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  Fernando González Añón
  EL SIERVO DE DIOS

FERNANDO GONZÁLEZ AÑÓN
SACERDOTE
MÁRTIR

1.- INTRODUCCIÓN

El interés del Papa por las causas de los santos, en especial por las de los mártires, es de todos conocido. En sus veinte años de pontificado Juan Pablo II ha elevado al honor de los altares a más de trescientos hombres y mujeres de nuestro siglo, que dieron su vida por Cristo. Los sistemas ideológicos y políticos pasan y el sacrifico de quienes murieron permanece y es semilla de nuevos creyentes. Los mártires del siglo XX son héroes de nuestro tiempo, como lo fueron los de los primeros siglos del cristianismo. Recordar a los que sufrieron por la fe, es garantía de esperanza y preludio de eternidad, en este final de milenio.



En este estudio incluimos sólo a aquellos cuya muerte, a causa de la fe, ha sido probada por medio de la "Positio". No hablamos, por tanto, ni de las víctimas de la guerra, ni de las víctimas de la represión política, ni de otros posibles mártires en proceso. Es fundamental distinguir claramente estos conceptos. Conocer quienes murieron "in odium fidei" o "in odium Ecclesiae", quienes murieron en el campo de batalla o en la retaguardia, y quienes fueron víctimas de la represión política. Todas las personas -caídos o víctimas- merecen el máximo respeto. Pero aquí nos referimos únicamente a los sacerdotes, religiosos y laicos que encontraron la muerte por la repercusión que su compromiso y misión apostólica tuvo en sus parroquias, en sus congregaciones religiosas o en sus familias. Exponemos casos de personas sencillas y honestas de la comunidad cristiana, no mostramos a personajes ricos o influyentes de la sociedad. Cualquier medio es bueno para presentar la excelente calidad humana y la coherencia cristiana de esos hombres y mujeres de "la Nostra Terra". Los mártires del siglo XX también están relacionados con la Hoya de Buñol y su comarca.



Y aunque, el número de mártires que serán reconocidos por la Iglesia es elevado, en este opúsculo se delimita el campo: señalamos, a aquellos que están relacionados con la comarca de La Hoya de Buñol, y acotando más el terreno, a uno que habiendo nacido en Turís ejerció el ministerio pastoral en la capital de la baronía de este mismo nombre, y anteriormente en las poblaciones de Alcáce , Alcira, como coadjutor. Después en Macastre, como cura ecónomo, y más tarde, como Capellán de la Hidroeléctrica, en Cortes de Pallás. Fue cura regente de Anna y coadjutor de San Juan de la Ribera de Valencia. La biografía del Siervo de Dios Fernando González Añón es poco conocida. A estas alturas es inexcusable ignorar la trayectoria de este sacerdote "testigo valiente de Cristo". Entre los que se declaran cristianos y católicos practicante, con ostentación y boato externo en ocasiones, no cabe la indiferencia respecto a los mártires. La indiferencia flota en el ambiente y amenaza con helar los corazones de los creyentes. Para contrarrestar esa frialdad, damos a conocer el gran activo de santidad que tiene la Iglesia de Valencia: la santidad de algunos de sus hijos. La lectura de los "gesta martyrum" alimentará, sin duda, la piedad de los fieles, porque las historias de los santos suscitan el amor, la fe y la oración.



2.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA



La persecución religiosa desatada en España entre los años 1931 al 1939, y concretamente en los pueblos de la Hoya de Buñol, motivó que numerosos cristianos reaccionasen en contra de la ideología antirreligiosa fomentada por la Autoridad legítimamente constituida. El régimen ateo, laico y laicista provocó la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron. Ante quienes despreciaban a la Iglesia y buscaban su destrucción, bastantes afrontaron la muerte por amor a Dios y a Jesucristo, con firmeza y paciencia. Los casos que mostramos "confesaron" su fe hasta derramar su sangre. El martirio fue, por tanto, la prueba suprema de su amor a Dios: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos".



La historiografía moderna ha demostrado, y en la documentación presentada a la Congregación romana para las Causas de los Santos ha quedado claramente probado, que en el período 1931-1939 en España se persiguió a los cristianos en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas.



2.1.- LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN TURIS



Después de las elecciones de febrero de 1936, que dieron la victoria al Frente Popular, fue detenido el cura regente de Turís, don Fernando González Añón, con motivo de haberse opuesto a la incautación del cementerio, en el que destrozaron cruces y lápidas; después las autoridades municipales sellaron las puertas de la iglesia parroquial y el día 10 de mayo de 1936 pusieron un petardo en la puerta secundaria de la misma, siendo cerrada también la ermita de la Patrona, suprimido el culto y prohibidos los entierros con la solemnidad debida y el toque de campanas.



Cuando estalló el movimiento revolucionario en el verano de 1936 fue incendiado el templo y destruida parcialmente la ermita y comenzó la persecución de sacerdotes y religiosos y también de los católicos más destacados. Ante estos desmanes la población protestó.



