Hoy es miércoles 27 de octubre de 2021
Menú
Inicio / La Archidiócesis / Santos y Mártires valencianos


Buscar

Listado de congregaciones:


Listado alfabético:


  José Ruiz Bruixola
  EL SIERVO DE DIOS

JOSÉ RUIZ BRUIXOLA


1.- INTRODUCCIÓN

El interés del Papa por las causas de los santos, en especial por las de los mártires, es de todos conocido. En sus veinte años de pontificado Juan Pablo II ha elevado al honor de los altares a más de trescientos hombres y mujeres de nuestro siglo, que dieron su vida por Cristo. Los sistemas ideológicos y políticos pasan y el sacrifico de quienes murieron permanece y es semilla de nuevos creyentes. Los mártires del siglo XX son héroes de nuestro tiempo, como lo fueron los de los primeros siglos del cristianismo. Recordar a los que sufrieron por la fe, es garantía de esperanza y preludio de eternidad, en este final de milenio.


En este estudio incluimos sólo a aquellos cuya muerte, a causa de la fe, ha sido probada por medio de la "Positio". No hablamos, por tanto, ni de las víctimas de la guerra, ni de las víctimas de la represión política, ni de otros posibles mártires en proceso. Es fundamental distinguir claramente estos conceptos. Conocer quienes murieron "in odium fidei" o "in odium Ecclesiae", quienes murieron en el campo de batalla o en la retaguardia, y quienes fueron víctimas de la represión política. Todas las personas -caídos o víctimas- merecen el máximo respeto. Pero aquí nos referimos únicamente a los sacerdotes, religiosos y laicos que encontraron la muerte por la repercusión que su compromiso y misión apostólica tuvo en sus parroquias, en sus congregaciones religiosas o en sus familias. Exponemos casos de personas sencillas y honestas de la comunidad cristiana, no mostramos a personajes ricos o influyentes de la sociedad. Cualquier medio es bueno para presentar la excelente calidad humana y la coherencia cristiana de esos hombres y mujeres de "la Nostra Terra". Los mártires del siglo XX también están relacionados con la Huerta de Valencia y su comarca.



Y aunque, es elevado el número de mártires que serán reconocidos por la Iglesia, en este opúsculo se delimita el campo: señalamos, a aquellos que están relacionados con la comarca de La Huerta de Valencia, y acotando más el terreno, a uno que nació en el pueblo de Foyos. La biografía del Siervo de Dios José Ruiz Bruxola es poco conocida. A estas alturas es inexcusable ignorar la trayectoria de este sacerdote "testigo valiente de Cristo". Entre los que se declaran cristianos y católicos practicante, con ostentación y boato externo en ocasiones, no cabe la indiferencia respecto a los mártires. La indiferencia flota en el ambiente y amenaza con helar los corazones de los creyentes. Para contrarrestar esa frialdad, damos a conocer el gran activo de santidad que tiene la Iglesia de Valencia: la santidad de algunos de sus hijos. La lectura de los "gesta martyrum" alimentará, indudablemente, la piedad de los fieles, porque las historias de los santos suscitan el amor, la fe y la oración.



2.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA



La persecución religiosa desatada en España entre los años 1931 al 1939, y concretamente en los pueblos de la Huerta de Valencia, motivó que numerosos cristianos reaccionasen en contra de la ideología antirreligiosa fomentada por la Autoridad legítimamente constituida. El régimen ateo, laico y laicista provocó la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron. Ante quienes despreciaban a la Iglesia y buscaban su destrucción, bastantes afrontaron la muerte por amor a Dios y a Jesucristo, con firmeza y paciencia. Los casos que mostramos "confesaron" su fe hasta derramar su sangre. El martirio fue, por tanto, la prueba suprema de su amor a Dios: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos".



La historiografía moderna ha demostrado, y en la documentación presentada a la Congregación romana para las Causas de los Santos ha quedado claramente probado, que en el período 1931-1939 en España se persiguió a los cristianos en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas.



3.- LA IGLESIA HONRA A LOS SANTOS.



A.-Planteamiento bíblico: La Iglesia desde hace ya muchos siglos, se puede decir que desde siempre, honra a los santos, a aquellos que ha considerado servidores fieles, y que han merecido entrar en el gozo del Señor. Los primeros indicios de un culto reverencial tributado a los mártires aparecen ya en el Nuevo Testamento. En el Evangelio de Mateo, los discípulos de Juan el Bautista, cuando se enteraron de que Herodes le había mandado decapitar, tomaron el cadáver y lo sepultaron. Se trató de un acto humanitario, cierto, pero que no quedó restringido a un comportamiento de mera sensibilidad humana, pues encerraba una nítidamente diferenciada intencionalidad religiosa, por tratarse del cadáver de quien era más que profeta, y había sido elegido por Dios para anunciar ante el mundo la presencia del Mesías.



Más explícita es, todavía, la referencia que ofrece en los Hechos de los Apóstoles, con ocasión de la muerte de Esteban. Dice el texto: "A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto". Luto de dolido llanto cristiano, que brotaba de la fe y del reconocimiento al protomartir. Y aún voy a citar otro texto del Apocalipsis, que dice: "Cuando abrió el quinto sello, vio debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado. Y a cada uno le fue dada una túnica blanca".



En la visión apocalíptica, quienes ha sido mártires por la fidelidad a la Palabra de Dios, aparecen ubicados junto al altar, para indicar que participan del nuevo rito del holocausto ofrecido al Señor. Su presencia junto al altar del nuevo culto celeste y la vestidura blanca con la que son investidos, han de ser interpretados como los tributos de la santidad, otorgados a quienes por ser fieles a Dios han sido capaces de ofrecer su propia vida.



