, 17-XII-1895 + Castelserás, 30-VII-1936).

E
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores
(O.F.M.)
Hace 37 años que se comenzó la causa. Tras un período de investigación, el día 21 de junio de 1966 se introducía en el arzobispado de Valencia, la causa de canonización, por el reconocimiento de martirio, de estos cuatro beatos.
"Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán" (San Francisco, Cánticos de las criaturas, 10-11).
95.  Beato Pascual FORTUÑO ALMELA. Vicario del convento de Santo Espíritu del Monte.
(* Villarreal de los Infantes, Castellón, dióc. Segorbe-Castellón, 5-III-1886 + 7-IX-1936). Martirizado con un golpe de machete en el pecho.
96.  Beato Plácido GARCÍA GILABERT
(* Benitachell, Alicante, dióc. Valencia, 1-I-1895 + Denia, Alicante, dióc. Valencia, 16-VIII-1936). Fue atrozmente mutilado y asesinado.
97.  Beato acrist acristá MUÑOZ. Estudiante de Teología.
(* Bellrreguard 10-IV-1914 + 4-X-1936). Fusilado.
98.  Beato Salvador MOLLAR VENTURA. Sacristán del colegio de Benissa.
(* Manises, 27-III-1896 + Paterna, 26-X-1936). Fusilado.

F
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Conventuales
(O.F.M.Conv.)
Estos seis mártires eran miembros de la comunidad religiosa de Granollers (Barcelona), la única que la Orden de los Frailes Menores Conventuales había erigido en España a principios del siglo xx, después de la supresión llevada a cabo por rey Felipe II en 1567.
La violenta persecución que se levantó en el verano de 1936 sorprendió a los religiosos en sus puestos de trabajo, dispuestos a confesar su fidelidad da Cristo. En la tarde del 20 de julio, los milicianos de la F.A.I. quemaron la iglesia y el convento, mientras que todos los religiosos se dispersaron y buscaron refugio junto a amigos y bienhechores. Sin embargo, muy pronto fueron descubiertos y, en fechas distintas, del 27 de julio a los primeros días de septiembre, fueron arrestados, encarcelados, juzgados sumariamente y, en fin, matados por el simple hecho de ser religiosos y sacerdotes franciscanos.
 99.  Beato Modesto VEGAS VEGAS. Sacerdote.
(* La Serna, Palencia, 24-II-1912 + Llisa, Barcelona, 27-VII-1936).
100.  Beato Dionisio VICENTE RAMOS. Sacerdote.
(* Caudé, Teruel, 9-X-1871 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936). Martirizado junto con el siguiente.
101.  Beato Francisco REMÓN JÁTIVA. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 22-IX-1890 + Granollers, Barcelona, 31-VII-1936).
102.  Beato Alfonso LÓPEZ LÓPEZ. Sacerdote.
(* Secorún, Huesca, dióc. Jaca, 16-XI-1878 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936). Martirizado junto con el siguiente.
103.  Beato Miguel REMÓN SALVADOR. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 17-IX-1907 + Samalús, Barcelona, 3-VIII-1936).
104.  Beato Pedro RIVERA RIVERA. Sacerdote.
(* Villacreces, Valladolid, 3-IX-1912 + Barcelona, 1-IX-1936).

G
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos
(O.F.M.Cap.)
En el grupo de los Mártires españoles de la Orden de los Frailes Capuchinos, hay 12 religiosos y 5 monjas clarisas Capuchinas. Los Capuchinos sacerdotes y hermanos, pertenecían todos a la Provincia religiosa de la "Preciosísima Sangre de Cristo", de Valencia, y fueron asesinados en distintos lugares, sin hacerles ningún proceso formal previo.
Todos ellos de edades diferentes que van de los 23 a los 80 años de edad, provenientes de las distintas fraternidades de la Provincia Religiosa, empeñados en los trabajos y apostolados diversos, predicadores, confesores, profesores formadores, otros empeñados en los trabajos de servicio a la fraternidad y a la gente que se acercaba al Convento.
Se trata de los primeros Capuchinos españoles martirizados durante la persecución del 1936-1939 que son Beatificados.
A este grupo se añade una monja agustina hermana de tres de las Capuchinas con su madre que quiso estar junto a sus hijas hasta la muerte.
105.  Beato Aurelio de Vinalesa (José AMPLE ALCAIDE). Sacerdote.
(* Vinalesa, 3-II-1896 + Barranco de Carraixet, 28-VIII-1936).
106.  Beato Ambrosio de Benaguacil (Luis VALLS MATAMALES). Sacerdote.
(* Benaguasil, 3-V-1870 + Carretera de Valencia a Barcelona, 24-VIII-1936).
107.  Beato Pedro de Benisa (Alejandro MAS GINESTAR). Sacerdote.
(* Benissa, Alicante, 11-XII-1876 + Denia, Alicante, 26-VIII-1936).
108.  Beato Joaquín de Albocácer (José FERRER ADELL). Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón, 23-IV-1879 + Carretera de Puebla Tornesa a Villafamés, Castellón, 30-VIII-1936).
109.  Beato Modesto de Albocácer (Modesto GARCÍA MARTÍ). Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón, 18-I-1880 + 13-VIII-1936).
110.  Beato Germán de Carcagente (José María GARRIGUES HERNÁNDEZ). Sacerdote.
(* Carcaixent, 12-II-1895 + Carcaixent, junto al puente del Júcar, 9-VIII-1936).
111.  Beato Buenaventura de Puzol (Julio ESTEVE FLORS). Sacerdote.
(* Puol, 9-X-1897 + 26-IX-1936).
112.  Beato Santiago de Rafelbuñol (Santiago MESTRE IBORRA). Sacerdote.
(* Rafelbuñol, Valencia, 10-IV-1909 + Gilet, Valencia, 29-IX-1936).
113.  Beato Enrique de Almazora (Enrique GARCÍA BELTRÁN). Diácono.
(* Almassora, Castellón, 16-III-1913 + Pedrera de Castellón, 16-VIII-1936).
114.  Beato Fidel de Puzol (Mariano CLIMENT SANCHIS). Hermano.
(* Puzol, Valencia, 8-I-1856 + Sagunto, Valencia, 27 septiembre 1936).
115.  Beato Bernardo de Lugar Nuevo de Fenollet (José BLEDA GRAU). Hermano.
(* Lloch Nou de Fenollet, 23-VII-1867 + Genovés, 4-IX-1936).
116.  Beato Pacífico de Valencia, lego (Pedro SALCEDO PUCHADES). Hermano.
(* Castellar, 24-II-1874 + Monteolivete, 12-X-1936).
Cinco religiosas capuchinas de la Orden de Santa Clara, del Monasterio de Agullent, incluidas en este proceso:
117.  Beata María Jesús (María Vicenta MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 12-I-1882 + Cruz Cubierta de Alzira, 25 octubre 1936).
118.  Beata María Verónica (María Joaquina MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 15-VI-1884 + Idem).
119.  Beata María Felicidad (María Felicidad MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 28-VIII-1890 + Idem).
Estas tres eran religiosas clarisas fueron martirizadas junto con su anciana madre (n.º 44) y otra hermana religiosa, agustina descalza (n.º 122).
120.  Beata Isabel CALDUCH ROVIRA
(* Alcalá de Chivert, Castell-n, dioc. Tortosa, 9-V-1882 + Cuevas de Vinromá, Castellón, dióc. Tortosa, 14 abril 1937). Del monasterio de Castellón de la Plana.
121.  Beata Milagros ORTELLS GIMENO
(* Valencia, 29-XI-1882 + Picadero de Paterna, 20 noviembre 1936). Del monasterio de capuchinas de la calle de Ruzafa, de Valencia.
122.  Beata Josefa de la Purificación MASIÁ FERRAGUD. Agustina descalza (en el siglo: María Josefa Ramona).
(* Algemesí, 1887). Martirizada el 25-X-1936 junto con su anciana madre (n.º 44) y sus tres hermanas religiosas clarisas (n.os 117, 118, 119).

H
Causa de la Compañía de Jesús (Jesuitas)
S.J.
Los Beatos Mártires jesuitas pertenecían al territorio de la Provincia de Aragón de entonces; eran siete padres y cuatro hermanos. A ellos se añade un laico, don Luis Campos Górriz, antiguo alumno, congregante mariano y dirigente nacional de Acción Católica.
La Compañía de Jesús estaba legalmente disuelta en España desde 1932; los novicios y los jóvenes en formación, con sus profesores y formadores, fueron acogidos por diversas provincias europeas y pudieron proseguir en ellas su formación. Un número apreciable de padres y hermanos continuaron viviendo dispersos y en clandestinidad, realizando sus ministerios con grandes dificultades y en medio de circunstancias adversas. A partir del comienzo de la guerra civil (julio 1936) la persecución religiosa se hizo más intensa y sus vidas estaban en peligro. De hecho, más de un centenar de jesuitas sufrieron el martirio durante esos años.
Entre los que la Iglesia ha beatificado hay superiores de comunidad y operarios, enfermeros y electricistas, rectores y profesores de Colegios, un eminente profesor de Derecho Canónico, directores de Congregaciones Marianas, así como los que se dedicaban con especial predilección a los más pobres y a trabajar con la juventud obrera. Sabían que sus vidas estaban en peligro, se les ofreció ocultarse o huir, pero prefirieron permanecer consolando a sus hermanos, celebrando la eucaristía y el ministerio de la reconciliación. Testimoniaron su fidelidad a Cristo y a su Iglesia no ocultaron su identidad de religiosos y jesuitas, ofreciendo sus personas a seguir al Rey eternal en la pena hasta el derramamiento de la sangre.
123.  Beato Tomás SITJAR FORTIÁ
(* Girona, 1866 + Cruz Blanca, carretera de Albaida a Gandía, 19-VIII-1936). Superior de la residencia de Gandía.
124.  Beato Constantino CARBONELL SEMPERE
(* Alcoi, 1866 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23 agosto 1936).
125.  Beato Pedro GELABERT AMER
(* Manacor, Mallorca, 1887 + Tavernes de Valldigna, Valencia, 23-VIII-1936).
126.  Beato Ramón GRIMALTOS MONLLOR
(* La Pobla Llarga, Valencia, 1861 + Tavernes de Valldigna, 23 agosto 1936).
127.  Beato Pablo BORI PUIG
(* Vilet de Maldá, Lérida, 1864 + Benimaclet, 29 septiembre 1936).
128.  Beato Vicente SALES GENOVÉS
(* El Grao de Valencia, 1881 + Picadero de Paterna, 29 septiembre 1936).
129.  Beato José TARRATS COMAPOSADA
(* Manresa, Barcelona, 1878 + Barcelona, 28 septiembre 1936).
130.  Beato Darío HERNÁNDEZ MORATÓ
(* Buñol, 1880 + Paterna, 29 septiembre 1936).
131.  Beato Narciso BASTÉ BASTÉ
(* San Andrés de Palomar, Barcelona, 1866 + Paterna, 15 octubre 1936).
132.  Beato Alfredo SIMÓN COLOMINA
(* Valencia, 1877 + Paterna, 29 noviembre 1936).
133.  Beato Juan Bautista FERRERES BOLUDA
(* L'Ollería, 1861 + Cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia, 29 diciembre 1936). Murió víctima de los sufrimientos padecidos antes de que llegaron los asesinos.
134.  Beato Luis CAMPOS GÓRRIZ. Congregante mariano y antiguo alumno de los Jesuitas; Seglar. Miembro de Acción Católica.
(* Valencia, 1905 + Picadero de Paterna, 28óXI-1936).

