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  Pascual Torres Lloret
  EL SIERVO DE DIOS
PASCUAL TORRES LLORET
CASADO
CONSTRUCTOR
MÁRTIR

1.- INTRODUCCIÓN

El interés del Papa por las causas de los santos, en especial por las de los mártires, es de todos conocido. En sus veinte años de pontificado Juan Pablo II ha elevado al honor de los altares a más de trescientos hombres y mujeres de nuestro siglo, que dieron su vida por Cristo. Los sistemas ideológicos y políticos pasan y el sacrifico de quienes murieron permanece y es semilla de nuevos creyentes. Los mártires del siglo XX son héroes de nuestro tiempo, como lo fueron los de los primeros siglos del cristianismo. Recordar a los que sufrieron por la fe, es garantía de esperanza y preludio de eternidad, en este final de milenio.

En este estudio incluimos sólo a aquellos cuya muerte, a causa de la fe, ha sido probada por medio de la "Positio". No hablamos, por tanto, ni de las víctimas de la guerra, ni de las víctimas de la represión política, ni de otros posibles mártires en proceso. Es fundamental distinguir claramente estos conceptos. Conocer quienes murieron "in odium fidei" o "in odium Ecclesiae", quienes murieron en el campo de batalla o en la retaguardia, y quienes fueron víctimas de la represión política. Todas las personas -caídos o víctimas- merecen el máximo respeto. Pero aquí nos referimos únicamente a los sacerdotes, religiosos y laicos que encontraron la muerte por la repercusión que su compromiso y misión apostólica tuvo en sus parroquias, en sus congregaciones religiosas o en sus familias. Exponemos casos de personas sencillas y honestas de la comunidad cristiana, no mostramos a personajes ricos o influyentes de la sociedad. Cualquier medio es bueno para presentar la excelente calidad humana y la coherencia cristiana de esos hombres y mujeres de "la Nostra Terra". Alberique, Alcira, Algemesí, Guadasuar, Puebla Larga, Sueca son lugares, entre otros, relacionados con nuestros mártires.



Y aunque, es elevado el número de mártires que serán reconocidos por la Iglesia, en este opúsculo se delimita el campo: señalamos, a aquellos que nacieron en la Ribera Alta, y acotando más el terreno, a uno que habiendo nacido en Carcagente, ejerció su apostolado laical en la misma ciudad de Carcagente. La biografía del Siervo de Dios Pascual Torres Lloret es poco conocida. A estas alturas es inexcusable ignorar la trayectoria de este seglar "testigo valiente de Cristo". La indiferencia respecto a los mártires no cabe entre los que se declaran cristianos y católicos practicantes, a veces con mucha ostentación externa.



2.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA

La persecución religiosa desatada en España entre los años 1931 al 1939, y concretamente en los pueblos del la Ribera del Júcar, motivó que numerosos cristianos reaccionasen en contra de la ideología antirreligiosa fomentada por la Autoridad legítimamente constituida. El régimen ateo, laico y laicista provocó la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron. Ante quienes despreciaban a la Iglesia y buscaban su destrucción, bastantes afrontaron la muerte por amor a Dios y a Jesucristo, con firmeza y paciencia. Los casos que mostramos "confesaron" su fe hasta derramar su sangre. El martirio fue, por tanto, la prueba suprema de su amor a Dios: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos".



La historiografía moderna ha demostrado, y en la documentación presentada a la Congregación romana para las Causas de los Santos ha quedado claramente probado, que en el período 1931-1939 en España se persiguió a los cristianos en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas.



2.1.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN CARCAGENTE

Tras las elecciones de febrero de 1936 se creó en Carcagente un clima de tanta hostilidad a la Iglesia, que a mediados de mayo ocurrieron hechos muy graves y lamentables provocados por los revolucionarios más exaltados. Los conventos de las Dominicas, de los Franciscanos y de las Religiosas de María Inmaculada fueron saqueados e incendiados. También fue asaltada la parroquia y destrozados muchos de sus enseres y objetos religiosos. Sólo se pudo salvar el Archivo Parroquial, porque el alcalde ordenó trasladarlo a la Casa de la Ciudad. Los daños materiales provocados por estos atentados fueron incalculables y las autoridades civiles nada hicieron para evitarlos, aunque en algún caso, cuando ya todo había prácticamente ardido, enviaron a los bomberos para apagar el fuego.



Otras iglesias y ermitas sufrieron la misma suerte. Pero los hechos más graves ocurrieron el 14 de mayo en le convento de las Dominicas, cuyo cementerio fue profanado, sacando cadáveres que estuvieron expuestos públicamente durante todo el día, hasta el anochecer, con la tolerancia y desaire de las mismas autoridades municipales así como de la población, que se mofaba de los cadáveres. El día 16 de mayo, mandados por la autoridad municipal, unos equipos de albañiles tapiaron las puertas de todas las iglesias incendiadas, quedándose el alcalde con las llaves de los edificios. A los sacerdotes se les prohibió el uso del traje talar. Los franciscanos, lo mismo que las religiosas dominicas, fueron expulsados violentamente de sus respectivas casas.



