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  Vicente Sicluna Hernández
  EL SIERVO DE DIOS
VICENTE SICLUNA HERNÁNDEZ

INTRODUCCIÓN

El interés del Papa por las causas de los santos, en especial por las de los mártires, es de todos conocido. En sus veinte años de pontificado Juan Pablo II ha elevado al honor de los altares a más de trescientos hombres y mujeres de nuestro siglo, que dieron su vida por Cristo. Los sistemas ideológicos y políticos pasan y el sacrifico de quienes murieron permanece y es semilla de nuevos creyentes. Los mártires del siglo XX son héroes de nuestro tiempo, como lo fueron los de los primeros siglos del cristianismo. Recordar a los que sufrieron por la fe, es garantía de esperanza y preludio de eternidad, en este final de milenio.

En este estudio incluimos sólo a aquellos cuya muerte, a causa de la fe, ha sido probada por medio de la "Positio". No hablamos, por tanto, ni de las víctimas de la guerra, ni de las víctimas de la represión política, ni de otros posibles mártires en proceso. Es fundamental distinguir claramente estos conceptos. Conocer quienes murieron "in odium fidei" o "in odium Ecclesiae", quienes murieron en el campo de batalla o en la retaguardia, y quienes fueron víctimas de la represión política. Todas las personas -caídos o víctimas- merecen el máximo respeto. Pero aquí nos referimos únicamente a los sacerdotes, religiosos y laicos que encontraron la muerte por la repercusión que su compromiso y misión apostólica tuvo en sus parroquias, en sus congregaciones religiosas o en sus familias. Exponemos casos de personas sencillas y honestas de la comunidad cristiana, no mostramos a personajes ricos o influyentes de la sociedad. Cualquier medio es bueno para presentar la excelente calidad humana y la coherencia cristiana de esos hombres y mujeres de "la Nostra Terra". Bolbaite, Enguera, Fuente la Higuera, Játiva, Navarres, Vallada son lugares, entre otros, relacionados con nuestros mártires.



Y aunque, es elevado el número de mártires que serán reconocidos por la Iglesia, en este opúsculo se delimita el campo: señalamos, a aquellos que nacieron o desarrollaron su actividad apostólica en la Canal de Navarrés, y acotando más el terreno, a uno que habiendo nacido en la ciudad de Valencia, ejerció el ministerio pastoral en varias parroquias de la Archidiócesis, siendo, finalmente, nombrado cura párroco de Navarrés. La biografía del Siervo de Dios Vicente Sicluna Hernández es poco conocida. A estas alturas, es inexcusable ignorar, la trayectoria de este sacerdote "testigo valiente de Cristo". La indiferencia respecto a los mártires no cabe entre los que se declaran cristianos y católicos practicantes, a veces con mucha ostentación externa.



2.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA



La persecución religiosa desatada en España entre los años 1931 al 1939, y concretamente en los pueblos de la Canal de Navarrés, motivó que numerosos cristianos reaccionasen en contra de la ideología antirreligiosa fomentada por la Autoridad legítimamente constituida. El régimen ateo, laico y laicista provocó la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron. Ante quienes despreciaban a la Iglesia y buscaban su destrucción, bastantes afrontaron la muerte por amor a Dios y a Jesucristo, con firmeza y paciencia. Los casos que mostramos "confesaron" su fe hasta derramar su sangre. El martirio fue, por tanto, la prueba suprema de su amor a Dios: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos".



La historiografía moderna ha demostrado, y en la documentación presentada a la Congregación romana para las Causas de los Santos ha quedado claramente probado, que en el período 1931-1939 en España se persiguió a los cristianos en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas.



2.1.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN NAVARRÉS



Desde el advenimiento de la República en 1931 y, sobre todo, desde febrero de 1936, aun antes de estallar la revolución, en Navarrés fueron prohibidas las procesiones, los entierros con cruz alzada y toda manifestación religiosa externa. En esta pequeña población existía, desde hacía tiempo, una capilla protestante con su pastor, que desarrollaba intensa actividad en toda la zona.



