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domingo 13 de mayo de 2001
Homilía en la Missa d’Infants
Este día, dedicado a la Madre de los Desamparados, es una manifestación de amor filial a la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de todos los hombres y mujeres que buscan al Señor.

HOMILÍA

en la Missa d’Infants

Plaza de la Virgen
13 mayo de 2001



1. "Dichosa tú que has creído, lo que te ha dicho el Señor" (Lc 1,45). Con estas palabras reconoció Isabel la grandeza de María, la Madre de Jesús.

Este día, dedicado a la Madre de los Desamparados, es una manifestación de amor filial a la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de todos los hombres y mujeres que buscan al Señor.

2. María es la mujer creyente, prototipo de la nueva humanidad, llamada a acoger el misterio de Dios en su seno. Por ella el género humano, apartado de Dios, recibió al Señor y se abrieron las puertas del Reino.

Reconocemos en la Virgen María la figura de la Iglesia, Madre y Esposa. La Iglesia se halla desposada con Cristo y es madre fecunda.

La Virgen María engendró a Cristo, por obra del Espíritu Santo. También la Iglesia acoge en su seno a los que creen en Cristo y los engendra en el Espíritu para que sean hijos de Dios.

Como Madre, la Iglesia sufre por sus hijos desamparados y alejados. Llama con entrañable afecto a todos para que regresen a la casa del Padre y aprendan a vivir en el amor fraterno cuya fuente es Dios. Toda la humanidad está llamada a ser una familia en Dios: la gran familia de los hijos de Dios.

3. María de Nazaret fue una mujer "de familia". Ella nos enseña la importancia de la familia y su dignidad, tantas veces amenazada por decisiones que desfiguran por completo la verdad de las cosas.

Cuando la familia pierde su identidad, se desmorona la base misma de una sociedad sana, equilibrada y capaz de construirse sobre valores sólidos.

La correcta educación de los hijos, el bien de los cónyuges, la apertura a la vida por amor, el apoyo solidario y corresponsable, el respeto, la responsabilidad en el ejercicio de la libertad y la generosidad de abrirse a los demás... son valores que transmite una familia bien fundamentada.

La Iglesia, como madre y maestra, no dejará de defender con plena convicción la dignidad de la familia, frente a otros modelos de convivencia alternativos pero nunca equiparables.

4. La humanidad está llamada a ser una familia bajo el signo del amor. Todos somos iguales en dignidad. El Reino de Dios exige el desarrollo de las personas y de los pueblos desde el amor y la solidaridad.

Por eso es inaceptable la violencia como método de imposición ideológica o social. La violencia terrorista, contradice la legítima aspiración a la dignidad y a la libertad.

La Iglesia denuncia enérgicamente el terrorismo y lo declara contrario al ser cristiano. Más aún: contrario al ser humano, porque ofende gravemente a Dios y a la dignidad de las personas humanas (Juan Pablo II. Homilía 11 de marzo 2001, 5).

La opción cristiana es la paz. Todos los ciudadanos debemos actuar para detener el terrorismo desde la paz.

Ser activos en la construcción de la paz implica, ineludiblemente, educar a la sociedad, especialmente a los jóvenes, en los valores fundamentales de la persona humana.

5. Como Madre solícita, la Virgen María fue una educadora de la paz. También la Iglesia es Madre y enseña a sus hijos a construir la paz. La educación en la paz garantiza un futuro esperanzador alejado de toda violencia.

Nadie mejor que la madre sabe transmitir el amor y la paz. La madre está llamada a ser la educadora en el bien y en el respeto a la vida de todos los seres humanos.

Es preciso que las madres valoren el papel que tienen en la educación de los hijos. Ellas, mejor que nadie, saben llegar al corazón.

Muchos jóvenes son inducidos a la violencia, seducidos por ideologías inhumanas, cargadas de demagogia. La educación en la paz compromete directamente a las familias que han de saber transmitir en el seno del hogar los valores del respeto, el espíritu honestamente crítico, el sentido religioso, la capacidad de discernir lo bueno y lo malo.

6. Queridos hijos del pueblo valenciano:

Como la Madre de Jesús, creed en Dios y vivid en el amor. La santidad de vuestra vida hará posible que en esta tierra, regada con la sangre de tantos mártires, florezcan las semillas de la paz y la justicia.

Que vuestro camino personal, el de vuestras familias y comunidades cristianas sea, hoy más que nunca, un camino de santidad (Juan Pablo II. Discurso 12 marzo 2001, 1).

Ofreced un claro testimonio en favor de la solidaridad entre los pueblos.