Desde este planteamiento bíblico, resulta comprensible y consecuente que la naciente Iglesia honrase a los mártires, tributándoles un culto similar al descrito en el Apocalipsis, pues hizo de sus sepulcros aras para el sacrificio eucarístico.



B.-Planteamiento teológico: Pero la Iglesia no sólo honra a los mártires, sino a cuantos han sido fieles a la palabra de Dios, fuese cual fuese su estado civil y la situación eclesial que tuviesen. Los confesores y las vírgenes, los reyes y los plebeyos, los adultos y los jóvenes, los célibes y los casados, todos, y en cualquier parte del mundo, han recibido el honroso reconocimiento de su fidelidad a la Palabra de Dios. Por haber sido fieles a Dios, la Iglesia les ha honrado con el título de santos.



Hay que reconocer, que la santidad que la Iglesia reconoce a los hijos más prestigiosos, revierte en homenaje de Dios, al que sirvieron, y por cuyo servicio han merecido la dignidad que se les otorga. Por ello, al proclamar la santidad de los siervos de Dios, a quienes en verdad se honra es al mismo Señor, desde quien y ante quien merecieron tal título. Así aparece formulado en un sermón atribuido a San Agustín, donde se proclama: "Esta solemnidad, hermanos míos, es un honor a Dios por medio del siervo de Dios".



Los santos son, por lo tanto, el fruto sazonado de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Por la fidelidad a la acción del Espíritu, que les ha unido vivencialmente a Cristo, la Iglesia les tributa culto, y los incorpora en el calendario de las celebraciones litúrgicas. La conmemoración de los santos a lo largo del año litúrgico, testifica el reconocimiento de la comunidad a quienes han sabido realizar su propia vida y llevar a cabo su vocación cristiana en un comportamiento de fidelidad a la gracia divina. Como se ha dicho, la santidad que la Iglesia reconoce en sus hijos revierte en homenaje a Dios. Al proclamar la santidad, a quien verdaderamente se honra es al mismo Señor.



A la luz de lo expuesto, se comprende el sentido pleno de esta preciosa formulación del concilio Vaticano II: "La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa... Por eso todos en la Iglesia, pertenezcan a la jerarquía o sean regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: lo que Dios quiere es que seáis santos. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta sin cesar y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se expresa de muchas maneras en aquellos que en su estilo de vida tienden a la perfección del amor con edificación de los demás" (LG 39).



El santo se convierte, por tanto, en instrumento para adentrarse en el conocimiento de Dios, y cada santo con su vida pone de manifiesto, con especial realce, algún aspecto divino, que, a través del servidor fiel, se hace más patente al resto de los mortales dentro y fuera de la Iglesia. El santo es, en último término, un portador de Dios a los hombres, y por ello un santificador de la sociedad y de la historia.





4.- SIERVO DE DIOS JOSÉ RUIZ BRUIXOLA

4.1.- EL APARATO PROBATORIO



De los 18 testigos que han depuesto en el proceso, tres son de oficio. Testificaron cinco sacerdotes. Seis testigos eran parientes del Siervo de Dios (=Siervo de Dios).Cuatro eran paisanos del Siervo de Dios. El Sr. Vicente Corell Marco fue monaguillo en la parroquia donde el Siervo de Dios ejercía su ministerio pastoral. El Sr. Fernando Barrachina Ruiz era amigo del Siervo de Dios. Dos testigos fueron feligreses del Siervo de Dios.



4.2.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN LA PARROQUIA
DE SAN NICOLÁS DE VALENCIA Y EN FOYOS



Tratamos conjuntamente de la persecución religiosa en estos dos lugares, porque el Siervo de Dios José Ruiz Bruixola fue párroco de San Nicolás de Valencia, pero sufrió persecución en su pueblo natal de Foyos, donde tras las elecciones de febrero de 1936 las nuevas autoridades frentepopulistas comenzaron a coartar la libertad de la Iglesia y el ejercicio del culto externo, lo mismo que en otros lugares.



En dicha población fue perseguido y asesinado el cura párroco, don Antonio Sorlí Barbastre, quien había defendido con tal energía los derechos de la Iglesia que en tiempos de la República llegó a ganar un pleito frente al Ayuntamiento en defensa de la propiedad parroquial del cementerio. Sobre el carácter particularmente cruel de la persecución en esta población, situada en el norte de Valencia, hay que decir que el mencionado párroco fue encerrado en las Torres de Cuarte de Valencia, pero sabedor el comité de Foyos de su paradero, se apoderaron de él y lo condujeron a la población, haciéndole objeto de toda clase de burlas y tormentos en el camino, hasta que entraron en el casco urbano de Foyos. Esto ocurría el mismo día que Foyos celebraba tradicionalmente la fiesta de su patrona. Este fue el contexto de la persecución del Siervo de Dios José Ruiz Bruixola, que se hallaba escondido en casa de sus familiares hasta que fue descubierto por unos milicianos y conducido al martirio en la cercana población de Gilet.



Apenas proclamada la revolución de 1936, el Siervo de Dios José Ruiz Bruixola había sido obligado a abandonar la casa abadía de su parroquia de San Nicolás de Valencia, donde todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas fueron perseguidos, encarcelados, maltratados o martirizados. Además del Siervo de Dios fueron fusilados varios sacerdotes. Otros dos sacerdotes murieron a consecuencia de los sufrimientos de la persecución. En dicha parroquia la persecución afectó también a todos los conventos y comunidades religiosas masculinas y femeninas, en particular a los Jesuitas y a las Carmelitas de la Caridad de la Casa de la Misericordia, que fueron martirizados y cuyo proceso de beatificación forma parte del grupo de causas abiertas en la archidiócesis de Valencia. Los destrozos materiales de las iglesias de la demarcación parroquial, de las capillas y de los objetos religiosos fueron semejantes a los de otros lugares.