Cuando estalló la revolución no se tomó ninguna medida para salvar al anciano párroco. También fueron asesinados dos seglares, uno por motivos religiosos. El templo parroquial y la ermita fueron totalmente saqueados. La parroquia fue convertida en mercado. Todas las imágenes, retablos, ornamentos y enseres de culto fueron robados y quemados. La casa parroquial fue parcialmente destruida. El culto católico fue completamente suprimido mientras duró el período revolucionario por prohibición expresa de los milicianos. Algunos jóvenes pudieron comulgar clandestinamente.



3.- LA IGLESIA HONRA A LOS SANTOS.



A.-Planteamiento bíblico: La Iglesia desde hace ya muchos siglos, se puede decir que desde siempre, honra a los santos, a aquellos que ha considerado servidores fieles, y que han merecido entrar en el gozo del Señor. Los primeros indicios de un culto reverencial tributado a los mártires aparecen ya en el Nuevo Testamento. En el Evangelio de Mateo, los discípulos de Juan el Bautista, cuando se enteraron de que Herodes le había mandado decapitar, tomaron el cadáver y lo sepultaron. Se trató de un acto humanitario, cierto, pero que no quedó restringido a un comportamiento de mera sensibilidad humana, pues encerraba una nítidamente diferenciada intencionalidad religiosa, por tratarse del cadáver de quien era más que profeta, y había sido elegido por Dios para anunciar ante el mundo la presencia del Mesías.



Más explícita es, todavía, la referencia que ofrece en los Hechos de los Apóstoles, con ocasión de la muerte de Esteban. Dice el texto: "A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto". Luto de dolido llanto cristiano, que brotaba de la fe y del reconocimiento al protomartir. Y aún voy a citar otro texto del Apocalipsis, que dice: "Cuando abrió el quinto sello, vio debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado. Y a cada uno le fue dada una túnica blanca".



En la visión apocalíptica, quienes ha sido mártires por la fidelidad a la Palabra de Dios, aparecen ubicados junto al altar, para indicar que participan del nuevo rito del holocausto ofrecido al Señor. Su presencia junto al altar del nuevo culto celeste y la vestidura blanca con la que son investidos, han de ser interpretados como los tributos de la santidad, otorgados a quienes por ser fieles a Dios han sido capaces de ofrecer su propia vida.



Desde este planteamiento bíblico, resulta comprensible y consecuente que la naciente Iglesia honrase a los mártires, tributándoles un culto similar al descrito en el Apocalipsis, pues hizo de sus sepulcros aras para el sacrificio eucarístico.



B.-Planteamiento teológico: Pero la Iglesia no sólo honra a los mártires, sino a cuantos han sido fieles a la palabra de Dios, fuese cual fuese su estado civil y la situación eclesial que tuviesen. Los confesores y las vírgenes, los reyes y los plebeyos, los adultos y los jóvenes, los célibes y los casados, todos, y en cualquier parte del mundo, han recibido el honroso reconocimiento de su fidelidad a la Palabra de Dios. Por haber sido fieles a Dios, la Iglesia les ha honrado con el título de santos.



Hay que reconocer, que la santidad que la Iglesia reconoce a los hijos más prestigiosos, revierte en homenaje de Dios, al que sirvieron, y por cuyo servicio han merecido la dignidad que se les otorga. Por ello, al proclamar la santidad de los siervos de Dios, a quienes en verdad se honra es al mismo Señor, desde quien y ante quien merecieron tal título. Así aparece formulado en un sermón atribuido a San Agustín, donde se proclama: "Esta solemnidad, hermanos míos, es un honor a Dios por medio del siervo de Dios".



Los santos son, por lo tanto, el fruto sazonado de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Por la fidelidad a la acción del Espíritu, que les ha unido vivencialmente a Cristo, la Iglesia les tributa culto, y los incorpora en el calendario de las celebraciones litúrgicas. La conmemoración de los santos a lo largo del año litúrgico, testifica el reconocimiento de la comunidad a quienes han sabido realizar su propia vida y llevar a cabo su vocación cristiana en un comportamiento de fidelidad a la gracia divina. Como se ha dicho, la santidad que la Iglesia reconoce en sus hijos revierte en homenaje a Dios. Al proclamar la santidad, a quien verdaderamente se honra es al mismo Señor.