Todo esto ocurrió cuando faltaban todavía dos meses para el comienzo de la guerra civil. Pero, cuando estalló la revolución en julio de 1936, la persecución afectó también a 115 personas que fueron asesinadas, entre las cuales hubo varios sacerdotes y religiosos y hombres y mujeres católicos. Destacan entre ellos tres mártires que forman parte de esta causa de beatificación: María Olvido Noguera Albelda, Juan Gonga Martínez y Pascual Torres Lloret. Todos ellos murieron heroicamente dado testimonio de su fe con su sangre.



3.- LA IGLESIA HONRA A LOS SANTOS.

A.-Planteamiento bíblico: La Iglesia desde hace ya muchos siglos, se puede decir que desde siempre, honra a los santos, a aquellos que ha considerado servidores fieles, y que han merecido entrar en el gozo del Señor. Los primeros indicios de un culto reverencial tributado a los mártires aparecen ya en el Nuevo Testamento. En el Evangelio de Mateo, los discípulos de Juan el Bautista, cuando se enteraron de que Herodes le había mandado decapitar, tomaron el cadáver y lo sepultaron. Se trató de un acto humanitario, cierto, pero que no quedó restringido a un comportamiento de mera sensibilidad humana, pues encerraba una nítidamente diferenciada intencionalidad religiosa, por tratarse del cadáver de quien era más que profeta, y había sido elegido por Dios para anunciar ante el mundo la presencia del Mesías.



Más explícita es, todavía, la referencia que ofrece en los Hechos de los Apóstoles, con ocasión de la muerte de Esteban. Dice el texto: "A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto". Luto de dolido llanto cristiano, que brotaba de la fe y del reconocimiento al protomartir. Y aún voy a citar otro texto del Apocalipsis, que dice: "Cuando abrió el quinto sello, vio debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado. Y a cada uno le fue dada una túnica blanca".



En la visión apocalíptica, quienes ha sido mártires por la fidelidad a la Palabra de Dios, aparecen ubicados junto al altar, para indicar que participan del nuevo rito del holocausto ofrecido al Señor. Su presencia junto al altar del nuevo culto celeste y la vestidura blanca con la que son investidos, han de ser interpretados como los tributos de la santidad, otorgados a quienes por ser fieles a Dios han sido capaces de ofrecer su propia vida.



Desde este planteamiento bíblico, resulta comprensible y consecuente que la naciente Iglesia honrase a los mártires, tributándoles un culto similar al descrito en el Apocalipsis, pues hizo de sus sepulcros aras para el sacrificio eucarístico.



B.-Planteamiento teológico: Pero la Iglesia no sólo honra a los mártires, sino a cuantos han sido fieles a la palabra de Dios, fuese cual fuese su estado civil y la situación eclesial que tuviesen. Los confesores y las vírgenes, los reyes y los plebeyos, los adultos y los jóvenes, los célibes y los casados, todos, y en cualquier parte del mundo, han recibido el honroso reconocimiento de su fidelidad a la Palabra de Dios. Por haber sido fieles a Dios, la Iglesia les ha honrado con el título de santos.



Hay que reconocer, que la santidad que la Iglesia reconoce a los hijos más prestigiosos, revierte en homenaje de Dios, al que sirvieron, y por cuyo servicio han merecido la dignidad que se les otorga. Por ello, al proclamar la santidad de los siervos de Dios, a quienes en verdad se honra es al mismo Señor, desde quien y ante quien merecieron tal título. Así aparece formulado en un sermón atribuido a San Agustín, donde se proclama: "Esta solemnidad, hermanos míos, es un honor a Dios por medio del siervo de Dios".



Los santos son, por lo tanto, el fruto sazonado de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Por la fidelidad a la acción del Espíritu, que les ha unido vivencialmente a Cristo, la Iglesia les tributa culto, y los incorpora en el calendario de las celebraciones litúrgicas. La conmemoración de los santos a lo largo del año litúrgico, testifica el reconocimiento de la comunidad a quienes han sabido realizar su propia vida y llevar a cabo su vocación cristiana en un comportamiento de fidelidad a la gracia divina. Como se ha dicho, la santidad que la Iglesia reconoce en sus hijos revierte en homenaje a Dios. Al proclamar la santidad, a quien verdaderamente se honra es al mismo Señor.



A la luz de lo expuesto, se comprende el sentido pleno de esta preciosa formulación del concilio Vaticano II: "La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa... Por eso todos en la Iglesia, pertenezcan a la jerarquía o sean regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: lo que Dios quiere es que seáis santos. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta sin cesar y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se expresa de muchas maneras en aquellos que en su estilo de vida tienden a la perfección del amor con edificación de los demás" (LG 39).



El santo se convierte, por tanto, en instrumento para adentrarse en el conocimiento de Dios, y cada santo con su vida pone de manifiesto, con especial realce, algún aspecto divino, que, a través del servidor fiel, se hace más patente al resto de los mortales dentro y fuera de la Iglesia. El santo es, en último término, un portador de Dios a los hombres, y por ello un santificador de la sociedad y de la historia.



