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  San Pedro y San Pablo
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COMENTARIO LITÚRGICO

SAN PEDRO Y SAN PABLO.
(29 de Junio y Día del Papa: 1 de Julio de 2018)

Una misión y un mismo testimonio

La grandeza de la gran obra de representar visiblemente a Jesucristo, presente en Espíritu en su Iglesia, superaba a las posibilidades de una sola persona; después de Jesús vino el colegio apostólico, los doce, y, dentro de esta primera generación cristiana, sobresalen dos figuras diferentes y complementarias: Pedro y Pablo, a quienes celebra la Iglesia en el día tradicional del martirio de Pedro, el 29 de junio; pero que prolonga su celebración a las misas del domingo 30 de junio, para que no disminuya su celebración por parte de los fieles, otorgándoles la máxima solemnidad que se puede tributar a los Santos. La liturgia de acción de gracias marca las diferencias entre ambos y la unidad en la misión, proclamando que Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el maestro insigne que la interpretó; aquél fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas las gentes. De esta forma, Señor, por caminos diversos, los dos congregaron a la única Iglesia de Cristo, y a los dos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración.

En efecto, ambos apóstoles terminaron su camino en el mismo lugar, en Roma. Pedro, entre los años 54 y 67; Pablo en el 67. El primero como extranjero rebelde al imperio murió crucificado, cerca del lugar que ocupa la basílica Vaticana, edificada sobre su sepulcro. Pablo murió decapitado como ciudadano romano culpable de sedición¬¬ según la tradición, junto a la vía Ostiense, a extramuros de Roma, cerca de la basílica que cobija su sepultura.

El carisma personal de san Pedro y san Pablo

En este contexto comenzamos destacando la misión evangelizadora de Pedro y Pablo: las lecturas de esta solemnidad proclaman la fuerza e inspiración divina que salvó de los peligros a los apóstoles y les llevó a una obra tan grande como fue romper las estrechas barreras del antiguo Israel y poner las bases del cristianismo.

Dos apóstoles empeñados en ampliar la Iglesia conservando su unidad, un carisma que transmitieron a la sede romana; por ello recordamos lo que enseñaba san Agustín: “Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, y en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos” (Sermón 295, Oficio de lecturas, 2ª lectura).

El día del Papa

Respondiendo a la invitación del Santo Padre, este es un día para rezar en una comunión más intensa con la Iglesia de Roma y con su Obispo, el Papa, que preside a las demás Iglesias en la caridad. Es una buena ocasión asimismo para apoyar su inmensa obra a favor de la comunidad cristiana y de toda la humanidad ayudando a la Santa Sede con nuestra aportación económica, el llamado “óbolo de san Pedro”. El Papa Francisco lleva con renovada ilusión, esfuerzo y paciencia su ministerio petrino y hemos de pedir insistentemente que el Señor conceda al sucesor de Pedro y Pablo que su mensaje sea acogido dentro y fuera de la Iglesia, pues conserva la tradición que nos viene de Cristo.

La misión universal del Papa

El Papa es la única persona con autoridad para dirigirse a toda la humanidad, como ha ocurrido repetidamente, especialmente en momentos de crisis; y así lo ha hecho ahora el papa Francisco por medio de su Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate” (18-Marzo-2018) sobre la santidad propia del cristiano:

“22. Lo dicho hasta ahora no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. Ser cristianos es «gozo en el Espíritu Santo» (Rm 14,17), porque «al amor de caridad le sigue necesariamente el gozo, pues todo amante se goza en la unión con el amado. De ahí que la consecuencia de la caridad sea el gozo». Hemos recibido la hermosura de su Palabra y la abrazamos «en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo» (1Ts 1,6). Si dejamos que el Señor nos saque de nuestro caparazón y nos cambie la vida, entonces podremos hacer realidad lo que pedía san Pablo: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos» (Flp 4,4).

123. Los profetas anunciaban el tiempo de Jesús, que nosotros estamos viviendo, como una revelación de la alegría: «Gritad jubilosos» (Is 12,6). «Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén» (Is 40,9). «Romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados» (Is 49,13). «¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador» (Za 9,9). Y no olvidemos la exhortación de Nehemías: «¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!» (8,10).

124. María, que supo descubrir la novedad que Jesús traía, cantaba: «Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,47) y el mismo Jesús «se llenó de alegría en el Espíritu Santo» (Lc 10,21). Cuando él pasaba «toda la gente se alegraba» (Lc 13,17). Después de su resurrección, donde llegaban los discípulos había una gran alegría (cf. Hch 8,8). A nosotros, Jesús nos da una seguridad: «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,20.22). «Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn 15,11).

125. Hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que «se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo». Es una seguridad interior, una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos.

126. Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor, tan destacado, por ejemplo, en santo Tomás Moro, en san Vicente de Paúl o en san Felipe Neri. El mal humor no es un signo de santidad: «Aparta de tu corazón la tristeza» (Qo 11,10). Es tanto lo que recibimos del Señor, «para que lo disfrutemos» (1 Tm 6,17), que a veces la tristeza tiene que ver con la ingratitud, con estar tan encerrado en sí mismo que uno se vuelve incapaz de reconocer los regalos de Dios.”

Todos somos responsables de la renovación de la Iglesia y del mundo

La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la Constitución dogmática Lumen gentium, afirmaba: “Mientras que Cristo, “santo, inocente, sin mancha” (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación “en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios”, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Co 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz”.

Nuevos sacerdotes, sucesores de los apóstoles en nuestra Iglesia en Valencia.

La ordenación sacerdotal de diez nuevos sacerdotes diocesanos el pasado 23 de Junio, demuestra la consoladora realidad de la sucesión apostólica en la Iglesia, mantenida y transmitida por los Obispos y compartida con ellos por los presbíteros; pues estos hijos de nuestra comunidad son un eslabón más de la cadena que nos lleva hasta Cristo y mantiene intacta la fe y la forma de vida cristiana que Jesucristo trajo a nuestro mundo.


Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS EN ESTA SOLEMNIDAD

Misa vespertina de la vigilia:

Primera lectura y Evangelio. Hechos 3, 1-10 y Juan 21, 15-19: Ambas lecturas de refieren a san Pedro, tanto cuando se narra la curación de un paralítico como al recordar la entrega del ministerio pastoral sobre toda la Iglesia que le confirió Jesucristo resucitado. El apóstol no tiene oro ni plata; toda su fuerza y poder salvador le viene del Señor.

Segunda lectura. Gálatas 1, 11-20: San Pablo resume el episodio de su conversión, cuando fue elegido apóstol por Cristo resucitado, y cómo buscó la comunión con Pedro en el inicio de su misión evangelizadora.

Misa del día:

Primera lectura y Evangelio. Hechos 12, 1-11 y Mateo 16, 13-19: San Pedro fue elegido por Jesucristo para presidir el colegio apostólico, tal como lo proclama el Evangelio, mientras que la primera lectura muestra la protección y la asistencia del Señor a su apóstol y a su Iglesia durante las primeras persecuciones en Jerusalén, Conforme a la palabra de Jesús: “El poder del infierno no la derrotará”.

Segunda lectura. 2 Timoteo 4, 6-8.17-18: Al acercarse la hora de su martirio, San Pablo hace balance de su actividad apostólica y da gracias al Señor que le inspiró y protegió a lo largo de su fecunda misión y que ahora le va a premiar con la corona de gloria y la vida en el reino eterno prometido


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