I
Causa de la sociedad salesiana de San Juan Bosco (Salesianos) S.D.B.
Los Salesianos martirizados en la España republicana fueron 88, a los que se añaden dos Salesianas y cinco seglares Cooperadores. La mayoría fueron asesinados por separado o en grupos reducidos en lugares, situaciones y fechas muy diferentes, a causa de la dispersión obligada en diversos domicilios muchas veces en grandes ciudades. La mayor parte murieron sin ningún juicio previo, pocos con uno de mero trámite, y sólo nos consta un juicio formal en el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Barcelona: en él fue condenado a muerte el sacerdote don Julio Junyer Padern el 23 de marzo de 1938, sentencia que se cumplió al ser fusilado en los fosos de Montju•c el 26 de abril de 1938.
La Provincia Salesiana Tarraconense en aquellas fechas abarcaba: Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón. Un buen grupo de sus religiosos se hallaba en el Colegio Salesiano de Valencia, de la calle Sagunto, practicando los Ejercicios Espirituales que todos los hijos de Beato Bosco solían tener cada verano. Recordaremos primero a los salesianos sacrificados junto con el Provincial, después a los que sufrieron la muerte en Barcelona y, por último, a otros dispersos en otras diócesis.
El primer grupo de Salesianos martirizados está formado por nueve religiosos de la Comunidad de Valencia, detenidos todos ellos en julio de 1936 y ejecutados en lugares distintos:
135.  Beato José CALASANZ MARQUÉS. Sacerdote, Inspector de la Provincia Tarraconense.
(* Azanuy, Huesca, 23-XI-1872 + Valencia, 29-VII-1936).
136.  Beato Jaime BUCH CANALS. Coadjutor.
(* Bescan-, Girona, 9-IV-1889 + El Saler de Valencia, 31-7-1936).
137. Beato Juan MARTORELL SORIA. Sacerdote.
(* Picassent, Valencia, 1-IX-1889 + Valencia, 10-VIII-1936).
138. Beato Pedro MESONERO RODRÍGUEZ. Clérigo.
(* Aldearrodrigo, Salamanca, 29-V-1912 + El Vedat de Torrent, VIII-1936).
Los cinco que siguen, después de haber pasado algunos meses en San Miguel de los Reyes y en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron fusilados en el Picadero de Paterna el 9 de diciembre de 1936.
139.  Beato Antonio MARTÍN HERNÁNDEZ. Sacerdote.
(* Calzada de Béjar, Salamanca, 18-VII-1885).
140.  Beato Recaredo de los RÍOS FABREGAT. Sacerdote.
(* Bétera, Valencia, 11-I-1893).
141.  Beato Julián RODRÍGUEZ SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Salamanca, 16-X-1896).
142.  Beato José GIMÉNEZ LÓPEZ. Sacerdote.
(* Cartagena, Murcia, 31-X-1904).
143.  Beato Agustín GARCÍA CALVO. Coadjutor.
(* Santander, 3-II-1905).
A la Comunidad Salesiana de Alcoy (Alicante) pertenecían:
144.  Beato José OTÍN AQUILÉ. Sacerdote.
(* Huesca, 22-XII-1901 + Valencia, 1-XI-1936).
145.  Beato Álvaro SANJUAN CANET. Sacerdote.
(* Alcocer de Planes, Alicante, 26-IV-1908 + Villena, 2-X-1936).
Pertenecían a la Comunidad Salesiana de Sarriá (Barcelona):
146.  Beato Francisco BANDRÉS SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Hecho, Huesca, 24-IV-1896 + Barcelona, 3-VIII-1936).
147.  Beato Sergio CID PAZO. Sacerdote.
(* Allariz, Orense, 24-IV-1884 + Barcelona, 30-VII-1936)
148.  Beato José BATALLA PARRAMÓN. Sacerdote.
(* Abella, Lleida, 15-I-1873 + Barcelona, 4-VIII-1936).
149.  Beato José RABASA BENTANACHS. Sacerdote.
(* Noves, Lleida, 26-VII-1862 + Barcelona, 8-VIII-1936).
150.  Beato Gil RODICIO RODICIO. Coadjutor.
(* Requejo, Orense, 20-III-1888 + Barcelona, 4-VIII-1936).
151.  Beato Ángel RAMOS VELÁZQUEZ. Coadjutor.
(* Sevilla, 9-III-1876 + Barcelona, 11-X-1936).
152.  Beato Felipe HERNÁNDEZ MARTÍNEZ. Estudiante de Teología.
(* Villena, Alicante, 14-III-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
153.  Beato Zacarías ABADÍA BUESA. Clérigo.
(* Almuniente, Huesca, 5-XI-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
154.  Beato Jaime ORTIZ ALZUETA. Coadjutor.
(* Pamplona, 24-V-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
155.  Beato Javier BORDÁS PIFERER. Clérigo.
(* San Pol de Mar, Barcelona, 24-IX-14 + Barcelona, 23-VII-1936).
156.  Beato Félix VIVET TRABAL. Clérigo.
(* San Félix de Torelló, Barcelona, 23-I-1911 + Esplugues, Barcelona, 25-VIII-1936).
157.  Beato Miguel DOMINGO CENDRA. Clérigo.
(* Caseres, Tarragona, 1-III-1909 + Prat de Compte, Tarragona, 12-VIII-1936).
De la Comunidad Salesiana del Tibidabo, de Barcelona:
158.  Beato José CASELLES MONCHO. Sacerdote.
( * Benidoleig, Alicante, 8-VIII-1907 + Barcelona, 27-VII-1936).
159.  Beato José CASTELL CAMPS. Sacerdote.
(* Ciudadela, Menorca, 12-X-1902 + Barcelona, 28-VII-1936).
De la Comunidad Salesiana de la calle de Rocafort, de Barcelona:
160.  Beato José BONET NADAL. Sacerdote.
(* Santa Maria de Montmagastrell, Lleida, 26-XII-1875 + Barcelona, 13-VIII-1936).
161.  Beato Jaime BONET NADAL. Sacerdote.
(* Santa María de Montmagastrell, Lleida, 4-VIII-1884 + Tárrega, 18-VIII-1936). Primo hermano del anterior.
De la Comunidad Salesiana de Sant Vicent dels Horts, Barcelona:
162.  Beato Alejandro PLANAS SAURÍ. Fiel laico, célibe.
(* Mataró, Barcelona, 31óX-1878 + Garraf, 19-XI-1936). Conocido como "El Sord", por lo que no pudo profesar como salesiano, aunque lo fue por voluntad y dedicación.
163.  Beato Eliseo GARCÍA GARCÍA. Coadjutor.
(* El Manzano, Salamanca, 25-VIII-1907 + Garraf, 19-XI-1936).
De la comunidad Salesiana de Gerona:
164.  Beato Julio JUNYER PADERN. Sacerdote.
(* Vilamaniscle, Girona, 30-X-1892 + Montju•c, 26-IV-1938). Condenado a muerte el 23-X-1938, por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, que manifestó su odio al sacerdote.
El 6 de septiembre de 1936 alcanzaron el martirio en Barcelona dos Hijas de María Auxiliadora, del colegio de Santa Dorotea de Sarriá (Barcelona), unidas en su renuncia a la libertad para atender a una hermana enferma, unidas también al dar la vida por Cristo:
165.  Beata María del Carmen MORENO BENÍTEZ, F.M.A.
(* Villamartín, Cádiz, 1885).
166.  Beata María Amparo CARBONELL MUÑOZ, F.M.A.
(* Alboraia, Valencia, 9-XI-1893).
J
Causa de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores, T.C.
Guiado por el Espíritu, el padre Luis Amigó dijo a sus seguidores: Vosotros, zagales del Buen Pastor, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada hasta volverla al aprisco. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que os habréis de poner para salvar la oveja perdida; ni os arredren zarzales ni emboscadas. Les confió así la misión de ser, entre los niños y jóvenes desadaptados, testigos del amor misericordioso de Cristo, que vino a buscar al que estaba perdido.
Y consciente, además, de que el amor se testifica desviviéndose por la persona amada, les invitó a que estuviesen dispuestos a sacrificar incluso la propia vida en el servicio a sus muchachos. Y al trasluz de la estampa del Buen Pastor, la vida de los diecinueve amigonianos beatificados cobra un significado especial. Algo similar sucede también con la vida de la laica amigoniana Carmen García Moyón. A mediados de aquel año 1936, obligados por las autoridades, tuvieron que abandonar muchas de las instituciones que regían a favor del menor desadaptado. La mayoría de sus comunidades fueron dispersadas y sus bienes patrimoniales enajenados, cuando no destruidos.
Todos ellos -con su actitud de dar libremente la vida y de afrontar los últimos momentos de pie, como María, y con las sandalias puestas, al estilo de quien no huye ante las dificultades- constituyen un acabado ejemplo de lo que significa ser zagal del Buen Pastor.
167.  Beato Vicente CABANES BADENAS. Sacerdote.
(* Torrent, 25-II-1908 + Bilbao, 30-VIII-1936). Después de haberle disparado cuatro tiros lo dejaron por muerto, pero pudo ser llevado al hospital de Basurto, donde murió.
168.  Beato José ARAHAL DE MIGUEL (Bienvenido María de Dos Hermanas). Sacerdote.
(* Dos Hermanas, Sevilla, 17-VI-1887 + Madrid, 1-VIII-1936). Fue martirizado bárbaramente, abierto en canal y expuesto su cuerpo al público.
169.  Beato Salvador CHULIÁ FERRANDIS (Ambrosio María de Torrent). Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 16-IV-1866 + Torrente, 18-IX-1936).
170.  Beato Manuel FERRER JORDÁ (Benito María de Burriana). Hermano.
(* Burriana, Castellón, 26-XI-1872 + Masía de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
171.  Beato Crescencio GARCÍA POBO. Sacerdote.
(* Celadas, Teruel, 15-III-1903 + Madrid, 3-X-1936).
172.  Beato Vicente GAY ZARZO (Modesto María de Torrent). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 19-I-1885 + Torrente, 18-IX-1936).
173.  Beato Urbano GIL SÁEZ
(* Albarracín, Teruel, 9-III-1901 + La Pobla de Vallbona, Valencia, 23-VIII-1936).
174.  Beato Agustín HURTADO SOLER (Domingo María de Alboraya). Sacerdote.
(* Alboraya, 28-VIII-1872 + Madrid, 15-VIII-1936). Murió acribillado a balazos.
175.  Beato Vicente JAUNZARÁS GÓMEZ (Valentín María de Torrente). Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 6-III-1896 + Torrente, 18-IX-1936).
176.  Beato Salvador FERRER CARDET (Laureano María de Burriana). Sacerdote.
(* Burriana, Castellón, 13-VIII-1884 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
177.  Beato Manuel LEGUA MARTÍ (León María de Alacuás). Sacerdote.
(* Alacuás, Valencia, 23óIV-1875 + Madrid, 26-IX-1936).
178.  Beato Justo LERMA MARTÍNEZ (Francisco María de Torrente). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 12-XI-1886 + Torrente, 18-IX-1936).
179.  Beato José María LLÓPEZ MORA (Recaredo María de Torrente). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 22-VIII-1874 + Torrente, 18-IX-1936).
180.  Beato José LLOSÁ BALAGUER. Hermano.
(* Benaguacil, Valencia, 23-VIII-1901 + Benisanó, Valencia, 7-X-1936).
181.  Beato Pablo MARTÍNEZ ROBLES (Bernardino María de Andújar). Hermano.
(* Andújar, Jaén, 28-I-1879 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
182.  Beato Florentin PÉREZ ROMERO. Sacerdote.
(*Valdecuenca, Teruel, 14-III-1904 + La Pobla de Vallbona, Valencia, 23-VIII-1936).
183.  José María SANCHÍS MOMPÓ (Gabriel María de Benifayó). Hermano.
(* Benifayó, Valencia, 8-X-1858 + Benifayó, 16-VIII-1936).
184.  Beato Francisco TOMÁS SERER. Sacerdote.
(* Alcalalí, Alicante, 11-X-1911 + Madrid, 2-VIII-1936).
185.  Beato Timoteo VALERO PÉREZ. Sacerdote.
(* Terriente, Teruel, 24-I-1901 + Vicálvaro, Madrid, 17-IX-1936).
Unida a este grupo, en el proceso canónico, está también:
186.  Beata Carmen GARCÍA MOYÓN. Cooperadora laica.
(* Nantes, Francia, 13-IX-1888 + Torrent, 30-I-1937). Después de haber intentado abusar de ella, los milicianos la rociaron de gasolina y la quemaron viva.
K
Causa del sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús
(Dehoniano o Reparadores) S.C.I.
Él mismo escribía al P. General con motivo de su onomástica felicitándole y comunicándole su detención:
"Aquí me tiene Reverendísimo Padre, detenido desde hace casi tres semanas, con ocasión de proferir algunas frases de protesta por el horrendo espectáculo de las iglesias quemadas y profanadas. ¡Dios sea bendito! ¡Hágase en todo su divina voluntad! Me alegro mucho de poder sufrir algo por Él, que tanto sufrió por mí, pobre pecador." Parroquia de Santos Juanes de Valencia.
187.  Beato Mariano JUAN MARÍA DE LA CRUZ GARCÍA MÉNDEZ
(* San Esteban de los Patos, Ávila, 1891 + Silla, 23-VIII-1936). Párroco en la diócesis de Ávila desde 1916. En 1926 ingresó en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.
L
Causa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas F.S.C. 
y religiosas Carmelitas de la Caridad
188.  Beato Leonardo OLIVERA BUERA. Capellán del Colegio de la Bonanova (Barcelona).
(* Campo, Huesca, dióc. Barbastro, 6-III-1889 + El Saler de Valencia, 23-X-1936).
Los tres religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad del Colegio de la Bonanova y fueron asesinados juntos el 23 de octubre de 1936 en Benimaclet (Valencia).
189.  Beato Ambrosio León (Pedro LORENTE VICENTE)
(* Ojos Negros, Teruel, dióc. Zaragoza, 7-I-1914).
190.  Beato Florencio Martín (Álvaro IBÁÑEZ L"ZARO)
(* Godos, Teruel, dióc. Zaragoza, 12-VI-1913).
191.  Beato Honorato Andrés (Andrés ZORRAQUINO HERRERO)
(* Bañón, Teruel, dióc. Zaragoza, 18-IV-1908).
Los dos religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad de Cambrils (Barcelona) y fueron asesinados juntos en Paterna (Valencia) el 22 de noviembre de 1936.
192.  Beato Elías Julián (Julián TORRIJO SÁNCHEZ)
(* Torrijo del Campo, 17-XI-1900).
193.  Beato Bertrán Francisco (Francisco LAHOZ MOLINER)
(* Campos, Teruel, 14-XII-1912).
LL
Religiosas Carmelitas de la Caridad
(Vedrunas)
No todas murieron el mismo día y en el mismo lugar. Las 9 Hermanas de la comunidad de Cullera, el 9 de agosto en el Saler. Las 12 de la Casa de la Misericordia de Valencia, en el Picadero de Paterna el 24 de noviembre. Pura Ximénez y Maria Josefa del Río en el cruce Benicalap-Campanar, el 24 septiembre. Ascensión Lloret, con su hermano escolapio, en Tabernes de Valldigna el 7 de septiembre. La calidad evangélica de sus vidas, se puede sintetizar de este modo:
1.  Fuerte sentido comunitario. Desde la respuesta de H. Pedret: "Yo iré donde vaya la madre" -por anciana la querían dejar- hasta aquella, "donde están la hijas debe estar la madre", expresión de la superiora de la Misericordia, en el pretendido intento de liberación por su condición de catalana.
2.  Liderazgo que ejercen las dos superioras de Cullera y Misericordia: Elvira Torrentallé y Niceta Plaja, de Cullera y Misericordia respectivamente: "Hermanas nos llevan al Saler, cinco minutos y en el cielo." Así alentaba a sus hermanas camino del holocausto. Las dos pidieron ser las últimas en la ejecución. Se sabe que Niceta Plaja, arrodillada exclamó: "Me las entregaste Señor y te las entrego, cuando quieras."
3.  Fidelidad y amor a la misión: "sólo nos iremos cuando nos echen". Muy lejos de lamentarse en medio de los sufrimientos, sentían mucha pena por los asilados que habían quedado huérfanos. Ellas, mujeres consagradas, llamadas a ser signo de la ternura de Dios (VC 57), no podían olvidarlos. Supieron ser cada una "el testigo fiel y ver" (Ap. 3, 14), con una confianza ilimitada en el Señor hasta más allá de la muerte.
4.  Fuerte dimensión eucarística: aparece en el decurso de su vida -horas de sagrario en tiempos libres y en fiestas- que culminará con el "Cantemos al Amor de los amores", que los árboles del Saler pudieron escuchar como último testimonio de a amor y devoción entonado por la superiora y seguido por todas en el momento del martirio.
5.  Clara conciencia del martirio y la extraordinaria valentía, ánimo, serenidad y fortaleza con que lo afrontaron.
194.  Beata Elvira TORRENTALLÉ PARAIRE, de la Natividad de Nuestra Señora.
(* Balsareny, Barcelona, 29óVI-1883). Superiora de la comunidad.
195.  Beata Rosa PEDRET RULL, de Nuestra Señora del Buen Consejo.
(* Falset, Tarragona, 5óXII-1864) (murió en el camino cuando la llevaban el 18 de agosto, para asesinarla).
196.  Beata María CALAF MIRACLE, de Nuestra Señora de la Providencia.
(* Bonastre, Tarragona, 18óXII-1871).
197.  Beata Francisca de AMEZUA IBAIBARRIAGA, de Santa Teresa.
(* Abadiano, Vizcaya, 9óIII-1881).
198.  Beata María Desamparados GINER SIXTA, del Santísimo Sacramento.
(* El Grao de Valencia, 13óXII-1877).
199.  Beata Teresa CHAMBÓ Y PALET, de la Divina Pastora.
(* Valencia, 5óII-1889).
200.  Beata Águeda HERNÁNDEZ AMORÓS, de Nuestra Señora de las Virtudes.
(* Villena, Alicante, 5óI-1893).
201.  Beata María Dolores VIDAL CERVERA, de San Francisco Javier.
(* Valencia, 31óI-1895).
202.  Beata María de las Nieves CRESPO LÓPEZ, de la Santísima Trinidad.
(* Ciudad Rodrigo, Salamanca, 17óIX-1897).
Las tres religiosas siguientes fueron martirizadas en otros lugares y fechas:
203.  Beata Ascensión LLORET MARCO, de San José de Calasanz.
(* Gandía, 21óV-1879 + 7óIX-1936). Martirizada junto con su hermano Salvador, escolapio.
204.  Beata María de la Purificación XIMÉNEZ XIMÉNEZ, de San José.
(* Valencia, 3óII-1871 + Benicalap, Valencia, 23óIX-1936). Asesinada junto con su hermana Sofía Ximénez (n.º 56) y el hijo de ésta, Luis y con la siguiente.
205.  Beata María Josefa del RÍO MESSA, de Santa Sofía.
(* Tarragona, 29óIV-1895 + Benicalap, Valencia, 23óIX-1936).
206.  Beata Niceta PLAJA XIFRA, de San Prudencia.
(* Torrent, Girona, 31óX-1863). Superiora de la Casa de la Misericordia.
207.  Beata Paula ISLA ALONSO, de Santa Anastasia.
(* Villalaín, Burgos, 28óVI-1863).
208.  Beata Antonia GOSENS SÁEZ DE IBARRA, de San Timoteo.
(* Vitoria, 17óI-1870).
209.  Beata Daría CAMPILLO PANIAGUA, de Santa Sofía.
(* Vitoria, 11óIX-1873).
210.  Beata Erundina COLINO VEGA, de Nuestra Señora del Carmen.
(* Lagarejos, Zamora, dióc. Astorga, 23óVII-1883).
211.  Beata Consuelo CUÑADO GONZÁLEZ, del Santísimo Sacramento.
(* Bilbao, 1óI-1884).
212.  Beata Concepción ODRIOZOLA ZABALIA, de San Ignacio.
(* Azpeitia, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 8óII-1882).
213.  Beata Feliciana de URIBE ORBE, de Nuestra Señora del Carmen.
(* Múgica, Vizcaya, dióc. Vitoria, 8óIII-1893).
214.  Beata Concepción RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, de Santa Magdalena.
(* Santa Eulalia de las Manzanas, León, dióc. Oviedo, 13óXII-1895).
215.  Beata Justa MAIZA GOICOECHEA, de la Inmaculada.
(* Ataún, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 13óVII-1897).
216.  Beata Clara EZCURRA URRUTIA, de Nuestra Señora de la Esperanza.
(* Mondragón, Guipúzcoa, dióc. Vitoria, 17óVIII-1896).
217.  Beata Cándida CAYUSO GONZÁLEZ, de Nuestra Señora de los Ángeles.
(* Ubiarco, Santander, 5óI-1901).

M
Causa de una religiosa servita
La vida de la Beata María Guadalupe, por su opción radical por la oración, por su identificación plena con Cristo crucificado, por su devoción a la Virgen y la firmeza en su consagración religiosa, nos descubre a los hombres y mujeres de hoy, que una monja de clausura, aparentemente inútil e improductiva a los ojos de nuestra sociedad, es testimonio vivo de la fe de la Iglesia rebasando el odio del mundo con su mirada contemplativa y aplomo cristiano.
218.  Beata María Guadalupe RICART OLMOS, del Monasterio Servita del Pie de la Cruz, de Valencia.
(* Albal, Valencia, 23óII-1881 + Silla, Valencia, 2óX-1936). Su cuerpo fue hallado monstruosamente destrozado y desfigurado.