4.- PERSONALIDAD Y FISONOMÍA MORAL

DEL SIERVO DE DIOS

PASCUAL TORRES LLORET





4.-1- APARATO PROBATORIO

De los quince testigos que han depuesto en el proceso, dos son de oficio: la hija del Siervo de Dios , y el hijo del Siervo de Dios . Tres testigos son sacerdotes. Cinco testigos son parientes del Siervo de Dios . Tres testigos tuvieron con el Siervo de Dios trato laboral: Dos testigos fueron amigos del Siervo de Dios Dos testigos conocían el Siervo de Dios por razones de vecindad





4.2.- PERFIL BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS

El Siervo de Dios nació el 23 de enero de 1885 en la ciudad de Carcagente, provincia de Valencia, diócesis de Valencia, y fue bautizado el 25 de enero de 1885 en la iglesia parroquial de la Asunción de Carcagente. Su niñez y juventud se desenvolvió en un ambiente de suma pobreza, que perduró toda su vida y que aceptó con gran alegría. El 5 de octubre de 1911 contrajo matrimonio con Leonor Pérez Canet. Tuvo cuatro hijos: Pascual, Teresa, Leonor y José María.



Siendo su profesión la de constructor de obras, defendió siempre la justicia social, ayudando al débil y al obrero, hasta el punto de no querer beneficiarse del 10% del salario de los obreros que, según costumbre del pueblo, disfrutaba el constructor. Vivió auténticamente su vocación laical, tratando de impregnar de espíritu evangélico las realidades temporales en las cuales vivió su condición de esposo, padre de familia y maestro de obras.



Hombre de fe profunda, indomable a prueba de adversidades y peligros, participaba en la Misa y comunión diaria, así como en la meditación, en el rezo del Rosario en familia y en la devoción a la Madre de Dios. Poseía gran caridad, viva y práctica. En esta intensa vida de piedad fue disponiendo su persona a una respuesta generosa a la acción Espíritu Santo que lo impulsó al apostolado organizado siendo miembro de varias asociaciones laicales. Precursor de la Acción Católica en Carcagente, pues era un verdadero apóstol seglar. En 1932 prestó toda la ayuda para establecer la primera Rama de Acción Católica que fue la de los jóvenes con su Aspirantado, que hoy son los Hombres de Acción Católica de la Parroquia de la Asunción.



Colaborador incondicional del Cura Párroco, su entrega y ansias de santidad en favor de los demás le hizo adscribirse y ser elemento activo e infatigable en la Adoración Nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl y Legión Católica de Padres de Familia. Apóstol social era un gran entusiasta de la obra de Fontilles. Le unía amistad con el padre Ferrís y don Joaquín Ballester. Colaborador fundacional y encargado de recoger en ésta por las festividades de Pascua de Resurrección y Navidad, los donativos en especie y metálico para los enfermos de dicho sanatorio, lo que les llevaba personalmente.



Siendo su profesión la de constructor de obras, luchó en todo momento por la defensa de la justicia social, mostrando una honda preocupación por el débil y ayudando constantemente a los obreros. A pesar de la pobreza en que se movía, no era extraño que se quedase sin jornal por entregárselo al más humilde de sus trabajadores. Siendo costumbre en el pueblo, como se ha dicho anteriormente, el que los maestros de obras percibieran, además de su sueldo, el 10 % del importe de los salarios de los obreros, jamás se benefició de ello, dejando el jornal íntegro en favor de sus trabajadores.



Por la intensa actividad apostólica que realizaba, era considerado por los enemigos de la Iglesia como un católico ferviente, por ello la arrestaron y asesinaron. La hija del Siervo de Dios , depone: "Supe, por una vecina que en la asamblea en que trataron del porqué de la muerte de mi padre, los asesinos dijeron: ‘Porque imitaba a los sacerdotes’".



4.3.- LA PERSONALIDAD y LA FISONOMÍA MORAL
DEL SIERVO DE DIOS

Los testigos procesales afirman que era muy justo en sus contratas de construcción sin admitir proposición alguna que fuese contra sus clientes. Correcto y sensato era muy estimado por sus clientes, una persona de absoluta confianza, a él recurrían para buscar consejo. Era muy bondadoso, pero cuando lo requerían las circunstancias sabía imponerse en su misión educadora de padre; una mirada suya bastaba a sus hijos para obedecerle. Hombre de grandes ideales cuando le hablaban de juicios humanos no se dejaba llevar por opiniones contrarias a sus principios religiosos; obraba siempre con entera libertad. Desde niño, por su condición humilde se había habituado a trabajos modestos y penosos; era paciente y constante, austero y sobrio. De temperamento fuerte y decidido, pero atemperado por la virtud de la prudencia. Era muy audaz y nada miedoso, activo. Con mucha suavidad sabía ganarse a todos. Jamás procedía con violencia, sino con mucha calma en los asuntos más difíciles.



Los testigos interrogados acerca de las virtudes practicadas por el Siervo de Dios describen una personalidad moral rica en la cual brillan las virtudes infusas en el bautismo, dentro de las cuales se subrayan especialmente los aspectos específicos de la espiritualidad laical. Lo describen como un fiel laico auténtico, coherente, que cumplió con exactitud sus deberes de esposo y padre. Comprometido activamente en el apostolado de los laicos.