4.3.- PERFIL BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS



El Siervo de Dios José Ruiz Bruxola nació en Foyos el 30 de marzo de 1857 y fue bautizado al día siguiente en la Iglesia parroquial por D. Vicente Barrachina Serra, párroco de la misma. Era hijo legítimo de Antonio Ruiz, labrador, y de Vicenta Bruixola, naturales, vecinos y casados en dicha parroquia, que constituyeron una familia cristiana. Sintiéndose llamado al sacerdocio, procuró dirigir todos los actos de su vida a este fin y en 1878 ingresó en el Seminario Conciliar Central de Valencia, observando durante la carrera una conducta ejemplar. Antes de su ordenación sacerdotal, su director espiritual, D. José Vicente Doménech, cura párroco de Foyos, certificó que José Ruiz observaba una conducta moral y política intachable en todos los conceptos y recibía semanalmente los Sacramentos de la Penitencia y Comunión. En su pueblo de Foyos era tenido como un seminarista virtuoso, recogido, honesto, pacífico, de buena vida, costumbres y ejemplo; vestía hábito talar, llevaba abierta la corona propia de su orden, asistía a los oficios que se celebraban en la parroquia y daba en todo momento pruebas inequívocas de verdadera vocación al estado eclesiástico. Fue ordenado presbítero en el año 1882 y nombrado coadjutor de Cuart de Poblet. Al morir, poco tiempo después, el cura de la misma, fue encargado de dicha Parroquia.



Después, y por su quebrantada salud, se le nombró beneficiado de San Nicolás Obispo y San Pedro Mártir, de Valencia. Desde aquella fecha y, sobre todo, después de haber logrado algún tanto el restablecimiento de su salud, se dedicó de lleno a misionar por los pueblos de la archidiócesis, como miembro de la Congregación Sacerdotal. Más tarde, fue nombrado cura ecónomo de la Parroquia de Santa Catalina y San Agustín, de Valencia, donde permaneció por algunos años, siendo considerado el padre de los pobres. Reconstruyó la capilla de la Comunión y levantó el actual campanario con sus campanas. Pasó luego de cura ecónomo a San Esteban Protomártir de Valencia, donde igualmente desplegó todo su celo en pro de los necesitados, a quienes visitaba con asiduidad. Durante su permanencia en esta Parroquia consiguió su propósito de levantar una magnífica iglesia, en la calle de Caballeros, junto a la Casa de los Obreros, la "Escuela de Cristo" para sacerdotes y seglares que, con ansias de mayor perfección, buscaran este asilo. Esto fue posible, gracias a la prodigalidad de don Santiago Lloret.



La Escuela de Cristo fue una auténtica escuela de espiritualidad, que nació como asociación en el siglo XVII. Su fin primordial era procurar que sus miembros alcanzasen la perfección lejos de fáciles y rutinarias prácticas religiosas; se les exhortaba a frecuentar la santa Misa y la oración mental diaria, los sacramentos, la visita a los hospitales y a las cárceles, la lectura piadosa, el examen de conciencia diario, etc. D. José Ruiz Bruixola ya en 1898 pertenecía a esta venerable Escuela y participó de la espiritualidad de la misma, al igual que hicieron otros sacerdotes valencianos de aquel tiempo. También fue miembro de la Congregación Sacerdotal de la Inmaculada Concepción, amigo y colaborador de los Siervo de Dios D. José Bau Burguet, conocido como el "Cura de Ars" de Valencia, y de D. Miguel Fenollera, fundador de las "Avemarianas" de Benimámet, ambos hoy en proceso de beatificación, y del también mártir D. Manuel Irurita Almandoz, obispo de Barcelona.



En 1923, previo concurso, don José Ruiz fue nombrado Cura Párroco de San Nicolás, de Valencia, Parroquia a la que se entregó totalmente hasta su muerte. Hermoseó en gran manera la Capilla de Comunión, en lo que invirtió mucho capital. Veló en todo momento por el esplendor del culto, decencia y decoro de la casa de Dios.



Trabajó intensamente y sin descanso en la Catequesis y fundó la Acción Católica, siendo ésta una de las primeras parroquias de la diócesis donde se estableció. Asiduamente , se le veía en el templo oyendo confesiones; visitaba diariamente a sus enfermos y atendía a los pobres largamente, unas veces con limosnas que solicitaba de personas adineradas y otras de su peculio particular. A los enfermos proporcionaba asistencia médica gratuita y los medicamentos requeridos. Por todo ello se le quería como a un padre. Una sobrina del Siervo de Dios, afirma: "Tan caritativo que cuando sobrevino el año del cólera, o "cucaracha", él iba visitando de casa en casa a los enfermos, llevándoles comida y colchonetas, asistiéndoles muchas veces él solo, porque los familiares les abandonaban, hasta que también él cogió y fue víctima de la cucaracha".



