El prelado del Opus Dei y el cardenal Cañizares vienen a Valencia por el Año Sacerdotal Monseñor Enrique Benavent y don Antonio Ballester también participarán en estas jornadas de Diálogos de Almudí dedicadas...
Contemplad a tantas almas que necesitan de nuestro testimonio cristiano. Son muchos los que no conocen la luz de Cristo. Testimoniad con alegría el mensaje cristiano: que Cristo, su gracia y su amor, fecunden la historia.
HOMILÍA
LXX Aniversario fundación del Opus Dei
S.I. Catedral Metropolitana,
Valencia, 2 de octubre de 1998
El que se haga pequeño ese es el más grande en el Reino de los cielos (Mt 18,4). En esto consiste el milagro y el misterio de la vida cristiana que toma su ejemplo en Cristo Jesús.
El Hijo de Dios Padre, se despojó de su rango y se hizo semejante a los hombres. Jesús, grande por ser Dios se hizo pequeño, asumió definitiva e íntegramente forma humana siendo uno de nosotros en todo, menos en el pecado. El lenguaje que Jesús habla en su existencia es el lenguaje humano del amor de Dios por los hombres.
Jesús, al tomar la condición humana, ha abierto para el hombre el misterio de la vida trinitaria.
Dios se comunica en Cristo para hacernos partícipes de su Verdad y de su Vida, para insertarnos en la relación filial que el Hijo tiene con el Padre.
La posibilidad de compartir la vida divina de Jesucristo se hace efectiva cuando a la interpelación de Cristo respondemos con una entrega confiada de nosotros mismos. A1 igual que hace un niño ante la solicitud amorosa de sus padres.
El niño se entrega a sus padres porque confía en ellos, porque le ofrecen seguridad, porque mediante esa relación íntima padres e hijo, el niño descubre el milagro de sentirse amado; y aprende a amar.
En esa confianza el niño sabe que su vida no corre peligro, sus padres velan día y noche por él.
De esta manera, el niño inicia la ineludible tarea de descubrir la vida. Tampoco en esto estará solo. Sus padres son guía, consejo y estímulo para él.
El niño manifiesta una actitud de total abandono en manos de quienes sabe que lo quieren sin medida.
Mediante el ejemplo del niño, Jesús invita a sus discípulos a hacer suyas esas actitudes. Jesucristo nos enseña que este es el único camino para llamar en verdad a Dios, Padre.
Cuando Jesús se dirige a Dios designándolo como Padre, lo hace con un término propio de la vida de familia que expresa el total abandono, la entrega confiada, la relación de amor y de cariño entre el Padre y el Hijo.
El cristiano, que se ha hecho niño en Jesucristo y vive con Dios Padre esta relación de intimidad familiar, fácilmente descubre la voluntad de Dios y la pone en práctica.
Esta verdad se manifiesta con claridad en la vida de los santos y beatos. Ellos son, valga la expresión, los niños de Dios.
Han sido pequeños para este mundo y son grandes en el Reino de los cielos.
Fueron pequeños para este mundo porque descubrieron que la vida del cristiano es, en relación a Dios, como la de un niño junto a sus padres.
En la intimidad y en la cercanía junto a Dios llegaron a descubrir lo que el Padre quería de ellos.
Dios, en su infinita sabiduría, como Padre bueno y providente de todos los hombres, muestra el camino que estos hombres y mujeres, pequeños como niños, deben recorrer en cumplimiento de su voluntad.
Uno de esos hombres, pequeño como un niño, pero grande en el Reino de los cielos, es el beato José María Escrivá.
De su trato familiar con Dios surgió el Opus Dei hace hoy setenta años.
Cuando cumplía los quince-dieciséis años, —joven estudiante de carácter alegre—, sintió a Dios en su vida: le pedía mayor profundidad en su fe y disponibilidad generosa para preparar cuanto le haría ver, con luz clara y definitiva, el 2 de octubre de 1928.
El beato José María descubrió ese día un horizonte apostólico nuevo y la llamada para una misión.
La decisión es una respuesta de amor que lleva al amor de Dios.
Vosotros, mediante la pertenencia o cercanía espiritual, al Opus Dei, habéis elegido, siguiendo los pasos del beato José María Escrivá, ser como niños delante de Dios.
¡Que seáis muy niños! -decía con entusiasmo el fundador de la Obra—Y cuanto más, mejor. Os lo dice la experiencia de este sacerdote, que se ha tenido que levantar muchas veces a lo largo de estos treinta y seis años que lleva tratando de cumplir una voluntad precisa de Dios. Una cosa me ha ayudado siempre: que sigo siendo niño, y me meto continuamente en el regazo de mi Madre y en el corazón de Cristo, mi Señor (Amigos de Dios, n° 147).
