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  Domingo II del Tiempo Ordinario
Ciclo B
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  Evangelio
  Vieron dónde vivía y se quedaron con él
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?».

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo: «Venid y veréis»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús.

Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

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  LOS PRIMEROS DISCÍPULOS DE JESÚS
(2º Domingo ordinario -B-, 14 de enero de 2018)

Comienza el Tiempo Ordinario

Durante el periodo más extenso del año litúrgico (treinta y cuatro semanas), los tres ciclos de lecturas quieren exponer la vida pública de Jesús, excepto aquellos pasajes que se leen durante los llamados "tiempos fuertes"; esto se hace principalmente a través de los evangelios sinópticos, pero acompañados de una serie de primeras lecturas tomadas del Antiguo Testamento, que hacen de prólogo a cada texto evangélico a modo de "profecía y cumplimiento". Podemos conocer el criterio con que ha sido elegido cada pasaje profético mediante los lemas que preceden a cada lectura, y también fijándonos en el salmo responsorial, que acentúa precisamente el aspecto que debe destacarse en estos textos veterotestamentarios.

Las segundas lecturas son siempre de las cartas apostólicas, pero siguen un orden discontinuo de temas diferente al de los evangelios, de modo que raramente coinciden todas las lecturas en un mismo argumento. En las moniciones a estas lecturas se indica cuando comienza y termina la lectura de cada tema de las cartas.

En este año -B- será nuestro guía el evangelista Marcos, pero la brevedad de su Evangelio hace que sea completado por algunos pasajes de san Juan, como ocurre en este 2º domingo y en aquellos que van del 17º al 21º.

Después de recibir el bautismo de Juan

Antes de que comencemos el itinerario que nos llevará con Jesús desde las orillas del lago de Genesaret en Galilea hasta Jerusalén, en vísperas de la Pasión, seguimos en los momentos previos al comienzo de la vida pública, cuando Jesús recibe la unción mesiánica en el bautismo de Juan y es proclamado por éste por segunda vez con el título de Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1,35). Esta es una expresión cargada de significado, para comenzar porque en la lengua aramea del Bautista, el vocablo cordero significa, además del animal, chico o mozo de confianza, o sea: siervo, y también pedazo de pan: el Cordero-Siervo-Pan de Dios está aquí.

El Cordero es uno de los símbolo principales de los escritos de san Juan cuando tratan de Jesús, como lo notamos en el Apocalipsis (cf. 5,6; 5,12 etc.). Jesús es la víctima racional de un sacrificio nuevo, anunciado por los profetas, que consiste en la perfecta obediencia al Padre. Jesús-Siervo de Dios es la luz que ilumina a las naciones porque es el comienzo de la religión definitiva, la única que agrada al Padre y que puede salvar. Por eso decimos - unidos a Cristo - en el importantísimo Salmo responsorial 39: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas; aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Los primeros discípulos

Los evangelistas sinópticos sitúan la vocación de los primeros discípulos junto al lago de Galilea (Evangelio del próximo domingo), pero san Juan nos habla de un primer encuentro con algunos de ellos en las orillas del Jordán, en el círculo de los oyentes del Bautista; conocemos los nombres de dos de ellos: Andrés y su hermano Simón, el futuro Pedro, y otro que iba con Andrés ¿El futuro y anónimo discípulo amado?

Ala hora décima, al atardecer, es un encuentro cargado de misterio, el mismo que emana de la persona de Jesús. Cuando le preguntan a Jesús dónde vivía, éste les contestó: "Venid y lo veréis" (Jn 1, 39); del mismo modo, más adelante, cuando Natanael pregunta por Jesús, Felipe le dice: Ven y lo verás (Jn 1, 46). Se trata aquí de la visión de la fe; no se sigue a Jesús por la admiración que causan sus milagros ni la sublimidad de su doctrina, sino porque - como recordará el discípulo amado en su ancianidad - lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado y palparon nuestras manos tocante a la Palabra de vida; porque la vida fue manifestada, y vimos y damos testimonio, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido (1 Juan, 1-2).

Ven y lo verás – La mejor evangelización

Iluminados por el don de la fe, los discípulos creyeron a Juan y vieron en Jesús al Mesías Hijo de Dios. Del mismo modo, a lo largo de los siglos, la única demostración válida de la fe cristiana ha sido el testimonio de la Iglesia como lugar donde Cristo se hace presente en la palabra, los sacramentos y la caridad. Cuando este testimonio es claro y sincero, el don de la fe hace lo demás. A veces dudamos y pensamos si vale la pena decir a los otros: Ven y lo verás; pero la imperfección de nuestro culto y nuestra predicación, así como lo deficiente de nuestra fraternidad son también semejanzas con la humildad de la encarnación. Aunque hemos de purificarnos y mejorarnos como Iglesia, todo no depende de la excelencia del ejemplo, pues la aportación de Dios con el don de la fe es fundamental para la eficacia de la evangelización.

Y se quedaron con él aquel día (Jn 1, 39). Nosotros nos hemos quedado en la casa de Jesús, porque ahora es Él quien ha hecho morada en nosotros. Envidiamos aquella tarde de intimidad con el Señor que disfrutaron los dos primeros discípulos, pero ahora tenemos toda nuestra vida para disfrutar de la palabra, la salvación y el amor de Cristo.

Jaime Sancho Andreu.


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. 1 Samuel 3, 3b-10.19 y Juan 1, 35-42: Después que Juan bautizó a Jesús, Juan el Bautista le transfirió dos de sus discípulos que, a su vez, llevan ante el Señor Simón Pedro. Los primeros discípulos comenzaron por escuchar la voz de Dios, que les invitaba a seguir a Jesús. La "escucha" atenta y la "vocación" son dos temas constantes del Antiguo Testamento, magníficamente descritos en la historia de la llamada del joven Samuel, modelo profético de los discípulos cristianos.

Segunda lectura. 1 Corintios 6, 13c-15a.17-20: Hasta el domingo sexto se leerá la carta de san Pablo a los Corintios. El apóstol argumenta la malicia de los pecados relacionados con la sexualidad a partir de la dignidad del cuerpo de los cristianos, consagrados en la iniciación bautismal.

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