Paraula
El prelado del Opus Dei y el cardenal Cañizares vienen a Valencia por el Año Sacerdotal
Monseñor Enrique Benavent y don Antonio Ballester también participarán en estas jornadas de Diálogos de Almudí dedicadas...
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Jueves 23 de Julio de 2009
También hay otros como vosotros a los que llama el Señor
¡Qué alegría tengo en lo más profundo del corazón! He visto con mis propios ojos como aquel mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19) y “haced esto en conmemoración mía” (Lc 22, 19), es decir, anunciar el Evangelio y renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo, se va a seguir haciendo siempre, porque el Señor sigue llamando a hombres concretos, con rostros y con historias concretas.

Me hicisteis sentir queridos Fede, Carlos, Víctor, Chimo, Francis, Edgar, José, Juan, Jesús y Esteban, cómo la Iglesia vive la obediencia fundamental a Jesús, a través de llamadas que hace el Señor. A vosotros os ha llamado y lo está haciendo con otros. Pidamos al Señor que sean valientes para decirle, “aquí estoy Señor”. La Archidiócesis de Valencia tiene muchos jóvenes a los que el Señor está llamando para el ministerio sacerdotal. Es la obediencia fundamental que se sitúa en el centro de la existencia y de la misión en la historia que tiene la Iglesia: “id, anunciad, llamad”, “haced esto en conmemoración mía”. Para realizarla se necesitan sacerdotes, pues sin sacerdotes la Iglesia no puede vivir esta obediencia fundamental. Gracias por vuestro sí en este curso en el que comienzo con vosotros mi ministerio episcopal y en el año que vamos a vivir dedicado al ministerio sacerdotal.

Voy a hablaros con palabras llenas de cariño y de amor por el ministerio, a veces os pueden parecer austeras y otras veces secas, pero quieren dirigirse a vosotros y a otros que estoy seguro está esperando el Señor su respuesta. Mirad, lo que está en juego en estos momentos de la historia, es el sentido mismo de nuestra vida, una concepción de persona clara, por eso bien merece la pena dar la vida para que otros encuentren luz y esto realizado desde una entrega, alegre, gozosa y total a Dios, realizada desde el corazón, desde la inteligencia y desde nuestra santidad que tiene que prolongarse en obras concretas.

Dejadme deciros sin rodeos que vuestra vocación pide una confianza total en la incondicional fidelidad de Dios a su promesa y en querer cooperar con la acción de Dios que llama. La Iglesia ruega permanentemente al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (cf. Mt 9, 38). No tengáis duda de que por este ruego, estáis vosotros aquí queriendo responder a la llamada que el Señor os hizo; pero también estáis porque ha habido alguien que nítida y valientemente os hizo esta propuesta y os ha ayudado a discernir la verdad de la llamada de Dios. ¡Cuánta generosidad de parte de Dios que quiere contar con vosotros y de vuestra parte que habéis quitado los miedos y le habéis dicho al Señor “aquí me tienes”!

Para comprender lo que habéis hecho, la decisión que habéis tomado o vais a tomar, no queráis comprenderlo desde fuera de Jesucristo. Es desde dentro de Él, desde donde entenderéis lo que hacéis. Lo vuestro es hacer un cristianismo en explicitud, como acción y pasión total de vuestra vida, como único quehacer y total testimonio, al que ordenáis todas vuestras potencialidades y subordináis todas las necesidades de la vida. ¡Qué belleza tiene vuestra vida cuando os preparáis para ser sacerdotes! Encontraréis la plena verdad de la identidad sacerdotal, en ser un día por la ordenación sacerdotal, una derivación, una participación específica y una continuación del mismo Cristo, sumo y eterno sacerdote de la nueva y eterna Alianza. Como sacerdotes seréis una imagen viva y transparente de Cristo sacerdote. Por eso os decía antes que la referencia a Cristo es la clave absolutamente necesaria para la comprensión de las realidades sacerdotales. Cuanto más os acerquéis a Jesucristo, mejor y más sabréis y gozaréis de la grandeza de la llamada que os hizo.

Después de deciros a lo que os llama el Señor a vosotros y a otros, dejadme también manifestaros que os tenéis que preparar para ser sacerdotes convencidos y fervorosos de la nueva evangelización, servidores fieles y generosos de Jesucristo y de los hombres. Tenéis que aportar a este mundo con vuestra vida alma, es decir, oxígeno, luz, color a todos los esfuerzos y búsquedas del hombre, proyectos, esperanza. En definitiva tenéis que ser amor explícito de Cristo y memoria fiel y elocuente del verdadero humanismo que se revela en Jesucristo. Dejadme deciros que sois una provocación en este mundo, para preguntar y responder, para curar y sanar, para escuchar y soñar, para trabajar en el corazón de los hombres que es de donde salen las obras extraordinarias.

Esta humanidad necesita de Cristo y por eso necesita de los sacerdotes, que son en la Iglesia y para la Iglesia, “una representación sacramental de Jesucristo Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía; ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu. En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor y en su nombre” (PDV 15). Para esto os llama Jesucristo, ¿os dais cuenta de la hondura, belleza y responsabilidad de la llamada? A vosotros y a muchos otros os llama. No tengáis miedo, pues junto con la llamada viene la gracia para responder a la misma.

Con gran afecto, os bendice

+Carlos, Arzobispo de Valencia
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