El párroco fue asesinado el 27 de agosto de 1936, siendo voz corriente que sufrió martirio cruento, perdonando a sus propios enemigos. El coadjutor de la parroquia, don Andrés Monzó, fue encarcelado. Las religiosas de la Doctrina Cristiana tuvieron que salir de su casa y fueron obligadas a abandonar el pueblo. La superiora de la comunidad, sor María Gracia, fue asesinada en Valencia el 20 de noviembre de 1936, junto con otras 17 religiosas de su congregación, todas ellas beatificadas por Juan Pablo II el 1º de octubre de 1995. En Turís no fue asesinado ningún seglar.



La parroquia fue convertida en casa del pueblo, donde se estableció un bar y después una fábrica de alpargatas. Fueron destruidas un total de 60 imágenes, así como todos los altares y retablos y un valioso órgano de dos teclados. Entre las piezas maltratadas había valiosos lienzos y tablas de pintores valencianos famosos de los siglos XIV, XVII y XVIII. También perecieron numerosos ornamentos y vasos sagrados, candelabros, campanas y otros enseres y obras de arte de valor incalculable. Todas las imágenes sagradas fueron quemadas, unas en el interior de la Iglesia y otras en las afueras.



El culto público fue totalmente prohibido desde febrero de 1936 hasta el 18 de julio del mismo año y el privado también fue prohibido durante los tres años de la guerra civil. Los milicianos se revistieron de ornamentos sagrados para escenificar profanaciones del culto y de la religión de una forma escandalosa.



3.- LA IGLESIA HONRA A LOS SANTOS.



A.- Planteamiento bíblico: La Iglesia desde hace ya muchos siglos, se puede decir que desde siempre, honra a los santos, a aquellos que ha considerado servidores fieles, y que han merecido entrar en el gozo del Señor. Los primeros indicios de un culto reverencial tributado a los mártires aparecen ya en el Nuevo Testamento. En el Evangelio de Mateo, los discípulos de Juan el Bautista, cuando se enteraron de que Herodes le había mandado decapitar, tomaron el cadáver y lo sepultaron. Se trató de un acto humanitario, cierto, pero que no quedó restringido a un comportamiento de mera sensibilidad humana, pues encerraba una nítidamente diferenciada intencionalidad religiosa, por tratarse del cadáver de quien era más que profeta, y había sido elegido por Dios para anunciar ante el mundo la presencia del Mesías.



Más explícita es, todavía, la referencia que ofrece en los Hechos de los Apóstoles, con ocasión de la muerte de Esteban. Dice el texto: "A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto". Luto de dolido llanto cristiano, que brotaba de la fe y del reconocimiento al protomartir. Y aún voy a citar otro texto del Apocalipsis, que dice: "Cuando abrió el quinto sello, vio debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado. Y a cada uno le fue dada una túnica blanca".



En la visión apocalíptica, quienes ha sido mártires por la fidelidad a la Palabra de Dios, aparecen ubicados junto al altar, para indicar que participan del nuevo rito del holocausto ofrecido al Señor. Su presencia junto al altar del nuevo culto celeste y la vestidura blanca con la que son investidos, han de ser interpretados como los tributos de la santidad, otorgados a quienes por ser fieles a Dios han sido capaces de ofrecer su propia vida.



Desde este planteamiento bíblico, resulta comprensible y consecuente que la naciente Iglesia honrase a los mártires, tributándoles un culto similar al descrito en el Apocalipsis, pues hizo de sus sepulcros aras para el sacrificio eucarístico.



B.- Planteamiento teológico: Pero la Iglesia no sólo honra a los mártires, sino a cuantos han sido fieles a la palabra de Dios, fuese cual fuese su estado civil y la situación eclesial que tuviesen. Los confesores y las vírgenes, los reyes y los plebeyos, los adultos y los jóvenes, los célibes y los casados, todos, y en cualquier parte del mundo, han recibido el honroso reconocimiento de su fidelidad a la Palabra de Dios. Por haber sido fieles a Dios, la Iglesia les ha honrado con el título de santos.



Hay que reconocer, que la santidad que la Iglesia reconoce a los hijos más prestigiosos, revierte en homenaje de Dios, al que sirvieron, y por cuyo servicio han merecido la dignidad que se les otorga. Por ello, al proclamar la santidad de los siervos de Dios, a quienes en verdad se honra es al mismo Señor, desde quien y ante quien merecieron tal título. Así aparece formulado en un sermón atribuido a San Agustín, donde se proclama: "Esta solemnidad, hermanos míos, es un honor a Dios por medio del siervo de Dios".



Los santos son, por lo tanto, el fruto sazonado de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Por la fidelidad a la acción del Espíritu, que les ha unido vivencialmente a Cristo, la Iglesia les tributa culto, y los incorpora en el calendario de las celebraciones litúrgicas. La conmemoración de los santos a lo largo del año litúrgico, testifica el reconocimiento de la comunidad a quienes han sabido realizar su propia vida y llevar a cabo su vocación cristiana en un comportamiento de fidelidad a la gracia divina. Como se ha dicho, la santidad que la Iglesia reconoce en sus hijos revierte en homenaje a Dios. Al proclamar la santidad, a quien verdaderamente se honra es al mismo Señor.



