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Carlos Osoro Sierra, Arzobispo Metropolitano
Nace el 16 de mayo de 1945 en Castañeda (Cantabria).

Fue ordenado sacerdote en Santander el 29 de julio de 1973.

Su primer destino fue la Parroquia de la Asunción de Torrelavega (Cantabria), formando parte del equipo sacerdotal, y trabajando preferentemente en el campo de la pastoral juvenil.

En 1975 es nombrado Secretario General de Pastoral de la Diócesis, Delegado de Apostolado Seglar, Delegado Episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y Vicario General de Pastoral.

En 1976 es nombrado Vicario General de la Diócesis, cargo en el que permanece hasta 1994.

En 1993 es nombrado Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander. En 1994 el Cabildo de la Catedral lo elige Presidente.

En el mismo año es nombrado Rector del Seminario santanderino de Monte Corbán, donde inicia la reapertura del mismo y su consolidación, cargo en el que permaneció hasta 1997.

Su Santidad Juan Pablo II le nombra Obispo de Ourense el día 22 de Febrero de 1997.

El 7 de enero de 2002 el Papa lo designa Arzobispo Metropolitano de Oviedo, de cuya diócesis toma posesión el 23 de febrero de 2002, acompañado de treinta y siete obispos.

Su Santidad el Papa Benedicto XVI le nombra Arzobispo Metropolitano de Valencia el 8 de enero de 2009.

Tomo posesión de la Archidiócesis el sábado 18 de abril de 2009.

El 12 de marzo de 2014 fue elegido Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española y miembro del Comité Ejecutivo de la misma.

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EL ESCUDO DEL ARZOBISPO


Descripción heráldica:

De azur al chevrón de oro cargado de tres roeles de sinople, que evoca una referencia familiar a las armas tradicionales de los Osoro. En la punta, el Santo Cáliz de la Cena de la Catedral de Valencia, en su color natural.

El jefe ondado de gules, cargado de una barca de oro surmontada por el crismón y flanqueada, a la derecha, por una estrella de ocho puntas de plata, y a la izquierda por la Cruz de los Ángeles de oro, engalanada con piedras preciosas y adorada por dos ángeles del mismo metal en posición arrodillada.

El todo puesto sobre una cruz procesional de oro, a doble travesaño, con los extremos trebolados, surmontado por un capelo prelaticio de sinople acompañado de un cordel a diez borlas de lo mismo, y debajo el palio litúrgico de su color natural.

La divisa, puesta debajo del escudo, recita «Per Christum et cum ipso et in ipso».



Explicación:

El elemento base del escudo prelaticio está constituido por las armas de la familia Osoro, que simbolizan la persona misma de D. Carlos, sujeto de la vocación y la autoridad que el mismo escudo representa. Además de su significado tradicional familiar, los tres roeles, por su forma circular, recuerdan la perfección y, por su número, evocan a la Santísima Trinidad, en referencia a la fe bautismal de D. Carlos.

El jefe, que es la parte más honorable del escudo y ocupa el tercio superior, es rojo – color que simboliza la caridad pastoral y la sangre derramada por Cristo – y contiene la mayor parte de los elementos que expresan la misión del Arzobispo. Está ondado, es decir, separado del resto por una línea ondulada, que representa las olas del mar.

En el centro, la barca de oro es símbolo de la Iglesia, que navega sobre las aguas de la historia, impulsada y guiada por el Señor, simbolizado en el Crismón – anagrama compuesto por las letras griegas X y P, iniciales de la palabra “Cristo” –, puesto en el lugar de la vela, dado que es Cristo quien pilota la nave. Por su parte, el Obispo, en su diócesis, está llamado a guiar la barca de la Iglesia local, actuando en la persona de Cristo, timonel y Buen Pastor.

La estrella de ocho puntas simboliza a la Virgen María, Stella matutina, que orienta y guía a la Iglesia hacia Cristo, y es expresión de la honda devoción mariana de D. Carlos: evoca a la Bien Aparecida, patrona de su tierra natal, Santander; a Santa María Madre, patrona de Orense; a la Virgen de Covadonga, “La Santina”, patrona de Asturias; y a la Mare de Déu dels Desamparats, patrona de Valencia. La estrella es de plata, metal inferior al oro, para indicar la subordinación de la Madre al Hijo. El símbolo, presente en el escudo de la diócesis de Orense, representa también a la primera iglesia que monseñor Osoro sirvió como obispo.

La Cruz de los Ángeles, uno de los símbolos más emblemáticos de Asturias, simboliza a Cristo, «el que inicia y consuma nuestra fe» (Hb. 12, 2), «el Alfa y la Omega, el primero y el último» (Ap. 22, 13). Tomada del escudo de Oviedo, representa asimismo a la segunda diócesis que rigió monseñor Osoro, ocupando el lugar del Santo Cáliz durante el ministerio episcopal en dicha diócesis.

Finalmente, el Santo Cáliz de la Cena del Señor, situado en la punta del escudo, representa a la archidiócesis de Valencia, que tiene la dicha de custodiar tan digna reliquia y es recordatorio de la Eucaristía, «fuente y cima de toda vida cristiana» (Lumen Gentium 11), y centro de la devoción de los fieles valentinos. Así pues, con la inclusión de todos estos símbolos, el escudo se convierte en un relato biográfico por donde el prelado ha ido “navegando”.

Hay además otros ornamentos externos que indican tanto la misión pastoral como el rango del Prelado en la jerarquía eclesiástica:

Una cruz procesional de oro, a doble travesaño, como corresponde a la sede metropolitana.

Un sombrero verde acompañado de un cordel a diez borlas, que representa la dignidad arzobispal.

El palio, banda litúrgica de lana blanca de forma circular que se apoya sobre los hombros, con dos fajas que descienden por el pecho y la espalda con los extremos de seda negra, cargada de 6 cruces del mismo material. El arzobispo metropolitano recibe esta insignia directamente del Papa en la primera fiesta de San Pedro y San Pablo (29 de junio) de su pontificado, para significar su autoridad metropolitana y su especial unión con el Sucesor de Pedro.

El escudo se completa con el lema elegido por D. Carlos como inspiración para su ministerio episcopal: «Por Cristo, con Él y en Él», tomado de la liturgia eucarística. En este lema se manifiesta que la finalidad de toda la vida cristiana, así como la misión de los ministros de la Iglesia, es el honor y la gloria de Dios, que ser realiza por medio de Cristo, «único Mediador entre Dios y los hombres» (1ª Tim. 2, 5); con Cristo, porque la gloria del Padre no es superior a la del Hijo («Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera»: Jn. 17, 5); en Cristo, porque la gloria que el Hijo da al Padre está en el Hijo y no fuera de él («El Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él»: Jn. 13, 31). Por todo ello, el propio apóstol San Pedro, concluye su primera carta con esta exhortación: «El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos! Amén» (1ª Pe. 4, 11).

Nota: A la hora de hacer la descripción heráldica hay que advertir que cuando dice que la estrella está a la derecha y la cruz de los ángeles a la izquierda, no se trata de un error. Los lados del escudo se definen desde el punto de vista opuesto al del observador, como si el escudo fuera una persona que nos mira. La explicación presentada es catequética-pastoral.
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