A la luz de lo expuesto, se comprende el sentido pleno de esta preciosa formulación del concilio Vaticano II: "La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa... Por eso todos en la Iglesia, pertenezcan a la jerarquía o sean regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: lo que Dios quiere es que seáis santos. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta sin cesar y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se expresa de muchas maneras en aquellos que en su estilo de vida tienden a la perfección del amor con edificación de los demás" (LG 39).



El santo se convierte, por tanto, en instrumento para adentrarse en el conocimiento de Dios, y cada santo con su vida pone de manifiesto, con especial realce, algún aspecto divino, que, a través del servidor fiel, se hace más patente al resto de los mortales dentro y fuera de la Iglesia. El santo es, en último término, un portador de Dios a los hombres, y por ello un santificador de la sociedad y de la historia.





4.- SIERVO DE DIOS
VICENTE SICLUNA HERNÁNDEZ



4.1.- EL APARATO PROBATORIO





De los 12 testigos que han depuesto en el proceso dos son de oficio. El Sr. Ramón Argente Sales fue juez que levantó el acta de defunción del cadáver del Siervo de Dios, el Sr. Vicente Foyari Cros su secretario y el Sr. Vicente Amorós Iseru el médico que certificio la muerte del Siervo de Dios. Ocho testigos fueron feligreses del Siervo de Dios. El Sr. José Ros Martínez fue sacristán del Siervo de Dios y el Sr. Salvador Darocas Juaréz fue acólito.



4.2.- PERFIL BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS



Nació en Valencia el 31 de octubre de 1859 y fue bautizado en la Iglesia Parroquial de San Esteban Protomártir, el día uno de octubre del mismo año, por el Vicario don Lorenzo Fuertes, que le impuso los nombres de Vicente, José María y Ramón. Fueron sus padres Vicente Sicluna Carmona, natural de Muro, y María del Rosario Hernández Balader, natural de Valencia, casados en la Parroquia de San Andrés y vecinos de Valencia. Tuvo una hermana llamada Desamparados. Su abuelo paterno, José Sicluna Gatt, era natural de la isla de Malta, de donde procede el apellido "Scicluna", que después derivó a "Sicluna". Su padre pertenecía a la Guardia Civil, lo cual hace suponer que su familia vivió en diversas poblaciones, entre ellas Ollería en el valle de Albaida, donde D. Vicente pasó parte de su infancia.



Mostrando una clara vocación al sacerdocio estudió en el Seminario Conciliar de Valencia. Hizo también la carrera de Megisterio, cuyo título consiguió el 17 de junio de 1878. Cantó su Primera Misa en 1884. Se licenció en Sagrada Teología y obtuvo el título de Bachiller en Artes. Destinado primero como Cura Párroco de Nuestra Señora de Los Angeles de Cortes de Pallás, pasó después a regir, como Cura Ecónomo, el curato de Navarrés. Posteriormente fue nombrado Cura Párroco del mismo pueblo, cuya firma aparece en los libros sacramentales del archivo desde el 23 de octubre de 1903 hasta su muerte, en 1936. Durante todo este largo período de tiempo, tuvo tres vicarios parroquiales:



Sobre su prolongada actividad pastoral en Navarrés, que es donde ejerció el ministerio sacerdotal la mayor parte de su vida sacerdotal, señalamos que fue un verdadero hombre de Dios. El recuerdo de su paso por aquella parroquia es de admiración y veneración por su prudencia, celo y demás virtudes sacerdotales. De profunda vida espiritual, pasaba largas horas ante el Sagrario. Buen consejero en la dirección espiritual, servicial y atento a todas las necesidades de sus feligreses. De buen carácter. Ejercicía la caridad ayudando a cuantos se acercaban a su casa, compartiendo cuanto tenía. Visitaba con asiduidad a los enfermos. Algunas personas recuerdan, con gratitud, la visita a sus casas con motivo de la administración de los últimos sacramentos a las personas enfermas.