A la luz de lo expuesto, se comprende el sentido pleno de esta preciosa formulación del concilio Vaticano II: "La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa... Por eso todos en la Iglesia, pertenezcan a la jerarquía o sean regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: lo que Dios quiere es que seáis santos. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta sin cesar y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se expresa de muchas maneras en aquellos que en su estilo de vida tienden a la perfección del amor con edificación de los demás" (LG 39).



El santo se convierte, por tanto, en instrumento para adentrarse en el conocimiento de Dios, y cada santo con su vida pone de manifiesto, con especial realce, algún aspecto divino, que, a través del servidor fiel, se hace más patente al resto de los mortales dentro y fuera de la Iglesia. El santo es, en último término, un portador de Dios a los hombres, y por ello un santificador de la sociedad y de la historia.



4.- SIERVO DE DIOS

FERNANDO GONZÁLEZ AÑÓN



4.1.- APARATO PROBATORIO



De los once testigos que han depuesto en el proceso, dos son de oficio. Tres testigos eran parientes del Siervo de Dios. Siete testigos eran feligreses del Siervo de Dios Y La religiosa, Hna. María Benilde Latorre Estellés, era paisana del Siervo de Dios.



4.2.- PERFIL BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS



El Siervo de Dios nació el 17 de febrero de 1886 en la ciudad de Turís, provincia de Valencia, diócesis de Valencia (España). Sus padres Fernando González Pons, labrador, e Isabel Añón Navarro formaron un hogar cristiano. Ya desde muy niño era muy piadoso mostrando su vocación sacerdotal en sus juegos y hasta en las pláticas que dirigía a sus vecinos y a los niños de la escuela. Acabados sus estudios de Perito Mercantil en los HH. Maristas, ingresó en el Seminario Conciliar Central, donde se distinguió por su piedad, aplicación y jovialidad, que le merecieron la estima de superiores, compañeros y amigos; fue un seminarista ejemplar.



La hermana del Siervo de Dios, declara: "Siempre quiso ser sacerdote. Mis padres quisieron probarle bien. Le hicieron estudiar externo en los Maristas de Valencia, alternaba con jóvenes a los que él siempre decía que había de ser sacerdote. Como le veían jovial y simpático no lo creían, pero él fue firme y constante en su deseo. Ya de dieciocho años, consiguió de mis padres el permiso porque lo creyeron bastante probado. Él solía decir, que si sesenta veces naciera, sesenta sería sacerdote, y que su vocación era ser sacerdote, y ser sacerdote secular". Recibió la tonsura, las órdenes menores y el subdiaconado los días 22 y 23 de diciembre de 1911. Tras haber recibido el presbiterado, celebró por vez primera la Misa en la Parroquia de su pueblo natal el 6 de marzo de 1913.



Los primeros frutos de su ministerio pastoral los recogió en el pueblo de Alcácer, donde fue coadjutor en 1913. En 1915 pasó a Santa Catalina de Alcira, también como coadjutor. Ejerció después en Macastre, como cura ecónomo, y más tarde, como Capellán de la Hidroeléctrica, en Cortes de Pallás. Fue cura regente de Anna en 1924 y coadjutor de San Juan de la Ribera en 1925. En todas estas Parroquias se distinguió como apóstol de los obreros, a quienes socorrió siempre en sus necesidades. El 24 de junio de 1931 tomó posesión del curato de Turís. Ya con los suyos, se multiplicó su actividad pastoral, desviviéndose por el culto y la devoción al Santísimo Sacramento. Fundó las Cuarenta Horas y promovió la festividad de Cristo Rey y la fiesta de la Virgen de los Dolores.



Un feligrés del Siervo de Dios, depone: "Recuerdo su devoción, casi de locura, para la Virgen Patrona de Turís. A pesar de los tiempos difíciles que se sucedían, él, puede decirse, sembró toda la gran devoción que hoy el pueblo tiene para su Patrona la Virgen de los Dolores". Y es confirmado por la deposición de otros testigos.



Se dedicaba a la atención pastoral de los enfermos y necesitados, sin olvidar la catequesis. Otro feligrés del Siervo de Dios, depone: "Visitaba a toda clase de enfermos. Para él no iba el distinguir clases ni ideas. Todos eran feligreses y a todos trataba y visitaba por igual. Quizás si tenía y guardaba preferencias, eran para los más abandonados o descarriados. Una vez, pidiendo por las casas, para la reconstrucción de la Ermita de la Virgen, como en cierta casa enemiga lo recibieron mal, alegando tener un enfermo, su reacción fue entrar con toda amabilidad rogando le dejaran ver al enfermo, y dejarle, bajo la almohada, un billete de 100 pesetas".