Era incansable en el trabajo. Predicaba, a pesar de sus casi ochenta años, todos los domingos en tres misas, así como en los ejercicios vespertinos, y todos los años visitaba, personalmente, todas las casas de la Parroquia para hacer la Matrícula Parroquial, lo que le brindaba ocasión para conocer a sus feligreses. Era muy devoto del Sagrado Corazón, cuyo culto promovió y de María Santísima. Manifestaba ferviente devoción a la Eucaristía y celebraba la Misa con suma devoción y pausa. La sobrina del Siervo de Dios, declara: "Su recogimiento en la iglesia era tal, que como cierta vez se le preguntara a una señora, qué cosas le decía al Señor en el Sagrario, contestó: ‘Con ver a Dios y al Sr. Cura como ora, tengo bastante’". Y una religiosa pariente del Siervo de Dios, afirma: "Muy mortificado en el vivir, parco y austero, y dándose a penitencias extraordinarias en expiación de los pecados de sus feligreses y fundamentando así y dando eficacia a su apostolado. Sé que en cierta ocasión en que estuvo enfermo, quien le cuidaba se sorprendió y alarmó al ver sus espaldas cruzadas por las señales de las disciplinas. Dijo que iba a decirlo al médico y a su confesor para que evitaran una tan fuerte mortificación, y él dijo: ‘Haz el favor de callar y guardar discreción. Piensa que hay aún muchos feligreses en la parroquia que no han cumplido con el precepto pascual’. Sé que se disciplinaba y fomentaba la práctica de la mortificación y de la oración, en la llamada ‘Escuela de Cristo’, que dirigía y fomentaba como elemento de renovación espiritual de la parroquia. En definitiva: Santo sacerdote".



Por la intensa actividad apostólica que realizaba como sacerdote los enemigos de la Iglesia lo arrestaron y asesinaron.



4.4.- PERSONALIDAD Y FISONOMÍA MORAL
DEL SIERVO DE DIOS

Los testigos afirman que era de temperamento pacífico y al mismo tiempo muy trabajador. Sacerdote austero, recogido y muy mortificado para expiar los pecados de sus feligreses y dar eficacia al apostolado. Un sacerdote de profunda vida interior, un alma de oración. Poseía un espíritu de pobreza admirable, era humilde, prudente, su palabra cuando predicaba siempre encendía en amor de Dios. En Foyos era muy estimado por bueno, sencillo y familiar, dadivoso y amigo de hacer favores y por una actuación siempre ejemplar que acrecentaba su prestigio sacerdotal.

Los testigos interrogados acerca de las virtudes practicadas por el Siervo de Dios describen una personalidad moral rica, en la cual brillan las virtudes teologales, cardinales y anexas. Lo describen como un sacerdote coherente, dedicado activamente al apostolado, al mismo tiempo que cumplía ejemplarmente y con exactitud sus deberes sacerdotales.



4.5.- EL MARTIRIO MATERIAL



El perseguidor sin lugar a dudas provocó la muerte natural, cumpliendo uno de los requisitos, según la doctrina de Benedicto XIV, por los cuales se concreta el verdadero martirio. En el proceso, no obstante las dificultades para encontrar testimonios sobre el hecho del martirio del Siervo de Dios, perpetrado en la clandestinidad, se consiguieron suficientes testigos. a) Del hecho y las circunstancias de la detención depusieron cuatro testigos de visu. b) De la llegada al lugar de la ejecución y del fusilamiento testimoniaron tres personas. c) El Sr. Honorato Ruiz Corell, sobrino del Siervo de Dios, depone que sus familiares reconocieron el cadáver del mismo durante la exhumación y traslado al cementerio de Foyos. d) Del ambiente hostil a la Iglesia depusieron, de visu, todos los testigos,



4.6.- HORAS AMARGAS DEL SIERVO DE DIOS



El Siervo de Dios era consciente, en los días previos a la revolución, de la situación que estaba por afrontar: persecución religiosa y probable martirio. Así lo manifiesta el Sr. José Ruiz Corell, sobrino del Siervo de Dios: "En ese tiempo estaba mi tío al frente de su parroquia, a la que continuó entregado, a pesar de lo difícil de los tiempos. Yo alguna vez tuve ocasión de verle y hablar con él: se mostraba tranquilo y nos exhortaba a la paciencia y a conformarnos con la voluntad de Dios. No era violento en sus apreciaciones". Confirmado por el Sr. Honorato Ruiz Corell, sobrino del Siervo de Dios. La sobrina del Siervo de Dios, confirma la deposición anterior y agrega: "Tengo muy presente mi última conversación con él. Venía mi tío de visitar al Señor expuesto en las Cuarenta Horas en la Casa de la Misericordia, visita y práctica que no dejaba jamás, por muchas ocupaciones que tuviera. Yo estaba preparándome para mi viaje de todos los veranos a Bronchales. Recuerdo mi conversación con él y sus santas palabras: ‘¿Dónde vas con tanta ropa?’, ‘es que sabe que estoy delicada y no sé lo que me pueda ocurrir’. ‘Ya sabe que he comulgado esta mañana’. ‘No importa; yo he pasado unas horas con el Amigo y ha sido un rato feliz. Le he dicho que si quisiese aceptar mi sangre, para que se salve España, que la tome. Poca será porque soy un viejo, pero la ofrezco de buen grado’. ‘Bien, tío: yo quiero tener un tío cura, pero no un Cura mártir’. ‘¿Qué sabes tú de los designios de Dios, hijita?’ ‘¿Vendrá a verme el día de mi cumpleaños?’ ‘No sé; por Dios y por las almas, hemos de estar desprendidas de todo, hijita. Ya veremos’. Le di un beso, y fue el último. Ya no le vi más. El día 16 de Julio de 1936 recibí una tarjeta suya que decía: te felicito en tu cumpleaños. No puedo ir a felicitarte personalmente. Los tiempos están malos y no puedo dejar la parroquia en estas circunstancias".