Hombre de recia formación. Su nivel intelectual quedó patente, en sus sermones, en la vida litúrgica y en las clases que impartía a los niños y jóvenes o enseñándoles la lengua latina. Numerosos sacerdotes acudían al Siervo de Dios en busca de su prudente consejo. También de la Curia Diocesana se le consultaban algunos asuntos. Fue un buen predicador. Sus homilías atesoraban reflexión teológica y espiritual. De hecho, la gente le puso el apelativo afectuoso de "pico de oro", y todavía recuerdan sus exhortaciones de Cuaresma; la predicación de los "Siete Dolores" y de las "Siete Palabras" del Viernes Santo, etc. En cuanto a la catequesis fue muy exigente, según recuerdan algunas personas que recibieron la Primera Comunión de sus manos. Sentía una gran devoción a la imagen del Santísimo Cristo de la Salud, como quedó reflejado en los himnos que compuso. Dicen que las últimas palabras que pronunció antes de morir fueron una invocación al Santísimo Cristo.



Entre otras cualidades humanas y rasgos de su personalidad, destacamos sus dotes para el dibujo, como fruto de sus estudios de Bellas Artes. Realizó algunos retratos a personas del pueblo. Otro de los aspectos interesantes de su vida ministerial fue el interés que mostró por mantener el templo parroquial en buenas condiciones, lo mismo que la ermita del Cristo de Navarrés. En el año 1914 pavimentó la iglesia e hizo algunas obras en el campanario. Se recuerda también la reforma que hizo en la ermita, ampliándo el ábside, para acondicionar la sacristía.



En julio de 1908, con motivo de la Santa Visita Pastoral, elaboró el inventario del archivo parroquial. En dicha relación, que aun se conserva, hay una reseña de la serie "Quinque Libri" existente en la parroquia de Navarrés, que empiezan en el 23 de agosto de 1610., después de la expulsión de los moriscos.



El Siervo de Dios Vicente Sicluna Hernández trabajó mucho en el ámbito social, en favor de sus feligreses de Navarrés. En 1929 fue nombrado consiliario de la antigua cooperativa, que tenía por título "Sindicato Agrícola del Santísimo Cristo de la Salud", que se fundó el 29 de junio de aquel mismo año. Por la intensa actividad pastoral que realizaba, los enemigos de la Iglesia lo arrestaron y asesinaron.



4.3.- PERSONALIDAD Y FISONOMÍA MORAL DEL

SIERVO DE DIOS



Los testigos afirman que el Siervo de Dios era de inteligencia nada común y de cultura amplia. Trabajador, valiente, decidido, sobrio, de vida retirada, discreto y amable con todos. Sacerdote ejemplar, cumplidor de sus obligaciones, muy bueno al que sus feligreses apreciaban, de conducta intachable. Era muy servicial. Extraordinariamente caritativo, nadie se acercaba a él que no recibiera favores, vivía en pobreza evangélica. Tenía un gran celo pastoral.



Los testigos interrogados acerca de las virtudes practicadas por la Siervo de Dios describen una personalidad moral rica, en la cual brillan las virtudes teologales, cardinales y anexas. Lo describen como un sacerdote coherente, dedicado activamente al apostolado, al mismo tiempo que cumplía ejemplarmente y con exactitud sus deberes sacerdotales.



4.4.- EL MARTIRIO MATERIAL



El perseguidor sin lugar a dudas provocó la muerte natural, cumpliendo uno de los requisitos, según la doctrina de Benedicto XIV, por los cuales se concreta el verdadero martirio.



En el proceso, no obstante las dificultades para encontrar testimonios sobre el hecho del martirio del Siervo de Dios, perpetrado en circunstancias de clandestinidad, se consiguieron suficientes testigos. a) Del hecho y las circunstancias de la detención depusieron de visu dos personas. b) De reconocieron el cadáver inmediatamente después de la ejecución testificaron de visu el juez, el secretario del juez y el médico que certificó su muerte c) Del traslado del cadáver del Siervo de Dios desde el lugar de la ejecución hasta el cementerio sobre un asno mofándose del mismo, testificaron tres testigos. c) Del ambiente hostil a la Iglesia depusieron, de visu, todos los testigos.