N
Causa de las religiosas de las Escuelas Pías
(Escolapias)
Este grupo está formado por seis religiosas de la Congregación de Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías y dos ex alumnas uruguayas laicas. Así pues, ocho mujeres dedicadas exclusivamente a la educación humanoócristiana de las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer, según su carisma, fueron asesinadas.
219.  Beata María del Niño Jesús (María BALDILLOU BULLIT)
(* Balaguer, Lleida, dioc. La Seu de Urgel, 6óII-1905).
220.  Beata Presentación de la Sda. Familia (Pascuala Presentación GALLÉN MARTÍ)
(* Morella, Castellón de la Plana, dióc. Tortosa, 20óXI-1872).
221.  Beata María Luisa de Jesús (María Luisa GIRÓN ROMERA)
(* Bujalance, Córdoba, 25óVIII-1887).
222.  Beata Carmen de San Felipe Neri (Nazaria GÓMEZ LEZAUN)
(* Eulz, Navarra, dióc. Pamplona, 27óVII-1869)
223.  Beata Clemencia de San Juan Bautista (Antonia RIBA MESTRES)
(* Igualada, Barcelona, 8óX-1893).
Estas cinco escolapias del colegio de Valencia, dada la situación persecutoria y antirreligiosa reinante en la ciudad, buscaron refugio en un piso de la calle de San Vicente, que el 8 de agosto de 1936 fue asaltado por unos milicianos. En un coche fueron llevadas a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día sellaron con su sangre su vida de fidelidad al Señor.
224.  Beata María de Jesús (María de la Encarnación DE LA IGLESIA Y DE VARO)
(* Cabra, Córdoba, 25óIII-1891).
225.  Beata Dolores AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo, Uruguay, 29óIII-1897). De madre uruguaya y padre español.
226.  Beata Consuelo AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo, Uruguay, 29óIII-1898).
Madre María de la Iglesia y la laica uruguaya Dolores Aguiar-Mella desde finales de julio de 1936 vivían refugiadas en un piso en Madrid. Su hermana Consuelo Aguiar Mella con su familia. Después de haber pasado estos dos meses entre atropellos, registros domiciliarios, todo tipo de amenazas y persecución, el 19 de septiembre de 1936, Dolores fue detenida en la calle. Dos horas más tarde unos milicianos fueron a buscar a M. María de la Iglesia al piso donde estaba refugiada. Consuelo Aguiar-Mella, que en ese momento se encontraba allí para conocer lo que había pasado con su hermana, la acompañó. Por su fe y convicciones cristianas, claramente manifestadas, las tres fueron detenidas y martirizadas a las afueras de Madrid. Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz son las primeras beatas de Uruguay.
Ñ
Causa de una religiosa de la Congregación de María Inmaculada 
Misioneras Claretianas
Por muchos años formadora de las jóvenes generaciones de claretianas y educadora en Carcagente. Fundadora de la comunidad y colegio en Puerto de Sagunto. Sufrió la primera persecución el año 1931. Entregó la vida por Cristo y su Evangelio ofreciéndola por la paz y reconciliación.
227.  Beata María Patrocinio GINER GOMIS, de San Juan.
(Tortosa, 4óI-1874 ó Portichol de Tavernes de Valldigna, 13óXI-1936).
O
Causa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
Las dos religiosas pertenecían a la Comunidad de Requena (Valencia) y fueron fusiladas juntas en el término municipal de Buñol (Valencia) el 8 de septiembre de 1936.
228.  Beata Josefa de San Juan RUANO GARCÍA
(* Berja, Almería, 11óVII-1854).
229.  Beata Dolores de Santa Eulalia PUIG BONANY
(* Berga, Barcelona, 12óVII-1857).

P
Causa de las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia
La forma de vida que las identificó como Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia fue el seguimiento de Jesucristo como menores y penitentes, según los ideales de San Francisco de Asís y el espíritu legado por el Venerable Padre Luis Amigó, reflejado en las actitudes del Buen Pastor en la misión específica de las obras de misericordia, corporales y espirituales, con los más pobres y necesitados.
La Sagrada Familia de Nazaret, desde su vida oculta y sencilla, fue para ellas modelo de oración, humildad, vida de familia y disponibilidad a la Voluntad de Dios hasta el martirio.
En el ejercicio humilde de su apostolado fueron sorprendidas por la persecución religiosa, encontrando la muerte en Puzol y Gilet, localidades de la Provincia de Valencia (España), donde demostraron la solidez de su fe y la fidelidad a sus compromisos.
230.  Beata M. Victoria QUINTANA ARGOS (Rosario de Soano). Religiosa TC.
(* Soano, Santander, 13-V-1866 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).
231.  Beata María FENOLLOSA ALCAYNA (Francisca Javier de Rafelbuñol)
(* Rafelbuñol, Valencia, 24-V-1901 + Gilet, Valencia, 27-IX-1936).
232.  Beata Manuela FERNÁNDEZ IBERO (Serafina de Ochovi)
(Ochovi, Navarra, dióc. Pamplona, 6-VIII-1872 + Puzol, Valencia, 22-VIII-1936).

Q
Causa de la Diócesis de Lleida
Francisco realizó sus estudios en las Escuelas de los Hermanos Maristas y concluyó los estudios superiores técnicos en el Colegio "Instituto Químico" de los Padres Jesuitas y especialmente en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña (Franja de la Acción Católica Española). Concluido sus estudios de Licenciado en Ciencias Químicas trabajó en el Complejo Químico "Cros de Lleida" e inició su noviazgo con la señorita María Pelegrí.
Llamado a cumplir el Servicio Militar como soldado de cuota se encontró en medio de los acontecimientos del 19 de julio de 1936. Encarcelado en la noche del 21 al 22 de julio por los milicianos republicanos, el 29 de septiembre fue sometido a juicio ante el Tribunal popular, donde afirmó con voz clara y precisa su condición de católico: "Lo referente al delito de ser católico -dijo-, soy muy a gusto delincuente, y si mil vidas tuviera que dárselas a Dios, mil vidas le daría; así que no hace falta que me defienda."
233.  Beato Francisco Castelló Aleu
(Nacido el 19-IV-1914 en Alicante + el 29-IX-1936 en Lérida, 22 años). Miembro de la Juventud de Acción Católica de Cataluña.
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II.  CRÓNICA
2.1.  Crónica de la acogida de los peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
El sábado, 10 de marzo de 2001, en una tarde primaveral romana, a partir de las 15'30 horas la plaza de San Pedro y la hermosa columnata de Bernini se vieron inundadas por los miles de peregrinos, casi todos españoles, que acudían al Aula de Pablo VI, para asistir al espectáculo preparado en honor de los 233 Mártires, que al día siguiente iban a ser Beatificados. Entre los peregrinos se encontraban una nutrida representación del episcopado español.
La velada empezó a las 17'00 horas con la presentación del acto, con breves y emotivas palabras, por Rafael Álvarez Taberner, locutor de radio vaticano. Al finalizar invitó a ponerse en pie a todos los familiares de los mártires. Se aproximaban a las 1.500 personas. Imponía su presenciaé Siguió la actuación de un grupo folklórico d'Albades Cultural de Torrent (Valencia), que obsequiaron y deleitaron con sus bellos cantos y danzas típicas valencianas. Seguidamente intervino Paloma Gómez Borrero, famosa y conocida periodista española, corresponsal de la COPE en Roma. Le encargaron que sus palabras fueran un "canto a la mujer", en homenaje a las 67 mujeres mártires del grupo. Lo hizo con espontaneidad y sencillez. Recordó anécdotas del Papa, en sus viajes, partiendo de ellas, hizo alusión a frases y hechos de los mártires.
En el centro de la velada se presentó el Oratorio titulado: Sicut lilium Inter. spinas, del profesor Aurelio Porfirio, y fue interpretado por el coro Juilate Deo, Scuola T. Ludovisco de Vitoria, dirigido por Hna. M.» Dolores Aguirre, CCV. Era una mezcla de música de órgano, solistas, coro y danzas sobre un doble hilo conductor: unas serie de siete cartas leídas de una madre a su hijo religioso, que estaba en peligro de muerte por su fe, en la última ya conoce la noticia del martirio, y el texto cantado de Stabat Mater. El sufrimiento de la madre del misionero se hacía eco con el sufrimiento de María. Terminó el Oratorio con una apoteosis final: tres jóvenes bailaron una danza-ballet, y jóvenes y niños con túnicas blancas subieron al escenario y formaron un gran círculo en tormo a la figura central. El coro, mientras tanto, acompañaba la escena con el canto de AMÉN, ALELUYA.
El emotivo y profundo encuentro de espectáculo y oración, se cerró con unas sentidas palabras de don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, matizando el sentido de esta conmemoración. Agradeció el trabajo de los postuladores para llegar a aquel final feliz de las Causas, y los invitó a subir junto a él. El público los acogió con un fuerte aplauso. Fue una velada dignísima. Las horas vividas en el Aula de Pablo VI, abarrotada de público, pasaron rápidas y dejaron huella.
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2.2.  Crónica de la solemne ceremonia de la Beatificación
El domingo 11 marzo, el Santo Padre beatificó en la plaza de San Pedro al sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros martirizados en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, personas casadas y solteras de todas las profesiones; miembros de la Acción Católica y de otros movimientos eclesiales. Son los primeros beatos del tercer milenio. Con ellos, Juan Pablo II ha beatificado desde el comienzo de su pontificado a 1.227 siervos de Dios.
La ceremonia comenzó a las 10'00 de la mañana. El Papa hizo su ingreso en la plaza por la puerta central del templo. Después del rito de introducción, se acercaron al altar para pedir la beatificación Mons. Agustín García-Gasco Vicente, Arzobispo de Valencia; el Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo de Barcelona, y Mons. Francisco Ciuraneta Aymi, Obispo de Lérida, con los catorce postuladores de las dieciséis causas. En nombre de todos Mons. Agustín García-Gasco pidió al Romano Pontífice que beatificara a los doscientos treinta y tres siervos de Dios; a continuación leyó unas breves notas biográficas de casi todos. Menos las de los seis franciscanos conventuales, que leyó el Cardenal Carles Gordó, y la de Francisco de Paula Castelló i Aleu, que leyó el Obispo de Lérida. Su Santidad pronunció la fórmula de beatificación y estableció que de ahora en adelante se pueda celebrar su fiesta, en los lugares y del modo que marca el derecho, el día 22 de septiembre. La asamblea asintió con el canto del "Amén". Y un gran aplauso, mientras se iba descubriendo el tapiz, que colgaba del balcón central de la fachada de la basílica; al mismo tiempo, el coro de la capilla Sixtina cantaba el "Tibi Laus, Domine", alternándose con la asamblea, que cantaba el "Christus vincit". Mons. Agustín García-Gasco Vicente, en nombre de los Ordinarios de las diócesis en que murieron los nuevos beatos, dio las gracias al Santo Padre.
La primera lectura, el salmo responsorial y la proclamación del evangelio se hizo en castellano; la segunda lectura en italiano; y el versículo antes del evangelio se cantó en latín. Su Santidad pronunció la homilía que publicamos en estas páginas. La plegaria universal de los fieles se hizo en italiano, español, francés e inglés. Entre los más de cincuenta concelebrantes se hallaban, además de los prelados que postularon la beatificación, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia episcopal española, los arzobispos: Elias Yanes, de Zaragoza; Lluís Martínez, de Tarragona; Agostino Superbo, Potenza-Muro Lucano-Marsico Nuovo (Italia), asistente eclesiástico de la Acción Católica italiana; Nicolás Cotungo Fanizzi, s.d.b., de Montevideo; José Sebastián Laboa, nuncio apostólico; Edward Nowak, secretario de la Congregación para las Causas de los Santos; los obispos: José Maria Guie, de Vich; Victorio Oliver, de OrihuelaóAlicante; Antonio Vilaplana, de León; José Vilaplana, de Santander; Francisco Javier Martínez, de Córdoba; Antonio "ngel Algara, de Teruel; Braulio Rodríguez, de Salamanca; Joaquín Carmelo Borobia, de Tarazona; Miguel José Asurmendi, s.d.b., de Vitoria; Julián López, de Ciudad Rodrigo; Juan Antonio Reig, de Segorbe-Castellón de la Plana; Jesús Esteban Catalá, de Alcalá de Henares, y Adolfo González, de "vila. Entre los concelebrantes se hallaba también el maestro general de los dominicos, el maestro general de los franciscanos conventuales y el de los franciscanos capuchinos, el prior general de los Siervos de María, el propósito general de los escolapios, el superior general de los claretianos, el de los dehonianos y el de los terciarios capuchinos de la Virgen de los Dolores, así como un consejero general de los jesuitas y de los salesianos, y el provincial de los franciscanos en España. Asistieron a la ceremonia quince cardenales, entre ellos José Saraiva Martins, c.m.f., prefecto de la Congregación para las causas de los santos; y los españoles: Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la santa Iglesia romana y prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; Antonio María Javierre Ortas, s.d.b., y Francisco "lvarez Martínez, arzobispo de Toledo. Participaron, asimismo, varios arzobispos y obispos, entre ellos el arzobispo Justo Mullor García, presidente de la Academia eclesiástica pontificia, y los obispos Cipriano Calderón, vicepresidente de la Comisión pontificia para América Latina; José Luis Redrado, o.h., secretario del Consejo pontificio para la pastoral de la salud, y Javier Echevarría, prelado del Opus Dei. Con el Cuerpo diplomático estaban el Arzobispo Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y Mons. Pedro López Quintana, asesor para los asuntos generales de la Secretaría de Estado. En puestos reservados se hallaban la delegación oficial de España, presidida por el ministro Jaume Matas Palou, y la del Uruguay, presidida por el ministro secretario de la Presidencia de la República, Raúl Lago. Asistió al sagrado rito una gran asamblea de fieles de todas las diócesis de origen de los mártires y numerosos miembros de las órdenes y congregaciones religiosas a las que pertenecieron.
Varios familiares de los mártires intervinieron en diferentes momentos del sagrado rito, como en la presentación de las reliquias y de las ofrendas o en la proclamación de las intenciones de la oración de los fieles.
Al final de la misa, el Santo Padre saludó a los peregrinos y rezó con los fieles el Ángelus. Luego, saludó a las delegaciones oficiales y subió al coche descubierto, en el que recorrió la plaza bendiciendo y saludando a todos los asistentes.
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2.3.  Crónica de la Misa de Acción de Gracias en San Pedro del Vaticano
Para las 9'30 horas del día 12 de marzo estaba programada, en la Basílica de San Pedro, la Eucaristía de acción de gracias por la glorificación de los nuevos 233 Beatos Mártires. La Basílica Vaticana estaba repleta de peregrinos.
Como preparación para la ceremonia se rezaron las letanías de los Beatos Mártires. Emocionaba oír sus nombres, uno a uno, en la gran basílica, desde el altar de la Confesión, donde Pedro, sucesor y Vicario de Jesús, fue el primer Papa mártir. Los mártires eran personas cercanas. A nuestro lado se encontraban muchos de sus familiares: hijos, esposas, hermanos, sobrinos, hermanos de Congregación, y eso creaba un ambiente especial en la Asamblea.
El Arzobispo de Valencia presidió la magna concelebración en el altar papal, bajo el imponente baldaquino de Bernini. Eran más de 500 sacerdotes concelebrantes, entre los cuales habían unos 20 Arzobispos y Obispos. El Cardenal Arzobispo de Barcelona, Ricardo María Carles, revestido de capisayos, ocupó un sitio distinguido. El Seminario Metropolitano de Moncada tuvo a su cargo los distintos ministerios litúrgicos y los cantos. Los fieles tuvieron a su disposición un folleto para seguir la ceremonia.
La homilía estuvo a cargo del Arzobispo de Valencia. Había vivido el proceso de los mártires de su diócesis con entusiasmo y se notaba. Los presentó como ejemplos de vida y testimonio para todos; impulso para vivir a fondo nuestro cristianismo.
Al terminar la Eucaristía se reanudó el rezo de las letanías de los Beatos Mártires que faltaban por haberse interrumpido la lectura al comenzar la Misa. Y fuera de programa, como un grito de gratitud a María, se entonó el himno a la Virgen de los Desamparados en valenciano. Quizá fue la primera vez que resonó en la basílica vaticana este himno, cantado con todo el entusiasmo y fervor. Siguió el himno de la Virgen de Montserrat, mientras se esperaba de un momento a otro la llegada del Papa Juan Pablo II para la Audiencia de los peregrinos.
Hacia las 12'00 horas, cuando se terminaba la ceremonia de acción de gracias, la llegada de los guardias suizos a la basílica anunció la del Papa Juan Pablo II para la Audiencia con los peregrinos.
Su presencia fue acogida con vibrantes aplausos y disparos de flash sin interrupción, mientras el Papa atravesaba hasta llegar al altar de la confesión, donde ocupó su sede. Desde allí repetidas veces saludó a los asistentes, que no cesaban de aplaudir y vitorear al Papa. Tenía a su lado a los cardenales de Madrid y Barcelona.
En su alocución en español, después de saludar a los prelados españoles, a las autoridades civiles y religiosas, a los familiares de los mártires y a los fieles, presentó a los mártires como un gran cuadro del evangelio de las Bienaventuranzas. Los 233 Mártires constituían un gran abanico en el que se podían contemplar todas las vocaciones cristianas. Había jóvenes laicos, padres y madres de familia, religiosos, sacerdotes. La santidad es para todos. Por último afirmó que la herencia de los mártires nos reclama a guardar su memoria y ser testigos vivos y visibles de la Buena Nueva, para los tiempos nuevos: testigos de amor, de unidad y de paz. Un reto para todos los asistentes; buen programa de vida cristiana.
El cerrado y prolongado aplauso de la Asamblea acogió con entusiasmo sus sentidas y profundas palabras, llenas de amor a la nación española, a quien invitó a seguir las rutas de santidad, marcadas desde los comienzos del cristianismo por tantas hijas e hijos, lumbreras de santidad en la Iglesia universal.
A continuación las autoridades, familiares de los mártires, Superiores Generales y Postuladores pasaron a saludar al Papa. Una vez terminado el besamanos impartió la bendición a la Asamblea y fue despedido entre aplausos, cánticos y manifestaciones de amor y alegría.
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2.4.  Crónica de la solemne Misa de Acción de Gracias en la Catedral de Valencia
La Seo Valentina resultó insuficiente para albergar a todos los fieles que quisieron participar en la Misa de Acción de Gracias por la Beatificación de los 233 mártires, la mayoría de ellos de nuestra Diócesis. El Sr. Arzobispo dispuso que ésta tuviese lugar el día 3 de mayo. No fue coincidencia sino expresa voluntad del Prelado porque el 3 de mayo se celebra la Cruz Gloriosa de Pascua Florida. Mons. Agustín García-Gasco Vicente, acompañado de sus Obispos Auxiliares y de un gran número de sacerdotes, presidió la magna Concelebración Eucarística. La Catedral se revistió con los elementos de las grandes solemnidades.
Muchos de los asistentes conocieron a los nuevos Beatos, era lógico que en la Catedral se advirtiese un clima de alegría y agradecimiento a Dios Nuestro Señor. Familiares, conciudadanos, compañeros de congregación, postuladores llegados de Roma, superiores generales y provinciales llenaron las amplias naves del Primer Templo de la diócesis.
Como retablo se instaló el lienzo de José Grassa "La glorificación de los mártires valencianos". En el cimborio, en la vertical del altar mayor, estaba colocado el tapiz que el día de la beatificación estuvo colgado en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el cual representaba la cruz martirial de San Vicente. La arqueta de plata que contenía las Venerables Reliquias de los Beatos presidió la ceremonia. La Schola Cantorum d'Algemesí acompañada de órgano y orquesta creó un ambiente solemne y de recogimiento. Interpretó cantos en gregoriano y obras de Híndel, Victoria, Mozart, Romeu, etc.
El Sr. Arzobispo en su homilía, que se publica en este mismo boletín, dijo que la Iglesia de Valencia se sentía orgullosa ante un grupo tan numeroso de Mártires y sentía la necesidad de rendirles un agradecido homenaje.
Al concluir la Misa, el relicario fue trasladado por cuatro diáconos revestidos con dalmáticas al lugar donde permanecerá para la veneración de los fieles, bajo la mesa del altar del mártir sacerdote y religioso valenciano San Jacinto Castañeda, en la capilla de la girola dedicada, en adelante, a los Mártires del siglo xx.
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III.  DOCUMENTOS
3.1.  Decreto acerca del martirio de la Congregación para las Causas de los Santos
Congregación para las Causas de los Santos
Diócesis de Valencia
Beatificación-Declaración del Martirio
de los siervos de Dios
José Aparicio Sanz
y LXXIII compañeros
sacerdotes diocesanos, laicos y laicas
( + 1936-1937)
DECRETO ACERCA DEL MARTIRIO
"Toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre" (Fil 2, 11).
La fe en Jesucristo, humillado en su muerte de Cruz y glorificado por Dios Padre en su resurrección de entre los muertos y ascensión al cielo, es la luz que resplandece en el rostro de sus discípulos, que le anunciaron como Señor del Universo.
Muchos católicos españoles dieron un admirable testimonio de fe con generosidad durante la persecución que en los años 1936-1939 atacó con furia a la Iglesia. En aquel momento un gran número de obispos, presbíteros, religiosos, religiosas y laicos, por la fuerza del Espíritu Santo permanecieron fieles al Divino Maestro en medio de peligros y tribulaciones y dieron el máximo testimonio de caridad en su muerte. Muchas regiones de España fueron regadas con la sangre de los mártires, y donde las tinieblas de odio y violencia fueron más espesas, allí se mostró con mayor claridad el esplendor del testimonio cristiano. Esto sucedió también en la Archidiócesis de Valencia, en la cual muchos hombres y mujeres siguieron a Cristo en su camino de la cruz y fueron inmolados por él. De esta apretada muchedumbre forman parte treinta y siete presbíteros diocesanos, dieciocho laicos varones y diecinueve laicas, a los que recordamos aquí con admiración y piedad. Aquellos presbíteros se dedicaban al ministerio pastoral; los laicos y laicas eran cristianos fervorosos, entregados a labores apostólicas, y entre ellos muchos pertenecían a la Acción Católica y a otras asociaciones similares. Unos pasaron por las molestias e indignidad de la cárcel, donde se prepararon a su muerte mediante la oración y las obras de caridad para con los compañeros de cautiverio; otros debieron soportar en los últimos instantes de su vida graves daños y violencias, así como proposiciones lisonjeras y exhortaciones a abandonar la fe, prometiéndoles en tal caso la libertad. Todos se dirigieron al lugar del martirio con ánimo valeroso y con el corazón lleno de esperanza en el premio eterno, y también perdonando a sus perseguidores. Por las actas judiciales sabemos que muchos de los setenta y cuatro testigos de Cristo, antes de entregar su alma a Dios, profesaron abiertamente su fe gritando "Viva Cristo Rey", u otras exclamaciones similares.
Los nombres de estos dignísimos hijos de la Iglesia son los siguientes:
I.  Presbíteros diocesanos
1.  José Aparicio Sanz. Nació en Enguera el 12 de marzo del año 1893. Fue ordenado sacerdote en el año 1916 y se dedicó al ministerio pastoral en varias parroquias; cuando fue detenido era arcipreste de su pueblo natal, donde era muy estimado por su piedad y ejemplaridad de vida. Fue matado a los 43 años de edad, el 29 de diciembre del año 1936, junto con su coadjutor Enrique Juan Requena.
2.  Fernando González Añón, párroco de Turís; fue matado a los 50 años de edad, el 27 de agosto del año 1936.
3.  Juan Ventura Solsona, arcipreste de Villahermosa del Río; fue matado a los 61 años, el 17 de septiembre del año 1936.
4.  José Ruiz Bruixola, párroco de San Nicolás de Valencia; fue matado a los 79 años de edad, el 28 de octubre del año 1936.
 5.  Ramón Martí Soriano, administrador parroquial de Vallada; fue matado a los 34 años de edad, el 27 de agosto del año 1936.
 6.  Joaquín Vilanova Camallonga, coadjutor de Ibi; fue matado a los 48 años de edad, el 27 de julio del año 1936.
 7.  Enrique Morant Pellicer, párroco de Bárig; fue matado a los 28 años de edad, el 15 de agosto del año 1936.
 8.  Carmelo Sastre Sastre, párroco de Piles; fue matado a los 46 años de edad, el día 15 de agosto del año 1936.
 9.  Vicente Ballester Far, capellán de las Agustinas Descalzas de Jávea; muerto a los 42 años de edad, el día 24 de septiembre de 1936.
10.  Ramón Esteban Bou Pascual, administrador parroquial de Planes; fue matado a los 33 años de edad, el 17 de octubre del año 1936.
11.  Pascual Ferrer Botella, capellán de San Vicente de Algemesí; muerto a los 42 años de edad, el 24 de septiembre de 1936.
12.  Enrique Juan Requena, coadjutor de Enguera; fue matado a los 33 años de edad, el 29 de diciembre del año 1936.
13.  Elías Carbonell Mollá, coadjutor de Concentaina; fue matado a los 67 años de edad, el 2 de octubre del año 1936.
14.  Juan Carbonell Mollá, coadjutor de Concentaina; fue matado a los 62 años de edad, el 2 de octubre del año 1936, junto con su hermano, el anterior Siervo de Dios Elías.
15.  Pascual Penadés Jornet, administrador parroquial de Bélgida; fue matado a los 42 años de edad, el 15 de septiembre del año 1936.
16.  Salvador Ferrandis Seguí, párroco de Pedreguer; fue matado a los 56 años de edad, el 3 de agosto del año 1936.
17.  José Toledo Pellicer, coadjutor de Bañeres; fue matado a los 27 años de edad, el 10 de agosto del año 1936.
18.  Fernando García Sendra, administrador parroquial de Sagra; fue matado a los 31 años de edad, el 18 de septiembre del año 1936.
19.  José García Mas, capellán de Pego; muerto a los 40 años de edad, el 18 de septiembre del año 1936.
20.  José María Segura Penadés, coadjutor de Onteniente; fue matado a los 40 años de edad, el 11 de septiembre del año 1936.
21.  Salvador Estrugo Solves, capellán del hospital de Alberique; fue matado a los 74 años de edad, el 21 de agosto del año 1936.
22.  Vicente Sicluna Hernández, párroco de Navarrés; de 77 años de edad, caído el 22 de septiembre del año 1936.
23.  Vicente María Izquierdo Alcón, administrador parroquial de la Puebla de Farnals; fue matado a los 45 años de edad, el 18 de agosto de 1936.
24. José María Ferrándiz Hernández, arcipreste de Alcoy; fue matado a los 57 años de edad, el 24 de septiembre del año 1936.
25.  Francisco Ibáñez Ibáñez, abad de la colegiata de Játiva; fue matado a los 60 años de edad, el 19 de agosto del año 1936.
26.  José González Huguet, párroco de Cheste; fue matado a los 62 años de edad, el 12 de octubre del año 1936.
27.  José Fenollosa Alcayna, canónigo valenciano; fue matado a los 33 años de edad, el 27 de septiembre del año 1936.
28.  Félix Yuste Cava, párroco de los Santos Juan y Vicente de Valencia; muerto a los 49 años de edad, el 14 de agosto del año 1936.
29.  Vicente Pelufo Corts, capellán del Asilo de Alcira; fue matado a los 68 años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
30.  José Canet Giner, coadjutor en Catamarruch; fue matado a los 33 años de edad, el 4 de octubre del año 1936.
31.  Francisco Sendra Ivars, administrador parroquial de Calpe; fue matado a los 37 años de edad, el 4 de septiembre del año 1936.
32.  Diego Llorca Llopis, coadjutor de Benissa; fue matado a los 40 años de edad, el 6 de septiembre del año 1936.
33.  Alfonso Sebastiá Viñals, director de la Escuela de Formación social de Valencia; fue matado a los 26 años de edad, el 1 de septiembre del año 1936.
34.  Germán Gozalvo Andreu, fue muerto pocas semanas después de su ordenación sacerdotal, a los 23 años, el 22 de septiembre del año 1936.
35.  Gonzalo Viñes Masip, canónigo de la Colegiata de Játiva; fue matado a los 53 años de edad, el 10 de diciembre del año 1936.
36.  Vicente Rubiols Castelló, párroco de Puebla Larga; fue matado a los 64 años de edad, el 14 de agosto del año 1936.
37.  Antonio Silvestre Moya, administrador parroquial de Santa Tecla en Játiva; fue matado a los 44 años de edad, el 8 de agosto del año 1936.
Estos sacerdotes fueron considerados mártires de la fe después de su muerte; por lo cual el Arzobispo de Valencia inició la Causa de beatificación-declaración de martirio mediante el Proceso Ordinario Informativo en los años 1957-1971, cuya autoridad y valor fue reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos mediante decreto promulgado el 15 de mayo del año 1998.