Un feligrés del Siervo de Dios durante el período previo a la persecución religiosa, anota: "Yo le traté en este período y vi que tenía puesta la confianza en Dios. Nunca le vi abatido, pero si muy apenado por la marcha que llevaban los acontecimientos. Yo solía hablar con alguna frecuencia con él por pertenecer al grupo de adoradores de las Cuarenta Horas, y a la Hermandad de San Felipe de Neri, para la asistencia de enfermos, y en sus conversaciones siempre se mostraba providencialista". Y un sacerdote que fue feligrés del Siervo de Dios durante este período, declara: "No abandonó la parroquia en aquellos momentos en que se iban acentuando las dificultades. Recuerdo que después del 16 de febrero le vi un día, y estaba creído de que a los sacerdotes nos matarían, y antes esta previsión él creía que sería un martirio". Confirmado por el sacristán del Siervo de Dios en ese tiempo: "Traté en este tiempo al Siervo de Dios. Continuó su vida normal al frente de la parroquia. Jamás le oí ningún comentario de tipo político. Y mucho menos desde el púlpito. Nada más puedo decir a este respecto". El Pbro. Roque Ruiz Ros, sobrino del Siervo de Dios, afirma: "En la etapa que transcurre desde mediados de febrero de 1936 hasta julio inmediato, traté con la intimidad de siempre con el Siervo de Dios. De los comentarios que suscitaba la situación en la España de aquellos días, manifestaba el presentimiento de una lucha dura para la Iglesia, aunque su ánimo no decaía por ello, antes le estimulaba a una más intensa vida de oración y penitencia, para detener el brazo de la ira de Dios, y ésta era la consigna que daba a los hermanos de la Escuela de Cristo, de la que fue cofundador, y a la sazón era director espiritual".



La revolución en Foyos inició con el incendio de las iglesias, la quema de imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento de los católicos. Así lo afirman los testigos en la respuesta n. 10. Al estallar la revolución de 1936, el Siervo de Dios reaccionó como un sacerdote católico auténtico. Mantuvo el ánimo sereno y se confió en la Divina Providencia. Un paisano del Siervo de Dios, depone: "Después que la revolución salió a la calle con todas sus violencias, el Siervo de Dios se vino al pueblo, para refugiarse en su casa. Tampoco tuve ocasión de hablar con él, pero sé, porque me lo decía mi cuñado, sobrino del mártir, que con él murió, que vivía en el retiro de su vida sacerdotal, que celebraba misa y rezaba todos los días el rosario. Sé que estaba muy conformado con la voluntad de Dios". Y agrega: "También sé que no ocultó su condición de sacerdote, y que en aquellos días, cuando el cura y el vicario, se habían visto forzados a abandonar la parroquia, fue requerido para asistir a un enfermo y acudió, sin importarle el peligro que podía correr".



Un sobrino del Siervo de Dios, declara: "En este período le tuvimos en casa. Al estallar la revolución fui con un primo mío para traérnoslo a casa. Con él se vino un vicario de la parroquia, que estuvo también en nuestra casa ocho días. Durante este tiempo él celebró la Santa Misa todos los días y acudió a la cabecera de los enfermos. Los primeros días iba vestido de sotana. Enterado el presidente del Comité, le indicó que vistiera de paisano. A casa venían muchas personas que confesaban y comulgaban. Todos los días rezábamos con él el rosario. Los dos primeros meses se le molestó bastante por parte del Comité. Se enteraba mi tío de los asesinatos y de las profanaciones de las iglesias y hasta le impresionaba. Después ya le dejaron más tranquilo. Él estaba dispuesto a lo que Dios quisiera de él. Un día, estando él celebrando la santa misa, paró un cochecito a la puerta de casa. Esto produjo natural sobresalto. Los que bajaron del coche, milicianos, iban buscando otra cosa. Una prima mía subió corriendo a decirle al tío cómo se había detenido aquel coche. Mi tío le contestó. ‘Le estoy diciendo al Señor en la misa, que si Él quiere y me necesita, estoy dispuesto’. No cabe duda que él conociendo el desarrollo de las cosas, que en un momento u otro le podría tocar a él". Confirmado por otro familiar del Siervo de Dios, que afirma: "Después del 18 de julio, se vino a Foyos y estaba en mi casa. De su vida en Foyos, yo puedo decir lo siguiente: que continuó su vida sacerdotal, con toda ejemplaridad; celebraba misa y se entregaba a sus rezos; cuando era requerido asistía a los enfermos. Recuerdo como en cierta ocasión, al dirigirse a una de estas asistencias, acompañándole yo, nos cruzamos con una manifestación tumultuosa de gran griterío. Mi tío vestía sotana y ante el peligro, nos refugiamos en una casa". Confirmado por un amigo del Siervo de Dios. Y una sobrina del Siervo de Dios, depone: "Sé que mi tío no quiso esconderse. El 18 de julio se le ofreció la oportunidad de un coche para llevarle a Bronchales y se negó, porque no quería dejar la feligresía. Después el día 19, tuvo forzosamente que marcharse a Foyos, a su casa, y allí permaneció retirado, ya que no se ocultó. Y ya no le vi más". Confirmado por un monaguillo del Siervo de Dios.



El Sr. Francisco Marco Montalt, paisano del Siervo de Dios, afirma: "Durante este tiempo yo le visité tres o cuatros veces, pues era yo muy amigo de los familiares con quien él estaba. Siempre me dio la impresión de que estaba muy animado y resignado. Siempre nos decía que Dios sobre todo, y que tuviéramos paciencia procurando conservar siempre el equilibrio en el alma. Siempre me dio la impresión de que él estaba dispuesto y a lo que Dios determinara". La sobrina del Siervo de Dios, declara: "Estallada la revolución recuerdo que como a los pocos días quemaron las turbas la iglesia, él quitó antes el Santísimo y lo reservó en su oratorio privado, y como pocos días después los milicianos quemaron también San Miguel, que es donde residíamos, íbamos nosotros, mi prima y yo, buscándole azoradas por toda la casa, hasta que lo encontramos en el oratorio, con los brazos en cruz ante el Sagrario, mientras decía: ‘Señor, si os hace falta mi vida y mi sangre, para reparar tantas ofensas, desde aquí os las ofrezco como víctima’. Al comunicarle lo que estaban perpetrando las turbas, se limitó a contestar: ‘¡Calma, calma, oración, hacer oración y penitencia, que es lo que hace falta!’". Y agrega: "Jamás disimuló su condición de sacerdote, ni se procuró medios para ocultarse". Y continúa: "En su casa de Foyos guardaba mucha serenidad de ánimo por este tiempo. Celebraba misa todos los días, rezaba el breviario y el rosario con todas las casa".