4.5.- HORAS AMARGAS



El Siervo de Dios era consciente, en los días previos a la revolución, de la situación que estaba por afrontar: persecución religiosa y probable martirio. Así lo manifiesta una feligresa del Siervo de Dios: "Tenía el Sr. cura conciencia de la maldad que se avecinaba. Continuamente nos decía: ‘Hijos míos, rezad mucho que las cosas están muy mal’".



La revolución en Navarrés comenzó con el incendio de iglesias, la quema de imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento de algunos católicos. Así lo testimonian los testigos en sus respuestas a la pregunta nº. 10 del interrogatorio. Al estallar la revolución de 1936, el Siervo de Dios reaccionó como un sacerdote católico auténtico. Así lo testimonia un señor que fue acólito del Siervo de Dios: "Después del 18 de julio estuve una vez en donde él estaba a visitarle y recuerdo nos confortó al otro muchacho y a mí, y a que rezáramos mucho a la Virgen, de la que él era devotísimo".



Una feligresa del Siervo de Dios, depone: "La revolución comenzó muy pronto en Navarrés. Inmediatamente, lo expulsaron de la abadía y se cerró la iglesia. Las personas buenas le hubiéramos acogido, pero no se creyó prudente, porque estábamos comprometidos. Se le cedió un piso y allí se refugió con su sirvienta, que no le quiso abandonar. Allí se entretenía, rezando y leyendo. Yo no tuve trato personal con él, mi hermana, que vivía enfrente, se comunicaba con él por los balcones. Sé que continuaba celebrando y yo tuve formas consagradas por él, pues celebraba en casa, y en cuanto podía y de esta manera nos atendía pastoralmente".



Un sacerdote que era feligrés del Siervo de Dios y testigo oficio, declara: "He oído decir que llegada la revolución no sé ausentó de la población y estuvo en varias casas hasta que en una de ellas fue detenido". Otra feligresa del Siervo de Dios, afirma: "El Siervo de Dios estuvo en mi casa durante quince días, en el último mes de su vida; le traté entonces con más asiduidad. Tenía conciencia de la gravedad de la situación y preveía que había de morir. Ante esa posibilidad estaba más bien tranquilo que temeroso. Sé que alguien llegó a insinuarle que se suicidara y él rechazó con energía la sugerencia diciendo que él aunque viejo sabía su responsabilidad y tenía la seguridad de que si le mataban, su muerte sería un martirio. Después ante las crecientes amenazas abandonó mi casa, y después de refugiarse en algún otro sitio por pocos días, los protestantes le dieron asilo en su capilla, y de allí se lo llevaron para matarle los milicianos".



En este clima de persecución, el Siervo de Dios mantuvo el ánimo sereno, confiando su vida en las manos de Dios, y continuando en sus actividades cotidianas con total naturalidad. Los testigos afirman que el Siervo de Dios sabía que era perseguido y que nunca ocultó su condición sacerdotal. Asimismo declaran que el Siervo de Dios no tenía enemigos personales ni participó en política.



4.6 - DETENCIÓN Y EJECUCIÓN



El Siervo de Dios fue detenido por unos milicianos en la casa donde vivía. Una feligresa del Siervo de Dios, depone: "Yo estaba muy cerca en el momento de su detención y no oí ningún grito de protesta. Mansamente se entregó y nada más".Otro feligrés del Siervo de Dios, afirma: "Por septiembre, a la madrugada de cierta noche, oí golpes muy fuertes a una puerta. Creyendo que llamaban en mi casa, me asomé por la ventana y pregunté qué querían, pero al pronto un miliciano apuntándome desde bajo con una pistola me dijo: ‘Escóndete y cierra que a ti no es a quien buscamos’. Yo cerré, pero me quedé tras mi ventana oyendo. Me di cuenta que se encaramaron no sé como al balcón. Golpearon más vehemente hasta hacer saltar un listón del ventanuco. Sólo entonces se oyó la voz de la sirvienta del Siervo de Dios, que preguntó desde dentro en valenciano: ‘¿Quién es?’. A lo que respondieron: ‘Abre pronto y da la luz, porque sino en vez de a uno nos llevaremos a los dos’. Y en seguida oí la voz del Sr. cura D. Vicente, que exclamaba desde dentro: ‘¡Señor cúmplase tu voluntad! ¡Santísimo Cristo asistidme en mi última agonía!’, y esto lo oí repetírselo hasta que arrancó el coche". Y agrega: "Sólo sé que a las pocas horas estaba muerto en la cuneta de la carretera del término de Bolbaite".