II.  Laicos
1.  Rafael Alonso Gutiérrez, padre de familia; fue matado a los 46 años de edad, el 11 de agosto del año 1936.
2.  Marino Blanes Giner, padre de familia; fue matado a los 48 años de edad, el 21 de julio del año 1936.
 3.  José María Corbín Ferrer, soltero; fue matado a los 22 años de edad, el 27 de diciembre del año 1936.
 4.  Carlos Díaz Gandía, padre de familia; fue matado a los 29 años de edad, el 11 de agosto del año 1936.
 5.  Salvador Damián Enguix Garés, padre de familia, viudo; fue matado a los 74 años de edad, el 28 de octubre del año 1936.
 6.  Ismael Escrihuela Esteve, padre de familia; fue matado a los 34 años de edad, el 8 de septiembre del año 1936.
 7.  Juan Bautista Faubel Cano, padre de familia; a los 47 años de edad fue matado, el 28 de agosto del año 1936.
 8.  José Ramón Ferragud Girbés, padre de familia; fue matado a los 49 años de edad, el 24 de septiembre del año 1936.
 9.  Vicente Galbis Gironés, padre de familia; fue matado a los 26 años de edad, el 21 de septiembre del año 1936.
10.  Juan Gonga Martínez, soltero; fue muerto a los 25 años de edad, el 13 de noviembre del año 1936.
11.  Carlos López Vidal, padre de familia; fue matado a los 42 años de edad, el 6 de agosto del año 1936.
12.  José Medes Ferrís, casado; fue matado a los 51 años de edad, el 12 de noviembre del año 1936.
13.  Pablo Meléndez Gonzalo, padre de familia; fue matado a los 60 años de edad, el 23 de diciembre del año 1936.
14.  José Perpiñá Nácher, casado; fue matado a los 25 años de edad, el 29 de diciembre del año 1936.
15.  Arturo Ros Montalt, padre de familia; fue matado a los 35 años de edad, el 28 de agosto del año 1936.
16.  Pascual Torres Lloret, padre de familia; fue matado a los 51 años de edad, el 6 de septiembre del año 1936.
17.  Manuel Torró García, casado; fue matado a los 34 años de edad, el 21 de septiembre del año 1936.
18.  José María Zabal Blasco, padre de familia; fue muerto a los 38 años de edad, el 8 de diciembre del año 1936.
Desde el día de su muerte estos siervos de Dios resplandecieron por la fama del martirio; por lo cual el Arzobispo de Valencia instruyó el Proceso Ordinario Informativo en los años 1959-1975 sobre el martirio [atribuido], al que siguió el Rogatorial en Santander. El decreto sobre la autoridad y valor de estos procesos fue promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos el 22 de mayo del año 1998.

III.  Laicas
1.  Amalia Abad Casasempere, madre de familia, viuda; fue muerta a los 38 años de edad, el 28 de septiembre del año 1936.
2.  Ana Aranda Riera, soltera; fue matada a los 48 años de edad, el 14 de octubre del año 1936.
3.  Florencia Caerols Martínez, soltera; fue matada a los 46 años de edad, el 1 de octubre del año 1936.
4.  María Climent Mateu, soltera; fue matada a los 49 años de edad, el 20 de agosto del año 1936.
5.  Társila Córdoba Belda, madre de familia, viuda; fue matada a los 75 años de edad, el 17 de octubre del año 1936.
6.  Francisca Cualladó Baixauli, soltera; fue matada a los 46 años de edad, el 19 de septiembre del año 1936.
7.  María Teresa Ferragud Roig, madre de familia, viuda; fue matada a los 83 años junto con sus cuatro hijas Religiosas, el 25 de octubre del año 1936.
8.  Luisa María Frías Cañizares, soltera; fue matada a los 40 años de edad, el 6 de diciembre del año 1936.
 9.  Encarnación Gil Valls, soltera; fue matada a los 48 años, junto con su hermano sacerdote don Gaspar, el 24 de septiembre del año 1936.
10.  María del Pilar Jordá Botella, soltera; fue matada a los 31 años de edad, el 26 de septiembre del año 1936.
11.  Herminia Martínez Amigó, madre de familia; fue matada los 49 años de edad junto con su marido, el 27 de septiembre del año 1936.
12.  María Luisa Montesinos Orduña, soltera; fue matada a los 36 años de edad, el 28 de enero del año 1937.
13.  Josefa Moscardó Montalvá, soltera; fue matada a los 56 años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
14.  María del Olvido Noguera Albelda, soltera; fue matada a los 33 años de edad junto con su hermano, el 26 de septiembre del año 1936
15.  Crescencia Valls Espí, soltera; fue matada junto con tres hermanas a los 73 años de edad, el 26 de septiembre del año 1936.
16.  María de la Purificación Vidal Pastor, soltera; fue matada a los 44 años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
17.  María del Carmen Viel Ferrando, soltera; fue matada a los 43 años de edad, el 5 de noviembre del año 1936.
18.  Pilar Villalonga Villalba, soltera; muerta a los 45 años de edad, el 11 de diciembre del año 1936.
19.  María Sofía Teresa Ximénez Ximénez, madre de familia, viuda; fue matada a los 60 años de edad, junto con su hijo y otros familiares, el 23 de septiembre del año 1936.
El Pueblo de Dios consideró a estas discípulas de Cristo como verdaderas mártires de la fe; por lo cual el Arzobispo de Valencia instruyó el Proceso Ordinario Informativo en los años 1955-1956, para reunir la documentación del martirio [atribuido]. La autoridad y valor de este proceso fue reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos el 4 de julio del año 1997.
Posteriormente la Congregación para las Causas de los Santos, escuchando las peticiones de las Postulaciones, concedió que las Causas de los Siervos y Siervas de Dios que hemos recordado más arriba, fueran reunidas en una sola Causa. Una vez preparada la Positio, se trató si la muerte de José Aparicio Sanz y sus LXXIII Compañeros se podía considerar como verdadero martirio. El 26 de noviembre del año 1999 se tuvo, con resultado positivo, la reunión particular de Consultores teólogos. Después los Cardenales y los Obispos, en Sesión ordinaria del día 5 de diciembre del año 2000, escuchada la relación del Ponente de la Causa, el Excelentísimo Señor Ottorini Pedro Alberto, Arzobispo de Cagliari, declararon que estos Siervos de Dios fueron matados por odio a la fe y que habían entregado su vida por Cristo y por la Iglesia.
Acerca de todo lo cual, informado por el Prefecto que suscribe, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, recibiendo las peticiones de la Congregación para las Causa de los Santos y teniéndolas por legítimas, ordenó que se preparara el decreto sobre el martirio de los Siervos de Dios conforme a derecho.
Una vez hecho esto, llamados ante Él hoy el infrascrito Prefecto, el Ponente de la Causa y yo, Obispo Secretario de la Congregación, y estando presentes los restantes que, según la costumbre, son convocados, el Santo Padre declaró que: Consta acerca del martirio y de la causa de los Siervos de Dios José Aparicio Sanz y sus LXXIII Compañeros Sacerdotes diocesanos, Laicos y Laicas, matados en los años 1936-1937, en el caso y para el efecto que se trata.
Su Santidad quiso que se publicara este decreto y se guardara en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos.
Dado en Roma, el 18 de diciembre de 2000.
  José Saraiva Martins
Arzobispo Titular de Thuburnica
Prefecto
  Eduardo Nowak
Arzobispo Titular de Lumi
Secretario
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3.2.  Homilía del Santo Padre Juan Pablo II
Domingo 11 de marzo de 2001
Amados hermanos y hermanas:

1.  "El Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa" (Flp 3, 21). Estas palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra verdadera patria está en el cielo y que Jesús transfigurará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso como el suyo. El Apóstol comenta así el misterio de la Transfiguración del Señor que la Iglesia proclama en ese segundo domingo de Cuaresma. En efecto, Jesús quiso dar un signo y una profecía de su Resurrección gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados también a participar. Lo que se ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en nosotros, que somos su Cuerpo.
Éste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el testimonio de los mártires nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora, en esta tierra, con la ayuda de la gracia.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquellos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

2.  Así vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos compañeros, asesinados durante la terrible persecución religiosa que azotó España en los años treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia, jóvenes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, según consta en los procesos canónicos para su declaración como mártires, antes de morir perdonaron de corazón a sus verdugos.
La lista de los que hoy suben a la gloria de los altares por haber confesado su fe y dado su vida por ella es numerosa. Hay treinta y ocho sacerdotes de la Archidiócesis de Valencia, junto con un numeroso grupo de hombres y mujeres de la Acción Católica también, de Valencia; dieciocho dominicos y dos sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza; cuatro Frailes Menores Franciscanos y seis Frailes Menores Franciscanos Conventuales; trece Frailes Menores Capuchinos, con cuatro Religiosas Capuchinas y una Agustina Descalza; once Jesuitas con un joven laico; treinta y dos Salesianos y dos Hijas de María Auxiliadora; diecinueve Terciarios Capuchinos con una cooperadora laica; un sacerdote dehoniano; el Capellán de Colegio La Salle de la Bonanova, de Barcelona, con cinco Hermanos de las Escuelas Cristianas; veinticuatro Carmelitas de la Caridad; una Religiosa Servita; seis Religiosas Escolapias con dos cooperadoras laicas provenientes éstas últimas del Uruguay y primeras beatas de ese País latinoamericano; dos Hermanitas de los Ancianos Desamparados; tres Terciarias Capuchinas de Nuestra Señora de los Dolores; una Misionera Claretiana, y, en fin, el joven Francisco Castelló i Aleu, de la Acción Católica de Lleida.
Los testimonios que nos han llegado hablan de personas honestas y ejemplares, cuyo martirio selló unas vidas entretejidas por el trabajo, la oración y el compromiso religioso en sus familias, parroquias y congregaciones religiosas. Muchos de ellos gozaban ya en vida de fama de santidad entre sus paisanos. Se puede decir que su conducta ejemplar fue como una preparación para esa confesión suprema de la fe que es el martirio.
¿Cómo no conmovernos profundamente al escuchar los relatos de su martirio?
La anciana María Teresa Ferragud fue arrestada a los 83 años de edad junto con sus cuatro hijas religiosas contemplativas. El 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: "Esta es una verdadera santa." No menos edificante fue el testimonio de los demás mártires, como el joven Francisco Alacreu, de 22 años, químico de profesión y miembro de la Acción Católica, que consciente de la gravedad del momento no quiso esconderse, sino ofrecer su juventud en sacrificio de amor a Dios y a los hermanos, dejándonos tres cartas, ejemplo de fortaleza, generosidad, serenidad y alegría, escritas instantes antes de morir, a sus hermanas, a su director espiritual y a quien fuera su novia. O también el neosacerdote Germán Gozalvo, de 23 años, que fue fusilado sólo dos meses después de haber celebrado su Primera Misa, después de sufrir un sinfín de humillaciones y malos tratos.

3.  ¡Cuántos ejemplos de serenidad y esperanza cristiana! Todos estos nuevos Beatos y muchos otros mártires anónimos pagaron con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado con la persecución religiosa y el estallido de la guerra civil, esa gran tragedia vivida en España durante el siglo xx. En aquellos años terribles muchos sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados sencillamente por ser miembros activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy suben a los altares no estuvieron implicados en luchas políticas o ideológicas, ni quisieron entrar en ellas. Bien lo sabéis muchos de vosotros que sois familiares suyos y hoy participáis con gran alegría en esta beatificación. Ellos murieron únicamente por motivos religioso. Ahora, con esta solemne proclamación de martirio, la Iglesia quiere reconocer en aquellos hombres y mujeres un ejemplo de valentía y constancia en la fe, auxiliados por la gracia de Dios. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada, a la vez que honran al noble pueblo español y a la Iglesia.
¡Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo español cualquier forma de violencia, odio y resentimiento! Que todos, y especialmente los jóvenes, puedan experimentar la bendición de la paz en libertad: ¡Paz siempre, paz con todos y para todos!

4.  Queridos hermanos, en diversas ocasiones he recordado la necesidad de custodiar la memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.
Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con la sangre de tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ÁLa sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, Ap 1, 50, 13: CCL 1, 171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su valor, "fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13, 7ó8).

5.  Deseo confiar a la intercesión de los nuevos beatos una intención que lleváis profundamente arraigada en vuestros corazones: el fin del terrorismo en España. Desde hace varias décadas estáis siendo probados por una serie horrenda de violencias y asesinatos que han causado numerosas víctimas y grandes sufrimientos. En la raíz de tan lamentables sucesos hay una lógica perversa que es preciso denunciar. El terrorismo nace del odio y a su vez lo alimenta, es radicalmente injusto y acrecienta las situaciones de injusticia, pues ofende gravemente a Dios y la dignidad y los derechos de las personas. ÁCon el terror, el hombre siempre sale perdiendo! Ningún motivo, ninguna causa o ideología pueden justificarlo. Sólo la paz construye los pueblos. El terror es enemigo de la humanidad.

6.  Amados en el Señor, también a nosotros la voz del Padre nos ha dicho hoy en el Evangelio: "Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle" (Lc 9,35). Escuchar a Jesús es seguirlo e imitarlo. La cruz ocupa un lugar muy especial en este camino. Entre la cruz y nuestra transfiguración hay una relación directa. Hacernos semejantes a Cristo en la muerte es la vía que conduce a la resurrección de los muertos, es decir, a nuestra transformación en Él (cf. Flp 3, 10ó11). Ahora, al celebrar la Eucaristía, Jesús nos da su cuerpo y su sangre, para que en cierto modo podamos preguntar aquí en la tierra la situación final, cuando nuestros cuerpos mortales sean transfigurados a imagen del cuerpo glorioso de Cristo.
Que María, Reina de los mártires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su existencia terrena permaneció fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos enseñe a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con que los mártires confesaron su fe. Al invocarla como Madre, imploro sobre todos los aquí presentes, así como sobre vuestras familias, los dones la paz, la alegría y la esperanza firme.
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3.3.  Ángelus
Concluida la celebración eucarística en la que beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España, antes de rezar la plegaria mariana del Ángelus, el Santo Padre pronunció la alocución que ofrecemos a continuación.

1.  Antes de concluir esta solemne celebración, deseo dirigiros un cordial saludo y daros las gracias a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, que, con vuestra presencia, manifestáis vuestra viva devoción a estos nuevos beatos.
Junto con ellos dirigimos ahora nuestra mirada a María santísima, que la fe nos hace contemplar como Reina de los santos y las santas de todas las épocas y naciones. Ella es, en particular, Madre y Reina de los mártires, y está presente junto a ellos en la hora de la prueba, como permaneció al pie de la cruz cerca de su Hijo Jesús.
Estos nuevos beatos confiaron en ella, la Virgen fiel, en los momentos dramáticos de la persecución. Cuando se les impidió profesar libremente la fe o, después, durante su permanencia en la cárcel, para afrontar el momento supremo, encontraron un apoyo constante en el santo rosario, rezado a solas o en pequeños grupos. ¡Cuán eficaz resulta esta tradicional oración mariana en su sencillez y profundidad! El rosario constituye en todas las épocas una valiosa ayuda para innumerables creyentes.

2.  Ojalá que así sea también para nosotros. Pidámoselo a la Virgen con la plegaria del Ángelus. "Oremos en particular, por las comunidades cristianas que sufren persecución a causa de la fe, para que, con la fuerza del Espíritu Santo, den testimonio del amor de Cristo, quien, al padecer no amenazaba, sino que se ponía en manos de aquel que juzga con justicia" (1 P 2, 23).
María, Madre de la esperanza, nos obtenga la gracia de estar íntimamente unidos a Cristo en la hora de la prueba a fin de experimentar la luminosa gloria de su resurrección.
Después de rezar la plegaria mariana del Ángelus, Su Santidad dirigió un saludo particular a los numerosos peregrinos de lengua española que participaron en la beatificación, presentándoles a los nuevos beatos como modelos de coherencia de vida, constancia en la fe y espíritu reconciliador. He aquí sus palabras:
Deseo dirigir un caluroso saludo a todos los peregrinos que han venido a Roma para participar en esta gozosa celebración. En especial, a los señores cardenales, arzobispos y obispos que les acompañan, así como a las autoridades, que han venido en representación de un pueblo que, en todos los estamentos sociales y rincones de su geografía, ha dado tantos ejemplos de santidad.
Que los nuevos beatos, modelos de coherencia de vida, constancia en la fe y espíritu reconciliador, intercedan en el cielo por sus paisanos de hoy, les impulsen a mantener vigorosa la savia cristiana que fecunda su historia patria y alienten sus esfuerzos por alcanzar cotas cada vez más altas de concordia, solidaridad y espíritu de fraternidad cristiana.
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3.4.  Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en la audiencia 
con motivo de la Beatificación de los mártires españoles
Lunes 12 de marzo de 2001
Queridos hermanos y hermanas:
1.  Me es grato tener este encuentro con vosotros, amados peregrinos españoles que, acompañados por un numeroso grupo de obispos y sacerdotes, así como de autoridades civiles de vuestros pueblos y regiones, habéis participado ayer en la solemne beatificación de doscientos treinta y tres hombres y mujeres mártires de la persecución religiosa que, en los años 1936-1939, afligió a la Iglesia en vuestra Patria. La de ayer fue la primera beatificación del nuevo siglo y el nuevo milenio y es significativo que fuera de mártires. En efecto, el siglo que hemos concluido ha sido uno en los que no han faltado tribulaciones en las que muchos cristianos "han dado su vida por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (cf. Hch 15, 26).
Saludo con afecto a los Señores Cardenales Antonio María Rouco, Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y Ricardo María Carles, Arzobispo de Barcelona, así como a Mons. Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, diócesis de la que proceden la mayoría de los nuevos beatos, a Mons. Francisco Ciuraneta, Obispo de Lleida, y a los demás Arzobispos y Obispos aquí presentes. Asimismo quiero dar la bienvenida a las autoridades autonómicas, provinciales y locales, que representan a los pueblos que cuentan ahora con nuevos beatos entre sus hijos ilustres. Estos nuevos mártires siembran toda la geografía española con su mensaje. En efecto, si tenemos en cuenta su origen, provienen de treinta y siete diócesis y representan a trece Comunidades Autónomas, pero su testimonio llega a abarcar todo el territorio español, y, por eso, es toda la Iglesia en España la que ayer se alegró con este reconocimiento.

2.  Muchos de vosotros sois descendientes, familiares o convecinos de los nuevos Beatos. Sé que está presente la viuda de uno de ellos, militante de la Acción Católica, así como muchos hermanos, hijos y nietos de los mártires. Algunos sois hermanos de religión de los religiosos que han subido a la gloria de los altares. Otros sois vecinos de sus lugares de origen, de donde ejercieron su ministerio, de donde fueron martirizados o de donde están sepultados. Imagino la emoción que experimentáis en estos momentos que, por tantos años, habéis esperado. En vuestra vida de fe, sin duda alguna, su ejemplo os ha sido alentador, pues habéis conservado su memoria y, en algunos casos, hasta recuerdos personales.
La Beatificación de ayer ha sido la más numerosa de mi Pontificado. En efecto, han sido elevados a los altares doscientos treinta y tres mártires. Pero un número tan notable no hace olvidar las características individuales. En efecto, en todos hay una historia personal, un nombre y un apellido propio, unas circunstancias que hacen de cada uno de ellos un modelo de vida, que es más elocuente aun con la muerte libremente asumida como prueba suprema de su adhesión a Cristo y a su Iglesia.
Estos mártires, a los que hoy nos referimos con gratitud y veneración, son como un gran cuadro del Evangelio de las Bienaventuranzas, un hermoso abanico de la variedad de la única y universal vocación cristiana a la santidad (cf. Constitución dogmática Lumen gentium, cap. V). Proclamando ayer la santidad de este numeroso grupo de mártires, la Iglesia da gloria a Dios.
La santidad no es solamente privilegio reservado para unos pocos. Los caminos de la santidad son múltiples y se recorren a través de los pequeños acontecimientos concretos de cada día, procurando en cada situación un acto de amor. Así lo han hecho los nuevos beatos mártires. Aquí reside el secreto del cristianismo vivido en plenitud. El cristianismo realmente vital que todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados vivir. Todos estamos amados a la santidad.
Pues lo que Dios quiere, en definitiva, de nosotros es que seamos santos (cf. 1 Test 4, 3). Queridos hermanos y hermanas de España, creo que también a vosotros, como lo acabo de hacer a todos los fieles en la reciente carta apostólica Novo Millennio Ineunte, debo proponeros de nuevo con convicción "este alto grado de la vida cristiana ordinaria" (NMI, 31). Que vuestro camino personal, el de vuestras familias y comunidades parroquiales sea, hoy más que nunca, un camino de santidad.

3.  Así nos encontramos sacerdotes que, misacantanos o ancianos, ejercían los más diversos misterios: párrocos, vicarios, canónigos, profesores; religiosos provenientes de los vastos campos del ejercicio de la caridad, por medio de la enseñanza, la atención a ancianos y enfermos; hombres y mujeres, solteros o casados, padres de familia, trabajadores de varios sectores. En el origen de su martirio y de su santidad está el mismo Cristo. El denominador común de todos ellos es su opción radical por Cristo por encima de todas las cosas, incluso de la propia vida . Bien podían expresar con san Pablo: "para mí vivir es Cristo y una ganancia el morir" (Filp 1, 21). Con su vida, y sobre todo con su muerte, nos enseñan que nada hay que anteponer al amor que Dios nos tiene y que nos manifiesta en Cristo Jesús. En ellos, como en todos los mártires, la Iglesia ha encontrado siempre una semilla de vida. Tanto es así, que podemos afirmar que las comunidades de los primeros tiempos se fraguaron en la sangre de los mártires. Pero el martirio no es una realidad perteneciente al pasado, sino también una realidad del tiempo actual. Por ello, he escrito en la reciente Carta apostólica ¿no lo será también para el siglo y milenio que estamos iniciando? (cf. Novo Millennio Ineunte, 41).
En efecto, es una realidad constata que en nuestro tiempo han vuelto los mártires. Y si bien es cierto que los tiempos han cambiado, también lo es que cada día surge la posibilidad de seguir padeciendo sufrimientos por amor de Cristo. El horizonte que se presenta delante de nosotros es, pues, amplio y apasionante. Los cristianos siempre y en todo lugar han de estar dispuestos a difundir la luz de la vida, que es Cristo, incluso hasta el derramamiento de sangre (cf. Dignitatis humanae, 14). Debemos estar dispuestos a seguir las huellas de los mártires y a vivir, como ellos, la santidad plenamente con Él, por Él y en Él.
La herencia de estos valientes testigos de la fe, "archivos de la Verdad escritos con letras de sangre" (Catecismo de la Iglesia católica, 2474), nos ha legado un patrimonio que habla con una voz más fuerte que la de la indiferencia vergonzante. Es la voz que reclama la urgente presencia en la vida pública. Una presencia viva y serena que con la meridiana transparencia del Evangelio nos llevará a presentar con naturalidad, pero también con firmeza, su siempre actual radicalidad a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Se trata, pues, de un legado cuyo lenguaje es el del testimonio. Que este patrimonio siga produciendo frutos abundantes a través de vuestras vidas y compromiso y ponga de manifiesto la extraordinaria presencia del Misterio de Dios que, actuando siempre y en todo lugar, nos llama a la reconciliación y a la vida nueva en Cristo.

