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  La Natividad del Señor
Ciclo B
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EL NACIMIENTO DEL SALVADOR
(Solemnidad de la Natividad del Señor, 25-Diciembre-2017)

Para celebrar la festividad del Nacimiento de Jesucristo, que es la más importante para la Iglesia después de la Pascua, la Iglesia ha ido desarrollando un conjunto de celebraciones que se ajustan a las posibilidades del calendario de cada año. Así en este 2017, la celebración litúrgica de la Navidad comenzará con las primeras Vísperas y la Misa de la Vigilia el domingo 24 de Diciembre, seguirá con la fiesta del lunes 25; el domingo 31 será la fiesta de la Sagrada Familia, que ordinariamente se celebra el domingo siguiente a la Navidad. El lunes 1 de Enero será la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, en la octava del Nacimiento; esta fiesta ha asumido el contenido de la antigua de la Circuncisión del Señor. Notemos que se ha vuelto a introducir la memoria del Santísimo nombre de Jesús el 3 de enero. El sábado 6 de Enero será la solemnidad de la Epifanía del Señor, y el domingo siguiente, 7 de Enero terminará el tiempo litúrgico de Navidad-Epifanía con la fiesta del Bautismo del Señor que recuerda el final de la vida oculta de Jesús y su primera manifestación al mundo; vuelve así la figura de Juan el Precursor que en el Adviento nos preparaba a recibir al Señor y que en este momento es testigo de la epifanía del Salvador como Hijo del Padre y ungido por el Espíritu Santo.

El Misal Romano actual contiene cuatro formularios para la solemnidad de Navidad:

Misa vespertina de la vigilia

El 24 por la tarde, con un mensaje que sitúa a los participantes en esta celebración en un ambiente intermedio entre el final del Adviento y el pórtico de la Navidad: "Mañana quedará borrada la maldad de la tierra, y será nuestro rey el Salvador del mundo", "Mañana contemplaréis su gloria" (Canto de entrada y Aleluya). La lectura más significativa de esta Misa es la del principio del Evangelio de san Mateo que trae la genealogía de Jesús desde Abrahán hasta José, "el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo". Sigue luego la narración (propia también del domingo IV de Adviento) de la anunciación a José y, de forma muy breve, del nacimiento de Jesús; todo ello quiere demostrar que Jesús es por una parte de la estirpe regia de David, por parte de José, e Hijo de Dios gracias a su generación y nacimiento virginal por medio de María.

Primera lectura y Evangelio. Isaías 62, 1-5 y Mateo 1, 1-25: El profeta Isaías anuncia la llegada del Salvador, que será la Buena Noticia, en primer lugar, para la tierra de Israel y para el resto de verdaderos creyentes que lo esperaban; entre éstos, el Evangelio nos muestra a José y a María, descendientes de Abrahán y de la familia real israelita, en la tribu de Judá y de David.

Segunda lectura. Hechos de los Apóstoles 13, 16-17.22-25: San Pablo resume el mensaje del Adviento que ahora termina, proclamando a Jesucristo Salvador, de la estirpe de David, esperado por los profetas de Israel y anunciado por Juan el Bautista.


Misa de medianoche

Todo en esta noche nos habla de actualidad, de presencia del acontecimiento salvador de la Navidad. Hoy, esta noche, en efecto, viene Jesús a su Iglesia reunida en asamblea festiva, y llega trayendo todas las gracias de su Nacimiento: el Evangelio de la Gracia, el anuncio de la buena voluntad y la paz de Dios hacia los hombres, la incorporación de éstos a la vida divina, la adopción como hijos por el Espíritu Santo... "Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado", proclama Isaías, "Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres", declara san Pablo. Pero el momento más importante de esta liturgia de la Palabra es el Evangelio de la Natividad: "Hoy os ha nacido un Salvador", en el que san Lucas describe el escenario del portal de Belén que permanecerá para siempre en la memoria de todos los cristianos.

¿Qué sentido tiene decir, como hace repetidamente la liturgia, que “Hoy nos ha nacido el Salvador?

No es porque se trate de la misma fecha del nacimiento de Jesús, que no conocemos. La elección de este día se hizo en el siglo IV en el Occidente cristiano, mientras que en Oriente se prefirió la fecha del 6 de enero, si bien muy pronto Oriente y Occidente celebraron las dos solemnidades de Navidad y Epifanía.

Hay tres datos que recomendaban el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús en Belén; uno de ellos es la existencia de una fiesta romana en este día llamada “nacimiento del Sol invicto”, porque ahora, en el solsticio de invierno, comienza a alzarse el astro rey sobre el horizonte y se recuerda la frase del cántico de Zacarías que proclama: Nos visitará el Sol que viene de lo alto, para iluminar a los que viven en las tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc 1, 78-79).