Pronto la fe adormecida de sus paisanos comenzó a avivarse. La juventud empezó a volver a la Iglesia. Una feligresa del Siervo de Dios, afirma: "Yo era joven catequista. Predicaba muy bien, con fogosidad y vehemencia, pero con palabra fervorosa y llena de enseñanzas. Muy celoso por la suerte de las almas, a las que se entregaba con abnegación".El Sr. Felipe Añón Guaita, pariente del Siervo de Dios, declara: "La obsesión de él eran los jóvenes y los enfermos. Todavía, a pesar de los años transcurridos, recordamos el fervor y la dedicación con que el Siervo de Dios procuraba el bien de las almas". Apóstol y propagandista de la buena prensa. No hubo petición de pobres que no atendiera, y su influencia ante personalidades estuvo cultivada con miras a hacer el bien.



Sacerdote de fe profunda, centraba su vida de piedad sacerdotal en la Eucaristía, la devoción a la Madre de Dios y el servicio pastoral. Apóstol social, ejercía la caridad con todos; así lo testimonia el Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, feligrés del Siervo de Dios, quien afirma: "Recuerdo también su gran preocupación por la cuestión social obrera, los problemas de los trabajadores los hacía propios. Una vez, como después de las fiestas quedaba un buen remanente de dinero, lo quiso entregar al Sindicato Obrero para repartirlo a los obreros sin trabajo. Como el Sindicato no lo quisiera aceptar, él mismo llamó particularmente a los obreros para ofrecérselo". En el mismo modo un amigo del Siervo de Dios desde la infancia, depone: "Su predilección eran los más necesitados".Esto mismo está confirmado por la deposición de otros testigos.



Otra característica suya era el trato con sus coadjutores, a los que amaba y por los que se desvelaba como un verdadero padre. Por la intensa actividad apostólica que realizaba como sacerdote los enemigos de la Iglesia lo arrestaron y asesinaron.



4.3.- PERSONALIDAD Y LA FISONOMÍA MORAL DEL Siervo de Dios



Los testigos procesales afirman que era de gran carácter, jovial y simpático pero siempre de palabra digna y de conducta intachable, generoso, lo querían no sólo los fieles sino hasta los enemigos. Humilde, su predilección era tratar a los humildes. Su pobreza y desprendimiento eran excesivos y reconocidos hasta por los enemigos o anticlericales. Era muy sencillo y cordial en el trato. Fervoroso y espiritual.



Quienes fueron interrogados acerca de las virtudes practicadas por el Siervo de Dios describen una personalidad moral rica, en la cual brillan las virtudes teologales, cardinales y anexas. Lo describen como un sacerdote coherente, dedicado activamente al apostolado, al mismo tiempo que cumplía ejemplarmente y con exactitud sus deberes sacerdotales. Un feligrés del Siervo de Dios, afirma: "Su vida fue la de un completo pastor de almas hasta el último momento". Confirman lo anterior la deposición de los testigos: Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, Sr. José Crespo Ballester, Sr. Fausto Añón Guaita, pariente del Siervo de Dios, Sra. Teresa Ibáñez Fuiles, feligresa del Siervo de Dios, y Sr. Federico Albiñana Soncase, feligrés del Siervo de Dios.



4.4.- EL MARTIRIO MATERIAL



El perseguidor sin lugar a dudas provocó la muerte natural, cumpliendo uno de los requisitos, según la doctrina de Benedicto XIV, por los cuales se concreta el verdadero martirio. En el proceso, no obstante las dificultades para encontrar testimonios sobre el hecho del martirio del Siervo de Dios, perpetrado en clandestinidad, se consiguieron suficientes testigos. a) Del hecho y las circunstancias de la detención depusieron los testigos de visu, los parientes del Siervo de Dios. b) De la llegada al lugar de la ejecución y del fusilamiento testificaron estos mismos parientes, ex auditu ab ipsis interfectoribus. c) El Cadaver del Siervo de Dios está enterrado en el cementerio de........xxxx ......No se ha encontrado el cadáver del Siervo de Dios. d) Del ambiente hostil a la Iglesia depusieron, de visu, todos los testigos,



4.5.- HORAS AMARGAS DEL



El Siervo de Dios era consciente, en los días previos a la revolución, de la situación que estaba por afrontar: persecución religiosa y probable martirio. Así lo manifiesta un, feligrés del Siervo de Dios: "Traté con el Siervo de Dios los meses anteriores al movimiento. Se manifestaba muy sereno. Pero preveía los acontecimientos. Tanto que muchos ornamentos y objetos de valor religioso, los iba sacando de la iglesia y colocando en lugar seguro". En el mismo modo depone el Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, feligrés del Siervo de Dios: "En los meses que precedieron a la Revolución, puedo declarar, que en su vida de apostolado era, como siempre, muy sereno, optimista y hasta valiente, puesto que le oí decir a una hermana suya, que el Siervo de Dios había dicho que estaba dispuesto a todo lo que el Señor le tuviera dispuesto". Confirmado por un amigo del Siervo de Dios, que agrega: "No perdí el contacto con el Siervo de Dios, aun en la época prerevolucionaria, pues cada vez que venía yo al pueblo le traía recuerdos de todos los de la Hidroeléctrica del Salto de Rambla Seca, pues había dejado tan grato recuerdo, que le llamaban incluso los trabajadores, ‘el padre de los pobres’. Recuerdo que su estado de ánimo, por este tiempo, era el de muy valeroso y optimista".