4.  Queridos hermanos: Su testimonio no se puede ni se debe olvidar. Ellos manifiestan la realidad de vuestras Iglesias locales. Que su ejemplo haga de cada uno testigos vivos y creíbles de la Buena Nueva para los nuevos tiempos. Que su imitación conduzca a producir en la sociedad actual abundantes frutos de amor y esperanza. Este es mi deseo. Promoved la cultura de la vida. Hacedlo con la palabra, pero también con gestos concretos. La oración por la radical y sincera conversión de todos a la ley del Amor y el compromiso específico y generoso por ella constituyen el fundamento de la convivencia entre los hombres, las familias y los pueblos. Volved a vuestros pueblos y a vuestras comunidades dispuestos a trabajar apostólicamente en la Iglesia y para la Iglesia. Haced realidad las Bienaventuranzas en vuestros lugares de procedencia. Impregnad con el único programa del Evangelio, que es el programa del amor, la realidad cotidiana. Llevad a Cristo a vuestras vidas, vuestras comunidades, a vuestros pueblos y a vuestra historia. Sed siempre y en todo lugar testigos vivos y creíbles del amor, de la unidad y de la paz. En esta tarea os acompaña siempre mi oración, mi afecto y bendición que de corazón os imparto.
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3.5.  Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de Gracias 
de los mártires españoles
Roma. Lunes 12 de marzo de 2001
1.  Te Deum laudamus, Te Dominum cofitemur te martyrum candidatus laudat exercitus (A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos a Ti te ensalza el blanco ejército de los mártires).
Estas palabras tomadas del himno litúrgico con el que la Iglesia festeja los grandes momento, expresan muy bien este intenso y emocionante momento de oración: la Eucaristía con la que agradecemos a Dios, dueño de los designios de la historia, la beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires.
El inmenso gozo espiritual que sentimos, en parte animado por la cercanía a estos beatos mártires, nos hace exclamar llenos de júbilo: Te Deum laudamus.
En nuestra alabanza no estamos solos. Con nosotros oran hoy muchas personas que comparten nuestro gozo, pero sobre todo sabemos que con nosotros está mística pero realmente unido, "el blanco ejército de los mártires". Esta celebración es reflejo de la liturgia que incesantemente se celebra en el cielo, delante del Trono y del Cordero, donde los vencedores de la gran tribulación proclaman: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos. Así pues, con ellos y animados por su ejemplo, también nosotros decimos: Te Deum laudamus (A Ti, oh Dios, te alabamos).

2.  Saludo con afecto y gratitud al Eminentísimo Señor Cardenal Ricardo María Carles, que ha querido acompañamos en esta solemne liturgia de acción de gracias.
Saludo, también, con afecto a mis hermanos en el Episcopado, pastores y guías de diversas Iglesias particulares de España que dieron las aguas bautismales a los nuevos Beatos. Con vosotros, comparto la alegría de ver cómo nuestras diócesis han dado muestras de fidelidad a la Buena Nueva de Jesucristo, engendrando a la fe y alimentando el crecimiento espiritual de estos hermanos nuestros que sellaron con su sangre la adhesión a Cristo y a su Iglesia. No hay prueba de amor a Dios más grande que dar la vida por su Hijo, Jesucristo.
También os saludo queridos sacerdotes, colaboradores nuestros en el ejercicio del ministerio apostólico a favor de las comunidades cristianas, herederas de tantos ejemplos que son honor de la Iglesia y aliciente para el futuro.
Una palabra afectuosa también para los religiosos y religiosas de las Congregaciones a las que pertenecen muchos de los nuevos Beatos. Su testimonio enriquece vuestro carisma y os alienta a imitarlos en vuestra consagración cotidiana al Señor.
Saludo, también, a todos vosotros, fieles laicos de las diversas diócesis relacionadas con los mártires, familiares, amigos, convecinos. A todos os digo con san Pablo: fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe (Heb 3, 8).
Me complace dirigir también un saludo deferente a las autoridades civiles, que con su presencia en Roma en estos días expresan el sentimiento popular de reconocimiento y admiración hacia estas personas que la Iglesia propone a la consideración de los hombres y mujeres de hoy.

3.  Para todos nosotros es motivo de inmensa emoción celebrar esta Santa Misa reunidos junto la tumba de san Pedro, en la confesión que recuerda su martirio. Aquí, sobre la memoria del Apóstol Pedro, en esta basílica que el paso de los siglos ha embellecido hasta ofrecer su maravilloso estado actual, vienen a la memoria las palabras del Señor Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt 16,8).
Este y otros monumentos y ruinas de la antigua Roma nos hablan de los sufrimientos y de las persecuciones soportadas con fortaleza heroica por nuestros padres en la fe, los cristianos de las primeras generaciones, que nos recuerdan las palabras de Tertuliano: Sangre de mártires, semilla de cristianos (Apol. 50, 13: CCL, 1.171).
Pero la experiencia de los mártires no es característica sólo de la Iglesia de los primeros tiempos. Por lo que se refiere a España, son muchos los que a lo largo del siglo xx han pagado su amor a Cristo, derramando también la sangre.
Unos versos del poeta inglés Thomas Eliot dicen: Donde ha vivido un santo, donde un mártir ha derramado su sangre por Cristo, el suelo es santo y esa cualidad no la pierde nunca.
Estas palabras nos recuerdan la santidad de ciertos lugares y pienso que se aplican muy bien a algunos rincones de nuestra geografía valenciana. Al lado de ellos, las tumbas de los mártires, renovadas con ocasión de la exhumación de sus venerados restos con vistas a esta beatificación, se convierten en lugares de gracia que nos recordarán para siempre su glorioso testimonio.

4.  El evangelio proclamado en esta celebración nos ha presentado a Jesús subiendo a Jerusalén para la Fiestas de las Tiendas (cf. Jn 7,11b-19). Él sabe que allí será, cuando llegue la hora, el lugar de su glorificación a través de la muerte; los judíos le buscan y él no se echa atrás ni se esconde.
Cuántos hermanos y hermanas nuestros, los mártires beatificados ayer, eran conscientes de que su testimonio pasaba por la muerte martirial, y, por eso, al ser buscados por sus perseguidores, ni se echaron atrás ni se escondieron, sino que confesaron abierta y públicamente, sin reservas y con gallardía, su condición de sacerdotes, de religiosos, de fieles cristianos laicos.
Siguieron así las huellas del rey crucificado, al que lanzaban sus últimos y más fervorosos "vivas" en el supremo momento de la inmolación, no sin antes haber perdonado, como Cristo, a sus verdugos.
Se unían así al blanco ejército de los mártires, a los testigos valientes del Evangelio y servidores silenciosos del Reino, que les han precedido en los siglos pasados, entrando así a entonar para siempre el canto nuevo al Cordero inmaculado (cf. Ap2 1, 27).

5.  El recuerdo de estos mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir como un perenne deber de gratitud que suscita un renovado propósito de imitación (Juan Pablo II, NMI, 7).
Que permanezca viva su memoria, que se transmita, que se custodie como un tesoro de gran valor y sea levadura para la nueva evangelización.
Sufrieron formas de persecución antiguas y nuevas, experimentaron el odio y la exclusión, la violencia y el asesinato. Su fidelidad al Evangelio se pagó con un precio muy alto.
Los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que añadieron al martirio la ignominia. Otros fueron ocultados por sus verdugos (cf. Juan Pablo II, Homilía en la conmemoración de los mártires del siglo xx, 7óVó2000). Sin embargo, en mis visitas a las parroquias de nuestra Archidiócesis, he podido comprobar que los cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos.
El grupo de mártires beatificado ayer es un gran cuadro de la vida de la Iglesia. En efecto, forman parte del mismo sacerdotes, religiosos y religiosas, fieles cristianos laicos. Aunados por el sufrimiento en odio a la fe, proclaman al mundo de forma elocuente cómo "el amor es más fuerte que la muerte". No apostataron de la fe, a pesar de las provocaciones, ni se doblegaron ante los ídolos que les ofrecían si renunciaban a sus convicciones religiosas.
Los sacerdotes murieron, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, porque quisieron permanecer junto a sus fieles a pesar de las amenazas, prefiriendo dejarse matar antes que renunciar a la propia misión; los religiosos y religiosas vivieron su consagración hasta el derramamiento de la sangre; los laicos, hombres y mujeres, supieron ofrecer su vida como testimonio de su fe en Jesucristo.
Queridos sacerdotes: haced de la vida y de la muerte de nuestros hermanos sacerdotes mártires fuente de inspiración para el ejercicio cotidiano de vuestro ministerio; recordad su entrega a la catequesis, su atención generosa a los pobres, enfermos y necesitados, su celo por la salvación de las almas, pero, sobre todo, su profunda espiritualidad. Conmueve su fidelidad a la celebración de la Eucaristía y su firme y admirable devoción a la Virgen, recurriendo al rezo del santo rosario en los momentos más difíciles.
Amados religiosos: Sabéis bien que vuestra consagración a Cristo ha de inspirar coherentemente todos los momentos de vuestra existencia. Por eso, el ejemplo de vuestros hermanos es, sin duda, de aliento para vivir con plenitud y renovado entusiasmo vuestra vida religiosa al servicio de la Iglesia.
Queridos fieles cristianos laicos: Alegraos con la beatificación de hombres y mujeres como vosotros, de vuestras familias, de vuestros pueblos, de vuestros ambientes. Si su muerte humanamente causa horror y tristeza, nos llena de júbilo conocer su ejemplar vida de fe. En ellos encontraréis abundantes inspiraciones para llevar adelante vuestra vida como creyentes comprometidos con Dios y con la sociedad, de la que formamos parte y a la que, desde los criterios del Evangelio, habéis de servir.

6.  "No hay amor más grande que dar la vida" (Jn 15,13). Los Beatos José Aparicio Sanz y compañeros mártires nos enseñan a no anteponer el propio interés, el propio bienestar y la propia supervivencia a la fidelidad al Evangelio. Ellos supieron oponerse al mal, "haciendo de la fragilidad el propio testimonio".
Nos legan, pues, queridos hermanos y hermanas, una preciosa herencia, que es la adhesión a la Cruz como camino hacia la Pascua. Esta herencia nos enriquece y sostiene al iniciar este nuevo siglo y este nuevo milenio. Reconocer su martirio era un deber de justicia para con ellos.
Como Arzobispo de Valencia, en nombre propio y de toda la Archidiócesis, doy gracias al Señor por el testimonio de los mártires que ayer fueron beatificados. Ahora nos corresponde seguir su ejemplo en la misión de anunciar valientemente a Cristo, en nuestra querida tierra valenciana.
Asimismo, agradezco vivamente al Santo Padre que haya propuesto a estos hermanos nuestros al reconocimiento de toda la Iglesia. Nos sentimos honrados y, a la vez, comprometidos eclesialmente por su ministerio de comunión en la caridad, significado en la celebración Eucarística en tomo a este altar de la Confesión. Desde aquí, en nombre de todos los cristianos que peregrinamos en Valencia, renuevo el deseo de fidelidad de nuestra Iglesia particular y expreso al Santo Padre nuestra lealtad y reconocimiento a su magisterio universal.
Toda la Iglesia de Valencia está hoy presente en este lugar, no sólo por los peregrinos que os habéis desplazado hasta aquí, sino porque todas las comunidades cristianas de la Archidiócesis participan con nosotros en la única comunión y testimonio de Cristo que nuestros mártires confirman.

7.  La Santísima Virgen María es invocada también Regina Martyrum (Reina de los Mártires). Una espada atravesó su corazón, como le profetizó el anciano Simeón en el Templo de Jerusalén, cuando al pie de la Cruz fue testigo privilegiado de los sufrimientos de Jesús, su divino hijo. Ella fue consuelo de los mártires en la tribulación. Que con su ayuda materna, que no nos ha de faltar, nosotros, animados por el ejemplo de esos testigos, vivamos con su mismo valor nuestro amor por Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Heb 12, 1ó2).
Grandes maravillas ha hecho el Señor por nosotros.
Beato José Aparicio Sanz y compañeros mártires, rogad por nosotros.
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3.6.  Homilía en la Misa de Acción de Gracias 
por la Beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros, 
mártires de la persecución religiosa de 1936 en España
S.I. Catedral Metropolitana, 3 de mayo de 2001
1.  El Santo Padre, Pastor de la Iglesia universal, reconoció solemnemente el pasado 11 de marzo el martirio de 233 hermanos en la fe, que dieron su vida por Cristo. Sus nombres están inscritos en la lista de los justos cuya vida está en manos de Dios (Sab 3, 1).
Los que estuvimos en Roma para ese acontecimiento dimos gracias a Dios, junto al Santo Padre, por el testimonio admirable de estos hermanos y hermanas víctimas de la persecución religiosa de 1936. Hoy nuestra Iglesia de Valencia, reunida en comunión de fe y amor, presenta a Dios un renovado canto de alabanza y gratitud por los nuevos beatos.
Hay un grupo grande de sacerdotes diocesanos; religiosos franciscanos, capuchinos, dominicos, franciscanos conventuales, salesianos, jesuitas, terciarios capuchinos, escolapios, un dehoniano; religiosas hermanitas de los ancianos desamparados, carmelitas de la caridad, hijas de maría auxiliadora, capuchinas, misioneras claretianas, servitas, agustinas descalzas, terciarias capuchinas; y un numeroso grupo de laicos de Acción Católica.
Todos ellos acogieron la Palabra de Dios y en ella fueron santificados (cf Jn 17,11). Consagrados en la verdad, con su martirio, nos dieron a conocer a Cristo. En su rostro brilla la faz del Señor (Salmo 30, 16).
Su fe alimenta nuestra fe. Con su entrega confirman nuestra esperanza y aumentan en nosotros la caridad. Su testimonio es el nuestro, porque sabemos que la Buena Noticia debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 21).
Vemos colmada su alegría por el triunfo de la fe sobre las persecuciones del mundo. Ellos nos invitan a soñar con una nueva primavera eclesial donde todos seamos uno en el Amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

2.  El martirio está íntimamente ligado a la condición de discípulo de Jesús. La vida cristiana consiste en dar testimonio sobre Jesucristo, el Verbo Encarnado. Por el bautismo nacimos a una vida nueva de consagrados a Dios, fruto de la entrega de Cristo en favor nuestro (cf. Jn 17,19).
Discípulo de Jesús es aquel que le reconoce como Señor y le ama y se identifica existencialmente con El. Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ese es nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de Él (1 Jn 5,1).
Todo discípulo de Jesús hace suyas estas palabras de San Juan Crisóstomo: los que de una vez para siempre nos hemos revestido de Cristo y hemos merecido recibirle, podremos manifestar a todos, incluso sin decir nada, simplemente con la actitud de nuestra vida, el poder de aquel que habita en nosotros (San Juan Crisóstomo, Catequesis Bautismales VIII, 18).

3.  El Señor dice en el Evangelio: Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo (Jn 17,18). Los discípulos de Jesús recibimos la misión de evangelizar. La misión nos coloca siempre en una situación arriesgada.
La causa principal del martirio está, precisamente, en la irradiación del Evangelio en la vida y en la sociedad. Cualquier ámbito en el que nos encontremos es el lugar y el momento oportuno para anunciar y hacer vida el Evangelio de Cristo. Como decía San Agustín: Todos los tiempos son de martirio (San Agustín, Sermón 6).
El siglo xx que acabamos de dejar no fue una excepción.
El seguidor de Jesús se ha de identificar con Él, haciendo de su existencia un testimonio fiel y valiente del mismo Cristo.
Las persecuciones no surgen de forma espontánea. Intervienen factores culturales, políticos y sociológicos que van fraguando posturas hostiles hacia los creyentes en Jesús. En sus manifestaciones más extremas, derivan a situaciones violentas.
El testimonio sobre Jesús provoca e inquieta a las idolatrías de un mundo que se esmera en eliminar todo vestigio sobre Dios. Frente a eso, permanece una certeza: ¿Quien es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5,5).
Los mártires, como fieles testigos de Cristo, experimentan que su vida está en las manos de Dios. Fueron hallados dignos del Señor porque confiaron en Él y permanecieron fieles a su amor (cf. Sab 3, 9).
Ellos nos emplazan hoy a vivir nuestra pertenencia a Cristo y a testimoniarlo sin miedos. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada (Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 2).
El testimonio de los mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir como un perenne deber de gratitud que suscita un renovado propósito de imitación (Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 7).
Se reconoce en ellos la fidelidad a Cristo que confirma el valor eterno de la Buena Noticia.

4.  La fuerza del martirio viene dada por la Pascua. La resurrección de Cristo da pleno sentido a la entrega de la vida en favor del Evangelio.
Nuestros mártires son signo de la obra redentora de Jesucristo, testimoniando con su vida la dignidad de los hijos de Dios. Ellos nos muestran cómo son los hombres y mujeres transfigurados por Cristo.
Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en El y se dejan inundar por la gracia que El nos da; son aquellos cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando (Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 1).
Este es un marco idóneo para purificar nuestra memoria e insistir en que la Iglesia no puede aceptar la violencia, ni la muerte de quien quiera que sea, como camino de liberación, porque sabe que la violencia engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y esclavitud (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 37).
Pido a los beatos José Aparicio y compañeros que intercedan ante Dios para que toda violencia desaparezca, de modo particular el terrorismo, como el Santo Padre deseó en su homilía el día 11 de marzo.

