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Justiniano (hacia 531 - después de 546)
Las primeras manifestaciones documentales directas en torno al cristianismo en Valencia están relacionadas con la figura de San Vicente, cuyo martirio tuvo lugar a principios del siglo IV, durante la última persecución del emperador Diocleciano (303-305). Daciano fue el encargado de llevarla a cabo en España. Entre los cristianos que mandó prender figuraba el obispo Valero y el diácono Vicente, de la diócesis de Cesaraugusta (Zaragoza), y los llevó a Valencia.

Se condenó al obispo al destierro y a muerte al joven levita. Tras diversos avatares y después de la paz de la Iglesia (313), el cuerpo del Santo recibió sepultura en la zona de la Roqueta y, siguiendo la costumbre de la época, encima de la tumba se construyó una iglesia que se ampliaría con el tiempo, debido al auge del culto al Mártir. El sepulcro se encontraba al lado de la Vía Augusta, la actual calle de San Vicente, como la mayoría de los centros del culto a los mártires, que solían situarse junto a las vías importantes.

Es de pensar que a partir del martirio de San Vicente, y coincidiendo con la paz para la Iglesia, con el edicto de Letrán (313), iría creciendo la comunidad cristiana de Valencia, que se iría, poco a poco, organizando como las de otros lugares de España y todo el Imperio romano de occidente.

El episkopos (supervisor), o sea un obispo, presidía la pequeña comunidad, ayudado por los presbyteroi (ancianos), o sea sacerdotes, y auxiliado en los trabajos de relación con la comunidad por los diakonoi (servidores).

De mitad del siglo VI —aunque con seguridad ya había obispos anteriormente— es la primera mención que ha llegado a nosotros del nombre de un obispo al frente de la comunidad cristiana de Valencia: Justiniano, que era abad del monasterio que estaba junto al sepulcro de San Vicente.

San Isidoro en su libro: «De viris illustribus», dice de él. «Pío, preclaro, docto, ágil, fecundo. Justiniano, célibe, sacerdote y pontífice, construyendo templos de nueva planta y restaurando los antiguos, dio ornato con su palabra a las festividades y con su predicación edificó a los pueblos. Institutor de religiosas vírgenes, tuvo prelacía de monjes"

Tenía tres hermanos, también obispos: Nebridio, de Egara (Tarrasa); Justo, de Urgel, y Eludio, probablemente de Huesca.

Fue consagrado obispo en Toledo por el metropolitano Montano, por el año 527. Tenía treinta años de edad.

En el ano 546 convocó en Valencia un sínodo (concilio), al que asistieron siete obispos, que debían pertenecer a la provincia cartaginense.

Al morir en el año 548 tenía 50 años de edad y 20 años y ocho meses de episcopado. Dejó como heredera de sus bienes a la basílica de San Vicente de la Roqueta, de la que había sido abad antes de ser elegido obispo.

Las noticias del obispo Justiniano nos han llegado a la actualidad por un epitafio y además por una inscripción que se conserva en el museo de San Pío V de Valencia.

Arturo Llin Cháfer
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