4.4.- EL MARTIRIO MATERIAL

El perseguidor sin lugar a dudas provocó la muerte natural, cumpliendo uno de los requisitos, según la doctrina de Benedicto XIV, por los cuales se concreta el verdadero martirio. En el proceso, no obstante las dificultades para encontrar testimonios sobre el hecho del martirio del Siervo de Dios , realizado en horas furtivas, se consiguieron testigos, si no abundantes, al menos suficientes.



a) Del hecho y las circunstancias de la detención del Siervo de Dios atestiguaron, de visu tres personas. b) De la vida del Siervo de Dios durante el primer y segundo encarcelamiento depusieron, de visu, cuatro testigos el vicario de Carcagente, y el hijo del Siervo de Dios, compañeros de prisión durante el primer encarcelamiento del Siervo de Dios . Un sobrino del Siervo de Dios y hija del Siervo de Dios , lo visitaron durante el segundo encarcelamiento. c) Del traslado del Siervo de Dios desde la prisión al lugar de la ejecución, declaró la hija del Siervo de Dios , ab ipsis interfectoribus. d) De la llegada al lugar de la ejecución y del fusilamiento declararon ab ipsis interfectoribus los hijos del Siervo de Dios . La Sra. Leonor Torres Pérez, hija del Siervo de Dios , agrega que su abuelo supo de algunas señoras que presenciaron la muerte de Pascual Torres Lloret. e) Del reconocimiento del cadáver testimoniaron tres personas: un sacerdote, el enterrador y uno de los hijos del Siervo de Dios .f) Del ambiente hostil a la Iglesia depusieron, de visu, todos los testigos.



4.5.- HORAS AMARGAS DEL SIERVO DE DIOS

El Siervo de Dios en los días previos a la revolución era consciente de la situación que estaba para afrontar: persecución religiosa y probable martirio; así lo manifiesta la hija del Siervo de Dios y testigo de oficio: "Cuando la proclamación de la República el año 31, mi padre se sintió profundamente impresionado previendo como él decía ‘el caos que se avecinaba’. Así que se iban acercando los días de julio del 36 mi padre redoblaba sus oraciones juntamente con nosotros en casa pidiendo al Señor por la paz y haciendo penitencia para conseguirla. En esta razón algunos amigos sacerdotes, como D. Salvador Fons entre ellos, le proponían y facilitaban la salida de Carcagente para ponerse en algún sitio seguro, pero él prefirió siempre quedarse en casa, confiando en la Divina Providencia y hasta admiraba que los sacerdotes se marcharan del pueblo, pues decía: ‘Que será de los enfermos si necesitan algún auxilio espiritual’".



Un sobrino político del Siervo de Dios , depone: "El Siervo de Dios cuando comenzaron los primeros chispazos de 1936 se mantuvo sereno y tranquilo". En el mismo sentido depone el que fuera Vicario de Carcagente en la época de la Revolución del ’36: "En el período pre-revolucionario, el Siervo de Dios , se mostró siempre animoso y resuelto a afrontar cualquier situación difícil". El hijo del Siervo de Dios , concluye su deposición afirmando: "Martirio que él había deseado durante muchas veces en su vida".



Como se ha dicho, la revolución en Carcagente inició el 13 de mayo de 1936 con la quema de la iglesia parroquial de la Asunción, y la suspensión del culto público. Siguió con el incendio y profanación de las iglesias y conventos, la quema de las imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento y muerte de los católicos. Así lo testimonian todos los testigos en la respuesta número 7 del cuestionario.



Al estallar la Revolución de 1936 el Siervo de Dios Pascual Torres Lloret reaccionó como un católico auténtico:

a) Hospedando en su casa a unas religiosas; así lo depone la hija del Siervo de Dios : "En mi casa tuvimos a dos religiosos que huían de la persecución. La iglesias de Carcagente fueron incendiadas, y así hubo necesidad de sacar el Santísimo. Durante todo el tiempo que allí estuvo, que fue hasta el día que se lo llevaron a mi padre, él y mi madre se turnaban en hacer vela de rodillas al Sacramento durante la noche. Muchas veces llevó la Sagrada Comunión a los enfermos durante la Revolución". Confirmado por la deposición del sobrino del Siervo de Dios .



b) Permaneció en la frecuencia de los sacramentos; así lo testimonia el sacerdote Enrique Pelufo Esteve: "Ante los primeros peligros de la revolución, el Siervo de Dios , pensando en su condición de católico, solía decir: ‘algo nos tocará’, cuando diariamente venía y comulgaba hasta el día en que fue detenido". Confirmado por la deposición de un cliente del Siervo de Dios y de uno de los hijos del Siervo de Dios y testigo de oficio.