El Sr. José Crespo Ballester, feligrés del Siervo de Dios, depone: "Le traté también en los meses prerevolucionarios. Se le veía optimista y muy animoso siempre. Ya antes de iniciarse el movimiento lo encerraron en el ayuntamiento, pero fue por unas horas, porque la reacción del pueblo fue de general protesta. A partir de esa fecha cerraron la iglesia, pero él no se rindió, sino que continuó celebrando en la capilla de las religiosas y siguiendo el mismo género de vida, de celoso párroco. Recuerdo que aun entonces, su reacción fue requerir ayuda y pagar jornales por sus trabajos, sin tener en cuenta su significación política. Era hacerse todo a todos, para ganarles a todos". Confirmado por el Sr. Fausto Añón Guaita, pariente del Siervo de Dios, por la Sra. Clotilde Palmero Iranzo, feligresa y catequista de la parroquia, por la Sra. Teresa Ibáñez Fuiles, feligresa, y por el Sr. Felipe Añón Guaita, pariente.



El Sr. Federico Albiñana Soncase, feligrés del Siervo de Dios, con el cual vivió en ese período, declara: "Yo le traté durante el período prerevolucionario, cuando tanto temor nos habían hecho concebir las elecciones de febrero. Las cosas estaban muy agitadas. El foco revolucionario de Buñol, cercano, obligaba a precauciones. Entonces se habilitó un altar en la abadía, y el señor cura celebraba en casa, mientras la iglesia permaneció cerrada. En aquellos días viví con él, para que no estuviera sólo. Después, quizás en marzo se volvió a abrir la iglesia. Quería continuar celebrando el Santo Sacrificio a pesar de aquello que le podría comprometer. Yo siempre le vi sereno y valiente".



La revolución en Turís comenzó con el incendio de las iglesias, la quema de imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento de los católicos. Así lo testimonian los testigos. Al estallar la revolución de 1936, el Siervo de Dios reaccionó como un sacerdote católico auténtico. Mantuvo su ánimo sereno y se confió en la Divina Providencia. Así lo atestigua un feligrés del Siervo de Dios: "Ya en pleno período revolucionario, el Siervo de Dios, como era hijo de Turís y se le apreciaba tanto, aunque vistiendo de seglar, salía por la calle, hacía visitas a enfermos, le saludaban incluso los rojos. No se arredraba ante el peligro. Continuaba ejerciendo el ministerio siempre que se le requería, aun a veces en masías, como yo mismo le acompañé cierta vez, para ayudarle en la misa cuando ya la parroquia estaba sellada". Confirmado por los otros testigos: Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, feligrés, Sr. Agustín Albiñana Cervera, amigo, Sra. Teresa Ibáñez Fuiles, feligresa, Hna. María Benilde Latorre Estellés, compaisana del Siervo de Dios,



El Sr. Felipe Añón Guaita, feligrés y pariente del Siervo de Dios, que agrega: "Yo seguí tratando al Siervo de Dios, como de costumbre, hasta el día que le detuvieron para matarle. Al iniciarse la revolución fue llamado ante el Comité para que entregara las llaves y los tesoros de la iglesia. Volvió a casa con la seguridad que le dieron los revolucionarios de que podría estar tranquilo, y de que a él no le pasaría nada. Le prometieron que si sentía miedo le pondrían guardias. Así fueron transcurriendo los días, hasta el 27 de agosto. La revolución estaba ya un mes largo en la calle. Durante estos días pasábamos la mayor parte del día juntos. El Siervo de Dios, como creíamos todos los que deseábamos el triunfo de la causa de Cristo, pensaba que la guerra iba a terminar". Otro pariente del Siervo de Dios, anota: "Estallada ya la revolución, no salió del pueblo. Durante el día estaba en la abadía y por la noche en mi casa. Por una parte quería atender a los que le pudieran buscar, y por otra no creía que le ocurriera nada, y si lo preveía estaba dispuesto a sufrirlo por Dios". La hermana del Siervo de Dios, depone: "Después de estallar la revolución continuó en Turís y en la casa abadía. Yo estaba con él. Estaba preocupado, como es natural, pero sereno y animoso".



Un feligrés del Siervo de Dios, afirma: "Nunca ocultó su condición sacerdotal ni procuró valerse de influencias políticas para salvarse. Su vida fue la de un completo pastor de almas hasta el último momento". Y agrega: "Como ya dije, pasó este tiempo hasta su muerte en la abadía. Decía Misa todos los días, y sé que tenía el reservado en casa". Confirmado por el Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, feligrés, la Sra. Clotilde Palmero Iranzo, feligresa, y la Sra. Teresa Ibáñez Fuiles, feligresa del Siervo de Dios. La hermana del Siervo de Dios, depone: "Recuerdo que le costó mucho el quitarse la sotana. Se resistió hasta en los momentos de mayor peligro, y lo hizo cuando le llamaron la atención y casi se lo exigieron. Ni huyó ni se ocultó. Le conminaron a abandonar la casa abadía, pero a las pocas horas, cuando nos pedía que le buscáramos una casa, se lo llevaron para matarle. Sé muy bien que jamás se metió en cosas políticas, sobre todo de política local. Votó porque era para defender a la religión, pero nada más. Y no conocí en su vida más actividades que las sacerdotales". Confirmado por la religiosa Hna. María Benilde Latorre Estellés, paisana del Siervo de Dios.



El Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán agrega: "El domingo anterior a su muerte quise visitarle. Hablamos de los acontecimientos. Le dije yo, optimista, que la guerra iba victoriosa, que los nacionales avanzaban, que no se apurara, y cual sería mi sorpresa al ver que D. Fernando, que siempre había sido muy jovial y optimista, tomaba una actitud de santa indiferencia y me dijo aun estas palabras: ‘Hemos de estar dispuestos a cumplir lo que Dios nos quiera mandar, incluso el papel de víctimas dispuestas para el sacrificio si esa fuera su voluntad en estas horas’. Me sorprendieron mucho estas palabras y su actitud tan serena". Confirmado por un pariente del Siervo de Dios. Y un amigo del Siervo de Dios, depone: "Más de una vez que le invité a que se viniera conmigo a la Hidroeléctrica, pues allí estaría más seguro, me contestó el Siervo de Dios que su obligación era estar en su parroquia, atendiendo hasta que el Señor dispusiera otra cosa, a sus feligreses, como así lo hizo en efecto".



4.6.- DETENCIÓN DEL SIERVO DE DIOS



El Sr. Fausto Añón Guaita, pariente del Siervo de Dios, presente en el momento de la detención, declara: "Sólo puedo decir que el día 27 de agosto de 1936 fue detenido al atardecer en la casa abadía. Me llamó a mí para acompañarle, porque decía que le llevaban a Gobierno Civil. Yo le vi subir tranquilamente al coche". En el mismo modo, anota la hermana del Siervo de Dios: "La víspera de su muerte manifestó deseos de confesarse, ‘no porqué le remordiera la conciencia de pecado grave’ me decía, ‘sino para estar mejor preparado’. Me mandó con unas letritas a un padre jesuita que estaba escondido, quien me contestó con otro escrito que no conocí. Sé que no se vieron. El día 27 de agosto de 1936, al atardecer vinieron unos milicianos para llevárselo. Cuando llegué a casa, mi hermano se estaba cambiando de ropa y le vi bajar pálido, pero sereno y sin decir palabra alguna, se dispuso a seguirles. Yo pedí que me llevaran con él, pero me contestaron que no tenían órdenes para ello. Yo le di un beso y procuré animarle y vi que le empujaban violentamente hacia el coche. Supe al día siguiente que le habían muerto en término de Picasent. Las circunstancias de su muerte las sé por lo que dijeron los mismos asesinos, con burla y jactancia. Que nombró a la Virgen, que les perdonó antes de morir y que murió gritando ‘Viva Cristo Rey’".



Un pariente del Siervo de Dios, depone: "Fue detenido en las primera horas de la noche. Acudieron diciéndole que tenía que presentarse al Comité. Él requirió mi presencia para que le acompañara y mandó que me buscaran. Le hicieron salir a la calle y allí mismo había un coche, donde le hicieron subir diciéndole que lo llevaban a Gobierno Civil para un interrogatorio. Casualmente pasé yo entonces, por allí y oí que decían que se llevaban al señor cura. Me acerqué a ver lo que pasaba, pero ya no me permitieron acercarme al coche para hablar con él". Y un vecino de Turís, en su declaración escrita del 4 de mayo de 1997 afirma que siendo niño estaba jugando en la plaza y vio la siguiente escena: "Llegaron unos milicianos en un coche y con voz alta dijeron: ‘¡Vamos a llevarnos a don Fernando!’ Fue a decirlo a su padre, que estaba escondido porque pertenecía al coro parroquial y juntos por una rendija de la ventana vieron pasar el coche que se llevaba el Siervo de Dios hacia el martirio".



4.7.- EJECUCIÓN DEL SIERVO DE DIOS



La muerte del Siervo de Dios está probada mediante el certificado de defunción y la documentación sobre el martirio del mismo, que se encuentra en la Sección Causa General del Archivo Histórico Nacional de Madrid, Caja 1375 (1), Ramo Turís; Legajo 1366 (2), Tomo III, folio 19. Un pariente del Siervo de Dios, depone: "Después supimos que había sido muerto en el término de Picasent, cuesta de Martorell. Yo oí decir a los mismos que le conducían que decían murió perdonando a los mismos asesinos. Yo lo he oído a los mismos que presenciaron el martirio". En el mismo modo, la hermana del Siervo de Dios, anota: "Supe al día siguiente que le habían muerto en término de Picasent. Las circunstancias de su muerte las sé por lo que dijeron los mismos asesinos, con burla y jactancia. Que nombró a la Virgen, que les perdonó antes de morir y que murió gritando ‘Viva Cristo Rey’".



