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miércoles 07 de diciembre de 2016
Vigilia de la Inmaculada
Basílica de la Virgen.

Queridos hermanos y amigos Obispo, queridos hermanos y amigos sacerdotes, muy queridos jóvenes chicos y chicas, muy queridos todos: En este día de la Inmaculada Concepción de María nos reunimos, un año más, llenos de gozo y esperanza. Porque gozoso es comprobar las maravillas que Dios ha hecho en María. Celebramos el designio de la salvación de Dios que tiene en María el punto inmaculado y santo de llegada a la tierra del Hijo o de Dios que se hace el Hijo del Hombre por puro amor, porque nos ama sin medida como sólo Dios puede, quiere y sabe hacerlo. Pensemos en el esplendor que nace de la humildad del Evangelio. Este esplendor se hace transparente y brilla con luz propia, inmensa, en el misterio de la Encarnación en la Virgen Inmaculada, la sin pecado ni “mancha original, entre todas bendita. Hija Predilecta del Padre, esclava del Señor, adueñada enteramente por Él, mujer fiel, enteramente configurada por la fe, ejemplo perfecto de amor a Dios y al prójimo, llena de gracia, toda santa. Su intacta belleza espiritual es para nosotros fuente viva de confianza y esperanza.

A esta celebración unimos nuestra comunión con el Santo Padre y con toda la Iglesia universal que hace unos días clausuraba en Roma el Año Santo de la Misericordia, convocado e iniciado por él mismo, el Papa Francisco hace un año. ¡Qué mejor fecha para evocar en este día lo que evocaba ese Año santo, en el que se nos ha vuelto a manifestar el designio de la misericordia de Dios que es su Hijo, nacido de la Virgen María, preservada del pecado en previsión de los méritos de su Hijo, fuente de la misericordia y que atrae la misericordia a toda la tierra: Ella es Madre de -misericordia, porque ha dado a luz a la infinita misericordia de Dios a favor nuestro y nos la ha entregado. Ella nos acompaña en nuestra súplica confiada ante Dios para obtener la misericordia que tanto necesitamos.

Unimos, además a esta celebración, nuestra acción de gracias por el cincuenta y un aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, el nuevo Pentecostés de los tiempos modernos, por el que la Iglesia, como María, fue inundada de la gracia del Espíritu Santo para ser renovada por la santificación, por la llamada a la santidad, que es lo único que la renueva. Con la mirada puesta en María, Proclamada en este día, Madre de la Iglesia, sentimos de nuevo la llamada de Dios a actualizar, conocer más y mejor, escuchar y asimilar, cumplir, en definitiva, el Concilio Vaticano II, en el que Dios nos marca el camino a seguir, el de María, ser santos, dejarnos llenar del don del Espíritu y ser santos e irreprochables ante Él por el amor, proseguir la verdadera renovación de la Iglesia, obra del señor, como obra suya por completo fue la Santísima Virgen, Inmaculada en su misma concepción.

Hermanos, en la Virgen María, en previsión de los méritos de su Hijo , concebida sin pecado original, la esperanza del hombre se ensancha al encontrar en Ella, Madre del Redentor, el cumplimiento de las promesas salvadoras de Dios, la victoria de tu Hijo . Que los jóvenes, formen parte de tu escuela, "la escuela de María". Que ellos aprendan de Tí, modelo insuperable de contemplación y ejemplo admirable de interioridad fecunda, gozosa y enriquecedora, la enseñanza para no separar nunca la acción de la contemplación, y que contribuyan así a hacer realidad un gran sueño: el nacimiento de la nueva Europa del espíritu, la nueva sociedad española del espíritu, fiel a sus raíces cristianas, consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Suscita en tantos corazones jóvenes respuestas radicales a la llamada a la misión. Madre Inmaculada, que haces de la Iglesia fecunda en hijos, apoya nuestra solicitud incesante por las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a la acción misionera; que gracias a una intensa pastoral vocacional, la diócesis de Valencia, Valencia capital especialmente, sea rica, muy rica, de nuevas fuerzas juveniles, entregada con entusiasmo al anuncio del Evangelio en sus tierras y en el mundo. Que estén prontos a poner sus energías a disposición de Cristo en el servicio al Evangelio hasta los últimos confines de la tierra. Alcánzanos muchos y santos sacerdotes. Santa María, Madre de Dios, inmaculada y toda santa, bendita entre todas las mujeres, ruega por nosotros, ruega por España en esta situación difícil que atraviesa y que encuentre su camino de verdad, de justicia, de unidad verdadera y sólida que trae paz y es garantía de progreso. Ruega por nosotros, concebida sin pecado, y ruega por la humanidad presa de tantos males, que sufre miseria e injusticia, violencia y odio, terrores y guerras. Concédenos días de paz, vela sobre nuestro camino. Haz que contemplemos a tu Hijo, llenos de alegría en el cielo. Ruega de manera especial por la mujer, esa criatura tan querida por Dios, como tú, ruega por todas las mujeres: nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras amigas, por todas ellas y que en todas ellas brille la grandísima dignidad de la mujer. Amén.
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