El sacristán del Siervo de Dios, depone: "D. José era ante todo muy sacerdote. Tengo por cierto, pues le conocía bien, que jamás ocultaría ni disimularía su condición sacerdotal. No huyó a ninguna parte, sino que se refugió en su pueblo natal, donde de todos era conocido. Yo tengo por cierto que D. José fue asesinado precisamente por ser sacerdote, tan entero, tan entregado, tan ejemplar, y solamente por ello".



4.7.- DETENCIÓN DEL SIERVO DE DIOS



La sobrina del Siervo de Dios, afirma: "Como cierto día vinieron unos milicianos y preguntaban por él, yo subí corriendo y aún estaba vestido de cura y vi que decía: ‘Señor, si aceptaras mi vida como holocausto, cuán gustoso te la ofrecía ahora mismo’. No lo apresaron entonces, porque los del pueblo de Foyos se opusieron, y continuó su género de vida religiosa y aun apostólica, pues bautizó a algunos niños y aun sacramentó a dos moribundos. Una noche de éstas, como oí pasar por la calle el coche de la Calavera, me levanté asustada y corrí a su habitación. Pero cuál sería mi sorpresa al verle echado en el suelo y con los brazos en cruz haciendo oración. Al día siguiente me decía: ‘No digas a nadie lo que anoche viste, pero es que hago la hora santa diaria, pues es mucha la oración que hace falta’. El día de su detención, se le avisó que se presentara en el Comité, cuando estaba recitando el rosario, y las letanías del Sagrado Corazón. Como entonces se presentaba en casa otro sacerdote, que también se le había citado con mi tío para que se presentara al Comité, con el fin de ver qué determinación tomaban, recuerdo que mi tío le dijo: ‘lo que interesa es preparar nuestra alma confesándonos mutuamente’, y ambos se confesaron. Luego ya se fueron a presentar".



Un paisano del Siervo de Dios, depone: "De todo lo que se me pregunta, yo sólo puedo testificar por referencias dignas de crédito. Un día del mes de octubre de 1936 fue llamado por el alguacil, por orden del Comité Revolucionario, para que se personara en el ‘Chalet’, igualmente fue mi cuñado y sobrino suyo, Vicente Ruiz. Éste dijo a su tío que creía que no debían ir, pero el Siervo de Dios dijo que había que someterse y que obedecer, pues creía que era la voluntad de Dios. De su detención y de las horas que pasó en los locales del Comité, sé por haberlo dicho una religiosa allí detenida, que animaba a todos a morir, que demostraba una gran serenidad de ánimo y que les absolvió a todos y con los detenidos rezaba el rosario. Ahora recuerdo que esto mismo me lo dijo mi cuñado, que salió un momento del lugar del encierro, y en la esquina de la vía me dijo que les había confesado a todos y que estaban rezando el rosario. Le dije entonces que escapara, y me contestó que no abandonaba a su tío".



El sobrino del Siervo de Dios, anota: "El día 29 de octubre recibimos en casa un aviso de que se presentara al Comité. Estaba instalado éste en un Chalet. Fue esto hacia las siete de la tarde. Hacia la una de la madrugada fue llevado al lugar del suplicio. Durante las horas que estuvo detenido, nosotros hicimos gestiones para que se le pusiera en libertad. Nos decían que no temiéramos, que nada pasaría. Ni siquiera nos dejaron hablar con él. Por los comentarios que más tarde oí, sé que mi tío estuvo alentando a los demás compañeros de cautiverio, animándoles a ofrecer la vida por Cristo. Así lo decían los guardianes del calabozo". Y el hermano del anterior testigo y sobrino del Siervo de Dios, confirma la deposición anterior.



Una religiosa pariente del Siervo de Dios, declara: "El 28 de octubre de 1936 fui llamada a los locales del Comité Revolucionario de Foyos para una declaración. Allí coincidí con varios seglares, dos religiosas, hijas de la Caridad, y allí estaba D. José. Le vi recogido y silencioso, sentado en una sillita y con el rosario en la mano. Recuerdo que le ofrecieron un silloncito y agradeció la delicadeza, pero lo rehusó con amables palabras y continuó sentado en su silla. Hacia las nueve de la noche, en vista de que tardaban, D. José se levantó, se acercó a nosotros y recuerdo muy bien que nos dijo: ‘Hay que ejercitarse en la santa paciencia, hijas mías. Pensemos que quienes son ahora nuestros enemigos, serán nuestra mayor gloria en el Cielo’. Por eso puedo juzgar que él pensaba que le iban a matar, juzgaba su probable muerte como un verdadero martirio y que estaba dispuesto a que se cumpliera en él la voluntad de Dios". Confirmado por la deposición del Pbro. Roque Ruiz Ros, sobrino del Siervo de Dios.



4.8.- EJECUCIÓN



La muerte del Siervo de Dios está probada mediante el certificado de defunción y la documentación sobre el martirio del mismo, que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde se lee que fue asesinado en el cementerio.



