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domingo 29 de octubre de 2006
¿Cómo acercarnos a Dios?
La clave maestra, la piedra angular de la religión cristiana es el amor: amor a Dios y al prójimo.

¿Cómo acercarnos a Dios?

Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 29 de octubre de 2006

El amor de Dios hacia el ser humano, hacia todos, pero muy especialmente hacia cada uno de nosotros, es una clave esencial para acercarnos a Dios en todo tiempo. Esta convicción de Benedicto XVI está presente a lo largo de su Encíclica «Deus caritas est». Sobre el amor cristiano.

Para la fe bíblica existe un solo Dios, Creador del cielo y de la tierra, y por tanto creador de todos los hombres. Él es el único Dios verdadero, autor de toda la realidad que proviene del poder de su Palabra creadora. Dios estima a cada criatura porque ha sido Él quien la ha querido, quien la ha creado.

Además, resulta evidente que Dios ama al ser humano y lo ama personalmente, pues la historia con su pueblo consiste en que Dios le abre los ojos para conocer su verdadera naturaleza y le indica el camino del verdadero humanismo. El ser humano, viviendo en fidelidad al único Dios, se experimenta a sí mismo como amado por Él, y descubre la alegría en Dios, una alegría que se convierte en su felicidad esencial y que lo sitúa en la verdad y en la justicia.

Benedicto XVI subraya que la Biblia nos ofrece una imagen estrictamente metafísica de Dios como la fuente originaria del ser, el principio creativo de todas las cosas, el Logos, la razón primordial. Y, al mismo tiempo, Dios aparece en la Sagrada Escritura como un amante, con la pasión del verdadero amor. Así, el eros es sumamente ennoblecido, pero también tan radicalmente purificado que se funde con el agapé.

Además, el Papa precisa que la unificación del hombre con Dios no es un fundirse juntos, un hundirse en el océano anónimo de lo Divino. Al contrario, es una unidad que crea el amor, en la que Dios y el hombre siguen siendo ellos mismos y, sin embargo, llegan a convertirse en una sola unidad.

Los cristianos estamos convencidos de que conocer a Dios ayuda decisivamente al hombre a conocerse a sí mismo. La clave maestra, la piedra angular de la religión cristiana es el amor: amor a Dios y al prójimo.

En la soledad del primer ser humano, Adán, la fe bíblica plantea la idea de que el hombre solo es de algún modo incompleto, constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte complementaria para su integridad.

En su encíclica, Benedicto XVI afirma que el eros orienta al ser humano hacia el matrimonio, un vínculo marcado por su carácter único y definitivo; así, y sólo así, se realiza su destino último de comunión con los demás y con Dios. Y con ello se comprueba cómo el conocimiento de Dios y el conocimiento del hombre se encuentran profundamente interrelacionados.

El hombre y la mujer unidos para siempre por el amor. El matrimonio basado en el amor exclusivo y definitivo se convierte en icono, en la imagen más elocuente de la relación de Dios con su pueblo, y viceversa. El modo de amar de Dios se convierte en medida para el amor humano. El monoteísmo y la monogamia, el Dios único y el matrimonio de un hombre y una sola mujer constituyen una realidad.

En una sociedad libre y abierta a la fe, las personas descubren el sentido profundo de su dignidad, el valor del matrimonio y del amor de Dios presente en ambas realidades. Frente a los desafíos del siglo XXI y la grave secularización, e incluso negación de lo divino, en el mundo se observan grandes manifestaciones personales y sociales de creencia en Dios. Millones de personas se sienten queridas personalmente por Él, y ello supone un importante motor de transformación de sus propias vidas, de su familia y de la sociedad entera. El amor nos une a Dios. Amar a Dios, dejarse querer por Él es la mejor forma de encontrarle en las alegrías y en las dificultades. El amor, la caridad fraterna es el camino.

No podemos ni debemos dejar de invitar a que todos los que tienen responsabilidades públicas valoren la contribución de los hogares cristianos a la formación de una sociedad de personas dignas, libres y solidarias, que quieren responder a la iniciativa amorosa de Dios.

Con mi bendición y afecto,

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