Y otro pariente del Siervo de Dios, afirma: "Me dijo un testigo presencial que iba en un segundo coche. Habían recorrido unos pocos kilómetros, cuando se detuvieron en pleno descampado y le hicieron bajar y este testigo presencial me dijo que se dio cuenta el Siervo de Dios de lo que iba a ocurrir. Les reconvino, diciéndoles que por qué le trataban de aquella manera, si él nunca había sido político, ni era rico y no había hecho otra cosa más que hacerles bien. Le pegaron un tiro; la muerte no fuera instantánea; desangrándose el Siervo de Dios, les perdonaba y encomendaba al Señor. No cabe duda que su muerte reviste las características de verdadero martirio".



4.8.- NO SE ENCONTRÓ EL CADÁVER DEL Siervo de Dios



El Sr. Fausto Añón Guaita, pariente del Siervo de Dios, afirma: "Fue enterrado en Picasent... con otros muchos asesinados en una fosa común". Confirmado por el Sr. Felipe Añón Guaita El pueblo de Turís ha querido perpetuar el recuerdo colocando una lápida en una pilastra del templo". Confirmado por los testigos: Sr. Manuel Pastor González, feligrés del Siervo de Dios, Sr. Bernabé Nogueroles Beltrán, feligrés del Siervo de Dios, Sra. Clotilde Palmero Iranzo, feligresa del Siervo de Dios, Sra. María González Añón, hermana del Siervo de Dios, y por la Sra. Teresa Ibáñez Fuiles, feligresa del Siervo de Dios.



4.9.- EL MARTIRIO FORMAL DEL SIERVO DE DIOS



Es útil recordar la doctrina del Card. Lambertini.1-. El martirio formal por parte del perseguidor: Por parte del perseguidor - los milicianos rojos o brazo armado de la extrema izquierda - no podía ser otro el motivo para asesinar al Siervo de Dios sino el odium fidei. En el Summarium se encuentran las pruebas evidentes de esta afirmación. Buscaban sistemáticamente a los católicos; odiaban todo lo que se relacionara con la religión católica y sus símbolos, como quedó demostrado en la Informatio. Los milicianos sabían que era un sacerdote católico, como se ha demostrado. El martirio formal sufrido por el Siervo de Dios: Antes y durante el período de la revolución, cuando hablaban de probable martirio, el Siervo de Dios se confiaba a la voluntad de Dios, como quedó probado en la Informatio. Aceptó voluntariamente morir por su condición de sacerdote, como quedó demostrado. Murió perdonando a sus asesinos y gritando ¡Viva Cristo Rey!, como quedó probado.



4.10.- LA FAMA DE MARTIRIO DEL SIERVO DE DIOS



Sentir común: Entre quienes supieron de la muerte del Siervo de Dios fue unánime el concepto de auténtico martirio. Así lo afirman los testigos. Sentir de algunas personas El Pbro. Santiago Bohigues Fernández, párroco de Turís, en su declaración escrita de 1997 afirma: "Es conmovedor contemplar la arraigada devoción del pueblo de Turís al mártir don Fernando González Añón. Esperamos, con profunda ilusión y esperanza, contemplar a uno de nuestros hijos más ilustres en la gloria de los altares, lo antes posible". Al terminar la guerra, el Ayuntamiento de Turís dedicó una calle a don Fernando González Añón, como recuerdo de su martirio. Otros documentos: La fama de martirio del Siervo de Dios se puede probar también a través de la documentación que es común a los otros Siervo de Dios.



5.- LO FUNDAMENTAL

El santo es bastante más que una persona buena o, incluso, muy buena. El santo es, básicamente, el cristiano que, desde su situación en la Iglesia por el bautismo, y por haber sido fiel a la acción del Espíritu Santo, ha recibido en eficaz plenitud la gracia de la obra redentora de Cristo. Por eso es testigo vivo de Dios, y motiva a la Iglesia a un constante proceso de fiel escucha de su Palabra, y por lo tanto de conversión.



Evangelizar a un mundo en crisis es la tarea contante de la iglesia. En la relación final del Sínodo de los Obispos de 1985, se dice: "La evangelización se hace por testigos; pero el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con la vida''.



El santo, si por algo se distingue siempre es por su amor y su fidelidad a la Iglesia. Y la enseñanza que el santo aporta tiene cumplida vigencia al ser asumido y propuesto por el magisterio eclesial. La canonización -o beatificación- de un cristiano por parte de la Iglesia equivale a ratificar su vida y la doctrina propuesta en su vida. El santo acaba enseñando siempre por medio de la jerarquía de la Iglesia.



En los momentos más críticos de la historia -y crítico es el momento presente- han sido los santos quienes, con un comportamiento de amor sincero a la Iglesia, han puesto de manifiesto las debilidades eclesiales y han promovido su recuperación penitencial. No fueron los grandes de este mundo, sino los santos de cada momento quienes obraron el decisivo y crucial cambio en el seno de la Iglesia, e incluso de la sociedad. Ellos han sido instrumento de vida cristiana entre el pueblo.