Una feligresa del Siervo de Dios y testigo de oficio, depuso que el Señor cura les dijo simplemente: ‘Ha llegado mi hora’ y se entregó sin violencias ni protestas. He oído decir y se supone fundadamente que, antes de entregarse, sumió las formas consagradas. Sabemos que las tenía y se dice que se puso algo en la boca en aquel momento". Y continúa: "Él esperaba de un momento a otro que le detuvieran y le mataran, desde que había sido asesinado, unos días antes, el farmacéutico. Y creo, por conocerlo, que sabía que llegado el caso su muerte sería un martirio". Y agrega: "Sé que lo mataron en término de Bolbaite. Después su cadáver fue puesto sobre un pollino y le pasearon con mofa por la población ".



Un sacerdote testigo de oficio, declara: "Estaba yo escondido en Bolbaite y desde mi casa se veía un tramo de la carretera al cementerio. Y oí que las gentes hablaban y comentaban que habían muerto al cura de Navarrés y lo llevaban al cementerio. Y me asomé y vi cómo lo pasaban con mofa, sobre un jumento, cual si fuera un saco. Me causó gran impresión. Y recuerdo que a mi madre, que en gloria esté, le dije: ‘Mire madre lo que veo. Hemos de hacernos el ánimo y ponernos en manos de Dios’".



El Juez municipal de Bolbaite depone: "No recuerdo exactamente la fecha de su muerte, creo que en los últimos días de septiembre de 1936. Era yo entonces juez suplente de Bolbaite, y en funciones de tal fui llamado para el levantamiento del cadáver de D. Vicente Sicluna; estaba tirado en la cuneta de la carretera a kilómetro y medio de la población; tenía un tiro en el pecho, y advertimos que no había sangre en el suelo, lo cual nos hizo suponer que había sido asesinado en otra parte, y traído a aquel lugar. Ordené el levantamiento del cadáver, se le volvió sobre una caballería, y se le llevó al cementerio donde fue enterrado; contra mi indicación se le llevó por medio de la población, dando ello ocasión a escarnios y burlas".



Confirmado por el secretario del Juez de Bolbaite, que declara: "El día 22 de septiembre de 1936, a las ocho de la mañana, como secretario del juez municipal suplente Ramón Argente Sales, con la concurrencia del médico titular del pueblo Vicente Amorós Iseru, y de los vigilantes nocturnos, Ricardo Tortosa Castelló y Juan Albiñana Meseguer, en la diligencia de inspección ocular y levantamiento del cadáver de D. Vicente Sicluna Hernández, en el kilómetro de esta carretera provincial de Alcudia de Crespins, a Ayora a Turís. Le apreciamos una herida en la región precordial, mortal de necesidad, producida por tiro de escopeta con bala a bocajarro. En tierra, en el punto donde reposaba la cabeza se encontraron dos pequeñas huellas de sangre distantes una de otra unos 25 cm. Se le encontró en el bolsillo izquierdo de la chaqueta una crucecita metálica de las que coronan el copón donde se guardan las sagradas formas. Disimuladamente la cogí y reverentemente la guardé y ahora la presento al tribunal y la pongo a su disposición".



En el mismo modo depone el médico: "Una mañana, no recuerdo en qué fecha, fui requerido para que acompañase al juzgado en la diligencia de levantar el cadáver de un hombre que yacía en la carretera muerto a mano armada. Ordenado por el juzgado el levantamiento del cadáver, al cementerio de Bolbaite fue trasladado y allí le practiqué la autopsia apreciándole una herida producida por tiro de bala en el pecho, mortal de necesidad; la descarga fue a quemarropa. De momento no le reconocí, por el juez supe que se trataba de D. Vicente Sicluna Hernández, cura de Navarrés". La muerte del Siervo de Dios está probada mediante el certificado de defunción y la documentación sobre el martirio del mismo, que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.



