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domingo 23 de mayo de 2010
El Arzobispo abre la causa de canonización del sacerdote valenciano José Soto Chuliá
El próximo 5 de junio en la Catedral de Valencia

VALENCIA, 23 MAY. (AVAN) .- El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, abrirá el próximo 5 de junio el proceso de canonización del sacerdote José Soto Chuliá (Valencia, 1887- Torrent, 1975), fundador de tres asociaciones de fieles para asistir a sacerdotes diocesanos: Obra de Santa Teresa, Obra de San Juan de Ávila y Fraternidad Sacerdotal San Juan de Ávila.

Soto dedicó toda su vida a “ayudar al sacerdote a vivir en plenitud su consagración bautismal y sacerdotal”, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la comisión para las Causas de los Santos del Arzobispado.

El postulador de la causa de canonización, cuya fase diocesana abrirá el Arzobispo en la Catedral de Valencia el próximo 5 de junio, será el sacerdote alemán Sebastián Schnippenkoetter, responsable de la residencia de la Fraternidad Sacerdotal San Juan de Ávila, de Roma.

BIOGRAFÍA DEL “PADRE SOTO”

José Soto Chuliá nació el 28 de octubre de 1887 en Valencia, en el distrito de la Fuente de San Luis, “en el seno de una humilde, numerosa y creyente familia campesina” y recibió formación en el seminario de Valencia.

Fue ordenado sacerdote en 1910 por el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Victoriano Guisasola y Menéndez, y tras ser párroco de Bolulla (Alicante), en 1914 fue trasladado como párroco del barrio valenciano de El Cabañal. “Su objetivo primordial fue descubrir, formar y lanzar un grupo de personas que se comprometieran a vivir la santidad bautismal, y así fueran el fermento evangelizador de todos los feligreses”.

En 1919, con el permiso del arzobispo de Valencia, se trasladó a Málaga, de cuyo seminario fue director espiritual durante treinta años en los que “arraigó la conciencia de que la santidad es vocación de todo bautizado”. Del seminario malagueño “salieron sacerdotes de gran espíritu pastoral y un nutrido grupo de mártires: cinco formadores, cinco seminaristas y no menos de veinte sacerdotes formados allí entre 1920 y 1936, de los cuales ya han sido varios beatificados”.

Encarcelado en la persecución religiosa de 1936 en Málaga, Soto pudo sobrevivir al ser “liberado por la acción arriesgada de unas religiosas que lo ocultaron en un asilo de niñas pobres”. Concluida la guerra civil, el sacerdote valenciano siguió como director espiritual en el seminario malagueño, aunque después de 1941 quiso “proseguir la misión de fomentar la santidad del clero diocesano, pero de otra forma y por otros lugares”. A partir de entonces, se dedicó al “apostolado sacerdotal”, y fundó dos obras eclesiales al servicio de la santidad del sacerdote: la Obra de Santa Teresa y la Obra de San Juan de Ávila. La primera de ellas, “vive la maternidad espiritual a través de la oración, entrega y servicio doméstico en las casas parroquiales”; y la Obra de San Juan de Ávila, en la formación de grupos apostólicos de jóvenes, mujeres y matrimonios”, según las mismas fuentes.

“Recorrió muchas veces, con un programa intenso de encuentros, parroquias de Valencia, La Mancha, Castilla, Andalucía, Extremadura, Murcia, Aragón y Cataluña”, y se convirtió en “uno de los primeros promotores de la espiritualidad bautismal en España”, han asegurado.

Obispos americanos se interesaron para que fueran a trabajar en sus diócesis sacerdotes orientados por el ‘padre Soto’, con lo que dio comienzo también al apostolado sacerdotal en diversas naciones hispanoamericanas: Chile, Colombia, Paraguay, Argentina, Ecuador, Venezuela, Perú, Costa Rica, México y Panamá, entre otros países. De este modo “se fue gestando lentamente la asociación de sacerdotes diocesanos Fraternidad Sacerdotal San Juan de Ávila”.

En Guayaquil, Ecuador, en abril de 1975, se inauguró el seminario archidiocesano dirigido por la Fraternidad Sacerdotal San Juan de Ávila.

En sus últimos años, Soto residió en Villa Santa Teresa, en Torrente (Valencia). “Allí recibió a sacerdotes, seminaristas, vírgenes, matrimonios y jóvenes que buscaban su orientación”. Mientras se multiplicaban las convivencias de matrimonios, puso en marcha seis pisos llenos de universitarios e inició en Barcelona uno para sacerdotes y seminaristas estudiantes”.

Después de un mes de enfermedad a causa de una trombosis cerebral, José Soto murió el 23 de agosto de 1975. En sus exequias participaron decenas de sacerdotes, seminaristas, matrimonios y jóvenes de muy diversas poblaciones de España.

Un año más tarde, el 24 de agosto de 1976, sus restos mortales, que se hallaron incorruptos, fueron trasladados del cementerio de Torrent a la capilla de Villa Santa Teresa, en el mismo término municipal, desde donde “atrae e inspira la oración de la familia espiritual que Dios suscitó en la Iglesia a través de su entrega”, según las mismas fuentes.(AVAN).
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