c) Se preocupó de esconder los ornamentos sagrados para salvarlos de la profanación, así lo testimonia uno de los declarantes: "Ante el peligro que corrían los ornamentos y otros objetos sagrados de culto, por orden del Siervo de Dios cavé una zanja en un corral cercano a la Iglesia en donde pudieron salvarse de la persecución y se sacaron al final de la Revolución". En el mismo modo afirma una amiga del Siervo de Dios : "Los primeros días de agosto, el sacerdote Enrique Pelufo, que guardaba en su casa la Eucaristía, recibió la orden de salir de Carcagente, me entregó las sagradas formas y se las llevé a casa de Pascual Torres, y entonces estrechamos la amistad. Creo recordar que le prohibieron salir de casa, y desde entonces apenas salió; en mi casa ocultó con pared y cal varios objetos y vasos sagrados de la Iglesia, así como [parte de] los libros del archivo". Confirmado por la deposición del sacerdote que en aquella época era vicario de Carcagente, que depone: "En Carcagente hubo verdadera persecución religiosa; durante ella, el Siervo de Dios se prestó para ocultar en lugares seguros los vasos sagrados y otras cosas de culto. Acogió en su casa dos religiosas de María Inmaculada para librarlas del peligro de los enemigos, acompañándolas después para marchar a sus respectivos domicilios".Confirmado por la deposición del hijo del Siervo de Dios y testigo de oficio: "Comenzada la Revolución del 36 mi padre tuvo conciencia de la gravedad de lo que se avecinaba; yo estaba casualmente en Carcagente de permiso, pues estaba haciendo el servicio militar en Madrid. Mi padre se indignó ante la actitud desconsiderada y maleante de los milicianos, y observó una actitud juzgada por muchos como temeraria, al ir visitando a los amigos confortándoles ante lo crítico de las circunstancias y dedicándose a salvar ornamentos y objetos sagrados".



La hija del Siervo de Dios y testigo de oficio, afirma: "Muchas veces llevó la Sagrada Comunión a los enfermos durante la Revolución". En el mismo modo el vicario de Carcagente, declara: "Interrumpido el culto parroquial, los sacerdotes privadamente celebrábamos la Misa y administrábamos los sacramentos. En estos ministerios encontramos siempre un poderoso auxiliar en el Siervo de Dios, que nos acompañaba incluso a las casas donde teníamos que ejercer algún ministerio".



En este clima de persecución el Siervo de Dios mantuvo el ánimo sereno, confiando su vida en las manos de Dios, y continuando en sus actividades cotidianas con total naturalidad, así lo testimonia la hija del Siervo de Dios : "Mi padre fue llamado al Comité hasta unas siete veces con el pretexto de pagarle unas facturas de ciertas obras que había hecho a un particular que había huido del pueblo. En alguna de estas llamadas se le detuvo hasta pasar la noche entera en dicho Comité. Cuando volvía a casa mostraba siempre un rostro sereno y sonriente. No me consta que en estas detenciones sufriera malos tratos. Yo le atribuía esto a su resignación pues jamás se quejaba de nada". Y después agrega: "Mi madre siempre decía que él tenía su vida ofrecida a la causa de la religión y así solíamos recitar después de la comunión por indicación suya en tiempo de la revolución esta frase: ‘Para que con tus santos y elegidos te alabe por los siglos de los siglos’. Elegido en el sentido de ‘los que estaban destinados al martirio’".



Un primo del Siervo de Dios , depone: El Siervo de Dios , al agravarse la situación en 1936 no se acobardó, sino que siguió con sus actuaciones religiosas, por lo que los enemigos de la fe lo vigilaron estrechamente, hasta en su propia casa.La hija del Siervo de Dios , afirma: "Cuando empezó la guerra, nos hacía rezar el Rosario arrodillados, y la Estación [al Santísimo Sacramento] , brazos en cruz". Un cliente del Siervo de Dios , declara: "Yo estuve en contacto con él hasta principios de la revolución, y siempre encontré en él un gran valor y energía ante la situación".



4.6.- DETENCIONES DEL SIERVO DE DIOS Y ENCARCELAMIENTO

El 25 de julio fue detenido, así lo testimonia el hijo del Siervo de Dios , testigo de oficio: "Mi padre fue detenido varias veces antes de su muerte, la primera vez el 25 de julio, también me apresaron con él. También detuvieron y estuvieron con nosotros D. Enrique Pelufo, vicario de Carcagente, y el otro Siervo de Dios Juan Gonga. Durante este tiempo hacia la tarde, estando encañonados por los milicianos, nos decía: ‘Pobres, no saben el bien que nos hacen, de aquí al cielo’. Después, junto con los antes citados, paseando a lo largo de la Iglesia del Colegio de la Inmaculada, donde había unos cuarenta detenidos, íbamos diciendo el credo. A la madrugada nos despertó el jefe de las Juventudes Libertarias a quien mi padre dio trabajo en tiempo de escasez, el cual nos hizo salir y delante del Comité le dijo a mi padre: ‘Sr. Pascual, estoy avergonzado de que Ud. esté aquí encerrado’, y nos marchamos a casa, después de haber sufrido un pequeño interrogatorio. Dos días más tarde marchaba yo a Madrid a incorporarme al regimiento. En esta ocasión mi padre me puso en el fondo de una tapa de reloj una forma para comulgar con ella, y recibí su bendición, y ya no le vi más".