—No al egoísmo;

—No a la injusticia;

—No al placer sin reglas morales;

—No a la desesperanza;

—No al odio y a la violencia;

—No a los caminos sin Dios;

—No a la irresponsabilidad y a la mediocridad.

—Sí a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia;

—Sí a la fe y al compromiso que ella encierra;

—Sí al respeto de la dignidad, de la libertad y de los derechos de las personas;

—Sí al esfuerzo por elevar al hombre y llevarlo hasta Dios;

—Sí a la justicia, al amor, a la paz;

—Sí a la solidaridad con todos, especialmente con los más desamparados;

—Sí a la esperanza;

—Sí a vuestro deber de construir una sociedad mejor (Cfr. Juan Pablo II, Homilía 3-III-1983).

Vosotros, los mayores, que habéis luchado y sufrido, mantened vivo el testimonio de la fe y de los valores fundamentales. Transmitid a vuestros hijos y nietos la riqueza que habita en vuestra alma. Comunicadles el deseo por un futuro mejor, sin perder de vista las raíces cristianas que dan solidez a vuestras vidas.

Padres y madres de familia. Consolidad los lazos del amor en vuestros hogares. Alimentaos de la vida cristiana a través de la oración y los sacramentos. Enseñad a vuestros hijos a vivir según el Evangelio.

Jóvenes: la espiral de violencia contìnúa provocando y sembrando odio y muerte de manera bárbara y cínica. En esta situación, de por sí dramática, el aspecto más impresionante para todos los hombres de buena voluntad es la escalofriante constatación de que hay jóvenes que matan a otros jóvenes.

Hay jóvenes que, imbuidos por ideologías aberrantes, piensan equivocadamente que sólo dando muerte pueden transformar la sociedad. Pero es necesario proclamar con fuerza y convicción que un mundo de justicia, de solidaridad, de paz, no se construye sobre la sangre y los cadáveres de víctimas solo culpables porque piensan de otro modo.

Queridos jóvenes: responded a la violencia ciega y al odio inhumano con la fuerza contagiosa del amor. Dad testimonio con vuestro comportamiento y vuestra vida, sobre todo en los centros educativos, de que las ideas no se imponen, sino que se proponen; de que el auténtico pluralismo cultural, exaltado por la sociedad contemporánea, exige el máximo respeto de cara a las ideas de los demás. Construid sobre estas bases, día a día, vuestro hoy, que prepara y es preludio del mañana, del que ya empezáis a ser verdaderos protagonistas (Cfr. Juan Pablo II, Discurso 30-III-1980).

Niños, haceos amigos de Jesús y aprended a ser como Él. En el bautismo y la primera comunión recibís al Señor en el corazón. No dejéis que el odio y la violencia se adueñen de vosotros. Aprovechad las buenas enseñanzas de los padres, maestros y catequistas. Sabed que Dios os ama y escucha vuestra oración. Rezad para descubrir qué quiere Jesús de vosotros; especialmente rezad por la paz y el amor entre todos (cfr. Juan Pablo II, Carta a los niños, 1994).

7. Queridos hijos:

Celebramos a María, Madre de los Desamparados. La Iglesia confía a vuestras manos la imagen venerada de la patrona de Valencia. Sed merecedores de tan excelsa madre. El mejor regalo que podéis hacerle es el de una vida cristiana íntegra. Que la fe en Jesucristo unifique vuestras vidas e inspire vuestra existencia.

A ella encomiendo todo el pueblo valenciano.

Especialmente le pido por los más desfavorecidos: niños sin hogar, enfermos, abandonados, jóvenes víctimas de la droga, familias desestructuradas, adultos en paro, mujeres maltratadas, ancianos sin cariño, inmigrantes, personas en la cárcel, enfermos de sida....

¡Madre de España! ¡Sol de Valencia! ¡Tu paz bendita vuelva a reinar! (Himno a Nª Sra. de los Desamparados).

Oramos por todos los pueblos que integran España. Particularmente rezamos por el noble y querido pueblo vasco. Para que los legítimos deseos de identidad no signifiquen un deterioro de los valores esenciales sobre los que se han de regir las personas humanas. Que tengan el coraje de superar democráticamente, como personas de bien, la lacra del terrorismo y las actitudes que lo fomentan.

8. Mare dels Desamparts: tú que supiste de amor, en medio de la persecución y la violencia, intercede ante Dios para que se respete la dignidad de la familia, cese el terrorismo en España y podamos construir una sociedad en paz, fundamentada en el amor.

Así sea.

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