Con sencilla grandeza, como corresponde a un santo, Fernando González Añón no tuvo otra norma de conducta que ayudar a quien necesitaba de su ayuda. El modelo de su vida, como la del resto de los santos, fue Jesucristo. Este sacerdote es, por consiguiente, un acuciante estímulo de conversión para las parroquias de Alcacer, Alcira, Anna, Cortes de Pallás, Macastre, San Juan de la Ribera de Valencia y Turis. A los feligreses de todas estas demarcaciones pastorales debe impulsarlos a profundizar en los caminos de la perfección cristiana. Nuestras parroquias han de estar viviendo siempre un movimiento de purificadora conversión hacia Dios; lo mismo los movimientos y grupos apostólicos.



Y esta conversión dentro de la Iglesia, quienes la promueven con su propia vida son los santos. Ellos, hombres y mujeres, indiscriminadamente, desde la finura de su espíritu le descubren a la Iglesia la virtud propia que debe alcanzar en cada situación histórica. Los santos del pasado abrieron siempre caminos nuevos, y caminos idénticos continúan abriendo los santos en los tiempos modernos. En este sentido Fernando González Añón ejerce la constante acción penitencial que mueve a la práctica de las virtudes cristianas en cada circunstancia y da testimonio de Dios dentro del mundo.



Como conclusión tenemos que afirmar que el Siervo de Dios Fernando González Añón, con su conducta de fidelidad al Espíritu Santo, ha llegado a ser un fruto maduro del conocimiento en profundidad de la palabra de Dios. Lo que equivale a reconocer que nuestro Mártir coopera en el conocimiento correcto del misterio de Dios y de lo que anuncia la Iglesia. Este sacerdote ejerce, para los cristianos no sólo de Turís, sino de la Archidiócesis y de la Iglesia universal, una influencia de iluminador estímulo, por cuanto demuestra que es posible ser fieles a la gracia de Dios en cualquier estado de la vida.



Con su comportamiento, Fernando González Añón se convierte en maestro y estimula a llevar el compromiso de la fe hasta las últimas consecuencias. Ésta es la gran repercusión pedagógica de nuestro Mártir. Por ello, al honrarlo, nos dirigimos con un gesto de gratitud a Dios Nuestro Señor, que nos muestra a través de este sacerdote, el camino que conduce hacia Él.



6.- NOBLEZA ESPIRITUAL.



"Y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra", dijo Jesús a los Apóstoles. "Mártir" es igual a "testigo". Quien testimonia a Cristo dando la vida o padeciendo por su amor, o por la verdad de su doctrina ese "confiesa la fe". El que acepta y sufre con firmeza y paciencia -virtudes recomendadas por Cristo- la persecución y la muerte por odio a la fe del Maestro, a ese la Iglesia lo considera mártir. El martirio es, por tanto, el reconocimiento de la paciencia cristiana, en cuanto que ésta imita y se asemeja a la muerte de Jesús, quien fue conducido al patíbulo por confesar claramente su propia divinidad. "¿Eres tu el Hijo de Dios? "Yo lo soy". Y el tribunal falló: "Reo es de muerte". Cristo en el tribunal y Cristo en la cruz es, pues, el primer mártir. Y usando una frase de San Agustín, Cristo es el modelo de los mártires.



Desde los primeros siglos la Iglesia ha considerado el martirio como el título mayor que puede alcanzar un cristiano. Y Fernando González Añón ha sido digno de recibir esa aristocracia espiritual.

Ramón Fita Revert

Delegado Diocesano para las causas de los Santos



Valencia, 12 abril, 2000





Publica la
Delegación Diocesana
para las
Causas de los Santos de la Archidiócesis
de
Valencia



2000









De conformidad con los

Decretos del Papa Urbano VIII,

en nada se pretende prevenir

el juicio de la Santa Iglesia.















ORACIÓN





Oh Dios, gloria y corona de los mártires, que escogiste para el sacerdocio ministerial a tu Siervo FERNANDO GONZÁLEZ AÑÓN y le concediste asemejarse a tu Hijo en una muerte como la suya: te pedimos alcanzar por su intercesión las gracias que ahora te suplicamos y verle glorificado para bien de tu Iglesia. Por Jesucristo N.S.



Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

María, Reina de los Mártires, acoge nuestra oración.

(Con las debidas licencias)









La Iglesia de Valencia tiene un gran activo: la santidad de sus hijos. Y un gran reto: que no lo sabe. Sin Cristo, sin el cristianismo, Valencia no es comprensible.

Existe, por tanto, una relación muy especial entre el culto a los mártires y la lectura de sus pasiones o leyendas hagiográficas. Los "gesta martyrum" alimentan la piedad de los fieles y presentan la omnipotencia de Dios que se manifiesta en los santos.

Aveces las leyendas de los santos es más verdadera que la misma Historia, porque allí donde la Historia no puede presentar más que su árido "nombre, lugar y día", tan poco interesante para las multitudes, las historias de los santos suscitan el amor, la fe y la oración.
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