Fue detenido mientras ayudaba a misa al Vicario de Carcagente; así lo testimonia el mismo sacerdote: "Fue detenido, mientras me estaba ayudando la Santa Misa. Ese mismo día, 25 de Julio, fue detenido el Siervo de Dios y llevado al Colegio de María Inmaculada, cuya capilla estaba habilitada como cárcel. Yo fui llevado detenido juntamente con él, custodiados por varios milicianos. Durante cuatro días permanecimos recluidos; el Siervo de Dios formaba parte de un grupo de unos cuantos católicos, al cual yo pertenecía; siempre se le vio animoso y hasta contento de poder aspirar al martirio. En un momento en que hubo cierto revuelo en la prisión, apuntaron los guardianes sus fusiles hacia nosotros, y el Siervo de Dios me pidió la absolución. Juan Gonga Martínez, que figura también en esta causa, pidió al Siervo de Dios que, ya que él estaba más cerca del Señor, que intercediese por todos nosotros". Y después agrega: "Al objeto de hacerle algunas preguntas al Siervo de Dios , varias veces fue llevado detenido a la misma cárcel antedicha. Sospecho que la causa de estas detenciones pudo ser el ver que el Siervo de Dios frecuentase la casa de Doña Angelita Picot, que por encargo mío, al marcharme de Carcagente, quedó encargada de la Sagrada Eucaristía. Estas visitas las hacía el Siervo de Dios para comulgar y visitar el Santísimo Sacramento".



El sobrino político del Siervo de Dios , agrega: "Pocos días después del 18 de julio de 1936, cuando se encontraba trabajando (yo con él) en una finca del Barón de Sta. Bárbara, fue detenido por unos milicianos quienes le condujeron al Colegio de M. Inmaculada convertido en cárcel. A los pocos días fue puesto en libertad pero con la orden expresa de no salir de casa. Yo le visitaba diariamente y le ponía al corriente de lo que pasaba. Me decía que debíamos perdonar a todos".



El 5 de septiembre de 1936 fue detenido por unos milicianos en su casa, por segunda vez; así lo testimonia la hija del Siervo de Dios , testigo de visu de la detención: "Sería el 5 de septiembre de 1936, alrededor del medio día vinieron en un coche cuatro milicianos. Yo me encontraba a la puerta de mi casa observándolo todo. Los milicianos preguntaron por mi padre y mi madre dijo que estaba enfermo (cosa cierta, pues la noche anterior tuvo un cólico), y que le dejasen estar. Entonces mi padre que estaba en el patio tomando un tazón de leche se levantó y se presentó él mismo a los milicianos. Estos dijeron que se trataba de una breve diligencia y que pronto volvería a casa. Mi padre entró en la habitación; se puso la chaqueta, tomó unos papeles y subió al coche. Mi madre recelándose lo que podía ocurrir, fue confortada por mi padre con palabras de aliento. Yo seguí al coche hasta el cuartel de la Guardia Civil y pasando por delante de la puerta observé que mi padre entregaba unos papeles y los objetos personales". Confirmado por la deposición de otra hija del Siervo de Dios que agrega: "Antes de partir, mi padre me entregó el Santísimo Sacramento para ocultarlo en una casa más segura".



4.7.- VIDA EN LA PRISIÓN

La vida en prisión estuvo caracterizada por malos tratos y vejaciones morales que el Siervo de Dios supo llevar con entereza cristiana; así lo testimonia la hija del Siervo de Dios y testigo de oficio: "Ese mismo día por la noche, mi hermana Teresa fue a llevarle ropas y alimentos, y le encontró completamente resignado, diciendo que no se preocupasen por él que no le hacía falta nada. Al día siguiente acudió nuevamente mi hermana Teresa a llevarle comida y le dijeron que no estaba allí, y al preguntar ‘¿En dónde, pues?’, le dijeron que lo habían matado, y ‘¡Ojo! en llorar’. Lo mismo advirtieron después en casa".



Confirmado por la deposición de la otra hija del Siervo de Dios : "Antes de partir, mi padre me entregó el Santísimo Sacramento para ocultarlo en una casa más segura. En esa misma noche fui a verle al cuartel, llevándole algunos alimentos; le vi sereno y resignado. Me encomendó que rezásemos y me aseguró que no necesitaba nada".



4.8.- EJECUCIÓN

La muerte del Siervo de Dios está probada mediante el certificado de defunción y la documentación sobre el martirio del mismo, que se encuentra en la Sección Causa General del Archivo Histórico Nacional de Madrid.



La hija del Siervo de Dios y testigo de oficio, depone: "El día 6 de septiembre a la madrugada fue sacado mi padre del cuartel de la Guardia Civil y llevado al Cementerio de Carcagente, en donde solía parar el coche. Las mujeres vecinas de dicho lugar solían ver las ejecuciones y contaron a mi abuelo que mi padre al bajar del coche, como se oyeron unos gritos de una señora malherida, los milicianos se sobrecogieron de espanto y aprovechó aquella ocasión para entrar en el cementerio y colocarse junto a la misma zanja diciéndoles que no se preocupasen que él quería morir en seguida y allí mismo fue ejecutado. Calculo que la distancia que media entre el cuartel y el cementerio será de unos diez minutos a pie". Confirmado por la deposición de la otra hija del Siervo de Dios , que agrega: "A las doce de la noche, oímos pasar los coches hasta las cuatro de la mañana, llevando las víctimas al Cementerio de Carcagente para su ejecución". Un sobrino político del Siervo de Dios , confirma la deposiciones anteriores y agrega: "La noche, presumiendo lo que iba a ocurrir, estuve en vela y desde la ventana de mi habitación oí los disparos. Al día siguiente corrió la voz por el pueblo de que el Siervo de Dios bajó del coche y se dispuso para morir con gran serenidad. Sin oponer la mínima resistencia se dispuso a recibir la muerte".