La sobrina del Siervo de Dios, afirma: "Oí decir que se lo llevaron al cementerio de Gilet con otros compañeros para matarlos aquella misma noche. Por el sepulturero de allí supimos que él pidió a los milicianos le mataran el último, para animar y absolver a los demás, como en efecto hizo, pues una religiosa como quisiera defenderse, le dijo mi tío: ‘¡Qué lástima, hermana, que por un momento pierda la corona de la victoria!’. Perdóneme Padre, dijo ella, pero el Siervo de Dios aún le dijo, lo que debes perdonar es a tus propios verdugos, como hizo en efecto. Le dijeron al Siervo de Dios se pusiera en un rincón y allí recitando el Padre nuestro fue fusilado". Confirmado por el Sr. Vicente Bueno Farinós, Sr. José Ruiz Corell, sobrino del Siervo de Dios, Sr. Vicente Corell Marco. En el mismo modo, el Sr. Fernando Barrachina Ruiz, el Sr. Francisco Marco Montalt y la Hna. Josefa Ruiz Montalt.



Un sobrino del Siervo de Dios, declara: "Por comentarios sé que mi tío pidió ser ejecutado el último. Con ello no quería sino alentar a sus compañeros para que permanecieran fieles. Una señora vecina del cementerio decía que, según le comunicó el sepulturero, el Siervo de Dios, ejecutados ya sus compañeros, perdonó a los verdugos, y encomendándose a la Virgen, dijo que ya podían disparar contra él". Y el sacerdote sobrino del Siervo de Dios, depone: "El Siervo de Dios fue llevado con los otros detenidos al cementerio de Gilet, a las 12 de la noche de ese mismo 28. De su estado de ánimo y de su fortaleza y serenidad da testimonio el siguiente hecho. Una vez llegados al lugar del martirio, se les obligó a colocarse en fila. El Siervo de Dios habló a los milicianos y le pidió una gracia, la de ser ejecutado el último. Quería confortar a todos y bendecirlos en el último momento. Y sucedió que una de las religiosas, presa de un ataque nervioso, comenzó a resistirse y a expresarse con cierta ira. El Siervo de Dios le recriminó paternalmente con estas palabras, más o menos: ‘¿Pero hermana, tan cerca como estamos de Dios, y va Ud. a dejar de aprovechar esta gran ocasión?’ A lo cual la religiosa contestó pidiendo perdón y solicitando su bendición sacerdotal".



4.9.- SEPULTURA, TRASLADO E INHUMACIÓN DE LOS
RESTOS MORTALES DEL SIERVO DE DIOS



El Sr. Honorato Ruiz Corell, sobrino del Siervo de Dios, afirma: "Fue enterrado entonces en el cementerio de Gilet. Terminada la guerra de liberación, los familiares interesamos la exhumación y traslado de sus restos al cementerio de Foyos, siendo depositados en un nicho propiedad de la familia. Después, al construir el ayuntamiento el panteón para los caídos de Foyos, fue trasladado a un nicho del mismo. Cuando se llevó a cabo la exhumación de Gilet, mi tío llevaba en sus manos el santo rosario". Confirmado por otros testigos: el sacristán, un sobrino sacerdote, por un paisano del Siervo de Dios, además, por el Sr. Francisco Lacruz Andreu, el Sr. José Ruiz Corell, la Sra. Vicenta Ruiz Corell, el Sr. Vicente Corell Marco, el Sr. Fernando Barrachina Ruiz, y el Sr. Francisco Marco Montalt. Certifica lo anterior el documento de defunción, de sepultura y de traslado.



4.10.- EL MARTIRIO FORMAL



Es útil recordar la doctrina del Cardenal Lambertini. 1-. El martirio formal por parte del perseguidor: Por parte del perseguidor - los milicianos rojos o brazo armado de la extrema izquierda - no podía ser otro el motivo para asesinar al Siervo de Dios sino el odium fidei. En el Summarium se encuentran las pruebas evidentes de esta afirmación. Buscaban sistemáticamente a los católicos; odiaban todo lo que se relacionara con la religión católica y sus símbolos, como quedó demostrado. Los milicianos sabían que era un sacerdote católico por ello lo echaron de su parroquia y le impidieron ejercer su ministerio pastoral. 2.- El martirio formal sufrido por el Siervo de Dios: Antes y durante la revolución, el Siervo de Dios hablaba de martirio y esperaba el sucederse de los acontecimientos confiando su vida en las manos de Dios, como se ha puesto en evidencia. El Siervo de Dios, sacerdote consciente de su vocación, aceptó con serenidad y con fe orante su detención y conducción al martirio, como quedó demostrado. Pidió morir el último para sostener a sus compañeros de ejecución en la constancia de la fe y murió perdonando y rezando, como se ha puesto en evidencia.



4.11.- LA FAMA DEL MARTIRIO

Sentir común: Entre quienes supieron de la muerte del Siervo de Dios fue unánime el concepto de auténtico martirio. Así lo afirman todos los testigos. Sentir de algunas personas: Los distintos testigos que han depuesto en el proceso afirman que el Siervo de Dios sufrió un verdadero martirio. En el mismo modo se expresa el Pbro. Luis Peiró Zarzo, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Foyos, en su declaración escrita del 15 de septiembre de 1997. Otros documentos: La fama de martirio del Siervo de Dios se puede probar también a través de otros documentos que son comunes a los demás Siervo de Dios. Además, el martirio del Siervo de Dios José Ruíz Bruxola ha sido narrado en otras publicaciones.