5.  Nuestros hermanos y hermanas beatos que hoy celebramos son verdaderos mártires de Cristo. El martirio fue la confirmación de una vida cristiana ejemplar. Su único "delito" fue ser cristianos. Con su modo de vivir y de morir, perdonando, denuncian los abusos humanos, las injusticias y la violencia.
La admiración por su martirio esté acompañada, en el corazón de los fieles, por el deseo de seguir su ejemplo, con la gracia de Dios, si así lo exigieran las circunstancias (Juan Pablo II, Incarnationis mysterium, 13).
Nuestra Archidiócesis de Valencia se alegra, junto con toda la Iglesia, por la exaltación de estos hermanos nuestros.
¿Cómo no experimentar incluso un cierto orgullo, por un grupo tan numeroso de sacerdotes diocesanos, fieles laicos, religiosos y religiosas, que vivieron y murieron entre nosotros por causa de su fe en Jesucristo?
No son personas de otras épocas, ajenas a nosotros. Aún hay testigos oculares de su vida. Perduran los lazos de sangre y amistad. No son pocos quienes los recuerdan con cariño y devoción. Son rostros y nombres cercanos en el tiempo y en el espacio. Conocemos las casas donde vivieron, las situaciones por las que atravesaron.
Guardamos memoria de algunos gestos y palabras suyos. Sabemos por qué les persiguieron y podemos, aun, identificar los lugares donde los apresaron o murieron. Son personas como nosotros; son cristianos como nosotros.
De cada uno de ellos recibimos una lección admirable de vida cristiana. El relato de su vida y las circunstancias de su muerte nos emocionan vivamente.

6.  Me impresiona ver que estos mártires representan muy bien los distintos grupos de bautizados que configuran nuestra Archidiócesis. Expresan la catolicidad de la Iglesia y la pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios que el Espíritu Santo suscita en nuestra Iglesia local. Sus vidas, como testigos verdaderos de Cristo, son un estímulo para que vivamos valientemente nuestra condición de discípulos del Señor Jesús en la comunión eclesial.
El grupo de sacerdotes diocesanos muestra todas las virtudes del ministerio sacerdotal, al servicio del Pueblo de Dios. Amaron su ministerio, se dieron a sus feligreses, actuaron siempre como pastores ejemplares del rebaño de Cristo y su vida de santidad fue confirmada por el derramamiento de su sangre.
Los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo Cabeza y Pastor, y en su nombre (Juan Pablo II, Pastores Dabo Vobis, 15).
Los fieles laicos reflejan rostros de personas de toda edad y condición. Impresiona la fortaleza de su fe y la valentía con la que afrontaron la muerte, desde la serenidad de quien sabe va a dar un máximo testimonio de Cristo. Este grupo de estudiantes, amas de casa, profesionales y campesinos, fueron verdaderamente apóstoles tanto en sus comunidades familiares como en sus diócesis y parroquias (Apostolicam Auctuositatem, 18).
Ellos ponen de manifiesto la actualidad y la importancia del laico cristiano para la Iglesia y para el mundo. Con el martirio atestiguaron heroicamente su consagración y compromiso bautismal.
Las religiosas y religiosos mártires expresan la vitalidad y significación de la vida consagrada en nuestra Iglesia. En el amplio abanico de carismas y servicios que estos mártires representan, queda en evidencia que se entregaron totalmente al servicio de Dios amándole por encima de todo y su vida estuvo consagrada al bien de toda la Iglesia (Lumen Gentium, 44).
Hubo jóvenes novicios, profesores de teología, contemplativos, educadores. Todos ellos, con su martirio, permanecieron firmes en su opción por Cristo hasta la muerte. Su ejemplo recuerda la importancia de los carismas de la vida religiosa al servicio de las Iglesia locales.
Reconocer su martirio era un deber de justicia para con ellos y para el honor de Dios (cf. Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 4).

7.  Como Arzobispo de Valencia, en nombre de toda la Archidiócesis, doy gracias a Dios por el testimonio del beato José Aparicio Sanz y compañeros. Todas las comunidades cristianas de la Archidiócesis se hacen presentes en la única comunión y testimonio de Cristo que nuestros mártires confirman.
Asimismo, agradezco vivamente al Santo Padre la beatificación de estos hermanos. El don de su martirio significa mucho. Nos recuerda la misión a la que somos enviados por el Señor mismo.
Juan Pablo II nos dijo el día 12 de marzo, tras la misa de acción de gracias celebrada en la Basílica de San Pedro: que vuestro camino personal, el de vuestras familias y comunidades sea, hoy más que nunca, un camino de santidad (Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos participantes en la beatificación, 1).
Todos los fieles valencianos confesamos a Cristo, el Señor, de quien deseamos ser dignos discípulos en el seno de la Madre Iglesia.
Como Iglesia local somos signo e instrumento del Reino de Dios que Él mismo inauguró con su encarnación, muerte y resurrección. Este es el compromiso que hemos contraído: hacer visible a Jesucristo en nuestro contexto humano por la credibilidad de nuestra vida cristiana.
Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles cristianos laicos somos enviados por el Señor a ser sus testigos por la santidad de nuestra vida.

8.  María, Reina de los mártires, ampáranos bajo tu manto para que nos comprometamos a ayudar a los hombres y mujeres de nuestra tierra a encontrarse con Jesús y creer en Él.
Beato José Aparicio y compañeros mártires: interceded ante Dios por todos nosotros para que, siguiendo vuestro ejemplo, seamos fieles testigos de Jesucristo en el tiempo que nos toca vivir, según la vocación que cada uno ha recibido del Señor.
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3.8.  Otros textos del Sr. Arzobispo sobre los mártires
3.8.1.  De la homilía pronunciada en la fiesta de San Vicente Mártir. 
Catedral de Valencia, 22 de enero de 2001
"Quiero recordar que la tierra valenciana ha sido muy fecunda en frutos de vida cristiana. Muchas han sido y son las personas que, a veces de forma pública y notoria, a veces de forma discreta y sin ruido, han hecho y hacen creíble el Evangelio de Jesucristo.
La experiencia de los mártires y de los testigos de la fe no es característica sólo de la Iglesia valentina de los primeros tiempos, sino que también marca todas las épocas de su historia.
En el siglo xx, tal vez más que en el primer período del cristianismo en Valencia, son muchos los que dieron el testimonio de la fe con sufrimientos a menudo heroicos.
¡Cuántos cristianos pagaron su amor a Cristo también derramando su sangre! Sufrieron formas de persecución antiguas y nuevas, experimentaron el odio y la exclusión, la violencia y el asesinato. Su fidelidad al Evangelio se pagó con un precio muy alto.
Su recuerdo no debe perderse, más bien debe recuperarse de modo documentado. Los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que añadieron al martirio la ignominia. Otros fueron ocultados por sus verdugos.
Sin embargo en mis visitas a las parroquias de nuestra Archidiócesis he podido comprobar que los cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos.
La Iglesia misma lo reconoce así. El próximo 11 de marzo se proclamará solemnemente el martirio de muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles cristianos laicos, hermanos nuestros que supieron dar la vida por Cristo.
Una Iglesia de mártires se convierte en señal orientadora para los hombres que buscan a Dios. Del sufrimiento de los mártires deriva una fuerza de purificación y de renovación porque actualizan el sufrimiento de Cristo y transmiten en el presente su fuerza salvífica.
Aprovecho para dar gracias a Dios por el don del testimonio en la fe de estos hermanos y también doy gracias al Santo Padre por elevarlos a los altares.
En la solemnidad de San Vicente mártir, como Padre y Pastor de esta Iglesia particular de Valencia, os emplazo, hijos queridos, a que os mantengáis firmes en el Evangelio que se os ha predicado (2 Test 2, 15).
No tengáis miedo, nadie nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo (Rm 8, 39).
Ese es nuestro mensaje, nuestra esperanza, nuestra fortaleza. Él es la razón de nuestro existir, el centro de nuestra comunión eclesial, la fuente de nuestro amor.
Nunca olvidéis que, por Jesucristo, sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable (2Pe 2, 9).
Perseverad en la fe hasta el final. Que toda vuestra vida sea santa, un relato de la salvación que Dios opera en vosotros. No dejéis de alabar, bendecir y proclamar el nombre del Señor (cf. Ecclo 51, 12)."
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3.8.2.  Misa crismal. 11 de marzo de 2001
"No puedo dejar de recordar a los mártires que fueron beatificados el pasado 11 de marzo. Ellos confirmaron la santidad de su vida con un testimonio fiel, que se convirtió en una confesión de fe por el derramamiento de su sangre. Los que estuvimos en Roma, pudimos comprobar, el valor que tiene el martirio cristiano, su capacidad de convocatoria y cuanto significa para todos los creyentes en Cristo.
Ellos expresan de forma maravillosa la fecundidad de la vida cristiana a través de todas las vocaciones con las que el Señor enriquece a su Iglesia. Los nuevos beatos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles cristianos laicos, nos enseñan a vivir valientemente nuestra fe en medio de las contradicciones, dando un testimonio constante de Cristo por la santidad de nuestra vida transfigurada por el Evangelio.
La Iglesia en Valencia está llamada a vivir una nueva primavera cristiana, pues ha sido bendecida por el testimonio de tantos hombres y mujeres que han sembrado en nosotros la semilla del evangelio con su testimonio martirial."

3.8.3.  Semana Santa. Homilía en la misa in Coena Domini. 
S.I. Catedral Metropolitana. 12 de abril de 2001
Los beatos José Aparicio Sanz y compañeros mártires encontraron en el Sacramento de la Eucaristía el alimento de su fe, el sostenimiento de su esperanza, la fortaleza de su amor. Que ellos rueguen por nosotros.