14.9.- SEPULTURA, EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS MORTALES DEL SIERVO DE DIOS, TRASLADO Y SEGUNDA INHUMACIÓN

La hija del Siervo de Dios y testigo de oficio, afirma: "Fue enterrado en una fosa común y al terminar la guerra fue trasladado al Cementerio General de Valencia en donde se encuentra en la actualidad". Confirmado por los siguientes documentos: autorización para trasladar los restos mortales del Siervo de Dios y certificado de lugar de inhumación.



4.10.- EL MARTIRIO FORMAL

Es útil recordar la doctrina del Cardenal Lambertini. 1-. El martirio formal por parte del perseguidor: Por parte del perseguidor - los milicianos rojos o brazo armado de la extrema izquierda - no podía ser otro el motivo para asesinar al Siervo de Dios sino el odium fidei. En el Summarium se encuentran las pruebas evidentes de esta afirmación. Buscaban sistemáticamente a los católicos; odiaban todo lo que se relacionara con la religión católica y sus símbolos como quedó demostrado.



Un cliente del Siervo de Dios , afirma: "Yo mismo fui perseguido por mi condición de católico y en el interrogatorio a que fui sometido se me preguntó por las manifestaciones religiosas que vieron en cuadros y en libros en mi casa y al manifestarles mi condición de católico se me contestó ‘el vivir con esas ideas es sumamente peligroso’". En el mismo modo un amigo del Siervo de Dios , declara: "La persecución de aquel tiempo fue religiosa; si a mi se me persiguió fue por mis actividades católicas. Es un hecho la destrucción de imágenes y de todo signo religioso, tanto públicamente como en los registros privados de las casas de los perseguidos, y en mi casa misma. Mi propia casa fue acordonada por los milicianos, pensando que en ella estaba oculto el Sr. Obispo. Tengo que añadir que yo fui teniente de alcalde de esta ciudad de Valencia, durante la dictadura del general Primo de Ribera, y si fui detenido y perseguido varias veces no lo fui por mi significación política, sino por mis actividades religiosas". Los milicianos sabían que era un fiel laico comprometido apostólicamente y por esto lo hostigaban como quedó demostrado en la Informatio.



2.- El martirio formal sufrido por el Siervo de Dios : Antes y durante la Revolución el Siervo de Dios hablaba del martirio y esperaba el sucederse de los acontecimientos, como quedó demostrado en la Informatio. Durante los encarcelamientos el Siervo de Dios manifestaba su adhesión a la fe cristiana, como se puso anteriormente en evidencia. Aceptó voluntariamente el martirio con gran serenidad, como quedó probado. El Pbro. Eladio España Navarro, depone: "Por referencias sé que la gente lo considera como mártir. He oído de personas fidedignas que oyeron de los ejecutores que era el que menos trabajo les dio para matarle, con lo cual se demuestra que no hizo resistencia alguna, antes al contrario iba resignado con la voluntad de Dios".



4.11.- LA FAMA DEL MARTIRIO

Sentir común: Entre quienes supieron de la muerte del Siervo de Dios fue unánime el concepto de auténtico martirio. Así lo afirman todos los testigos respondiendo a la pregunta n. 14 del cuestionario. Algunas personas se encomiendan a la intercesión del Siervo de Dios . Sentir de algunas personas: Los distintos testigos que han testimoniado en el proceso ordinario afirman que el Siervo de Dios sufrió un verdadero martirio. En el mismo modo se expresan otras personas, el Pbro. Bernardo Pastor Sales, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Carcagente, en su declaración escrita del 21 de julio de 1997 y el Pbro. Francisco Martínez conjuntamente con el Sr. Juan González Fayos, párroco y presidente de la Junta parroquial respectivamente, en la época en la cual se preparaba el Libro de Oro de Mártires seglares 1936-39. Otros documentos: La fama de martirio del Siervo de Dios se puede probar también a través de otros documentos que son comunes a los otros Siervo de Dios .



5.- LO FUNDAMENTAL

El santo es bastante más que una persona buena o, incluso, muy buena. El santo es, básicamente, el cristiano que, desde su situación en la Iglesia por el bautismo, y por haber sido fiel a la acción del Espíritu Santo, ha recibido en eficaz plenitud la gracia de la obra redentora de Cristo. Por eso es testigo vivo de Dios, y motiva a la Iglesia a un constante proceso de fiel escucha de su Palabra, y por lo tanto de conversión.



Evangelizar a un mundo en crisis es la tarea constante de la iglesia. En la relación final del Sínodo de los Obispos de 1985, se dice: "La evangelización se hace por testigos; pero el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con la vida''.