Junto a Cristo y a María, el cristiano se siente niño y, al mismo tiempo, se siente amado, con un amor que no tiene límites. ¡Qué fácil es, entonces, ser un niño de Dios! ¡qué gratificante resulta permanecer niños de Dios!
Camino de infancia. - Abandono. - Niñez espiritual. - Todo esto no es una bobería —leemos en Camino- sino una fuerte y sólida vida cristiana (n° 853).
El camino de infancia al que aludía el beato José María no es otro que el camino del amor.
Si nosotros recordamos ahora nuestra infancia, podríamos designarla como camino de amor. Independientemente de lo que hayamos podido hacer, el recuerdo inmediato es el del amor
Una imagen tenemos todos en nuestra memoria: la del amor de nuestros padres hacia nosotros por encima de cualquier circunstancia. A esa experiencia siempre estaremos ligados.
¡Qué testimonio más hermoso leemos en Camino! A veces nos sentimos inclinados a hacer pequeñas niñadas. - Son pequeñas obras de maravilla delante de Dios, y, mientras no se introduzca la rutina, serán desde luego esas obras fecundas, como fecundo es siempre el Amor (n° 859).
Vuestro fundador era un hombre capaz de amistad, sabía amar gratuitamente.
Amar al mundo apasionadamente: así tituló una homilía; quizá una de las más representativas del mensaje espiritual y humano de la Obra.
Este amor a Dios, al mundo, a la humanidad entera, fue un regalo de Dios a la Iglesia a través del Opus Dei.
Dios es Amor, y nos tiene un amor tan grande que entrega a su Hijo Unigénito para que se encarne y conviva con los hombres.
Dentro de esa impresionante corriente de amor se sitúa todo lo que es de Dios: la Obra es fruto del amor.
Por eso la expresión del fundador "hacer" la Obra de Dios en la tierra, "siendo tú mismo" Opus Dei, es un modo divino y humano, desde la Iglesia, de hacer presente el amor de Dios entre los hombres.
Dios despierta el deseo de un amor infinito en el corazón de todos los hombres. Nos atrae hacia Él para que seamos sus hijos conscientemente.
Estuve considerando —escribió en 1931— las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre! Y -si no gritando- por lo bajo, anduve llamándole así (¡Padre!) muchas veces, seguro de agradarle (Apuntes íntimos, n. 296).
Todo hombre que se hace como niño ante Dios, nace de Dios y es hijo de Dios.
Quien cree en Cristo tiene su origen en Dios, y está en el mundo sin ser del mundo. Participa de la misión del Hijo enviando al mundo: manifestar a los hombres la luz de Dios, su verdad.
Vuestra institución tiene como fin la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio lugar de trabajo y profesión: vivir el Evangelio en el mundo, más aún, viviendo inmersos en el mundo, ¡pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo! Ideal grande, verdaderamente, el vuestro, que desde el principio ha anticipado la teología del laicado, que ha caracterizado después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio (Juan Pablo II, L'Osservatore Romano, 19-VIII-1979, p. 1).
La acción de Dios fructifica en vosotros, también, a través de la dedicación de los sacerdotes y fieles laicos de la Prelatura.
Ellos, siguiendo las indicaciones del beato José María quieren que vosotros que estáis cerca de los apostolados de la Obra déis siempre lo mejor.
Por ello, también yo, en este día conmemorativo, os pido más.
Sentíos amados por Dios y por la Iglesia.
Contemplad a tantas almas que necesitan de nuestro testimonio cristiano. Son muchos los que no conocen la luz de Cristo.
Testimoniad con alegría el mensaje cristiano: que Cristo, su gracia y su amor, fecunden la historia.
Queremos que Cristo reine; que todos, unidos a Pedro, viviendo hondamente la unidad de la Iglesia, y animados por una verdadera devoción a la Virgen, se acerquen a Cristo, se identifiquen con É1, hasta llegar a saberse y sentirse hijos amados de nuestro Padre-Dios y, por tanto, hermanos entre sí, servidores los unos de los otros en un empeño constante de paz, de alegría, de fraternidad.
Haceos presentes, con espíritu evangélico, en los caminos de la vida; andad por las encrucijadas, fáciles o difíciles, en las que Dios os ha puesto.
Sed hombres y mujeres de esperanza. Extended sin mediocridades la llamada universal a la santidad. Transformad vuestro trabajo, vuestra familia, vuestra vida, en una alabanza a Dios Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Como niños, la última palabra es para nuestra Madre. María, la Madre del Amor hermoso, ha estado desde siempre junto a nosotros.
El beato José María repitió, en muchas ocasiones, que no quería que le imitaran en nada, porque el único modelo es Jesucristo. Si acaso —solía decir—, si en algo quiero que me imitéis es en el amor que tengo a María Santísima.
Ella, junto a su Hijo, el Salvador del mundo, nos pide en esta tarde, una vez más, que hagamos lo que Él nos enseña en el Evangelio.