4. 7.- SEPULTURA DE LOS RESTOS MORTALES



El Sr. Ramón Argente Sales depone: "Actualmente reposan sus restos en el cementerio de Bolbaite". Confirmado por el Sr. Vicente Foyari Cros, que declara: "Se ordenó el levantamiento del cadáver que se depositó en el cementerio de Bolbaite, después de trasladarlo sobre un pollino por el interior de la población, y se le enterró en una fosa común del cementerio". Confirmado por la deposición de otros testigos. El Pbro. Carlos Pons, cura párroco de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Navarrés, en su declaración escrita del 30 de septiembre de 1997, afirma que se desconoce el lugar exacto de la sepultura los restos mortales del Siervo de Dios.



4.8.- EL MARTIRIO FORMAL



Es útil recordar la doctrina del Cardenal Lambertini, 1-. El martirio formal por parte del perseguidor: Por parte del perseguidor - los milicianos rojos o brazo armado de la extrema izquierda - no podía ser otro el motivo para asesinar al Siervo de Dios sino el odium fidei. En el Summarium se encuentran las pruebas evidentes de esta afirmación. Buscaban sistemáticamente a los católicos; odiaban todo lo que se relacionara con la religión católica y sus símbolos. Así se puso en evidencia en la Informatio. Los milicianos sabían que era un sacerdote, por ello lo persiguieron y arrestaron. 2.- El martirio formal sufrido por el Siervo de Dios: Durante la revolución don Vicente Sicluna Hernández hablaba de probable martirio y se confiaba a la voluntad de Dios. El Siervo de Dios, sacerdote consciente de su vocación, se empeñó en ejercerla y vivirla auténticamente, nunca ocultó su condición sacerdotal ni se metió en política; como quedó demostrado. El Párroco de Navarrés afrontó con entereza cristiana la muerte como queda demostrado.



4. 9.- LA FAMA DEL MARTIRIO



Sentir común: Entre quienes supieron de la muerte del Siervo de Dios fue unánime el concepto de auténtico martirio. Muchas personas se encomiendan a la intercesión del Siervo de Dios. Sentir de algunas personas: Los distintos testigos que han testimoniado en el proceso afirman que el Siervo de Dios sufrió un verdadero martirio. En el mismo modo se expresa el Pbro. Carlos Pons, cura párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Navarrés en su declaración escrita del 30 de septiembre de 1997.



4.10.- OTROS DOCUMENTOS



La fama de martirio del Siervo de Dios se puede probar también a través de otros documentos que son comunes a los otros Siervo de Dios. El martirio del Siervo de Dios ha sido narrado en diversas publicaciones.



5.- LO FUNDAMENTAL

El santo es bastante más que una persona buena o, incluso, muy buena. El santo es, básicamente, el cristiano que, desde su situación en la Iglesia por el bautismo, y por haber sido fiel a la acción del Espíritu Santo, ha recibido en eficaz plenitud la gracia de la obra redentora de Cristo. Por eso es testigo vivo de Dios, y motiva a la Iglesia a un constante proceso de fiel escucha de su Palabra, y por lo tanto de conversión.



Evangelizar a un mundo en crisis es la tarea contante de la iglesia. En la relación final del Sínodo de los Obispos de 1985, se dice: "La evangelización se hace por testigos; pero el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con la vida''.



El santo, si por algo se distingue siempre es por su amor y su fidelidad a la Iglesia. Y la enseñanza que el santo aporta tiene cumplida vigencia al ser asumido y propuesto por el magisterio eclesial. La canonización -o beatificación- de un cristiano por parte de la Iglesia equivale a ratificar su vida y la doctrina propuesta en su vida. El santo acaba enseñando siempre por medio de la jerarquía de la Iglesia.



En los momentos más críticos de la historia -y crítico es el momento presente- han sido los santos quienes, con un comportamiento de amor sincero a la Iglesia, han puesto de manifiesto las debilidades eclesiales y han promovido su recuperación penitencial. No fueron los grandes de este mundo, sino los santos de cada momento quienes obraron el decisivo y crucial cambio en el seno de la Iglesia, e incluso de la sociedad. Ellos han sido instrumento de vida cristiana entre el pueblo.