Otro dato es la celebración de la fiesta judía de la Hannuká el 25 del noveno mes (Kisleu), nuestro diciembre, en conmemoración de la purificación e iluminación del templo por obra de los Macabeos, cuando expulsaron a los paganos de Jerusalén en el siglo II antes de Cristo (1 Mac 4, 59). Los cristianos sabemos que Cristo vino como luz del mundo y que una luz gloriosa brilló en Belén para Israel y todos los pueblos, y también que Jesús es el templo de la nueva alianza.

Por último está la tradición antiquísima de que Jesús murió el 25 de marzo, lo que hizo pensar en su Concepción en ese día y en su nacimiento nueve meses después, de forma que la noche de Belén es un trasunto de la noche pascual.

Pero más allá de estos datos históricos está la vivencia del “Hoy” litúrgico del “día de la salvación”, cuando Jesucristo viene a nosotros con sus misterios, que se proclaman en la Palabra y se actualizan en el sacramento. Esto es así porque todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1085). En la sagrada liturgia recibimos a Cristo en el Hoy eterno de Dios.

Jaime Sancho Andreu

Primera lectura y Evangelio. Isaías 9, 1-3.5-6 y Lucas 2, 1-14: El profeta Isaías anuncia el nacimiento del Salvador, que llegará al mundo como un niño más, para cumplir la misión que le asignan los numerosos títulos que le adornan, entre los que destaca el de "Príncipe de la paz". En el Evangelio se proclama el cumplimiento de esta profecía, confirmada por el canto de los ángeles en el portal de Belén: "Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor".

Segunda lectura. Tito 2, 11-14: Las lecturas de san Pablo en este tiempo de Navidad abundan en la descripción de la venida de Jesús al mundo como una "aparición" o "manifestación" del Mesías como portador de la gracia salvadora de Dios. Es el tema del Gran Jubileo: "Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre".


Misa de la aurora

El Evangelio de esta Misa es la continuación del de medianoche, y si entonces se proclamaba a los pastores la paz que Dios otorgaba al nacer su Hijo, ahora se recuerda la visita de los mismos pastores al lugar del Nacimiento. La hora del amanecer, cuando se celebra esta Misa, sugiere la semejanza Cristo-Luz, "el sol que nace de lo alto", "Hoy brillará una luz sobre nosotros", "la luz de tu Palabra hecha carne" (Cántico de Laudes, Canto de entrada, Colecta).

Primera lectura y Evangelio. Isaías 62, 11-12 y Lucas 2, 15-20: La lectura profética anuncia la llegada del Salvador, para comenzar a reunir el Pueblo de Dios a partir del humilde resto de Israel. Los primeros llamados fueron los pastores de Belén, como lo narra el Evangelio, que es continuación del proclamado en la misa de Nochebuena.

Segunda lectura. Tito 3, 4-7: Las lecturas de san Pablo en este tiempo de Navidad abundan en la descripción de la venida de Jesús al mundo como una "aparición" o "manifestación" del Mesías como portador de la gracia salvadora de Dios. Es el tema del Gran Jubileo: "Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre". En esta misa de la aurora se refiere especialmente a la gratuidad del amor de Dios que se nos ofrece por medio de Jesús.

Misa del día

Si en las misas de medianoche y de la aurora se contemplaba sobre todo el acontecimiento mismo del nacimiento de Jesús, en esta Misa del día se leen textos que nos acercan a lo profundo del misterio, a lo invisible de la obra de Dios que aquella historia manifiesta y vela a la vez. De este modo, la profecía y el salmo responsorial proclaman la finalidad universal de la Encarnación, cuyos beneficios no se restringen a un solo pueblo. En el mismo tono elevado, los prólogos de la carta a los Hebreos y del Evangelio de san Juan anuncian solemnemente las etapas de la salvación, que llegan hasta el misterio del Verbo divino que "se hizo carne, y acampó entre nosotros".

Primera lectura y Evangelio. Isaías 52, 7-10 y Juan 1, 1-18: El profeta Isaías anuncia que el Salvador debía venir en favor de todas las naciones, hasta los confines de la tierra. Del mismo modo, el comienzo del Evangelio de san Juan nos dice quien es Jesús: la Palabra eterna del Padre hecha hombre para salvar a todo el género humano.

Segunda lectura. Hebreos 1, 1-6: La carta a los Hebreos insiste en el tema general de esta Misa de Navidad, y así explica que Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, pero desde el nacimiento de Jesucristo, éste ha sido su Palabra definitiva para el mundo.


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