3.8.4.  De la homilía en la ordenación de presbíteros. 
S.I. Catedral Metropolitana. 30 de junio de 2001
"Permitidme que os proponga como modelos a nuestros sacerdotes mártires, beatificados el pasado 11 de marzo. El beato José Aparicio Sanz y sacerdotes compañeros, fueron hombres de fe. Lo dieron todo. La santidad de su vida quedó de manifiesto con el testimonio de su martirio.
Fueron grandes y buenos sacerdotes, dignos administradores de la gracia, servidores diligentes del Pueblo Santo de Dios. Tuvieron muchas dificultades. Sufrieron persecución, vejaciones, torturas, infamias. Todo lo soportaron por amor a Cristo y a su Iglesia.
Con el derramamiento de su sangre fueron plenamente asociados a la muerte y resurrección de Cristo, a cuyo servicio habían consagrado totalmente sus vidas. Que ellos sean un punto de referencia para vosotros."
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IV.  PARTE GRÁFICA
4.1.  Tapiz preparado para la plaza de San Pedro del Vaticano
En el museo San Pío V de la Ciudad de Valencia se conserva un sepulcro en el que, según la tradición, fue colocado el cuerpo del diácono San Vicente, quien murió martirizado en Valencia en torno al año 304.
Este sarcófago, elaborado en mármol, probablemente en el siglo iv, sólo ofrece labrado uno de los frentes. La mayor parte se encuentra cubierta por una decoración "estrigilada", en forma de "S" alargada. En los extremos hay dos pilastras corintias estriadas.
Pero la sección más interesante es el relieve rectangular que se encuentra en la zona central. El motivo inferior es una cruz latina gemada, es decir, decorada con piedras preciosas figuradas, y debajo de sus brazos hay un cordero, a la derecha, y un ciervo, a la izquierda.
Sobre la cruz, coronándola, se encuentra el crismón constantiniano, formado por las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego. El crismón, también decorado con gemas, está encerrado dentro de una rica láurea o corona de hojas de laurel, enlazadas con cintas. En los brazos de la cruz descansan dos palomas, que picotean los frutos de la corona de laurel.
Este relieve central es símbolo de la muerte y la resurrección de Cristo, significadas, respectivamente, por la cruz y el crismón coronado.
Las palomas representan las almas de los justos, quienes, seguros en el árbol de la cruz, saborean los beneficios espirituales de la resurrección del Señor. Pregustando los bienes celestiales, confían alcanzar la corona de la inmortalidad. Ésta es la esperanza que les permite enfrentarse incluso al martirio, con la seguridad de que la victoria final pertenece a Cristo.
Este relieve central, de gran calidad y bella composición, es reproducido en el tapiz que durante el acto solemne pende en la fachada de la Basílica de San Pedro. Con él quiere representarse a los 233 mártires que son beatificados. Siguiendo los pasos de San Vicente Mártir, ellos dieron sus vidas por Cristo, con la mirada puesta en su muerte y resurrección, seguros de alcanzar "la corana de gloria que no se marchita" (1 P 5, 4).
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4.2.  Medalla oficial
La Archidiócesis de Valencia dispuso que la prestigiosa Casa de Milán "Colombo" acuñase una medalla conmemorativa. El anverso reproduce los rostros de algunos mártires. En primer plano están los que encabezan los tres grupos: José Aparicio Sanz, Amalia Abad y Rafael Alonso. En segundo plano están los perfiles de otros mártires que representan simbólicamente a todos los demás, con la inscripción: SACERDOTES DIOCESANOS, MUJERES, HOMBRES Y JÓVENES DE A.C.
En el reverso está la Patrona de Valencia, la "Mare de Déu dels Desamparats", primera "mártir" de la persecución, pues su sagrada imagen fue "fusilada" y su Real Basílica incendiada. La Puerta de los Apóstoles de la Catedral con la girola y el arco, que conduce hacia los lugares del martirio de San Vicente, y la inscripción: MÁRTIRES VALENCIANOS DEL SIGLO XX, con la fecha de la Beatificación: 11-3-2001.
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4.3.  Descripción del relicario de los mártires ofrecido al Santo Padre
Se ha tomado como punto de partida el estilo clásico, pensando el lugar en donde ha de ser expuesto: La Capilla de reliquias del Vaticano.
El relicario tiene forma de tríptico, que surge de una base en donde están representadas, por medio de sus respectivos anagramas o escudos, entrelazados con palmas, símbolo del martirio, todas las Congregaciones que presentan a sus mártires. En el friso se ha grabado la inscripción de la Antífona I de las vísperas del oficio de mártires: "MORTUI SUNT MARTYRES PRO CHRISTO, ET VIVENT IN AETERNUM" + "MARTYRUM CHORUS, LAUDATE DOMINUM IN EXCELSIS" (Los mártires que dan la vida por Cristo, viven eternamente + Coro de los mártires, alabad al Señor en el cielo). Y sobre la base de la cara posterior el texto del Apocalipsis: "HI SUNT QUI VENERUNT DE TRIBULATIONE MAGNA (ANNIS DOMINI MCMXXXVIóMCMXXXIX) ET LAVERUNT STOLAS SUAS ET DE ALBAVERUNT EAS IN SANGUINE AGNI" (Apoc. 7, 14) (Éstos son los que vinieron de una gran persecución -años del Señor 1936-1939- y lavaron sus ropas con la sangre del Cordero).
Sobre la base surge una pequeña predela en forma de altar que hace alusión al versículo del Salmo 50: "Acepta los sacrificios, ofrendas y holocaustos sobre tu altar, Señor". Sobre las cartelas de este altar, lleva unas ramas de roble símbolo de la fortaleza. Una inscripción central hace de ofrecimiento de este relicario al Papa: "LA ARCHIDIÓCESIS VALENTINA EN ESPAÑA OFRECE ESTAS RELIQUIAS AL SUCESOR DE PEDRO".
Encima de este pequeño altar descansa la caja del relicario en forma de tríptico, rematado con un frontón curvo entre cuyas cornisas y sobre enrayada hay una pequeña figura representando al Padre Eterno. Debajo de Él, en el friso, el versículo del Te Deum: "TE MARTYRUM CANDIDATUS LAUDAT EXERCITUS" (Te alaba el numeroso ejército de los mártires). En las dos caras de las puertas exteriores lleva representados los escudos de la Sede Valentina y de su Reino, además de las bisagras y cierre que llenan los espacios libres juntamente con cenefas ornamentadas con palmas.
En el interior de éstas se han repujado dos figuras que representan, una de ellas a Santiago Apóstol, por ser el que predicó en España la Fe Apostólica; a sus pies un cartelón, perteneciente al responsorio de las segundas vísperas del Apóstol Santiago, dice: "ANUNTIATE INTER GENTES GLORIAM DOMINI" (Anunciad a todas las gentes la gloria del Señor). La otra figura representa a San Vicente Mártir, que hizo fructificar la fe de Cristo en estas tierras; el versículo es: "PROBABIT ME DOMINUS QUASI AURUM" (Me ha probado el Señor como el oro). Las dos figuras van enmarcadas con ramas de roble y olivo, símbolo de la fuerza y de la paz.
El centro del tríptico o caja del relicario queda dividido con una cruz esmaltada en rojo, que representa a Cristo y sobre ella palmas martiriales. En el centro hay una paloma. De esta forma entre la cruz, la paloma y la figura superior conforman la Santísima Trinidad que ampara las reliquias de aquellos que con su fe y fortaleza regaron con su sangre las tierras de Valencia. En los vanos de la cruz están las 16 tecas que contienen las reliquias.
En la cara posterior del relicario se han grabado los nombres de los 233 mártires, con su nombre, apellidos y congregación a la que pertenecieron.
En los laterales de la caja hay una pequeña inscripción que dice: "PIRÓ FECIT VALENTIAE, 2001" y en el otro el punzón del taller. Todo el relicario es de plata, combinando su color con el dorado de la misma, repujados, cincelados y esmaltados. Su tamaño es de 54 centímetros incluida la peana de madera. Su peso total de 10.600 Kg.
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4.4.  Descripción de la arqueta que contiene las venerables reliquias de los mártires para la Catedral de Valencia
Se trata de un arca con cuerpo paralelepípedo, achaflanado en sus ángulos y tapa ondulada con sus correspondientes vertientes a sus caras.
Se amolda al estilo barroco-neoclásico-academicista imperante en la capilla donde está instalada (y que Antonio Gilabert dispuso en el siglo xviii) acomodando la ornamentación y funcionalidad al uso y destino para la cual se ha realizado.
En el frontal se ha representado la figura de Cristo Rey, sentado en la majestad de su gloria con los símbolos trinitarios. El Salvador domina sobre el mundo esclavizado por el pecado y triunfante, con los brazos extendidos, acoge a todo el que sigue su ejemplo hasta el martirio. En las biografías de los mártires leemos que, la inmensa mayoría, murió perdonando y gritando "Viva Cristo Rey".
Completan el frontal dos grupos de figuras convergentes. A la izquierda, se ha representado a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. A la derecha, a los seglares de toda condición, oficio y edad, portando el símbolo del martirio. Sobre esta escena corre un friso que circundando la arqueta lleva la siguiente inscripción en latín "MARTIRES SUNT QUI PRO CHRISTO VIVENT IN AETERNUM" (Éstos son los que martirizados por Cristo, viven eternamente).
En el panel trasero se ha representado el escudo de la Diócesis Valentina, por medio del sello de la Catedral; la Virgen María sedente, con su Hijo en brazos y la inscripción que los rodea: "INSIGNE DECUS VALENTINAE SEDIS".
Todo ello orlado con ramos de palmas, rosas y azucenas. Bajo el escudo una filacteria o cinta, entrelazada con ramas de roble (símbolo de la fortaleza) con la siguiente inscripción, escogida del Himno de acción de gracias o Te Deum: "TE MARTIRUS CANDIDATUS, LAUDAT EXERCITUS" (Te alaba el numeroso ejército de los mártires).
A ambos lados dos paneles donde lleva grabados los nombres de los mártires que hasta la fecha se han depositado en el interior del arca y espacio para poder grabar los que en el futuro se puedan agregar.
En los laterales, sendas asas articuladas para manipular el arca, rodeadas por filacterias con las inscripciones correspondientes al propio del oficio de los mártires. "ANUNTIATE INTER GENTES GLORIAM DOMINI" y "PROBABIT ME DOMINUS QUASI AURUM" (Anunciad entre las gentes la gloria del Señor y Me ha probado el Señor como al oro).
En los chaflanes de los ángulos se han colocado, unas cartelas que los cubre en toda su extensión y que además de acabar en su extremo inferior en el remate que eleva toda el arca, sustenta sobre sus ritmos unas ánforas flamígeras adornadas con ramas de roble. Aparte del elemento ornamental que cubren, hay que buscar su paralelismo con el cuerpo del mártir, que aunque siendo vasijas de barro por efecto del pecado original, éstas se transforman, por medio de la gracia del lavado Bautismal, en lámparas ardientes por medio de la Fe, animadas por la Esperanza y sobre todo robustecidas por la Caridad.
Sobre la tapa que cubre el arca, se encuentran unas palmas entrecruzadas, así como un cáliz y un áncora (símbolo de la Fe y la Esperanza) y que juntamente con la cruz-crismón se eleva como remate y atrae y cobija a la humanidad como el Buen Pastor que atrae a sus ovejas. Este Crismón es una interpretación libre de la decoración del sarcófago de San Vicente mártir (el primero que regó con su sangre nuestras tierras), adaptada como remate de la obra.
En el interior de la arqueta hay, unas guías donde se ajustan quince paneles, los cuales albergan cuarenta y ocho celdilla o tecas por ambos lados, con los fragmentos de cada mártir y su nombre correspondiente. Una base intercambiable y la documentación o "auténtica" que lacrada y sellada por los jueces designados para el caso, acredita la veracidad de lo depositado en el interior.
Técnicamente, el conjunto pesa 80 kilogramos, de lo cuales 16, corresponden a la plata que en sus repujados, cubiertas y paneles, ornamentan la obra. El resto es bronce bañado con oro fino, bruñido y lacado para su conservación.
La fecha de ejecución y punzón la lleva en la lazada de la parte posterior y dice así "PIRÓ FECIT IN VALENTIAE. A D. 2001" (Hecho por Piró en Valencia. Año del Señor 2001).
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4.5.  Cuadros
4.5.1.  Aproximación de la representación pictórica (I)
En este análisis se pretende exponer cómo han sido dispuestos los diferentes elementos gráficoóplásticos que se aglutinan en la confección de ésta obra pictórica.
Cabe indicar que desde el inicio de su creación se ha atendido en todo momento a las directrices y pormenores que requería el proyecto plástico; su cometido y función, en la que prima ser una pintura destinada al culto. Las dimensiones concretas y disposición del formato adaptándose al vano de pared a ocupar, el lugar destinado para su ubicación, concretamente la capilla de San Jacinto Castañeda, sita es la Catedral de Valencia.
En la pintura se representa un nutrido grupo de personas (poco más de un centenar), todas ellas derramaron su sangre por Cristo durante la persecución religiosa de 1936. El grupo mostrado forma parte de la mitad de los mártires valencianos del siglo xx que fueron beatificados el 11 de marzo de 2001. La representación de sus imágenes tiene el claro propósito de que sus figuras puedan ser veneradas.
La estructura compositiva de la obra radica en una ampulosa espiral claramente definida, ésta queda comprendida por dos puntos de fuga dispuestos en dos planos de altura distintos que consiguen aunar el fluir del grupo humano representado. La utilización de la espiral viene traída por tratarse de un elemento geométrico siempre abierto y cargado de simbolismo; desde la mera expresión de movimiento, pasando por el concepto de infinitud y eternidad, además de toda una serie de connotaciones de tipo espiritual y místico.
Los dos puntos de fuga a que aludimos con anterioridad, son el origen desde donde viene la marcha de la romera de mártires. Ésta se va vertebrando y haciendo cada vez más visible paulatinamente llegando incluso, gran número de las personas representadas a hacercarse en primerísimos planos frente al observador (área interior del cuadro), zona ésta que bien podría simbolizar la llegada a las puertas de la Gloria celestial.
La omnipresencia de la Cruz, símbolo por excelencia de la cristiandad, surge de forma velada de entre los vaporosos fondos del cuadro, prolongando dos de sus brazos hasta bañar con su luz las figuras del grupo de mártires.
La romería muestra jalonadamente a mártires pertenecientes a diversas ordenes religiosas así como de hombres y mujeres seglares de diferente condición y profesión. Están representadas las ordenes y congregaciones a las que pertenecieron son: Clarisas, Jesuitas, Franciscanos, Dominicos, Salesianos, Capuchinos, Dehonianos, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Sacerdotes diocesanos, Carmelitas, Hermanos de la Doctrina Cristiana, Escolapias, Terciarios Capuchinos y Hombres y Mujeres de Acción Católica. Podemos constatar sin ningún género de duda la variada representación eclesial.
Retomando el tratamiento plástico del cuadro, cabe indicar que se he cuidado en grado extremo el conjunto de elementos gráficoópictóricos que intervienen y sus posibles combinaciones e interrelaciones. Desde la estructura formal de las diferentes figuras, sus disposiciones, composiciones, anatomías y elementos de atrettzo. La relación entre las figuras y el fondo, pasando por la creación de espacios, el variado uso de texturas y veladuras. Los diferentes trazos gestuales de las pinceladas. La constante persecución de la naturalidad en el movimiento y gestualidad de las figuras así como la aproximación en la consecución de la identidad de sus rostros, de los que se pueden acertar e identificar algo más de una treintena de ellos.
El tipo de iluminación empleado, juega un importante papel dentro de la composición en si. El foco luminoso más intenso se circunscribe al ángulo superior izquierdo del cuadro y a su vez el fluir del baño lumínico tiene su gradación de origen cenital, impregnando a cada figura de la escena, esto propicia en la mayoría de ocasiones marcados contrastes luzósombra, tanto en los rostros como en sus indumentarias. Sólo en contadas ocasiones aparecen figuras que sitúan sus rostros a contraluz.
El tratamiento del color, sin duda condicionado por la iluminación es predominantemente cálido, éste también viene atemperado por la dominante sobriedad cromática requerida en el vestuario de los personajes. En el uso del color se ha pretendido huir de estridencias coloristas tratando de mantener una variedad equilibrada del mismo, con el fin de conseguir un clima naturalista. Este hecho facilita la aproximación del observador hacia los personajes representados.
La sensación de profundidad en el área superior del cuadro se ha potenciado al aplicar la perspectiva aérea y la técnica del esfumato ayudando de éste modo a crear una atmósfera difusa, en la que a medida que se alejan las figuras de los personajes, disminuyen sus tamaños y a su vez el contorno de sus formas va desdibujándose hasta desaparecer en la lejanía.
Valiéndonos de variada y pormenorizada documentación gráfica de la época de los personajes en la que fueron fotografiados con diversa fortuna, la resolución de los retratos responde e un extenso estudios y análisis previo de cada caso en particular, en los que para cada persona se ha requerido un tratamiento especifico y distinto. Por otra parte también se ha aunado la intención de mostrar un cierto aire general de templanza, vaga resignación, fuerza interior alimentada por la Fe, generosidad, entereza y sobre todo serenidad y entrega.
En el conjunto de los personajes pintados se ha pretendido conferir una reinante sensación de proximidad, humanidad y naturalidad.
Éste cuadro forma una unidad cerrada en si misma pero a su vez se complementa por una segunda obra en la que queda completa la cifra de los 233 mártires que fueron beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.

4.5.2.  Aproximación de la representación pictórica (II)
Este cuadro es un complemento del anterior. La temática, contenido, función y dimensiones son similares al antes señalado. La pintura representa un nutrido grupo de mártires que derramaron su sangre por Cristo durante la persecución religiosa de 1936. El grupo mostrado es la otra mitad de los que fueron beatificados en Roma por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.
La estructura compositiva de la obra radica en una sinuosa curva inmersa en una gran espiral, comprendida por dos puntos de fuga dispuestos en dos planos de altura distintos que consiguen aunar el fluir del grupo humano representado. La utilización de la espiral viene traída por tratarse de un elemento geométrico siempre abierto y cargado de simbolismo; desde la mera expresión de movimiento, pasando por el concepto de infinitud y eternidad, además de toda una serie de connotaciones de tipo espiritual y místico.
Los dos puntos de fuga son el origen desde el cual vienen los mártires. Ésta se va vertebrando y haciendo cada vez más visible, llegando incluso a acercarse en primerísimos planos frente el observador, el cual puede reconocer a muchos de ellos, área inferior del cuadro.
En la zona superior derecha, se ha dispuesto de forma parcial y un tanto velada la parte más característica la cruz y el crismón coronado procedente del sepulcro de San Vicente Mártir. Se trata de una cruz gloriosa, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. Los 233 mártires que han sido beatificados, siguiendo el ejemplo del primer mártir de la iglesia valenciana, han alcanzado ya "la corana de gloria que no se marchita".

4.5.3.  Descripción del cuadro: "Glorificación de los mártires valencianos", composición formal
Desde una vista de la ciudad de Valencia rodeada por el río Turia con las siluetas de los monumentos más representativos: Miguelete, cimborrio de la Catedral, puente y Torres de Serranos, destacándose en el crepúsculo se elevan en un ascenso helicoidal esa "muchedumbre de justos que nadie podría contar; que han blanqueado sus túnicas en la sangre del cordero" según nos cuenta San Juan en el Apocalipsis. Suben en un ascenso dinámico al encuentro con la figura de Cristo que, sentado en un Trono de nubes rodeado de luz deslumbradora les abre, sus brazos en actitud acogedora.
Algunos llevan palmas en sus manos, y una alegría desbordante se refleja en sus rostros y en sus manos. Hay mujeres, hombres, sacerdotes, religiosas y religiosos, todos participan de esa dinámica ascendente en pos de su meta: su encuentro con Cristo. El triunfo final de los juntos.
Aunque no es momento de jerarquías, para destacar con un nombre al conjunto numeroso de los 233 mártires que han sido beatificados por Juan Pablo II, la figura superior de la derecha representa la efigie de José Aparicio Sanz, que aparece con estola roja, mínimo distintivo más cromático que diferencial: "José Aparicio y compañeros".
La composición cromática es fruto de largos años de estudio de la luminosidad de los colores. Data de los primeros años de estancia en Tavernes de Valldigna del artista José Grassa Hontecillas, en que empezó a intuirla y cuyo conocimiento alcanzó hace pocos años. Desde entonces la aplica en sus obras de forma consciente y controlada. Dicha luminosidad da un poder reflectante singular al cuadro. Un poco como si tuviera luz propia.
La hechura ha sido resuelta como intentando que el juego de pinceladas parezca que "ha salido sólo", en un acto lúdico.
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4.6.  Bibliografía sobre los mártires beatificados
Mucho se ha publicado sobre los 233 Mártires españoles beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001. Cada postulación, a parte de la respectiva Positio, dedicó todo su empeño para dar a conocer las vidas de sus respectivos mártires. Conscientes de que somos parciales preferimos, no obstante, ofrecer la siguiente biografía:
Valentina Beatificationis seu declarationis Martyrii Servorum Dei Rvdi. D. Josephi Aparicio Sanz et Sociorum in martyrio sacerdotum de Clero Valentino in odium fidei, uti fertur, interófectorum, Roma 1999; Cárcel Ortí, V., Historia de la Iglesia en Valencia, tomo II, Valencia 1986; - "La persecutión religieuse en Espagne de 1931 à 1939 dans l'historiographie ancienne et récent", Revue d'Historie Ecclésiastique 84 (1989) 48ó96; - "La persecución religiosa en Española (1931-1939) en la historiografía antigua y reciente", Burgense 30 (1989) 139-193; - La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939), Madrid, Rialp, 1990; - Mártires Españoles del siglo xx, Madrid, B.A.C., 1995; - Persecuzioni religiose e martiri del xx secolo, Monitor Ecclesiasticus IV, 1998, pp. 647ó732; - Buio sull'altare. 1931-1939: la persecuzione della Chiesa in Spagna, Città Nuova, Roma 1999; - "Los procesos de beatificación y canonización de los mártires del siglo xx", Revista Española de Derecho Canónico, 146 (1999) 123ó176; - La gran persecución. España 1931-1939, Planeta, Barcelona 2000; - Mártires del siglo xx. Cien preguntas y respuestas, Valencia, Edicep 2001; Cárcel Ortí, V. ó Fita Revert, R., Mártires Valencianos del siglo xx, Valencia, Edicep 1998; Gabarda Cebellán, V., La represión en la retaguardia republicana. País Valenciano 1936-1939, Valencia 1996; Montero Moreno, A., Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, B.A.C., Madrid 1961; Moa Rodrigues, P., Los orígenes de la Guerra Civil Española, Madrid, Encuentro 1999; - Los personajes de la República vistos por ellos mismos, Madrid, Encuentro 2000, pp. 222ó254, 387ó415; Salas Larrazábal, R., "Situación de la Iglesia en la España Republicana durante la Guerra Civil", en Iglesia, sociedad y política en la España Contemporánea, San Lorenzo del Escorial 1983, pp. 185ó231; Fita Revert, R., "La persecució religiosa en Montaverner 1936-1939. Dades per a la seua hist˜ria", en Revista Alba, n.os 5ó6 (1990ó91), pp. 323ó334; Llin Cháfer, A., Una florecilla de San Francisco. Salvador Mollar Ventura, Valencia, Edicep 2001; Ros Llopis, H., Arturo Ros Montalt. 1901-1936. Centenario de un mártir cristiano, Valencia, Edicep 2000; Vives Aguilera, J.A., Hombres recios y entrañables, Madrid 2000; - Fortaleza y ternura, Valencia 2001; López de Vicuña, M.D. y López Ramos, M.C., Cuando amanecía. Martirio de 25 HH. Carmelitas de la caridad, Madrid 1993; Equipo de animación "La Salle", Para vivir y celebrar. Beatificación de los HH. Mártires de Valencia, Valencia 2001; Moreno, Y., Testigos de la fe, hermanas mártires. Carmelitas de la caridad de Vedruna, Madrid 2000; Alberdi, R., Los Mártires Salesianos de Valencia y Barcelona (1936-1938), Madrid, 2001; Martínez de Alegría, E., Un santo al azar, Juan María de la Cruz, Madrid 2001; Labarta, M.L., Educadoras y Mártires Escolapias, Zaragoza 2001; González Alcalde, A., Martirologio Amigoniano, Valencia 2001; Montoliu Muñoz, S., Mártires Capuchinos Castellonenses, Castellón de la Plana 2001; Sartori, T.M., Esplendor de una víctima, Beata María Guadalupe Ricart Olmos, Mártir Sierva de María, Madrid 2001; Martyrologium Romanum, Roma 2001.
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