Con sencilla grandeza, como corresponde a un santo, Vicente Sicluna Hernández no tuvo otra norma de conducta que ayudar a quien necesitaba de su ayuda. El modelo de su vida, como la del resto de los santos, fue Jesucristo. Este sacerdote es, por consiguiente, un acuciante estímulo de conversión para las parroquias de Bolbaite, Cortes de Payás, Navarrés, Ollería y San Esteban de Valencia. A los feligreses de estos pueblos los debe impulsar a profundizar en los caminos de la perfección cristiana. Nuestras parroquias han de estar viviendo siempre un movimiento de purificadora conversión hacia Dios; lo mismo los movimientos y grupos apostólicos.



Y esta conversión dentro de la Iglesia, quienes la promueven con su propia vida son los santos. Ellos, hombres y mujeres, indiscriminadamente, desde la finura de su espíritu le descubren a la Iglesia la virtud propia que debe alcanzar en cada situación histórica. Los santos del pasado abrieron siempre caminos nuevos, y caminos idénticos continúan abriendo los santos en los tiempos modernos. En este sentido Vicente Sicluna Hernández ejerce la constante acción penitencial que mueve a la práctica de las virtudes cristianas en cada circunstancia y da testimonio de Dios dentro del mundo.



Como conclusión tenemos que afirmar que el Siervo de Dios Vicente Sicluna Hernández, con su conducta de fidelidad al Espíritu Santo, ha llegado a ser un fruto maduro del conocimiento en profundidad de la palabra de Dios. Lo que equivale a reconocer que nuestro Mártir coopera en el conocimiento correcto del misterio de Dios y de lo que anuncia la Iglesia. Este sacerdote, ejerce, para los cristianos no sólo de Navarrés, sino de toda la Archidiócesis y de la Iglesia universal, una influencia de iluminador estímulo, por cuanto demuestra que es posible ser fiel a la gracia de Dios en cualquier estado de la vida.



Con su comportamiento, Vicente Sicluna Hernández se convierte en maestro y estimula a llevar el compromiso de la fe hasta las últimas consecuencias. Ésta es la gran repercusión pedagógica de nuestro Mártir. Por ello, al honrarlo, nos dirigimos con un gesto de gratitud a Dios Nuestro Señor, que nos muestra a través de este sacerdotes, el camino que conduce hacia Él.



6.- NOBLEZA ESPIRITUAL.



"Y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra", dijo Jesús a los Apóstoles. "Mártir" es igual a "testigo". Quien testimonia a Cristo dando la vida o padeciendo por su amor, o por la verdad de su doctrina ese "confiesa la fe". El que acepta y sufre con firmeza y paciencia -virtudes recomendadas por Cristo- la persecución y la muerte por odio a la fe del Maestro, a ese la Iglesia lo considera mártir. El martirio es, por tanto, el reconocimiento de la paciencia cristiana, en cuanto que ésta imita y se asemeja a la muerte de Jesús, quien fue conducido al patíbulo por confesar claramente su propia divinidad. "¿Eres tu el Hijo de Dios? "Yo lo soy". Y el tribunal falló: "Reo es de muerte". Cristo en el tribunal y Cristo en la cruz es, pues, el primer mártir. Y usando una frase de San Agustín, Cristo es el modelo de los mártires.



Desde los primeros siglos la Iglesia ha considerado el martirio como el título mayor que puede alcanzar un cristiano. Y Vicente Sicluna Hernández ha sido digno de recibir esa aristocracia espiritual.

Ramón Fita Revert

Delegado Diocesano para las causas de los Santos



Valencia, 23 octubre, 1999







De conformidad con los
Decretos del Papa Urbano VIII,
en nada se pretende prevenir
el juicio de la Santa Iglesia.









ORACIÓN

Oh Dios, gloria y corona de los mártires, que escogiste para el sacerdocio ministerial a tu Siervo VICENTE SICLUNA HERNÁNDEZ y le concediste asemejarse a tu Hijo en una muerte como la suya: te pedimos alcanzar por su intercesión las gracias que ahora te suplicamos y verle glorificado para bien de tu Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor.



Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

María, Reina de los Mártires, acoge nuestra oración.

(Con las debidas licencias)

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