5.- LO FUNDAMENTAL

El santo es bastante más que una persona buena o, incluso, muy buena. El santo es, básicamente, el cristiano que, desde su situación en la Iglesia por el bautismo, y por haber sido fiel a la acción del Espíritu Santo, ha recibido en eficaz plenitud la gracia de la obra redentora de Cristo. Por eso es testigo vivo de Dios, y motiva a la Iglesia a un constante proceso de fiel escucha de su Palabra, y por lo tanto de conversión.



Evangelizar a un mundo en crisis es la tarea contante de la iglesia. En la relación final del Sínodo de los Obispos de 1985, se dice: "La evangelización se hace por testigos; pero el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con la vida''.



El santo, si por algo se distingue siempre es por su amor y su fidelidad a la Iglesia. Y la enseñanza que el santo aporta tiene cumplida vigencia al ser asumido y propuesto por el magisterio eclesial. La canonización -o beatificación- de un cristiano por parte de la Iglesia equivale a ratificar su vida y la doctrina propuesta en su vida. El santo acaba enseñando siempre por medio de la jerarquía de la Iglesia.



En los momentos más críticos de la historia -y crítico es el momento presente- han sido los santos quienes, con un comportamiento de amor sincero a la Iglesia, han puesto de manifiesto las debilidades eclesiales y han promovido su recuperación penitencial. No fueron los grandes de este mundo, sino los santos de cada momento quienes obraron el decisivo y crucial cambio en el seno de la Iglesia, e incluso de la sociedad. Ellos han sido instrumento de vida cristiana entre el pueblo.



Con sencilla grandeza, como corresponde a un santo, José Ruiz Bruxola no tuvo otra norma de conducta que ayudar a quien necesitaba de su ayuda. El modelo de su vida, como la del resto de los santos, fue Jesucristo. Este sacerdote es, por consiguiente, un acuciante estímulo de conversión para las parroquias de Foyos, de Cuart de Poblet, y para las tres de la Capital: San Esteban, San Agustín y San Nicolás de Valencia. A los feligreses de todas estas importantes demarcaciones de pastoral debe impulsarlos a profundizar en los caminos de la perfección cristiana. Nuestras parroquias han de estar viviendo siempre un movimiento de purificadora conversión hacia Dios; lo mismo los movimientos y grupos apostólicos.



Y esta conversión dentro de la Iglesia, quienes la promueven con su propia vida son los santos. Ellos, hombres y mujeres, indiscriminadamente, desde la finura de su espíritu le descubren a la Iglesia la virtud propia que debe alcanzar en cada situación histórica. Los santos del pasado abrieron siempre caminos nuevos, y caminos idénticos continúan abriendo los santos en los tiempos modernos. En este sentido José Ruiz Bruxola ejerce la constante acción penitencial que mueve a la práctica de las virtudes cristianas en cada circunstancia y da testimonio de Dios dentro del mundo.



Como conclusión tenemos que afirmar que el Siervo de Dios José Ruiz Bruxola, con su conducta de fidelidad al Espíritu Santo, ha llegado a ser un fruto maduro del conocimiento en profundidad de la palabra de Dios. Lo que equivale a reconocer que nuestro Mártir coopera en el conocimiento correcto del misterio de Dios y de lo que anuncia la Iglesia. Este sacerdote ejerce, para los cristianos no sólo de Foyos, sino de la Archidiócesis y de la Iglesia universal, una influencia de iluminador estímulo, por cuanto demuestra que es posible ser fieless a la gracia de Dios en cualquier estado de la vida.



Con su comportamiento, José Ruiz Bruxola se convierte en maestro y estimula a llevar el compromiso de la fe hasta las últimas consecuencias. Ésta es la gran repercusión pedagógica de nuestro Mártir. Por ello, al honrarlo, nos dirigimos con un gesto de gratitud a Dios Nuestro Señor, que nos muestra a través de este sacerdote, el camino que conduce hacia Él.



6.- NOBLEZA ESPIRITUAL.



"Y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra", dijo Jesús a los Apóstoles. "Mártir" es igual a "testigo". Quien testimonia a Cristo dando la vida o padeciendo por su amor, o por la verdad de su doctrina ese "confiesa la fe". El que acepta y sufre con firmeza y paciencia -virtudes recomendadas por Cristo- la persecución y la muerte por odio a la fe del Maestro, a ese la Iglesia lo considera mártir. El martirio es, por tanto, el reconocimiento de la paciencia cristiana, en cuanto que ésta imita y se asemeja a la muerte de Jesús, quien fue conducido al patíbulo por confesar claramente su propia divinidad. "¿Eres tu el Hijo de Dios? "Yo lo soy". Y el tribunal falló: "Reo es de muerte". Cristo en el tribunal y Cristo en la cruz es, pues, el primer mártir. Y usando una frase de San Agustín, Cristo es el modelo de los mártires.



Desde los primeros siglos la Iglesia ha considerado el martirio como el título mayor que puede alcanzar un cristiano. Y José Ruiz Bruxola ha sido digno de recibir esa aristocracia espiritual.

Ramón Fita Revert

Delegado Diocesano para las causas de los Santos



Valencia, 9 octubre, 1999







De conformidad con los
Decretos del Papa Urbano VIII,
en nada se pretende prevenir
el juicio de la Santa Iglesia.





ORACIÓN

Oh Dios, gloria y corona de los mártires, que escogiste para el sacerdocio ministerial a tu Siervo JOSÉ RUIZ BRUXOLA y le concediste asemejarse a tu Hijo en una muerte como la suya: te pedimos alcanzar por su intercesión las gracias que ahora te suplicamos y verle glorificado para bien de tu Iglesia. Por Jesucristo N.S.



Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

María, Reina de los Mártires, acoge nuestra oración.

(Con las debidas licencias)

<< volver
subir nivel 
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
  JUBILEO S. FRANCISCO DE BORJA
jueves de de


Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org