El santo, si por algo se distingue siempre es por su amor y su fidelidad a la Iglesia. Y la enseñanza que el santo aporta tiene cumplida vigencia al ser asumido y propuesto por el magisterio eclesial. La canonización -o beatificación- de un cristiano por parte de la Iglesia equivale a ratificar su vida y la doctrina propuesta en su vida. El santo acaba enseñando siempre por medio de la jerarquía de la Iglesia.



En los momentos más críticos de la historia -y crítico es el momento presente- han sido los santos quienes, con un comportamiento de amor sincero a la Iglesia, han puesto de manifiesto las debilidades eclesiales y han promovido su recuperación penitencial. No fueron los grandes de este mundo, sino los santos de cada momento quienes obraron el decisivo y crucial cambio en el seno de la Iglesia, e incluso de la sociedad. Ellos han sido instrumento de vida cristiana entre el pueblo.



Con sencilla grandeza, como corresponde a un santo, Pascual Torres Lloret no tuvo otra norma de conducta que ayudar a quien necesitaba de su ayuda. El modelo de su vida, como la del resto de los santos, fue Jesucristo. Pascual Torres es, por consiguiente, como seglar consciente de su vocación de Cristiano, un acuciante estímulo de conversión para las parroquias de Carcagente. Y las debe impulsar a profundizar en los caminos de la perfección cristiana. Los santos del pasado abrieron siempre caminos nuevos, y caminos idénticos continúan abriendo los santos en los tiempos modernos.



Nuestras parroquias han de estar viviendo siempre un movimiento de purificadora conversión hacia Dios; lo mismo los movimientos y grupos apostólicos. Y esta conversión dentro de la Iglesia, quienes la promueven con su propia vida son los santos. Ellos, hombres y mujeres, indiscriminadamente, desde la finura de su espíritu le descubren a la Iglesia la virtud propia que debe alcanzar en cada situación histórica. En este sentido Pascual Torres Lloret ejerce la constante acción penitencial que mueve a la práctica de las virtudes cristianas en cada circunstancia y da testimonio de Dios dentro del mundo.



Como conclusión tenemos que afirmar que el Siervo de Dios Pascual Torres Lloret, con su conducta de fidelidad al Espíritu Santo, ha llegado a ser un fruto maduro del conocimiento en profundidad de la palabra de Dios. Lo que equivale a reconocer que nuestro Mártir coopera en el conocimiento correcto del misterio de Dios y de lo que anuncia la Iglesia. Ese hombre de fe profunda que participaba en la Misa y comulgaba diariamente, que era devoto de la Madre de Dios y rezaba el Rosario en familia, ese catequista y apóstol social seglar, de intensa vida de piedad que fue disponiendo su persona para el apostolado organizado, ejerce, para los cristianos no sólo de Carcagente sino de la Archidiócesis y de la Iglesia universal, una influencia de iluminador estímulo, por cuanto demuestra que es posible ser fiel a la gracia de Dios en cualquier estado de la vida.



Con su comportamiento, Pascual Torres Lloret se convierte en maestro y estimula a llevar el compromiso de la fe hasta las últimas consecuencias. Ésta es la gran repercusión pedagógica de nuestro Mártir. Por ello, al honrarlo, nos dirigimos con un gesto de gratitud a Dios Nuestro Señor, que nos muestra a través de este seglar, el camino que conduce hacia Él.



6.- NOBLEZA ESPIRITUAL.



"Y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra", dijo Jesús a los Apóstoles. "Mártir" es igual a "testigo". Quien testimonia a Cristo dando la vida o padeciendo por su amor, o por la verdad de su doctrina ese "confiesa la fe". El que acepta y sufre con firmeza y paciencia -virtudes recomendadas por Cristo- la persecución y la muerte por odio a la fe del Maestro, a ese la Iglesia lo considera mártir. El martirio es, por tanto, el reconocimiento de la paciencia cristiana, en cuanto que ésta imita y se asemeja a la muerte de Jesús, quien fue conducido al patíbulo por confesar claramente su propia divinidad. "¿Eres tu el Hijo de Dios? "Yo lo soy". Y el tribunal falló: "Reo es de muerte". Cristo en el tribunal y Cristo en la cruz es, pues, el primer mártir. Y usando una frase de San Agustín, Cristo es el modelo de los mártires.



Desde los primeros siglos la Iglesia ha considerado el martirio como el título mayor que puede alcanzar un cristiano. Y Pascual Torres Lloret ha sido digno de recibir esa aristocracia espiritual.

Ramón Fita Revert

Delegado Diocesano para las causas de los Santos



Valencia, 24 octubre, 1999





De conformidad con los
Decretos del Papa Urbano VIII,
en nada se pretende prevenir
el juicio de la Santa Iglesia.





ORACIÓN

Oh Dios, gloria y corona de los mártires, que escogiste para el apostolado laical a tu Siervo PASCUAL TORRES LLORET y le concediste asemejarse a tu Hijo en una muerte como la suya: te pedimos alcanzar por su intercesión las gracias que ahora te suplicamos y verle glorificado para bien de tu Iglesia. Por Jesucristo N.S.



Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

María, Reina de los Mártires, acoge nuestra oración.

(Con las debidas licencias)

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